jueves, 8 de enero de 2026

PESEBRE Y SAGRARIO, UNA MISMA ADORACIÓN

"En su presencia se inclinen las tribus del desierto; 
sus enemigos muerdan el polvo; 
los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo. 
Los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones; 
póstrense ante él todos los reyes, y sírvanle todos los pueblos"
(Sal 71,9-11)

El pasado seis de enero celebramos la Epifanía del Señor, es decir, la manifestación de Dios al mundo. La Iglesia nos invita a meditar el relato evangélico de Mateo 2,1-12 sobre los magos (magoi, en griego, no reyes) que vienen en busca de una estrella. 

La estrella muestra un hecho significativo: en el momento del nacimiento de Jesús se produjo una gran conjunción de Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis, y que algunos sostienen sucedió en el año 7 a.C. 

La custodia del Santísimo tiene forma de estrella (y de corona de espinas) y su luz representa a Cristo, el Dios encarnado, quien guía a la humanidad en la oscuridad del mundo. 
   
El Ángel representa la voz de Dios, el Espíritu Santo, el mensajero que trae buenas noticias y paz.

El portal de Belén representa a la Iglesia, una gruta iluminada por la luz de Cristo, que nos muestra el camino de la salvación, nos hace coherederos y nos forma en un solo cuerpo. 

La Virgen María y san José representan la pureza, la fidelidad y la obediencia a la voluntad de Dios

El Buey y la Mula representan a la creación natural, calentando con su aliento al Niño.

Los pastores representan a los bienaventurados limpios de corazón y pobres de espíritu que ven a Dios (Mt 5,3.8). Son el pueblo humilde y sencillo que reconoce a Dios.

Los magos representan la universalidad de la salvación. Simboliza a los no judíos, a los gentiles (cf. Ef 3,6), a los cristianos que miran al cielo, que buscan e interpretan los signos de los tiempos a la luz de Dios, que reconocen e identifican la presencia del Reino de Dios en el mundo, que se ponen en camino, que se llenan de alegría, proclaman y adoran al Salvador.
Los regalos manifiestan quién es Jesús. Oro, propio de los reyes y sacerdotes; incienso, en reconocimiento de su divinidad; y mirra, en alusión a su humanidad y el anuncio profético de su pasión y muerte por nuestra salvación.

Herodes representa a aquellos que sienten miedo ante la presencia de Dios y perciben una amenaza a su poder o a su comodidad. 

Los sumos sacerdotes y escribas representan a aquellos que aun conociendo las coordenadas del nacimiento del Cristo, son incapaces de comprometerse, de ponerse en movimiento, en acción; ni a dar el gran salto de la conversión. 

Los sabios representan a aquellos que guiados por la luz de la razón, dada por la estrella, complementan su saber con la luz de la revelación, dada por la Escritura, y continúan su búsqueda con mayor tesón.

Ser "magos" hoy es buscar y seguir a Cristo, es ponernos en camino. Supone desprendimiento, salir de nosotros mismos y dejar las comodidades y seguridades para abandonarnos en Dios; implica superar nuestros miedos y perezas para aceptar la novedad que Cristo nos ofrece.

Frente al misterio de un Dios hecho carne en la mayor vulnerabilidad y humildad, la respuesta de los "magos", de los cristianos es adorar.  Entonces, me pregunto ¿Dónde está Jesús para mí? ¿Dónde lo busco? ¿Dónde lo encuentro? ¿Dónde lo adoro?

El misterio de la Epifanía del Señor es, a la vez, un relato simbólico y prefigurativo, cristológico y eucarístico, con un cierto sabor oriental que nos dirige al Santísimo Sacramento del Altar:

Belén y Eucaristía
Belén (Betlehem) significa en hebreo "Casa del Pan". Jesús se presenta como el alimento que sacia el hambre del mundo. En el Altar, esa promesa se cumple plenamente en la Eucaristía.

Pesebre y Sagrario
Dios elige manifestarse en la pobreza de un pesebre de pajas y madera; hoy elige un trozo de pan y un cofre de metal (el Sagrario). 

En la humildad del pesebre, Dios se hace vulnerable como un niño; en la Hostia, se hace frágil al punto de dejarse consumir, guardarse o incluso ser ignorado. 

Fe
Los pastores y los magos tuvieron una gran fe para reconocer a Dios en un bebé. Del mismo modo, los cristianos tenemos fe para reconocer a ese mismo Dios bajo las especies del pan y el vino. 

Ambos son misterios de anonadamiento (kénosis): Dios se abaja para que no tengamos miedo de acercarnos a Él.

Adoración
La actitud ante el portal debe ser la misma que ante la custodia: la adoración silenciosa.  Ante el Santísimo, los cristianos transformamos nuestros corazones en un "Belén actual" donde Jesús nace de nuevo para iluminar nuestras vidas.

Para la reflexión:
¿Qué “estrellas” aparecen en mi vida? 
¿Veo la luz de Cristo a través de mis circunstancias y a través de las personas que Dios pone en mi vida? 
¿Soy una “estrella” que conduce a Jesús, en mi entorno familiar, laboral, social, eclesial...?

lunes, 5 de enero de 2026

EL NUEVO AMANECER DE LA FE

 
Según el Anuario Pontificio 2025 y el informe de la agencia Fides, se está produciendo un nuevo amanecer de la fe católica, una nueva primavera de la Iglesia, especialmente entre las nuevas generaciones impulsada, contra todo pronóstico, por las sobredosis de incertidumbre, desencanto, superficialidad, escepticismo, secularismo y relativismo de la sociedad actual, que dejan sin respuesta las preguntas más profundas sobre el sentido existencial.

En 2025, el número de fieles católicos bautizados superó los 1,406 millones (+15 millones respecto a 2024) y supone el 17,8% de la población mundial. El aumento más notable se registró en África (+8,3 millones) y América (+5,6 millones).

En Inglaterra y Gales, el porcentaje de jóvenes de 18 a 24 años que se identifican como cristianos practicantes creció del 4% en 2018 al 16% en 2024. Entre los varones jóvenes, ese número llega al 21%. 

En Francia, más de 7.000 adultos fueron bautizados durante la Pascua de 2024, un 32% más que el año anterior, y más de un tercio de ellos tenían entre 18 y 25 años. Lo que parecía una anomalía aislada comienza a perfilarse como una tendencia continental.

En Suecia, uno de los países más secularizados del mundo, el porcentaje de jóvenes que cree en Dios ha aumentado en un 28% respecto a sus abuelos en los últimos años.

Mientras Europa debate sobre identidad y África florece en vocaciones, América se convierte en el corazón palpitante del catolicismo global. De los más de 7.900 millones de habitantes del planeta, 671 millones son americanos que profesan la fe católica, lo que equivale al 64,2% de la población del continente. Es decir, casi dos de cada tres habitantes de América creen en Cristo.
En un mundo marcado por la volatilidad y el individualismo, muchos hijos pródigos, sintiéndose huérfanos por propia decisión, vuelven a la casa del Padre buscando seguridad y sentido, comunidad y pertenencia, tras haber visto de cerca el vacío. 

Una ola 'silenciosa' de conversión y renovación está ganando fuerza entre los jóvenes (Generación Z y Millennials) que vuelven su mirada hacia lo eterno frente a lo efímero que les ofrece el mundo posmoderno, que impulsa a cuestionarlo todo, haciéndolos caminar sobre terreno inestable y nada firme.

El mensaje cristiano, muchas veces mal interpretado y otras, mal enseñado, nos ofrece un compromiso real y auténtico con el mundo (el prójimo) y no tanto con los dogmas (los mandamientos).

Dice san Agustín, "Ama y haz lo que quieras", queriendo mostrar que el amor está por encima de todo y es lo que realmente mueve el corazón del hombre, mientras que el mundo tergiversa ese motor y lo convierte en egoísmo. 

Si amamos, los mandamientos de la Antigua Alianza se cumplen por sí solos y sin esfuerzo alguno. Es entonces cuando entramos en la Tierra Prometida de las Bienaventuranzas, porque el amor conduce a la verdadera felicidad.

En una sociedad individualista y egoísta, materialista y acomodada, los católicos debemos salir de nuestra comodidad y enforzarnos por recuperar el mensaje revolucionario de Jesús para hacerlo presente en el mundo. 

Hemos dejado de hablar de Dios y de amor, de valores y de verdad, de solidaridad y de justicia, de trascendencia y eternidad. Y por ello:

O le damos un sentido a la vida o la vida no tiene sentido. 
O buscamos la trascendencia o todo se vuelve intrascendente.