sábado, 22 de agosto de 2015

PASTORAL CENTRÍFUGA O CENTRÍPETA

Actualmente, la Iglesia se encuentra ante la necesidad de optar entre dos tipos de pastoral muy diferenciadas: la centrípeta (ad intra) y la centrífuga (ad extra):

Eclesiocéntrica o centrípeta (Sacramentalizadora)
Pastoral de mantenimiento, muy demandante y exigente en cuanto a servicios de culto que se centra en las formas externas y pone el acento en el servicio de la Iglesia a ella misma, en torno del sacerdote y de la parroquia.
Carácter tradicionalista y apologética en actitud de defensa de la institución católica frente a una sociedad anticlerical y de las verdades de la fe frente a la razón moderna, vistas ambas como hostiles a la Iglesia, lo que les lleva a evitar a los diferentes y a convivir entre iguales.
Casi exclusivamente basada en la recepción de los sacramentos, la observancia de los mandamientos de la Iglesia y el culto a los santos, lo que produce laicos clericalizados, vestigios de una sociedad teocrática y asentada sobre el "substrato católico" de una cultura estática.
La recepción de los sacramentos salva por sí sola, concebidos y acogidos como "remedio" o "vacuna espiritual" y no se da énfasis a procesos de iniciación cristiana, catecumenado o catequesis (formación) permanente
Predomina:
  • Lo administrativo sobre lo pastoral
  • la sacramentalización sobre la evangelización 
  • la cantidad o el número de fieles sobre la calidad de la participación 
  • el párroco sobre el obispo
  • el sacerdote sobre el laico 
  • lo pre-moderno sobre lo postmoderno 
  • la masa sobre la comunidad
Reino-céntrica o centrífuga (Misionera)
Pastoral de salida, interactiva con el mundo posmoderno, dialogante y propositiva, interpersonal y comunitaria en lugar de masiva y mediática.
La Iglesia (todos los bautizados) está llamada a servir al Reino de Dios. Anunciar a Jesús no es obra de especialistas, sino de toda la comunidad.
Su vivencia cristiana está sostenida por:
  • Superación del eclesio-centrismo (en el mundo, para el mundo, al servicio del Reino). 
  • Superación de la concentración intra-eclesial (restauración del proceso evangelizador) 
  • Superación de la polarización sacramental y devocional (reequilibrio de los signos evangelizadores)
El objeto o el "qué" abarca todo (acciones, métodos, lenguaje, estructuras); y abarca a todos (tanto las relaciones interpersonales como el ejercicio de la autoridad).
La razón o el "para qué" es hacer presente, de modo visible, a Jesucristo como artífice de salvación universal.

Fuentes: 
  • Emilio Alberich. Presidente de la Asociación Nacional de catequistas
  • Agenor Brigheti. Doctor en Ciencias Teológicas y Religiosas, Université Catholique de Louvain, Bélgica


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