"Os ruego, hermanos, que tengáis cuidado
con los que crean disensiones y escándalos
contra la doctrina que vosotros habéis aprendido;
alejaos de ellos.
Pues estos tales no sirven a Cristo nuestro Señor
sino a su vientre,
y a través de palabras suaves y de lisonjas
seducen los corazones de los ingenuos"
(Rom 16,17-18)
Dentro de la Iglesia existen muchos carismas, realidades y grupos distintos que la enriquecen. Sin embargo, existen dentro de ellos, algunos "lobbies espirituales" que son problemáticos y nocivos.
Están liderados por personas que buscan influir y manipular, con el objetivo de alcanzar cotas de poder, que provocan disensiones y conflictos, que rompen la comunión y convierten un grupo sano en uno tóxico o sectario.
Estos "gurús espirituales" que están al frente de estos "lobbies" suelen tener una cierta formación, recorrido o experiencia espiritual con las que ejercen gran influencia sobre personas que los siguen "religiosamente".
Normalmente comienzan su estrategia manipuladora "vendiendo" la intención de acoger a las nuevas personas que llegan al grupo, a las más vulnerables, a las que se sienten desubicadas, a las que buscan amistad o hacerse un hueco en el grupo (Hch 20,30).
Son expertos en adoptar una actitud paternalista y protectora, haciendo sentirse "especiales" a sus nuevos seguidores, "tejiendo" una amistad y cercanía con ellos que se parece más a una tela de araña tóxica, artificial e intencionada en la que quedan atrapados (1 Tim 4,1-2).
Son falso profetas que hacen creer que tienen todas las respuestas y siempre en posesión de la "verdad absoluta" (1 Jn 4,1). Imponen sus ideas, criterios y normas, desafiando a la autoridad, mostrando una insolente insubordinación y un pensamiento radical: o estás con ellos, o contra ellos.
Estos "gurús espirituales" son expertos en seducir, controlar y manipular los pensamientos, sentimientos y actos de sus "presas". Son verdaderos "profesionales" de la tergiversación y del engaño (Prov 1,10; Mt 24,24-26).
Consiguen que todo lo que dicen y hacen suene virtuoso, piadoso o correcto (2 Tim 3,5-7) utilizando el lenguaje espiritual con frases como "Dios me ha dicho", "el párroco me ha dicho" (2P 2,1)... o la propia victimización para ganar empatía, buscando culpables de los males que afectan al grupo, aunque manteniéndose siempre a una prudencial distancia del conflicto.
Tienen una especial habilidad para buscar o inventar información de esos "culpables" para propagarla, sembrar cizaña y crear facciones dentro del grupos, pero siempre manteniendo equidistancia con el conflicto: “Esto es entre nosotros, no digas nada por favor”, “Te lo digo para que reces por ellos” (Mt 7,15-16).
No buscan solucionar problemas, sino magnificarlos. No buscan reconciliarse con los otros, sino condenarlos. Se mueven en un sectarismo corporativista en el que sólo hablan de las ofensas y las afrentas recibidas de los "culpables", aunque la mayoría de los integrantes no hayan tenido directamente ningún conflicto con ellos o sean inventados.
Son un cáncer que debe ser extirpado (Mt 18,8-9) porque no aceptan la corrección fraterna (Mt 18,15-17) y persisten en su estrategia sectaria y nociva (Tit 3,9-11), que no busca la armonía y el interés general del grupo, sino la división y los intereses particulares .
Jesús nos advierte a lo largo de todo el Nuevo Testamento que estemos alerta para saber descubrir a estos impostores y alejarnos de ellos.
Son "falsos profetas" que no son externos sino que están entre nosotros, dentro de la Iglesia y que se presentan como "ovejas", pero son "lobos feroces" interiormente, mezclan verdades con mentiras, buscan beneficios personales, causan división y desvían a otros.
El que tenga oídos, que oiga
(Mt 13,9)
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