¿QUIÉN ES JESÚS?

La vida de Jesús siempre ha suscitado preguntas a lo largo de los últimos dos mil años.

¿Cómo pudo un carpintero que fue ejecutado por los romanos convertirse en el hombre más famoso de la historia?
¿Fue Jesús alguien verdaderamente real?
¿Cómo puede Dios ser un hombre al mismo tiempo?
¿De qué manera podría esto tener algún sentido para mi vida?

Estas son algunas preguntas, pero aquí tienes un espacio para formular las tuyas.

viernes, 27 de febrero de 2026

EMBARQUE EN EL "VUELO EUCARÍSTICO"

 
Algunas personas "naturalizan" llegar tarde a todos lados: son los "impuntuales crónicos", quienes, más allá de factores externos (tráfico intenso, falta de aparcamiento, imprevistos, etc.), comparecen siempre "a deshora" porque subestiman el tiempo necesario para realizar tareas, porque no planifican con antelación o porque, sencillamente, se distraen. Las consecuencias son: falta de respeto, de compromiso, de consideración, de disciplina, etc.

Ocurre también con muchos católicos que adoptan por costumbre llegar siempre tarde a misa. Quizás creen erróneamente que la Eucaristía "real" empieza con la Liturgia de la Palabra o incluso con la Consagración. Al no considerar los ritos iniciales (el acto penitencial o el Gloria) como esenciales, retrasan su llegada sin sentir que están faltando al encuentro con el Señor.

¿Es pecado?
La Iglesia pide oír "misa entera" los domingos y fiestas de guardar. Llegar tarde por negligencia puede considerarse un pecado venial, y si es deliberado o nos perdemos una parte significativa, podríamos estar faltando al precepto dominical, lo cual se considera pecado grave o mortal.

¿Se puede comulgar?
Es una pregunta recurrente entre los que suelen llegar siempre tarde a misa. Para comulgar, se recomienda haber participado en la misa completa, especialmente en los ritos iniciales donde se pide perdón a Dios. 

Si llegamos después del Evangelio, no deberíamos comulgar ese día, aunque no existe una prohibición estricta en el Código de Derecho Canónico a menos que haya un pecado grave manifiesto.

¿Cuándo "no se cumple" el precepto?
No se cumple con el precepto si nos perdemos partes esenciales como la Consagración o si llegamos después del Ofertorio. En esos casos, lo ideal es asistir a otra misa completa más tarde.

Si el retraso es ajeno a nuestra voluntad, no hay pecado. Dios valora la intención y el esfuerzo por estar presente. El problema es cuando el retraso es "culposo" y, sobre todo, cuando se convierte en un hábito.

Sin embargo, "cumplir" con el precepto no debiera ser la razón por la que asistimos a misa. Nuestra verdadera motivación debiera ser "participar activamente", tener plena conciencia del rito que celebramos y prepararnos para ello

Si diéramos a la Eucaristía la importancia que tiene, llegaríamos con la suficiente antelación y con la debida preparación. Prepararnos para la misa no es solo un acto de puntualidad, sino una disposición del espíritu para participar plenamente en el misterio eucarístico

¿Cómo acudir a la Misa?
Utilizando una analogía aeronáutica, "prepararse" para la Eucaristía es como "embarcarse" en un vuelo internacional:

La Llegada a la Terminal (Puntualidad):
  • En el aeropuerto: llegamos con suficiente antelación para evitar imprevistos de última hora y gestionar los trámites necesarios.
  • En Misa: llegamos con suficiente antelación para serenar el espíritu, respetar el clima de oración de los demás y ayudar a preparar la Misa (altar, lecturas, objetos litúrgicos, etc.).
El "Check in" (Preparación espiritual):
  • En el aeropuerto: facturamos nuestras maletas con la antelación necesaria (dos horas antes del embarque) en el mostrador de la terminal, declaramos lo que llevamos y respetamos el "ayuno" necesario (hora de embarque) para subir a cabina solamente con el equipaje de mano.
  • En Misa: revisamos nuestro equipaje espiritual, comprobamos qué pesos (pecados o angustias) necesitamos dejar en el "mostrador" para no cargarlos durante el vuelo, ayunamos, al menos una hora antes (ayuno eucarístico) para recibir la comunión y preparamos las lecturas del día.
El "Boarding Pass" (la Gracia): 
  • En el avión: no podemos embarcar sin billete, sin pasaporte o sin identificación válida. Tampoco sin pasar por el control de seguridad.
  • En Misa: el "billete" para la Eucaristía es el deseo de encuentro con el Señor, y para la comunión, estar en "gracia". Si el "pasaporte" (el alma) está dañado por pecado grave, necesitamos pasar antes por la "aduana" de la confesión.
El Control de Seguridad (Acto Penitencial):
  • En el aeropuerto: el arco de seguridad nos obliga a quitarnos todo lo que nos sobra para que no suene la alarma y poder acceder a nuestra puerta de embarque. Es un requisito obligatorio para todos los pasajeros. 
  • En Misa: el acto penitencial ("Señor, ten piedad") es el escáner de seguridad. Si llegamos tarde y nos saltamos este paso, entramos al misterio con los "objetos metálicos" (monedas, cinturón, etc.) que nos impiden "volar alto".
La Tripulación y el Piloto (Sacerdote y Ministros):
  • En el avión: La tripulación de cabina (TCP) asegura el orden y la seguridad. El comandante dirige la nave con la ayuda del copiloto.
  • En Misa: El sacerdote actúa in persona Christi para pilotar la asamblea hacia Dios. El ministro concelebrante es el copiloto. Los lectores y acólitos son la "tripulación de cabina" que ayudan a que el mensaje llegue a todos los rincones del avión (el templo).
El Cierre de Puertas (Los Ritos Iniciales):
  • En el avión: si llegamos cuando el avión está en pista, por mucho que corramos, ya no subimos. El avión no espera.
  • En Misa: Dios siempre nos espera, pero si nos perdemos los Ritos Iniciales, es como si despegáramos sin haber pasado el control de seguridad: vamos cargados de cosas que no deberíamos llevar en cabina. 
La "Ubicación" (Preparación material) :
  • En el avión: buscamos nuestro asiento, colocamos el equipaje de mano en el portaequipajes, nos acomodamos, nos abrochamos el cinturón de seguridad y nos preparamos para el viaje que va a comenzar
  • En Misa: buscamos un banco cercano al altar para evitar distracciones con la gente que entra o se mueve y realizamos una oración personal que nos ayude a centrar la atención en el misterio que va a comenzar. 
El "Modo Avión" (Desconexión del mundo):
  • En el avión: es obligatorio apagar o desconectar todos los dispositivos electrónicos para no interferir en los sistemas de navegación.
  • En Misa: apagamos el ruido que traemos del exterior para evitar distracciones y el móvil para no interferir la comunicación entre Dios y nosotros. Una llamada inoportuna al móvil es una turbulencia innecesaria. 
Las Instrucciones de Seguridad (La Liturgia de la Palabra):
  • En el avión: las azafatas nos muestran qué hacer en caso de emergencia para salvar la vida. Nos explican las salidas de emergencia y el uso de las mascarillas de oxígeno antes de despegar.
  • En Misa: las lecturas y el Evangelio son las instrucciones para la vida eterna. Nos muestran dónde está la "salida de emergencia" cuando la vida se complica y cómo obtener el "oxígeno" del Espíritu Santo para no asfixiarnos en los problemas cotidianos. La homilía es la bienvenida y la información que nos da el "comandante" para tener un "vuelo de vida" agradable.
El Despegue (La Consagración):
  • En el avión: es el momento de máxima potencia. Se requiere silencio y permanecer en el asiento con el cinturón abrochado y la mesita en posición vertical.
  • En Misa: la Plegaria Eucarística es el despegue. La asamblea se eleva (altar en "posición vertical") con el "cinturón de la Verdad" abrochado (Ef 6,14). Llegar en este momento es como intentar subir al avión cuando ya está en la pista: es físicamente imposible participar de la fuerza del inicio.
El Catering VIP (La Comunión):
  • En el avión: el catering que nos ofrecen es el alimento que nos sostiene durante el trayecto, especialmente en vuelos largos.
  • En Misa: la Eucaristía es el pan del cielo, el alimento real para el viaje de la vida. Para recibirlo, las "aerolíneas espirituales" exigen el "pasaporte en regla" (estado de gracia) y haber hecho el ayuno previo (el tiempo de espera en la puerta de embarque).
El Aterrizaje (Bendición ):
  • En el avión: No nos levantamos de nuestro asiento hasta que el avión se detiene por completo y se apaga la señal de los cinturones.
  • En Misa: La bendición final es el aterrizaje suave. Salir corriendo tras comulgar es como saltar del avión antes de que pongan la escalera: nos arriesgamos a perder la paz que habíamos ganado y a salir "atropelladamente" al mundo. 
El Desembarque (Envío y Misión):
  • En el avión: Nadie se baja en pleno vuelo; el objetivo es llegar al destino.
  • En Misa: El destino es el envío a la misión (apostolado). Irse antes de que el "avión" aterrice es como saltar en paracaídas antes de llegar al aeropuerto.
Conclusión
La puntualidad y la preparación para la Misa refleja nuestra disciplina espiritual y nuestro respeto a Dios. 

Si para un vuelo internacional preparamos nuestro equipaje y llegamos al aeropuerto con dos horas de antelación para no perderlo:
 
¿Cuánta antelación merece el viaje que nos conduce a la eternidad? 
¿Cuánto respeto debemos a nuestro Salvador que nos espera en el banquete celestial?

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