¿QUIÉN ES JESÚS?

La vida de Jesús siempre ha suscitado preguntas a lo largo de los últimos dos mil años.

¿Cómo pudo un carpintero que fue ejecutado por los romanos convertirse en el hombre más famoso de la historia?
¿Fue Jesús alguien verdaderamente real?
¿Cómo puede Dios ser un hombre al mismo tiempo?
¿De qué manera podría esto tener algún sentido para mi vida?

Estas son algunas preguntas, pero aquí tienes un espacio para formular las tuyas.

martes, 10 de febrero de 2026

DIRECCIÓN ESPIRITUAL: UNA NECESIDAD CRISTIANA

"Dichoso el que, con vida intachable, camina en la ley del Señor; 
dichoso el que, guardando sus preceptos, lo busca de todo corazón; 
el que, sin cometer iniquidad, anda por sus senderos. 
Tú promulgas tus mandatos para que se observen exactamente. 
Ojalá esté firme mi camino, para cumplir tus decretos; 
entonces no sentiré vergüenza al mirar todos tus mandatos. 
Te alabaré con sincero corazón cuando aprenda tus justos mandamientos. 
Quiero guardar tus decretos exactamente, tú no me abandones"
(Sal 119,1-8)

Como catequista de adultos, siempre aconsejo a todos la necesidad de la dirección espiritual para discernir y vivir la fe con coherencia. Sin embargo, esta guía pastoral no significa renunciar a la libertad personal ni tampoco es un síntoma de debilidad, sino una ayuda para crecer en virtudes y ordenar el combate espiritual interior a la luz de la verdad. 

La Biblia muestra algunos ejemplos de dirección espiritual: Moisés y Jetro, sobre el liderazgo (Ex 18,1-19); Elí y Samuel, sobre la escucha (1 Sam 3,1-21); Elías y Eliseo, sobre acompañamiento (2R 2,1-25); Noemí y Rut, sobre la madurez espiritual (Rut 2-3); Felipe y el etíope, sobre la formación bíblica (Hch 8,26-40); Ananías y Pablo, sobre la guía y los sacramentos (Hch 9,10-19); Pablo y Timoteo, sobre la dirección pastoral (1-2 Tim).

La dirección espiritual es la medicina contra la autosuficiencia y el orgullo, los cuales se alejan del seguimiento auténtico de Cristo (Mt 16,24). Todos tenemos necesidad de mediación, de intercesión y de acompañamiento: no podemos caminar solos en la fe. 

Un director espiritual es un "tutor", un "entrenador personal", un "asesor" en cuestiones de fe. No siempre elimina o aclara todas mis dudas ni soluciona todos mis problemas de manera rápida y efectiva, sino que las pone a la luz de la verdad para que no se conviertan en una coartada espiritual. 

Un director espiritual no es un "anestesista" que me ayuda a paliar los efectos de mi dolor por mis malas decisiones. No es un "abogado espiritual" que defiende y justifica todos mis actos, que me dice siempre lo que quiero escuchar ni que me anima a seguir expectativas erróneas.

Un director espiritual no me lleva a la "complacencia" sino a la verdad. No me conduce al "buenismo" sino a la realidad. No me dirige a la "justificación" sino al arrepentimiento. Tampoco sustituye mi conciencia ni decide por mí, sino que me aconseja, me orienta y me ayuda a discernir la voluntad de Dios.

Un director espiritual no es el "paño de lágrimas" en quien busco afecto o emotividad en el desconsuelo (entendido como su función primordial), ni tampoco en quien busco apoyo o refugio en el error (entendido como su función colateral). Su criterio debe ser siempre el evangelio y su propósito, la santidad.
Un director espiritual es un "acompañante" que imita a Cristo en el pasaje de Emaús, caminando a mi lado y escuchando antes de enseñar, acogiendo sin juzgar y creando un espacio de confianza absoluta; y también, imita a Juan el Bautista, buscando que la persona dependa de Dios, no de él (Jn 3,28-30).

El verdadero director espiritual es el Espíritu Santo. Él es el que nos mueve en un sentido u otro, dándonos las luces y suscitando las mociones que necesitamos para guiarnos hacia la santidad. 

Un director espiritual es sólo un instrumento de la gracia y precisamente en razón de esta instrumentalidad, debe también dejarse "dirigir" por el Espíritu Santo, sin considerar ninguna superioridad sobre la persona ni pretender imposición alguna de sus opiniones arbitrarias o ideas preconcebidas.

Para reflexionar: ¿Cuánta verdad estoy dispuesto a escuchar? ¿Estoy dispuesto a aceptar todo lo que el Espíritu Santo quiera decirme? o ¿Pongo límites a esa apertura y acogida para así escuchar y aceptar solo lo que yo quiero?

lunes, 9 de febrero de 2026

VISIONES DE ANA CATALINA EMERICH: LA RENOVACION DE LA IGLESIA

Siguiendo con las visiones de Ana Catalina Emmerich, la beata describe la purificación de la Iglesia como un proceso doloroso de renovación tras un periodo de profunda decadencia y oscuridad espiritual que implica la destrucción de la "falsa iglesia" y el surgimiento de una jerarquía renovada.

La purificación de la Iglesia no es solo institucional, sino también espiritual y punitiva: Emmerich presencia con horror los sacrilegios cometidos contra la Eucaristía, incluyendo la negligencia y la "falsa ciencia" de los sacerdotes, lo que demanda una reparación divina.

Una Iglesia purificada
Cuando la ruina de la Iglesia parece casi total y solo queda el altar en pie, Ana Catalina ve la aparición de una mujer noble (la Virgen María) ante la cual los demoledores y la "Bestia" huyen aterrorizados: 

(Los demoledores encontraron en el templo) … una mujer llena de majestad. Me parecía que ella estaba embarazada, ya que caminaba lentamente: los enemigos fueron presa del pánico al verla y la bestia no pudo ya dar ni un paso adelante. La bestia alargaba el cuello hacia la mujer con el aspecto más furioso, como si quisiera devorarla. Pero la mujer se volvió y se prosternó con el rostro contra la tierra. Vi entonces a la bestia huir de nuevo hacia el mar y los enemigos correr en el mayor desorden (AA.III.113).

Finalmente, legiones de ángeles y santos descienden para reconstruir la Iglesia.
  
El 27 de diciembre Emmerich ve la Iglesia romana brillante como un sol: Se me dijo que eso se relacionaba con el Apocalipsis de san Juan, sobre el cual diversas personas en la iglesia deben recibir luces y esta luz caerá toda ella sobre la Iglesia. (AA.II.202)
 
La renovación de la Iglesia no ocurre por medios naturales, sino por una intervención sobrenatural divina y por el sufrimiento de los fieles: la beata ve sobre la Iglesia una "nube luminosa", con apóstoles y santos obispos, que simbolizan la purificación y renovación de su estructura en tiempos de prueba por un nuevo Pentecostés:

-la intervención de la Virgen: ve a la Virgen extendiendo su manto sobre la Iglesia durante los momentos más oscuros para que "vuelva a brillar más que el sol". Evoca las apariciones de la Virgen.

-la intervención de san Miguel: ve al arcángel descendiendo para defender la Iglesia y expulsar a los "falsos obreros".

-la intervención del Espíritu Santo: ve una "fuente de agua pura como el cristal" que reanima y reconstruye todo. Evoca la visión del "mar de cristal" de Ap 4,615,2que simboliza pureza, paz, santidad y la separación entre la divinidad y la creación; "mezclado con fuego", que sugiere la gloria de Dios, la purificación y la santificación.
  
El libro de los siete sellos
La mística alemana tiene una visión que evoca a la de san Juan en Ap 5,1-14 sobre el libro de los sellos, que contiene los planes de Dios para el fin de los tiempos, así como la batalla final en Armagedón y la venida de un nuevo Pentecostés:

Era una gran solemnidad; la misa fue celebrada, y vi en medio de la iglesia un gran libro abierto del que pendían tres sellos por el lado más ancho y dos otros sellos por cada uno de los otros lados. Vi también en lo alto al apóstol san Juan y aprendí que eran las revelaciones que él había tenido en Patmos. El libro estaba situado sobre un pupitre en el coro. Antes de que ese libro fuera abierto, ocurrió algo que he olvidado. Es una pena que haya esta laguna en la visión. (AA.II.493).

Conocí, por una visión, que hacia el fin del mundo, una batalla será librada contra el Anticristo, en la planicie de Mageddo. (EE.I.234).

He visto Pentecostés, en tanto que fiesta en la Iglesia, la comunicación del Espíritu Santo, a través del mundo entero, me ha sido mostrada en diversas escenas, tal y como me ha ocurrido a menudo. He visto también a los doce nuevos apóstoles y su relación con la Iglesia. He visto todavía una iglesia espiritual formarse con muchas parroquias reunidas y estas recibir el Espíritu Santo. Era un nuevo despertar de la Iglesia católica. He visto un gran número de personas recibir el Espíritu Santo. (AA.III.144).

Vi sobre toda la tierra una gran cantidad de efusiones del Espíritu: algunas veces era como un relámpago que descendía sobre una iglesia; yo veía a los fieles en la iglesia, y entre ellos a aquellos que habían recibido la gracia: o bien los veían aisladamente en sus moradas o en las iglesias en las que llegaba la luz y la fuerza. Esto me causó una gran alegría y me dio confianza, de que en medio de las tribulaciones siempre crecientes, la Iglesia no sucumbirá, puesto que he visto en todos los países del mundo al Espíritu Santo suscitar instrumentos. Si, he sentido que la opresión exterior que le hacen sufrir los poderes de este mundo prepara a la Iglesia mejor a recibir una fuerza interior.

Los doce apóstoles futuros
Emmerich identifica la figura de un joven sacerdote que se mantiene firme frente a las tentaciones de la "novia impura" y junto a él, doce hombres luminosos que caminan en una procesión solemne.

Es la intervención de Cristo, la 2ª venida del Esposo fiel, el "Papa de la renovación", "manso pero firme", "austero pero enérgico", que reúne a los buenos sacerdotes, expulsa a los malos y renueva la Iglesia.

Vi en la iglesia de San Pedro, en Roma, una gran fiesta con muchas luces y vi que el Santo Padre, así como muchos otros, fue fortificado en el Espíritu Santo. Vi también, en diversos lugares del mundo, la luz descender sobre los doce hombres que veo a menudo como doce nuevos apóstoles o profetas de la Iglesia (AA.II.429).

Del lado oriental de esta iglesia avanzó con un esplendor infinito una figura sacerdotal: era como si fuera el Señor. Pronto se mostraron alrededor de él doce hombres luminosos y alrededor de estos muchos más todavía. Entonces salió de la boca del Señor un pequeño cuerpo luminoso que, habiendo salido, se hizo cada vez más grande y con una forma más definida, después, repitiéndose de nuevo, entró como una figura de niño resplandeciente en la boca de los doce que rodeaban al Señor, después en la de los demás. No era la escena histórica del Señor haciendo la cena con los discípulos, tal como la vi el jueves santo, sin embargo lo que vi me la recordó. Aquí todos eran luminosos e irradiantes, era un oficio divino, era como una solemnidad eclesiástica.

La Iglesia renovada se vuelve "más gloriosa que nunca" y alcanza desde la tierra hasta el cielo. Ve a la Iglesia triunfante, a los apóstoles y a los santos formar parte de una celebración solemne y grandes procesiones.

Ve un resurgimiento del sacerdocio y de las órdenes religiosas tras el periodo de decadencia y a muchos nuevos cristianos entrar "por los muros de la Iglesia": son los "hijos pródigos" que retornan a la casa del Padre.
Entonces vi a un grupo de hombres que avanzaban por una gran pradera que veía a cierta distancia. Uno de ellos se elevaba por encima de todos los demás. Eran una centena al menos. Me preguntaba si sería el lugar donde el Señor dio de comer a siete mil hombres.

Ve una "nueva evangelización" a nivel global, que evoca los pasajes eacatológicos de los evangelios sinópticos (Mt 24,14; Mc 13,10) :

El Señor vino a mi encuentro con todos sus discípulos y eligió doce de entre ellos. Vi como ponía los ojos en uno y en otro. Los reconocí a todos: los viejos llenos de simplicidad y los jóvenes robustos con tez curtida. Vi también como Él les enviaba a lo lejos en todas direcciones, y los seguía con la mirada en sus caminatas lejanas entre las naciones. Y como yo me decía: «¡ay! ¿Qué puede hacer un tan pequeño número de hombres entre las multitudes innumerables?» el Señor me dijo aproximadamente: «Su voz se hace oír a lo lejos por todos los lados. Así, ahora todavía, varios son enviados; cualesquiera que sean, hombres y mujeres, pueden lo mismo. Mira la salvación que esos doce han aportado; los que envío a tu época la aportan también, aunque permanezcan oscuros y despreciados» (AA.II.128)

Durante ese tiempo, vi todavía en medio de los desastres a los doce hombres de lo que ya he hablado, dispersos en diversos lugares sin saber nada los unos de los otros, recibir rayos del agua viva. Vi que todos hacían el mismo trabajo de diversos lados; que ellos no sabían de donde se les encomendaba ese trabajo y que cuando una cosa se había hecho, otra se les daba para hacer. Siempre eran doce de los cuales ninguno tenía más de cuarenta años.

No había nada de particular en su vestimenta, pero cada uno estaba vestido a la manera de su país y siguiendo la moda actual: vi que todos recibían de Dios lo que se había perdido y que ellos operaban el bien por todos los lados; eran todos católicos. (AA.III.159).

domingo, 8 de febrero de 2026

VISIONES DE ANA CATALINA EMERICH: LOS DEMOLEDORES Y LA CORTESANA

 
Seguimos meditando las visiones de la beata Ana Catalina Emmerich recogidas en el Tomo 15 de sus revelaciones titulado "Profecías del fin del mundo".

Sus visiones describen un periodo de crisis, de prueba y de purificación de la Iglesia en la "gran tribulación". Ve a una "falsa iglesia" o "iglesia de los apóstatas" oscurecida y construida con planteamientos humanos ("sin altar y sin Dios"que se aleja de la verdadera Iglesia de Cristo.

También describe lo que denomina los "demoledores", artífices del "misterio de iniquidad": la infiltración de herejías y sectas, el descuido del sacerdocio y la apostasía interna ("dos Papas"), la abolición del culto divino por "iluminados", el falso ecumenismo y la liberación de demonios que estaban encadenados. 

Estas visiones tienen rasgos y características muy semejantes a las del apóstol Juan, en su destierro en la isla de Patmos, donde escribió el Apocalipsis.

Los demoledores
El 19 de octubre de 1823, Emmerich describe a los "demoledores", agentes diabólicos al servicio de la Bestia (el Falso Profeta) relatados en Ap 13,1-18 que tratan de socavar y destruir la Iglesia Católica desde dentro y desde fuera:  

Y he visto cerca de ellos una horrible bestia que había surgido del mar. Tenía una cola como la de un pez, garras como las de un león, y varias cabezas que rodeaban como una corona una cabeza más grande. Sus boca era ancha y roja. Estaba manchada como un tigre y se mostraba muy familiar con los demoledores. Se acostaba a menudo en medio de ellos durante su trabajo: a menudo también, ellos iban a encontrarla en la caverna donde se escondía a veces. 
Como la Iglesia estaba ya en gran parte demolida, no quedando en pié mas que el coro con el altar, vi a estos demoledores penetrar en la iglesia con la bestia (AA.III.113).

Los "demoledores" llevan "delantales y palancas" (que simbolizan sociedades secretas) y muchos son miembros de la propia jerarquía de la Iglesia que intentan cambiar lo sagrado por lo profano, con sigilo, habilidad y sutileza:

Cuando vi a los demoledores, me quedé maravillada de su gran habilidad. Tenían todo tipo de máquinas: todo se hacía siguiendo un plan: nada se producía por si mismo. Ellos no hacían ruido; ponían atención a todo; recurrían a artimañas de todo tipo, y las piedras parecían a menudo desaparecer de sus manos. Algunos de entre ellos reconstruían: destruían lo que era santo y grande y lo que edificaban no era más que vacío, hueco, superfluo. Llevaban las piedras del altar y hacían con ellas una escalinata en la entrada (AA.III. 556) .

Una cortesana pomposa y ostentosa
Ana Catalina ve a una "innoble novia", que describe como "infame, extravagante, pomposa y ostentosa cortesana", de vestimenta escarlata, olor infecto y acompañada por "profetisas" como damas de honor, que se presenta ostentosa al Novio, quien la rechaza y la maldice. La visión de esta mujer evoca a la gran Babilonia de Ap 17-18.

Vi la Iglesia terrestre, es decir la sociedad de los fieles sobre la tierra, el ejercito de Cristo en su estado de paso sobre la tierra, completamente oscurecida y desolada (AA. 11 .352).

Vi las carencias y la decadencia del sacerdocio, así como sus causas. Vi los castigos que se preparan, (AA.II. 334).

¡Los servidores de la Iglesia son tan laxos! Ya no hacen uso de la fuerza que poseen en el sacerdocio»(AA.II.245). 

¡Si algún día las almas reclaman lo que el clero les debe al ocasionarles tantas perdidas por su incuria y su indiferencia, sería algo terrible! (AA.II.342).

Tuve una visión concerniente a las faltas de incontables pastores y la omisión de todos sus deberes hacia su rebaño» (AA.II.347). 
La beata describe una "iglesia de hombres", "falsificadacaída y descompuesta", "oscura y llena de humo negro", es decir, llena de herejías y planteamientos antievangélicos:
  • secularizada y mundana: más enfocada en temas políticos y sociales que en las verdades espirituales, buscando agradar al mundo antes que a Dios.
  • extravagante y confusa: llena de errores, de sectas y de ideologías humanas.
  • decadente y corrupta: repleta de sacerdotes tibios, sin piedad y corruptos.
  • dividida y enfrentada: Catalina habla de "dos Papas", refiriéndose a dos bandos, los que se lamentan por la apostasía y los que la aceptan. En otro sentido, también evoca la visión de los "dos testigos" de Ap 11,3-14profetas enviados por Dios con autoridad y poder para dar testimonio durante la tribulación (1.260 días). 
Veo una cantidad de eclesiásticos castigados de excomunión, que no parecen inquietarse ni incluso saberlo. Y sin embargo son excomulgados cuando toman parte en esas empresas, cuando entran en asociaciones y se adhieren a opiniones sobre las que pesa el anatema. Veo estos hombres rodeados de una nube como de un muro de separación. Se ve por esto cuanto Dios tiene en cuenta de los decretos, de las ordenes y de las defensas del jefe de la Iglesia y los mantiene en vigor cuando incluso los hombres no se inquietan de ello, reniegan de eso o se ríen. (AA.III.148).

Vi cuan funestas serían las consecuencias de esta falsificación de la Iglesia. Yo la vi crecer, vi a los heréticos de todas las condiciones venir e la ciudad (Roma). Vi acrecentarse la tibieza del clero local, vi hacerse una gran oscuridad, «Entonces la visión se agrandó por todos los lados. Vi por todo comunidades católicas oprimidas, vejadas, encarceladas y privadas de libertad. Vi muchas iglesias cerradas. Vi grandes miserias producirse por todas partes. Vi guerras y sangre vertida. Vi el pueblo salvaje e ignorante, intervenir con violencia (AA.III.1 03).

A pesar de este oscuro panorama, las visiones concluyen con la esperanza de una reconstrucción de la Iglesia liderada por la Virgen María, resultando más "gloriosa" que antes:

... eso no durará mucho tiempo ... Vi la ayuda llegar en el momento de mayor angustia» (AA.III.1 04)






Para profundizar:

Visiones y revelaciones completas (tomo 15) de Ana Catalina Emmerich (en pdf):



viernes, 6 de febrero de 2026

LOS ENVIÓ DE DOS EN DOS

 
"Llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos,
dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos.
Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más,
pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja;
9que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto.
Y decía: ‘Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio.
Y si un lugar no os recibe ni os escucha,
al marcharos sacudíos el polvo de los pies, en testimonio contra ellos’.
Ellos salieron a predicar la conversión,
echaban muchos demonios,
ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban
(Mc 6,7-13)

El Evangelio que hoy meditamos narra el envío de los discípulos a evangelizar también presente en Mt 10,1-14 y Lc 10,1-11. Es la continuación de Mc 6,1-6, que relata el rechazo a Jesús en Nazaret. Cristo nos muestra el auténtico manual del discípulo cristiano, del servidor de Dios, del misionero.

Jesús es quien elige, quien llama y quien envía. La iniciativa siempre parte de Dios. La misión siempre procede de Dios. Nosotros no vamos por nuestra cuenta ni somos protagonistas ni quienes elegimos servir a Cristo. Es Él quien nos mira y nos cautiva.

Sin embargo, Jesús no monopoliza ni acapara la misión (aunque podría). Quiere compartirla con nosotros para hacernos partícipes de la historia de la salvación y por eso, nos llama y nos envía a la misión. 

Pero antes de enviarnos, nos instruye sobre cómo llevar a cabo la misión de una manera sobria y sencilla, testimonial y veraz, coherente y auténtica. 

v.7: Objeto de la misión

Llamada: “a los doce”. Cristo llama a los Doce, a sus “elegidos” (Mt 22,14). “Doce”, en la Biblia, simboliza plenitud, totalidad, estructura completa constituida por Dios. Doce son las tribus de Israel y doce son los apóstoles del Señor: ambos representan la totalidad del pueblo de Dios. Cuando Jesús “llama a los doce” significa que nos llama a todos, a todos los bautizados. 

Envío: “los fue enviando” a colaborar con Él, a dar testimonio del amor de Dios. El Señor nos envía, sin garantía de éxito con dos disposiciones: 
  • una, interior, “ad intra”, que tengamos confianza, obediencia y apertura, de forma que el Señor realice su obra también en nosotros
  • y otra, exterior, “ad extra”: que demos testimonio de Cristo, proclamemos su mensaje de salvación y que Él realice su obra en otros. 
Jesús nos envía a todas las personas que encontremos en el camino de nuestra vida: a los cercanos (familia, amigos, compañeros de trabajo, vecinos…) y a los lejanos (pobres, enfermos, solitarios, desesperanzados…), para dar testimonio del amor de Dios a todos los hombres.

v. 8-11 Actitudes de la misión

Comunión: “de dos en dos”, que simboliza apoyo, fraternidad, comunidad, validez del testimonio. Significa un “nosotros”, porque “donde estéis reunidos dos o tres en mi nombre, allí estaré yo en medio de vosotros” (Mt 18,19-20). 
Nos envía de forma comunitaria y solidaria, mutua y recíproca para que nos proporcionemos compañía y aliento en el camino; para que nos ofrezcamos fortaleza y ayuda en las dificultades; para que otorguemos credibilidad y veracidad al testimonio; y para que aportemos responsabilidad y apoyo en la misión. La fe (la misión) se vive sólo en comunidad.

Autoridad: “sobre los espíritus inmundos”, es decir, nos da su poder, nos otorga el Espíritu Santo, no sólo para que prediquemos y demos testimonio de Él, sino para que, como Él, atendamos y curemos enfermos, resucitemos muertos, limpiemos leprosos y expulsemos demonios (Mt 10,8).

Confianza: “para el camino…sólo un bastón”. Jesús quiere que sus discípulos caminemos confiados y apoyados en Él. El bastón es Cristo, el único apoyo que necesitamos. "Sin Él, no podemos hacer nada" (Jn 15,4-5). Necesitamos tener confianza plena en Jesucristo, a quien encontramos en la oración como amparo, en la Palabra como fundamento y en la Eucaristía como sustento. 

Desapego: “no llevéis pan, ni alforja, ni dinero ni túnica de repuesto”, que representan las seguridades, comodidades y expectativas (materiales o intelectuales). La misión que Cristo nos encomienda es espiritual y, por tanto, no la podemos llevar a cabo desde nuestras seguridades humanas ni desde nuestros recursos, expectativas o capacidades. Debemos ir “ligeros de equipaje”, “sin apegos, ni ataduras ni esclavitudes”, es decir, con desprendimiento y desapego a nuestras ideas, a nuestras “formas de ver las cosas”. 

Coherencia: “sólo una túnica”, es decir, un solo corazón: austeridad y humildad en las “formas”, sencillez y coherencia en los “hechos”, autenticidad y veracidad en las “palabras”. 

Servicio: “sandalias”, que significan disponibilidad, compromiso y obediencia para anunciar la Buena Nueva (Ef 6,13-18; Rom 10,13-17).

Paz: “quedaos en la casa donde entréis”, que simboliza huir del activismo, de la dispersión, de la agitaciónJesús quiere que seamos acogidos por aquellos a quienes somos enviados y estrechar lazos de unidad

Perseverancia: “si no os reciben”, que significa que la misión no será 100 % exitosa, recordando la parábola del sembrador de Mc 4,3-9: sólo la ¼ parte de la semilla cae en terreno fértil. Él tampoco tuvo éxito en Nazaret, su tierra natal, pero siguió predicando en otras ciudades.

Alegría y Respeto: “sacudiros el polvo de los pies”, es decir, sacudirse la amargura, el rencor o el resultadismo. Nos envía a no quebrantar nunca la libertad humana: el evangelio se ofrece, no se impone; a huir de lo mundano y efímero; a buscar lo divino, lo eterno.

12-13 Efectos de la misión

Transformación: “salieron a predicar la conversión”, es decir, a hablar de la purificación del corazón.

Liberación: “echaban muchos demonios”, es decir, liberar del pecado propio y ajeno. Los demonios son el odio, el orgullo, el egoísmo, la envidia, la ira

Consagración: “y ungían con aceite”, es decir, hacer discípulos misioneros. El seguidor de Cristo se hace discípulo, "discipulando". No tiene que esperar a estar preparado o formado sino obedecer la llamada y el envío del Señor. No hay tiempo que perder.

Sanación: “y los curaban”, que simboliza sanar heridas, tanto físicas como espirituales. "Curar" significa atender, escuchar, animar a quienes están enfermos o sufren.
El Señor me llama para liberarme de todo el mal que me esclaviza y me deshumaniza; me envía al mundo que tanto le necesita y que no le conoce; me capacita con lo que tengo que llevar (actitudes, disposiciones o talentos) y me enseña lo que no tengo que llevar (orgullos, rencores o egoísmos).

Me envía a ser caminante con “bastón y sandalias”, confiado y obediente a la voluntad de Dios para participar en la historia de la salvación, para anunciar el Amor a todos con quienes me encuentro, para acompañarlos en el sufrimiento, para fomentar la fraternidad, para acoger a los que están perdidos y necesitados, para abrazar a los que están solos y para sanar corazones que están heridos.

Me envía a ser peregrino sin “pan, ni alforja, ni dinero”, para que no me "instale" ni me "acomode" en las seguridades humanas. Para no buscar bienestar ni donde recostar la cabeza. Para que no pretenda ser ni eficaz ni resultadista.

Me envía a ser apóstol, “enviado” de Cristo sin “túnica de repuesto” sino vestido sólo con la sencillez de los pobres, con la humildad de los mansos y la pureza de intención de los santos. Siempre en camino. Nunca atado a nada ni a nadie. Sólo con lo imprescindible: Jesucristo.

Me llama a ser la “voz” que grita en el desierto, la “sal” de la tierra y la “luz” en medio de la oscuridad.

Hago oración confiada, un grito que surge de lo profundo de mi corazón abrasado por la Palabra, un rezo de alabanza, bendición, auxilio, acción de gracias, petición o intercesión.

Dios me abraza y dejo actuar su gracia en mí para comprender su voluntad.

“Señor, llámame y ven en mi ayuda,
lléname de ti y envíame
para vivir como Tú quieres y esperas de mí.
Ven Señor y hazme dócil a tu voz
para darte a conocer, anunciar tu Palabra
y ayudar a otros a seguirte.
Ayúdame a encontrar en ti la vida
que sólo Tú, me puedes dar”

jueves, 5 de febrero de 2026

CONFIANZA EN DIOS: LA FE EN MOVIMIENTO

 

La fe y la confianza son dos caras de la misma moneda en la relación entre Dios y el ser humano, entre lo divino y lo humano, pero operan de formas ligeramente distintas.

La fe es una gracia, un don recibido de Dios en el bautismo y, a la vez, un acto libre que mueve al hombre a confiar en Dios y a reconocerlo como Creador y Padre; a creer en la verdad revelada por Dios, es decir, quien dice ser y que Sus promesas son verdaderas. 

Es la "certeza de lo que no se ve" (Hb 11,1): que el ser humano viene de Dios y camina hacia Él.

La confianza es dar un "sí" o un "amén" a la invitación de amistad y amor de Dios: un acto libre, voluntario, personal y consciente que implica someter mi inteligencia (mente) y mi voluntad (corazón) a Dios, abandonarme "activamente" y depender "plenamente" de Él, como hace un hijo con su padre. 

La confianza es la "fe en movimiento" que transforma la vida del hombre y obra milagros. Es un "voto de confianza" con el que me adhiero plenamente a Dios, incluso cuando no entiendo el camino (espacio) ni su duración (tiempo).

      
Confiar implica "soltar el control" para rendir mi propia voluntad a la de Dios, reconociendo que Su sabiduría supera mis capacidades y circunstancias (Prv 3,5-6). 

Confiar supone "dejar mi vida en manos de Su providencia", lo que genera en mí una paz que sobrepasa mi entendimiento (Flp 4,6-7), eliminando mis temores y mis inquietudes (Sal 56,3) y transformando los problemas en oportunidades para presenciar su fidelidad y amor.

Confiar no significa esperar que todo salga como yo quiero, sino saber que los planes de Dios son mejores y más sabios que los míos. Supone "caminar aunque no vea todo el camino", teniendo la certeza de que para Dios todo es posible (Mc 9,23).

La fe es el "qué" creo, la confianza es el "cómo" vivo esa creencia. La fe es "convicción y certeza", la confianza es "acción y dependencia".

Y para que mi fe crezca y mi confianza se fortalezca, necesito alimentarme de:
  • la Sagrada Escritura (Rom 10,17; Lc 11,28)
  • la oración (1 Tes 5,16-18; 1 Jn 5,14; Sal 145,18)
  • la Eucaristía (Jn 6,35; 48-51: 1 Cor 11,26)
  • la formación y dirección espiritual (2 P 3,18; Sal 25,5)
  • el servicio a Dios (Jn 12,26; 1 Cor 15,58) 
  • el servicio al prójimo (Jn 13,34; Mt 23,11; 25,35-40)

viernes, 30 de enero de 2026

VISIONES DE ANA CATALINA EMERICK: LA CASA NUPCIAL

Hoy meditamos las visiones de la beata Ana Catalina Emmerick, recogidas en el Tomo 2 de sus revelaciones, en el que describe con precisión la casa nupcial de la Virgen María y san José, así como toda su simbología.

La casa nupcial 
La casa nupcial no es sólo un edificio, sino el símbolo de la transición entre la Antigua y la Nueva Alianza, entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.

Es también tipo de la unión indisoluble de Jesucristo (el Esposo) con su Iglesia (la Esposa), con tres significados principales:

1. El Templo de la Nueva Arca
La boda dura de siete a ocho días, siguiendo la rigurosa tradición judía y, aunque hay alegría, el ambiente es más parecido a un retiro espiritual que a una fiesta profana. 

El banquete no se celebra en Nazaret, sino en Jerusalén, en una casa de construcción antigua y espaciosa situada en el Monte Sión donde, en tiempos del Rey David, se había depositado el Arca de la AlianzaTras la boda, José no va a la casa de Nazaret de inmediato, sino a Belén para resolver asuntos familiares. 

Tipología/Simbología: el lugar que custodió las tablas de la Ley, el Arca de la Alianza, ahora custodia a María,  la "Nueva Arca" que llevará en su seno al Verbo Encarnado.

2. La Purificación del matrimonio
La casa nupcial tiene una atmósfera de "luz sobrenatural" y no es un lugar de "gratificación sensual", sino de pureza y santidad absoluta; un espacio de oración y castidad; un "santuario doméstico" temporal antes de que la pareja parta hacia Nazaret; el escenario del "matrimonio más santo", destinado a proteger el misterio de la Encarnación.

Tipología/Simbología: la restauración del diseño original de Dios para la unión humana.

3. La Genealogía Sagrada
La casa pertenece a una línea de sacerdotes, propiedad de Nicodemo y José de Arimatea, quienes suelen alquilarla para festividades religiosas solemnes.

Tipología/SimbologíaLa casa es el punto de encuentro donde las promesas del Antiguo Testamento se cumplen a través del matrimonio de José (estirpe de David).

El atuendo nupcial de la novia
-una túnica de color azul violáceo: el color azul representa naturaleza celestial y relación con el Espíritu Santo. El matiz violáceo representa obediencia y humildad, necesarias para recibir al Mesías.

-un manto de lana fina: simboliza dignidad real.

-un velo blanco que emite luz propia: simboliza pureza y santidad. La luz propia": simboliza la gracia santificante.

-su peinado es elaborado: el cabello está entretejido con hilos de seda blanca y perlas, y cubierto por un velo transparente. Lleva flores en el pecho y una corona de flores en la cabeza, símbolo de su virginidad consagrada.

-el anillo no es una joya lujosa fabricada de metal precioso, sino oscuro e irisado, marcado con letras sagradas (que Ana Catalina no es capaz de entender) y está custodiado por ángeles, que simboliza la alianza eterna entre Dios y el hombre. 
El atuendo nupcial del novio
-una túnica larga y ancha de color pardo: simboliza humildad y protección terrenal de los tesoros del cielo. El color pardo simboliza la tierra que custodia la semilla divina. 

-los bordes de la túnica dorados y con brillos irisados: representa la realeza davídica.

-un cinturón ancho: simboliza paz, nobleza y sencillez. 

-un manto blanco: simboliza pureza y santidad. 

La ceremonia
La ceremonia no se limita a un contrato civil, sino que se transforma en un sacrificio de alabanza y consagración con estructura litúrgica :

-el altar no es un altar de sacrificios animales, aunque la actitud de los esposos es la de una ofrenda total de sus vidas a la voluntad de Dios. Es un santuario situado en la sala principal de la casa nupcial y está cubierto con telas finas rojas y blancas. Sobre él no hay incienso sino los rollos de la Ley (la Torá), que simboliza que el matrimonies el cumplimiento de las promesas de la Palabra de Dios.

-la Menorah (lámpara judía de siete brazos) que ilumina el centro del altar, simboliza la presencia de los siete dones del Espíritu Santo bendiciendo la unión.

-el sumo sacerdote dirige el rito y actúa como el validador legal (testigo divino) de que José es el elegido por la señal milagrosa de la vara florida (un lirio blanco brotó de ella), confirmando la elección sobrenatural.

-la unión de las manos: el sacerdote toma las manos de María y José y, mientras pronuncia la bendición, las une bajo una estola sagrada, que simboliza que es Dios mismo quien sella el vínculo a través de la autoridad sagrada (la Iglesia) y que ningún hombre puede desatarlo.
-la lectura del contrato: más allá del contrato legal (Ketubah), el sacerdote recita oraciones (que Emmerick percibe como cánticos de victoria sobre el pecado original), actuando como mediador entre el cielo y los nuevos esposos.

-la consagración del anillo: el sacerdote bendice el anillo antes de que José lo ponga en el dedo de María, convirtiendo un objeto material en un sacramental de protección.

-tras el intercambio de copas, ambos permanecen en oración intensa. Tras la boda, los invitados celebran el banquete, pero los esposos se retiran pronto para mantener su vida de contemplación.

-la bendición: los sacerdotes presentes recitan oraciones antiguas que, según la mística alemana, tienen un eco profético sobre la llegada del Salvador.

Los testigos y los invitados
-los parientes de ambos están separados por géneros: los hombres, encabezados por los parientes de José y los otros pretendientes que habían llevado sus varas al Templo, se sitúan a la derecha. Las mujeres, encabezadas por Santa Ana (madre de María) y otras parientes cercanas, se ubican a la izquierda.

-los invitados o "compañeros de bodas" son jóvenes que actúan como una guardia de honor. Su presencia simboliza que toda la comunidad de Israel está presente para entregar a la "Hija de Sion" a su custodio.
Santa Ana, la madre de María, ocupa un lugar de honor. Su función es la de entrega mística y formal de María, sabiendo que su hija pertenece por completo a Dios. Emmerick la describe llorando de alegría y en profunda oración.

Los pretendientes rechazados: Emmerick menciona que algunos de los jóvenes que no fueron elegidos para casarse con María están presentes. Su función es resaltar la humildad de José; mientras ellos estaban tristes o confundidos, José se mantenía en un estado de asombro y sumisión.

Los testigos son siete ancianos respetables (sacerdotes) que deben firmar el contrato matrimonial y garantizar que la unión cumplía con todas las leyes de Moisés, asegurando que Jesús nazca dentro de una familia legalmente constituida según la tradición davídica.

miércoles, 28 de enero de 2026

EL LIDERAZGO CRISTIANO

"El que quiera ser grande entre vosotros, 
que sea vuestro servidor, 
y el que quiera ser primero entre vosotros, 
que sea vuestro esclavo. 
Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido 
sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos"
(Mt 20,26-28)

En un mundo donde el liderazgo se mide por la autoridad, la eficacia, el éxito y el reconocimiento, los cristianos estamos llamados a liderar de otra forma muy distinta: Cristo nos envía a servir sin apegos a seguridades humanas, sin comodidades materiales, sin “planes de negocio” ni "estudios de mercado", y muchas veces, hasta sin recursos (Mc 6,7-13).

El verdadero liderazgo cristiano tiene a Jesús como modelo, el siervo líderquien antes de pedir algo, es el primero en hacerlo (Jn 13,3-17). El modelo cristiano de liderazgo no está basado en una estructura piramidal, sino comunitaria, en la que el líder utiliza sus dones para el bien común, en lugar de para el mérito personal. Lidera sin "resultadismos" ni "meritocracias", porque todo es obra de Dios, y toda la gloria es suya. 

Un cristiano lidera con pasión y humildad, transformando el "yo" en servicio, huyendo del ego y enfocado en el bienestar de los demás; con alegría y generosidadcompartiendo talentos, tiempo y recursos para edificar a otros. Es la misma persona en público y en privado: auténtico, coherente y con un testimonio intachable. 

Un cristiano lidera sin imponer su voluntad personal, sino guiado por el Espíritu Santo, para discernir la voluntad de Dios, a través de una vida activa de oración y de formación espiritual. El líder siempre actúa como un mayordomo o administrador de los talentos y recursos que Dios ha puesto bajo su cuidado.
Un cristiano lidera con visión. No hay liderazgo cristiano sin un “para qué”, sin un sentido, sin un propósito. No hay misión sin visión. Con la ayuda de la gracia, el líder busca transformar corazones a través del amor, atendiendo y sirviendo a los necesitados y marginados, a ejemplo de Cristo. 

Un cristiano lidera con confianza total en Dios, porque no realiza una misión humana sino que ésta procede siempre de Dios. Por ello, el líder necesita trascender para escuchar a Dios en oración, para poder reconocer y discernir cuál es su voluntad.

Un cristiano lidera con fidelidad a un método: ser fiel a su esencia no significa repetir mecánicamente lo de siempre, sino mantener vivo su espíritu sabiendo captar necesidades y dar respuestas, para no caer en la rutina y el hastío: Vive la misión con pasión, con entusiasmo, la hace atractiva y sabe contagiarla para que el resto la interiorice y la haga propia: nadie sostiene una misión por sí solo.

Un cristiano lidera invirtiendo en “calidad, no cantidad”. Cuidar a los miembros, acogerlos y ayudarlos es su principal tarea. No busca "números" ni "fichajes", olvidándose de las personas, sino que las pone siempre en el centro de la misión, respetando su dignidad, mostrando afecto e interés, incluso hacia quienes le atacan o critican.
Un cristiano lidera sin buscar "seguidores", sino "colaboradores"; no busca fidelidad a su persona, sino a la misión; no forma "dependientes", sino nuevos líderes: el objetivo es "el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo" (Ef 4,11-12). La visión compartida construye la misión alrededor de una comunidad que crece orgánicamente, no alrededor de personalismos. 

Un cristiano lidera motivando a otros y delegando responsabilidades, enseñando y acompañando siempre el proceso de maduración espiritual, para que contribuyan a la misión por voluntad propia, por "contagio", en lugar de por obligación o imposición.

Un cristiano lidera con un método personalizado: invierte tiempo de calidad en otras personas, no para enseñar doctrina, sino para compartir su vida. A ejemplo de Cristo, hace preguntas antes de dar respuestas, indaga problemas antes de dar soluciones, escucha antes de hablar.

Un cristiano lidera según el modelo de Cristo (Mt 18,1-35)