¿QUIÉN ES JESÚS?

La vida de Jesús siempre ha suscitado preguntas a lo largo de los últimos dos mil años.

¿Cómo pudo un carpintero que fue ejecutado por los romanos convertirse en el hombre más famoso de la historia?
¿Fue Jesús alguien verdaderamente real?
¿Cómo puede Dios ser un hombre al mismo tiempo?
¿De qué manera podría esto tener algún sentido para mi vida?

Estas son algunas preguntas, pero aquí tienes un espacio para formular las tuyas.

lunes, 15 de junio de 2026

CONSUMISMO ESPIRITUAL: EL SÍNDROME DEL EFECTO GASEOSA


"Pedís y no recibís, porque pedís mal, 
con la intención de satisfacer vuestras pasiones"
(Stg 4,3)

Una de las grandes tentaciones con las que el Enemigo disfraza su intención de alejar nuestra atención de Dios es el "consumismo espiritual": una desviación de la fe que reduce a Dios y su gracia a meros objetos de consumo personal y nos lleva a pensar: "hágase mi voluntad".

Se trata de una manifestación de la "idolatría del yo" donde sustituimos al Dios verdadero por el "dios del bienestar personal", donde nos servimos de Dios en lugar de servirlo, es decir, una instrumentalización de Dios y una manipulación de la fe, no como respuesta a Su amor sino como instrumento de satisfacción particular. 

El papa Francisco, en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium (La Alegría del Evangelio, 2013) sobre la misión de la Iglesia, analizaba cómo la cultura del consumo global ha creado una fe diseñada a la medida del egoísmo moderno: 
"Se produce una especie de consumismo espiritual que convive con un apego enfermizo al dinero y al bienestar material. Aparece una espiritualidad del bienestar sin comunidad, una teología de la prosperidad sin cruz, un cristianismo a la carta donde cada uno elige lo que le gusta y descarta lo que le exige conversión" (cf. EG, 89-90)
Y en su exhortación apostólica Gaudete et exsultate (Alegraos y regocijaos, 2018) sobre la santidad, advertía sobre dos formas muy comunes de instrumentalizar la fe:
-El neognosticismo: Una fe basada en la superioridad. "Convertir la fe en una teoría mental o una colección de conocimientos abstractos y experiencias místicas de 'vitrina'. Estas personas reducen la enseñanza de Jesús a una lógica fría y severa que busca dominarlo todo, usando a Dios para sentirse superiores e intelectualmente más puros que los demás".
-El neopelagianismo: Una fe basada en el egocentrismo. "Cumplir normas, acumular rezos o realizar prácticas obsesivas confiando en las propias fuerzas y no en la gracia de Dios. Esto crea un 'egocentrismo burgués' donde se usa la fe para justificarse a uno mismo, en lugar de humillarse ante la misericordia de Dios."
 
El "consumista espiritual" adopta el síndrome del "efecto gaseosa" (inconstancia) pretendiendo adquirir la gracia divina en "supermercados sacramentales", en "tours espirituales", a través de  "experiencias emocionales": solo "cree" cuando "siente", cuando "recibe".

La fe, entonces, se convierte en una transacción supersticiosa de negocio sagrado" o en una especie de "coleccionismo espiritual", en el que las personas creen que sólo por usar sacramentales (medallas, rosarios, escapularios), peregrinar a santuarios marianos, formar parte de retiros espirituales, venerar una imagen en una procesión o fiesta patronal, rezar oraciones como "mantras" repetitivos o pagar servicios religiosos, Dios, la Virgen o el santo correspondiente están obligados a conceder el milagro que se "exige".

Convierten la fe en un cajero automático donde sacar "efectivo espiritual"; convierten las prácticas religiosas en "pastillas espirituales" para encontrar alivio emocional o calmar la ansiedad. Sin embargo, el papa Francisco decía: 
"Dios no es un objeto que usamos cuando lo necesitamos y lo dejamos de lado cuando estamos bien. La oración no es un tranquilizante para calmar la ansiedad. Eso es usar a Dios. La oración es una relación de amor, es abrirle la puerta de nuestra vida para que Él la transforme, incluso cuando nos pide cargar con la cruz" (Audiencia General, Catequesis sobre la oración, 13 de mayo de 2020)
Riesgos
Algunas personas entienden la fe como una "experiencia" inmediata basada en la adrenalina del momento, el merchandising religioso y el turismo espiritual, y actúan más como "consumidores" de un producto, que como fieles en proceso de conversión profundo y continuo.
Entonces, se corre el riesgo de que el encuentro con Dios comience y termine con la experiencia. Al regresar a la realidad, ese "subidón" emocional puede no traducirse en un compromiso real con la parroquia o con los sectores más vulnerables de la sociedad. Es entonces cuando se produce la "desconexión comunitaria", al no poder "replicar" la euforia o la espectacularidad de la "experiencia".

Entonces, se corre el riesgo de una fe de identidad frente a una fe de compromiso, una fe autorreferencial ("somos los mejores") orientada a la autoafirmación identitaria, en lugar de dirigida al servicio y a la transformación del mundo.

Entonces, se corre el riesgo de una fe cerrada y limitada a espacios o a grupos determinados que "coleccionan" experiencias emocionales intensas y placenteras en lugar de una fe universal para "darse" a los demás.

Entonces, se corre el riesgo de una fe de "adicción espiritual", dependiente de "dosis" periódicas de experiencias para mantener viva la fe, que impide encontrar a Dios en el silencio, en la oración cotidiana o en la eucaristía.

Entonces, se corre el riesgo de una fe de evasión social, centrada en la autorrealización del individuo y que actúa como un anestésico social, priorizando el "sentirse bien" o el "pertenecer al grupo" por encima de la misión y del compromiso cristiano.

Soluciones
Para evitar el "efecto gaseosa", el consumismo espiritual y la fe de conveniencia, la pastoral de las últimas asambleas sinodales propone métodos específicos para canalizar la energía de las masas hacia estructuras estables y profundas, para pasar de la experiencia personal a la eclesial:
1. Pequeñas Comunidades Eclesiales (PCE)
Creación de células parroquiales de evangelización o grupos pequeños (de 8 a 12 personas) que se reúnen semanalmente en casas particulares, no en templos, que replican el modelo de la Iglesia primitiva en el que los miembros compartan su vida, sus problemas laborales y familiares, iluminados por la Palabra de Dios, transformando al "espectador" de la "experiencia" en un hermano con nombre y apellidos.
2. Método de la "Conversación en el Espíritu" (Modelo sinodal)
Es el método de la Sinodalidad: escucha activa y circular. En lugar de un formato de clase magistral o conferencia, se forman mesas redondas donde cada persona comparte su testimonio/experiencia de fe o sus dudas, mientras los demás escuchan en silencio, compartiendo lo que les ha interpelado e identificando la guía que el Espíritu sugiere al grupo.
3. Acompañamiento personal (Mentor espiritual)
Se pasa de la figura del "animador de masas" o influencer católico al director espiritual o mentor pastoral ("acompañante"). El objetivo es que cada persona que sale de una experiencia espiritual tenga una persona de referencia madura en la fe para consultar sus crisis cotidianas y para ayudarlo a crear hábitos de oración, lectura y servicio.
4. Acción social comunitaria (Voluntariado)
La energía emocional recibida en la experiencia se canaliza hacia un voluntariado comunitario (Cáritas parroquial, comedores sociales, acompañamiento de ancianos en el barrio, grupos de catequesis, etc.) para pasar de la estética a la diaconía (servicio): el compromiso social saca al creyente de la búsqueda de la "autorrealización espiritual" y lo confronta con las heridas de la sociedad, transformando el consumo de experiencias en servicio gratuito.
5. Participación comunitaria (Iniciación en lo cotidiano)
Tras el efecto gaseosa, se educa en la "pedagogía del silencio", es decir, la oración contemplativa y la adoración eucarística para descubrir a Dios en la rutina diaria; y se motiva en la celebración de liturgias participativas, en las que los laicos asumen roles activos en la preparación de las lecturas y las oraciones, dejando de ser meros consumidores de un espectáculo sagrado para ser participantes activos de la gracia divina.

domingo, 14 de junio de 2026

LA TENSIÓN ESPIRITUAL DE LOS CREYENTES

 
"Porque nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso
sino contra los principados, contra las potestades,
contra los dominadores de este mundo de tinieblas,
contra los espíritus malignos del aire"
(Ef 6,12)

Hoy reflexionamos sobre la situación de tensión espiritual (lucha) vivida por creyentes católicos que, por un lado, conduce al cuestionamiento profundo, a la duda o a la pérdida de la certeza espiritual respecto a los dogmas, la institución eclesial o la presencia de Dios, y por otro, al agotamiento psicológico de resistir constantemente la presión ambiental, lo que a menudo deriva en un abandono silencioso y gradual de la práctica religiosa.

Y lo hacemos desde dos perspectivas distintas pero complementarias: la teológica y la sociológica. La teología examina la crisis desde la relación del hombre con Dios y la doctrina, mientras que la sociología la analiza desde la influencia del entorno, las estructuras y las instituciones en el comportamiento del creyente.

Perspectiva teológica: El creyente ante lo sagrado
Desde el punto de vista teológico, los problemas de fe de los católicos son el reflejo de una  pérdida del sentido de lo sagrado o trascendente motivada por varias las razones:
  • Analfabetismo bíblico y dogmático: En muchos casos, existe un desconocimiento generalizado de las bases doctrinales y una incomprensión de los dogmas clave (como la presencia real en la Eucaristía), lo que convierte la fe en un sentimiento vago en lugar de una convicción sólida, en una fe pasiva (creer por herencia) en lugar de una fe activa (creer por elección). 
  • Secularización interna: El peligro teológico más grave de un creyente es la "mundanización", es decir, ceder a la presión de un entorno social hiperconectado, materialista y científico que presenta la fe como algo obsoleto o incompatible con la razón. Los creyentes adoptan criterios morales, éticos y antropológicos del mundo (relativismo), vaciando de contenido el Evangelio y diluyendo la identidad católica. 
  • Disociación teológica: La teología moral (cómo vivir) se ha desconectado de la teología dogmática (qué creer). Esto genera confusión: las normas de la Iglesia se perciben como imposiciones arbitrarias y no como una consecuencia del amor de Dios.
  • Reducción al bienestar: Se tiende a confundir la oración con el "vacío mental" o la ascesis con la simple disciplina física (gimnasio). Dios deja de ser el fin absoluto para convertirse en un medio de confort emocional. 
Perspectiva sociológica: El creyente ante lo líquido
Desde el punto de vista sociológico, los problemas de fe de los católicos son el reflejo de una sociedad que ya no es homogénea (cristiandad), por lo que se enfrentan al desafío de mantener una identidad minoritaria en un entorno plural y fragmentado o ceder a él: 
  • Paso de "súbditos" a "ciudadanos": Históricamente, la Iglesia ejercía un control social institucionalizado. Hoy, el creyente es un ciudadano en una sociedad plural, donde el catolicismo es solo una opción más en el mercado de creencias.
  • Debilitamiento del sentido de pertenencia: La sociología de la religión demuestra que la fe se sostiene mediante vínculos comunitarios densos. La falta de comunidades parroquiales sólidas provocan la "fuga o goteo de católicos" hacia el agnosticismo o movimientos espirituales más cohesivos. 
  • Pérdida de credibilidad institucional: Los escándalos de abusos y corrupción destruyen el "capital de confianza" de la institución eclesial. Sociológicamente, el fiel sufre el estigma y la hostilidad social debido a los errores sistémicos de la jerarquía.
  • Religión a la carta ("privatización"): El católico actual tiende a desinstitucionalizar su fe. Sigue la premisa de "creer sin pertenecer"; elige qué mandamientos o sacramentos aceptar y cuáles ignorar, ajustando la fe a su estilo de vida individualista. 
Conclusión: caminos de solución 
Ambas disciplinas coinciden en un mismo diagnóstico: el católico actual vive en una tensión constante entre la fidelidad a Dios o la adaptación al mundo, entre mantenerse fiel a una Verdad absoluta o ceder a la presión de un entorno que premia el relativismo, la caducidad y el éxito material. 
 
Para combatirla, el discernimiento católico propone una serie de herramientas concretas:
  • Fidelidad creativa: Entender que ser fiel a la Verdad no significa ser rígido sino que implica encarnar los valores eternos usando lenguajes actuales, sin diluir el mensaje.
  • Comunidades de contrapeso: Crear espacios (parroquias, movimientos, grupos) donde el individuo encuentra validación a su fe, evita el aislamiento y rompe la ilusión de que el relativismo es la única opción viable.
  • Purificación de la intención: El éxito material no se condena en sí mismo, sino su capacidad de convertirse en un ídolo. La crisis de fe obliga a redefinir el "éxito" bajo la óptica del Evangelio: la fecundidad espiritual y el servicio.
  • Examen de Conciencia (método ignaciano): Evaluar con objetividad las cesiones a la presión o el mantenimiento a la fidelidad e identificar si las mociones (consolación vs. desolación) producen paz profunda y duradera (plenitud) o satisfacción inmediata pero vacía (euforia).
  • Pedagogía del silencio: El entorno relativista y el ruido materialista satura la mente, impide la reflexión y alimenta el deseo de estatus y consumo, lo que requiere tomar distancia y "hacer silencio". 

sábado, 13 de junio de 2026

EL CRISTIANO: CUSTODIO DE LA DIGNIDAD HUMANA

 
"Pero si uno tiene bienes del mundo 
y, viendo a su hermano en necesidad, 
le cierra sus entrañas, 
¿cómo va a estar en él el amor de Dios?"
(1 Jn 3,17)

El Papa León XIV ha concluido en Canarias su visita apostólica a España, donde ha pronunciado un discurso histórico en el muelle de Arguineguín (Gran Canaria), epicentro de la crisis migratoria, con un fuerte mensaje de defensa de los derechos humanos afirmando que "la dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una fronteray de denuncia contra las mafias traficantes. 

Durante la misa en el Estadio de Gran Canaria ante unas 50.000 personas, nos repitió la necesidad de "alzar la mirada sin perder de vista el mar" para rezar por todos los que han perdido la vida en esta tragedia migratoria.

Ha vinculado la oración con la acción social como un acto de coherencia de nuestra fe, advirtiendo que "no podemos arrodillarnos ante el altar y luego pasar de largo ante los cayucos y las pateras" y nos ha invitado a "salir de nuestra comodidad de espectador para situarnos ante el hermano que llega".

Ha recordado que si Jesús mandó callar al mar, "Europa no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas" y ha pedido un "examen de conciencia" a tres sectores clave en la crisis migratoria: 
  • las naciones de origen: para que creen paz y desarrollo
  • las de tránsito: para que protejan a los débiles de las mafias
  • las de destino: para recordarles que "no basta con gestionar fronteras o reforzar límites", sino que cada barca que llega cuestiona directamente el tipo de mundo que hemos construido. 
Ha enviado un mensaje directo a los migrantes: les ha recordado que "no son números ni expedientes" y les ha pedido que no crean en las "promesas de paraísos fáciles" de las redes mafiosas, calificando estos engaños como "cantos de sirena e industrias de muerte".

Finalmente, ha asegurado que la misión de la Iglesia en Canarias "no se trata de resolverlo todo, sino de ponerlo todo en manos de Dios y estar presentes allí donde el ser humano sufre".
  
En la isla de Tenerife, León XIV ha cerrado de forma oficial su viaje apostólico a España, profundizando en la integración cultural, el valor de los misioneros históricos y la fraternidad universal.

En el centro de acogida "Las Raíces" de San Cristóbal de La Laguna, el Papa ha pronunciado un emotivo discurso utilizando principalmente el francés (el idioma mayoritario de los residentes alojados):

Ha recordado que el amor no tiene fronteras: "Más allá de nuestro lugar de proveniencia, el amor de Dios no conoce fronteras, no hace distinciones y nos congrega en la unidad" y ha defendido que los flujos migratorios de personas "pueden ser una ocasión de encuentro y enriquecimiento mutuo entre los pueblos". 

Ha rendido homenaje al santo hermano Pedro y a san José de Anchieta, quienes "partieron desde estas tierras canarias para anunciar el Evangelio en América. Ellos también fueron migrantes que se dirigieron hacia lo desconocido", y ha invitado a los residentes actuales a aportar "el tesoro de su humanidad, sueños y cultura" a las islas.
  
Utilizando una metáfora espiritual, ha recodado que "todos, de algún modo, somos migrantes y peregrinos en camino", instando a la sociedad a ayudarse mutuamente a "hacer de esta travesía un lugar más humano". 

En la plaza del Cristo de La Laguna ha recodado la parábola del buen samaritano para elogiar a las instituciones canarias, recordando que el servicio real nace de "compadecerse del herido y maltratado" sin importar su procedencia o religión. 

Finalmente, en la misa celebrada en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife, el Papa León dedicó sus últimas palabras a agradecer la hospitalidad del pueblo canario, el trabajo incansable de los equipos de rescate marítimo, los voluntarios de las ONG y la labor pastoral de la diócesis de San Cristóbal de La Laguna.

viernes, 12 de junio de 2026

EL CRISTIANO: CONSTRUCTOR DE UNIDAD Y PAZ

 

El viaje del papa León XIV a Barcelona ha estado marcada por la emotividad, los mensajes sociales y la espectacular inauguración de la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia. 
El Pontífice ha comenzado el martes 9 de junio su agenda en la catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia de Barcelona donde ha hecho una llamada firme a "construir armonía y comunión" más allá de toda polarización y a ser "constructores de unidad en un mundo desgarrado por guerras y divisiones, en una sociedad cada vez más fragmentada e individualista". 

Ha insistido en la necesidad de "tender puentes incluso a costa de sacrificios y renuncias", buscando siempre el bien común por encima de los intereses particulares. 

   
El miércoles 10 de junio ha presidido una gran vigilia en el Estadio Olímpico Lluís Companys de Montjuïc y ante 40.000 personas, ha animado a los jóvenes y asistentes a "caminar juntos en la fe que armoniza la diversidad de nuestras ideas y sensibilidades". 

Utilizando una metáfora evangélica, ha pedido "no dejar de buscar, de cuestionarnos y de dialogar, con Dios y entre nosotros, también en el corazón de la noche" y ha subrayado que la dignidad de cada persona debe ser respetada por lo que es, para que la sociedad sea verdaderamente inclusiva.

Ha acudido al monasterio benedictino de Montserrat para rezar el rosario y almorzar con la comunidad, en una parada que también ha estado rodeada de cierta protesta social por parte de colectivos de víctimas de abusos en la Iglesia.
    
El evento central del viaje como broche de oro ha sido la misa solemne y la inauguración de la Torre de Jesús de la Sagrada Familia, coincidiendo con el centenario de la muerte de Antoni Gaudí, y en la que ha lanzado un mensaje de paz y un enérgico rechazo a los conflictos globales afirmando: "No podemos creer en Jesús y promover la guerra".

Ha conectado la finalización del templo de Gaudí con un faro que debe proyectar paz y reconciliación global y ha afirmado que la espectacularidad de la arquitectura carece de alma si no se pone al servicio de los marginados, insistiendo en que los avances de la humanidad siempre deben guiarse primero por el amor: "Primero el amor, después la técnica".

Con la finalización de esta estructura central de 172,5 metros de altura, la basílica se convierte oficialmente en la iglesia más alta del mundo. La despedida ha contado con un despliegue de fuegos artificiales y drones en el cielo, que dibujaron el rostro de Gaudí.
  
Tras concluir estas jornadas en Barcelona, el Pontífice ha continuado  su viaje apostólico por España rumbo a las Islas Canarias para abordar la crisis migratoria.

jueves, 11 de junio de 2026

EL CRISTIANO: LEVADURA DE LA GRATUIDAD

"Gratis habéis recibido, dad gratis"
(Mt 10,8)

Tras el encuentro del Papa León XIV con los voluntarios, en la última etapa de su visita a Madrid, nos ha dicho que "los cristianos debemos ser la 'levadura de la gratuidad' frente a 'la lógica del interés y el lucro', y que la gratuidad es lo que hace crecer la calidad ética, humana y espiritual de una comunidad".

Para el sucesor de Pedro, "un mundo que reduce el concepto de 'progreso' únicamente a la dimensión económica, está enfermo. La gratuidad actúa como el único contrapeso capaz de generar un desarrollo humano integral".

La gratuidad cristiana es la convicción y actitud de que la salvación, el amor y la vida misma son dones dados por Dios de forma totalmente libre, inmerecida y gratuita. 

Al romper con la lógica mercantilista de "dar para recibir", el cristiano que experimenta este amor divino se siente impulsado a servir y entregarse a los demás sin esperar nada a cambio, ni de aquellos a quienes sirve ni de Dios. 
Bases teológicas
Origen divino: La vida, la gracia y la redención no se compran ni se ganan por méritos propios, son regalos gratuitos de Dios (Stg 1,17).

Amor incondicional: Implica dar por pura benevolencia, sin imponer condiciones, exigencias ni esperar retribuciones morales o materiales al prójimo (1 Co 13,4-7).

Lógica evangélica: Sustituye la mentalidad del intercambio mercantil por la cultura del don, del agradecimiento y de la generosidad desinteresada (2 Co 7,9; 8,12).

Fraternidad cristiana: Se organiza en beneficio del otro, integrando sus necesidades, diferencias y debilidades dentro del propio concepto del bien común (Hb 13,1; 1 P 1,22).
 
Bases bíblicas
Las parábolas de Jesús son los ejemplos más claros de cómo Dios rompe el concepto del mérito humano e introduce la lógica divina del don incondicional:

Los obreros de la viña (Mt 20, 1-16)
Es la parábola por excelencia sobre la gratuidad divina. El dueño de la viña sale a la plaza para contratar trabajadores a diferentes horas del día (unos al amanecer y otros a última hora de la tarde), no solo porque necesita mano de obra, sino porque le preocupa ver a personas "ociosas" y desocupadas. Al concluir la jornada, decide darles exactamente la misma paga (un denario, el sustento mínimo diario para una familia) a todos por igual, y demuestra que el salario se basa en la necesidad vital del ser humano y no en un cálculo puramente productivo.
El choque de lógicas: Dios no establece clasificaciones por rendimiento o eficacia. Los contratados a última hora de la tarde estaban en la plaza porque "nadie nos ha contratado": representan a los descartados, los débiles o los más vulnerables. Los contratados al amanecer protestan alegando merecer más por haber trabajado bajo el sol todo el día. Confunden la justicia distributiva humana con la justicia y generosidad de Dios.

La clave de gratuidad: El dueño de la viña rompe esa "cultura del descarte y la meritocracia" incluyéndolos a todos y respondiendo a los contratados primero: "¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?". El denario representa la salvación, que no es un sueldo calculado contractualmente por horas de esfuerzo, sino un regalo del Padre otorgado a todos por su infinita generosidad. El trabajo representa la dignidad de la persona, igual para todos e independiente de los méritos o capacidades de cada uno. 

La verdadera ventaja del cristiano no es cobrar más por sus méritos y su labor, sino haber tenido la dicha de colaborar desde el principio en la edificación del Reino y así, superar la cultura de la "meritocracia", la envidia y la comparación constantes.

El hijo pródigo (Lc 15, 11-32)
Aunque tradicionalmente se asocia al perdón, es una obra maestra de la gratuidad del amor de Dios. Tras malgastar toda su herencia, el hijo menor regresa buscando ser tratado como un jornalero.

El choque de lógicas: El padre no impone al hijo penitencias, no le exige que restituya el dinero malgastado, ni espera a que termine de disculparse. Le sale al encuentro, lo abraza, y manda a celebrar un banquete con el anillo y los mejores vestidos. 

La clave de gratuidad: El amor paterno no se devalúa por los errores del hijo. El hermano mayor (que representa la mentalidad mercantil del mérito) reclama sus años de servicio no recompensados, incapaz de entender que la intimidad y el amor del padre siempre han sido un don gratuito que no se compra cumpliendo normas familiares.

El buen samaritano (Lc 10, 25-37)
Describe a un hombre asaltado y herido en el camino. Un sacerdote y un levita pasan de largo, pero un samaritano se detiene, cura sus heridas, lo monta en su cabalgadura y paga de su propio bolsillo al mesonero para que lo cuide. 

El choque de lógicas: El samaritano atiende a un judío, alguien que culturalmente era considerado su enemigo directo, demostrando un amor sin fronteras.

La clave de gratuidad: No existe ningún interés social, familiar, religioso, político o económico que justifique su acción. Es el ejemplo perfecto del "dar" puro: socorrer a alguien de quien es imposible recibir retribución alguna, movido únicamente por la compasión desinteresada. 

La semilla que crece sola (Mc 4, 26-29)
Jesús describe cómo un hombre echa la semilla en la tierra. Ya sea que este hombre duerma o esté despierto, de noche o de día, la semilla germina y va creciendo sin que él sepa cómo.

El choque de lógicas: La tierra (el cristiano) da fruto por sí misma (la gracia); primero la hierba, luego la espiga y después el grano.

La clave de gratuidad: El Reino de Dios y su gracia no dependen del control, la ansiedad o las estrategias de producción del ser humano. El crecimiento espiritual es un don de Dios que opera de manera misteriosa y autónoma, recordándonos que las cosas más valiosas de la vida crecen bajo la lógica de la providencia divina y no del esfuerzo planificado. 
 
El Papa León nos recuerda que Dios sigue saliendo al encuentro en las plazas modernas (físicas y digitales) y nos exhorta a no posponer la respuesta a su llamada. 

No importa la hora o la etapa de la vida en la que nos encontremos, el compromiso por la gratuidad y la justicia debemos asumirlo de inmediato y manifestarlo en nuestra vida diaria:

En el servicio: Dedicar tiempo y capacidades a los más necesitados de forma completamente altruista, sirviendo como "levadura" para mejorar la sociedad. 

En el perdón: Ofrecer la reconciliación de manera libre, rompiendo el ciclo de la ofensa sin exigir un pago emocional a cambio.

En la acogida: Recibir y acompañar a las personas marginadas o vulnerables, valorándolas por lo que son y no por la utilidad que representan.

martes, 9 de junio de 2026

"ALZAD LA MIRADA"

"Alzad la mirada y contemplad los campos, 
que están ya dorados para la siega; 
el segador ya está recibiendo salario 
y almacenando fruto para la vida eterna: 
y así, se alegran lo mismo sembrador y segador" 
(Jn 4,35-36)

Ha concluido la visita del Papa León XIV a Madrid, con cuyo lema "Alzad la mirada" nos ha invitado a levantar la mirada del egoísmo cotidiano o de las preocupaciones materiales para ver el dolor y el sufrimiento, la necesidad de amor y de Dios de quienes nos rodean; nos ha mostrado la urgente necesidad espiritual de las personas: hoy es el momento de actuar, de compartir la fe, sin excusas ni postergaciones.

Por ello y sin pensármelo dos veces, he servido durante este fin de semana como uno de los 17.000 voluntarios que hemos puesto nuestro tiempo y esfuerzo a disposición de las personas, de la Iglesia y de Dios.
 
No os voy a mentir: físicamente he terminado exhausto. Han sido más de 30 horas de pie y sudando bajo el sol abrasador, organizando equipos, gestionando masas, controlando accesos, respondiendo las mismas preguntas una y otra vez, apaciguando ánimos, calmando nervios, y durmiendo poco (pero "muy deprisa").

Ha habido momentos de caos logístico y de tensión estratégica ante las avalanchas de peregrinos agolpados y nerviosos en los controles de acceso, y donde mantener la sonrisa y la calma ha sido un verdadero ejercicio de paciencia y perseverancia.
  
Pero en medio de todo ese cansancio y de esa tensión, me ha ocurrido algo maravilloso. Cada vez que le he dado una botella de agua a un peregrino, cada vez que he guiado a alguien perdido, cada vez que he contenido una valla o calmado los nervios de la gente, no he visto peregrinos: he visto sed, necesidad de Dios (Sal 42,1-3).
 
He experimentado una vez más lo que tantas veces leemos en la Biblia o decimos en Emaús: que hay más alegría en dar que en recibir. He sentido ese fuego del corazón ardiente, el mismo que siento cuando sirvo en nuestros retiros: no es lo que hago sino el amor que pongo en ello.
   
La visita del Papa ha concluido y he vuelto a mi rutina. ¡Qué fácil ser un voluntario estrella, sonriente y dispuesto, cuando el Papa está a unos metros y el ambiente es de fiesta, o cuando sirvo en un retiro de Emaús donde soy testigo de los milagros de Dios! Lo verdaderamente difícil es mantener ese mismo espíritu de servicio paciente cuando vuelvo a lo cotidiano.

El Papa ya se ha ido, pero ha dejado en nuestros corazones un claro mensaje: levantar la mirada del egoísmo cotidiano o de las preocupaciones materiales para ver el dolor, la necesidad de amor y la sed espiritual de quienes nos rodean. 

También nos ha invitado a que seamos humanos de carne y hueso pero con la mirada puesta en Dios. Nada de tibiezas ni mediocridades, nada de apegos materiales o emocionales, nada de “mirar atrás” sino “alzar la mirada” para que, como los primeros cristianos, lo “normal” de nuestra fe sea “lo heroico de cada día”, hacer de lo ordinario algo extraordinario.

El servicio no es un evento especial de una semana al que nos inscribimos para sentirnos buenos cristianos; el servicio no es ponerse una camiseta naranja con una “V” de voluntario” o un polo de Emaús con una rosa o una mariposa. Nuestro servicio es el uniforme diario que nos debemos poner al despertar.
 

Servir no es solo controlar los accesos en un evento masivo o informar a personas perdidas; tampoco preparar la logística de un retiro; es escuchar con paciencia a quien nos cuenta sus problemas, es atender las necesidades de nuestra familia cuando estamos exhaustos, es tenderle la mano al hermano de nuestro grupo que hoy no tiene ganas de hablar, o sonreírle al conductor del coche de al lado que está teniendo un mal día. Servir es cumplir con el mandato de Cristo de amar al prójimo y de esa forma, amar a Dios.

Si solo sirvo en los "grandes momentos", soy un simple entusiasta, un simple fan. El cristiano no es un entusiasta ni un fan de eventos o experiencias espirituales; es un servidor a tiempo completo.

Mi experiencia con el Papa me ha mostrado una vez más que la logística del Reino de Dios funciona las 24 horas del día.

Pero hoy os comparto esto, no para hablar de lo que he hecho, sino para que sigamos la invitación del Papa a “alzar la mirada” de los móviles, de las redes sociales y de la tecnología que no pueden calmar esa necesidad; para que veamos a Cristo caminando a nuestro lado en las personas que nos encontramos; para que dejemos de mirar hacia abajo y hacia atrás como los dos de Emaús y mirar hacia arriba y hacia adelante, sirviéndole en lo pequeño, en lo invisible y en lo cotidiano.

 

domingo, 31 de mayo de 2026

¿CONCIENCIA ANESTESIADA?

"El malvado acepta sobornos a escondidas, 
con ánimo de torcer el curso de la justicia" 
(Pro 17,23)

Hoy me hago eco de otro fantástico articulo de un blog de REL que sigo La "gracia" de Dios, cuya autora es la periodista Matilde Latorre de Silva y que, en esta ocasión, habla de una lacra que se ha convertido en habitual pero que ha dejado de escandalizarnos: la corrupción.

La periodista afirma que la decadencia humana comienza cuando "el escándalo deja de escandalizar". Es lo que ocurre en nuestro país cuando, tras los innumerables y cíclicos casos de corrupción (de unos y de otros) que inundan cada día los medios de comunicación, "dejan de indignarnos, nos acostumbramos a ellos y los asumimos como algo natural".

Es entonces cuando la conciencia colectiva se "anestesia" ante el virus del mal, cuando se "domestica" ante la impiedad, cuando "convive" con la vileza sin sobresalto, cuando "normaliza" lo inaceptable.

Cuando nos deja de doler la injusticia ("porque todos lo hacen"), cuando la inmoralidad, la mentira y la deshonestidad nos deja indiferentes, empezamos a acostumbrarnos a la derrota silenciosa y dejamos de vivir con esperanza para "coexistir" con desconfianza.
La Palabra de Dios se vuelve hoy, como siempre, "viva y eficaz":

"Despojaos del hombre viejo y de su anterior modo de vida, 
corrompido por sus apetencias seductoras; 
renovaos en la mente y en el espíritu 
y revestíos de la nueva condición humana creada a imagen de Dios: 
justicia y santidad verdaderas" 
(Ef 4,22-24)

Dios nos pide firmeza, para que no hagamos concesiones, aunque sean pequeñas o menores: la mal llamada "mentira piadosa" que sustituye a la verdad, el trato de favor que sustituye al mérito, la excepción convertida en norma, el silencio cómodo e indiferente ante lo evidente, el “no es para tanto” repetido hasta vaciar la conciencia.

"Pueblo mío, salid de ella, 
para que no os hagáis cómplices de sus pecados 
y para que no os alcancen sus plagas; 
porque sus pecados se han amontonado hasta el cielo, 
y Dios se ha acordado de sus crímenes" 
(Ap 18,4-5)

El Señor nos exhorta a no ser cómplices de este mundo corrupto ("salir de Babilonia"); a ser coherentes con nuestra fe y desechar como normal lo que es inmoral; nos llama a la "resistencia interior y activa" frente al mal aceptado y a la mentira justificada. 

"Velad y orad para no caer en la tentación, 
pues el espíritu está pronto, 
pero la carne es débil
(Mt 26,41)

"Sed sobrios, velad. 
Vuestro adversario, el diablo, 
como león rugiente, 
ronda buscando a quien devorar
(1P 5,8)

Cristo nos enseña que para salir de Babilonia (el sistema corrupto del mundo) y no caer en su corrupción, la única herramienta efectiva es velar, manteniendo la conciencia limpia, la oración activa y la mirada puesta en Dios ("Alzad la mirada").

La misión del cristiano no es ampararse en la queja o en la distancia moral. Es presencia incómoda y testimonio vivo de que otra forma de vivir es posible: desde la fidelidad a la verdad, desde la perseverancia en la fe, desde la caridad en lo pequeño y lo cotidiano.
La misión del cristiano no es condenar al mundo, sino no estar condenado a la resignación porque nuestra fuerza para resistir al Diablo está en el Señor y en las armas que nos ofrece: verdad (contra el engaño y la hipocresía), justicia (contra la iniquidad y la inmoralidad), paz (contra el conflicto y el enfrentamiento), fe (contra la duda y el miedo), esperanza (contra la desilusión y el desánimo), constancia, perseverancia, Espíritu Santo, oración (contra las tentaciones)...

"Buscad vuestra fuerza en el Señor y en su invencible poder. 
Poneos las armas de Dios, 
para poder afrontar las asechanzas del diablo, 
porque nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso 
sino contra los principados, contra las potestades, 
contra los dominadores de este mundo de tinieblas, 
contra los espíritus malignos del aire. 

Por eso, tomad las armas de Dios para poder resistir en el día malo 
y manteneros firmes después de haber superado todas las pruebas. 
Estad firmes; ceñid la cintura con la verdad, 
y revestid la coraza de la justicia; 
calzad los pies con la prontitud para el evangelio de la paz. 
Embrazad el escudo de la fe, 
donde se apagarán las flechas incendiarias del maligno. 
Poneos el casco de la salvación 
y empuñad la espada del Espíritu que es la palabra de Dios. 
Siempre en oración y súplica, 
orad en toda ocasión en el Espíritu, 
velando juntos con constancia, 
y suplicando por todos los santos" 
(Ef 6,10-18)