¿QUIÉN ES JESÚS?

La vida de Jesús siempre ha suscitado preguntas a lo largo de los últimos dos mil años.

¿Cómo pudo un carpintero que fue ejecutado por los romanos convertirse en el hombre más famoso de la historia?
¿Fue Jesús alguien verdaderamente real?
¿Cómo puede Dios ser un hombre al mismo tiempo?
¿De qué manera podría esto tener algún sentido para mi vida?

Estas son algunas preguntas, pero aquí tienes un espacio para formular las tuyas.

viernes, 27 de febrero de 2026

EMBARQUE EN EL "VUELO EUCARÍSTICO"

 
Algunas personas "naturalizan" llegar tarde a todos lados: son los "impuntuales crónicos", quienes, más allá de factores externos (tráfico intenso, falta de aparcamiento, imprevistos, etc.), comparecen siempre "a deshora" porque subestiman el tiempo necesario para realizar tareas, porque no planifican con antelación o porque, sencillamente, se distraen. Las consecuencias son: falta de respeto, de compromiso, de consideración, de disciplina, etc.

Ocurre también con muchos católicos que adoptan por costumbre llegar siempre tarde a misa. Quizás creen erróneamente que la Eucaristía "real" empieza con la Liturgia de la Palabra o incluso con la Consagración. Al no considerar los ritos iniciales (el acto penitencial o el Gloria) como esenciales, retrasan su llegada sin sentir que están faltando al encuentro con el Señor.

¿Es pecado?
La Iglesia pide oír "misa entera" los domingos y fiestas de guardar. Llegar tarde por negligencia puede considerarse un pecado venial, y si es deliberado o nos perdemos una parte significativa, podríamos estar faltando al precepto dominical, lo cual se considera pecado grave o mortal.

¿Se puede comulgar?
Es una pregunta recurrente entre los que suelen llegar siempre tarde a misa. Para comulgar, se recomienda haber participado en la misa completa, especialmente en los ritos iniciales donde se pide perdón a Dios. 

Si llegamos después del Evangelio, no deberíamos comulgar ese día, aunque no existe una prohibición estricta en el Código de Derecho Canónico a menos que haya un pecado grave manifiesto.

¿Cuándo "no se cumple" el precepto?
No se cumple con el precepto si nos perdemos partes esenciales como la Consagración o si llegamos después del Ofertorio. En esos casos, lo ideal es asistir a otra misa completa más tarde.

Si el retraso es ajeno a nuestra voluntad, no hay pecado. Dios valora la intención y el esfuerzo por estar presente. El problema es cuando el retraso es "culposo" y, sobre todo, cuando se convierte en un hábito.

Sin embargo, "cumplir" con el precepto no debiera ser la razón por la que asistimos a misa. Nuestra verdadera motivación debiera ser "participar activamente", tener plena conciencia del rito que celebramos y prepararnos para ello

Si diéramos a la Eucaristía la importancia que tiene, llegaríamos con la suficiente antelación y con la debida preparación. Prepararnos para la misa no es solo un acto de puntualidad, sino una disposición del espíritu para participar plenamente en el misterio eucarístico

¿Cómo acudir a la Misa?
Utilizando una analogía aeronáutica, "prepararse" para la Eucaristía es como "embarcarse" en un vuelo internacional:

La Llegada a la Terminal (Puntualidad):
  • En el aeropuerto: llegamos con suficiente antelación para evitar imprevistos de última hora y gestionar los trámites necesarios.
  • En Misa: llegamos con suficiente antelación para serenar el espíritu, respetar el clima de oración de los demás y ayudar a preparar la Misa (altar, lecturas, objetos litúrgicos, etc.).
El "Check in" (Preparación espiritual):
  • En el aeropuerto: facturamos nuestras maletas con la antelación necesaria (dos horas antes del embarque) en el mostrador de la terminal, declaramos lo que llevamos y respetamos el "ayuno" necesario (hora de embarque) para subir a cabina solamente con el equipaje de mano.
  • En Misa: revisamos nuestro equipaje espiritual, comprobamos qué pesos (pecados o angustias) necesitamos dejar en el "mostrador" para no cargarlos durante el vuelo, ayunamos, al menos una hora antes (ayuno eucarístico) para recibir la comunión y preparamos las lecturas del día.
El "Boarding Pass" (la Gracia): 
  • En el avión: no podemos embarcar sin billete, sin pasaporte o sin identificación válida. Tampoco sin pasar por el control de seguridad.
  • En Misa: el "billete" para la Eucaristía es el deseo de encuentro con el Señor, y para la comunión, estar en "gracia". Si el "pasaporte" (el alma) está dañado por pecado grave, necesitamos pasar antes por la "aduana" de la confesión.
El Control de Seguridad (Acto Penitencial):
  • En el aeropuerto: el arco de seguridad nos obliga a quitarnos todo lo que nos sobra para que no suene la alarma y poder acceder a nuestra puerta de embarque. Es un requisito obligatorio para todos los pasajeros. 
  • En Misa: el acto penitencial ("Señor, ten piedad") es el escáner de seguridad. Si llegamos tarde y nos saltamos este paso, entramos al misterio con los "objetos metálicos" (monedas, cinturón, etc.) que nos impiden "volar alto".
La Tripulación y el Piloto (Sacerdote y Ministros):
  • En el avión: La tripulación de cabina (TCP) asegura el orden y la seguridad. El comandante dirige la nave con la ayuda del copiloto.
  • En Misa: El sacerdote actúa in persona Christi para pilotar la asamblea hacia Dios. El ministro concelebrante es el copiloto. Los lectores y acólitos son la "tripulación de cabina" que ayudan a que el mensaje llegue a todos los rincones del avión (el templo).
El Cierre de Puertas (Los Ritos Iniciales):
  • En el avión: si llegamos cuando el avión está en pista, por mucho que corramos, ya no subimos. El avión no espera.
  • En Misa: Dios siempre nos espera, pero si nos perdemos los Ritos Iniciales, es como si despegáramos sin haber pasado el control de seguridad: vamos cargados de cosas que no deberíamos llevar en cabina. 
La "Ubicación" (Preparación material) :
  • En el avión: buscamos nuestro asiento, colocamos el equipaje de mano en el portaequipajes, nos acomodamos, nos abrochamos el cinturón de seguridad y nos preparamos para el viaje que va a comenzar
  • En Misa: buscamos un banco cercano al altar para evitar distracciones con la gente que entra o se mueve y realizamos una oración personal que nos ayude a centrar la atención en el misterio que va a comenzar. 
El "Modo Avión" (Desconexión del mundo):
  • En el avión: es obligatorio apagar o desconectar todos los dispositivos electrónicos para no interferir en los sistemas de navegación.
  • En Misa: apagamos el ruido que traemos del exterior para evitar distracciones y el móvil para no interferir la comunicación entre Dios y nosotros. Una llamada inoportuna al móvil es una turbulencia innecesaria. 
Las Instrucciones de Seguridad (La Liturgia de la Palabra):
  • En el avión: las azafatas nos muestran qué hacer en caso de emergencia para salvar la vida. Nos explican las salidas de emergencia y el uso de las mascarillas de oxígeno antes de despegar.
  • En Misa: las lecturas y el Evangelio son las instrucciones para la vida eterna. Nos muestran dónde está la "salida de emergencia" cuando la vida se complica y cómo obtener el "oxígeno" del Espíritu Santo para no asfixiarnos en los problemas cotidianos. La homilía es la bienvenida y la información que nos da el "comandante" para tener un "vuelo de vida" agradable.
El Despegue (La Consagración):
  • En el avión: es el momento de máxima potencia. Se requiere silencio y permanecer en el asiento con el cinturón abrochado y la mesita en posición vertical.
  • En Misa: la Plegaria Eucarística es el despegue. La asamblea se eleva (altar en "posición vertical") con el "cinturón de la Verdad" abrochado (Ef 6,14). Llegar en este momento es como intentar subir al avión cuando ya está en la pista: es físicamente imposible participar de la fuerza del inicio.
El Catering VIP (La Comunión):
  • En el avión: el catering que nos ofrecen es el alimento que nos sostiene durante el trayecto, especialmente en vuelos largos.
  • En Misa: la Eucaristía es el pan del cielo, el alimento real para el viaje de la vida. Para recibirlo, las "aerolíneas espirituales" exigen el "pasaporte en regla" (estado de gracia) y haber hecho el ayuno previo (el tiempo de espera en la puerta de embarque).
El Aterrizaje (Bendición ):
  • En el avión: No nos levantamos de nuestro asiento hasta que el avión se detiene por completo y se apaga la señal de los cinturones.
  • En Misa: La bendición final es el aterrizaje suave. Salir corriendo tras comulgar es como saltar del avión antes de que pongan la escalera: nos arriesgamos a perder la paz que habíamos ganado y a salir "atropelladamente" al mundo. 
El Desembarque (Envío y Misión):
  • En el avión: Nadie se baja en pleno vuelo; el objetivo es llegar al destino.
  • En Misa: El destino es el envío a la misión (apostolado). Irse antes de que el "avión" aterrice es como saltar en paracaídas antes de llegar al aeropuerto.
Conclusión
La puntualidad y la preparación para la Misa refleja nuestra disciplina espiritual y nuestro respeto a Dios. 

Si para un vuelo internacional preparamos nuestro equipaje y llegamos al aeropuerto con dos horas de antelación para no perderlo:
 
¿Cuánta antelación merece el viaje que nos conduce a la eternidad? 
¿Cuánto respeto debemos a nuestro Salvador que nos espera en el banquete celestial?

jueves, 26 de febrero de 2026

¿PARROQUIA DE ORIGEN O DE ELECCIÓN?

Muchos católicos nos hemos visto en la tesitura de tener que decidir entre continuar en nuestra parroquia (la de origen, la que nos corresponde territorialmente) o cambiarnos a otra (la de destino, la que elegimos libremente), dependiendo de si priorizamos el vínculo territorial (barrio, entorno, etc.) o la afinidad espiritual (comunidad, liturgia, etc.).

Según el Código de Derecho Canónico, la parroquia es, por norma general, territorial, lo que significa que pertenecemos a la que corresponde a nuestro domicilio. Sin embargo, la Santa Sede permite que la fe se viva más allá de los límites geográficos o territoriales, allí donde encontremos nuestro sentido de pertenencia y nos comprometamos a vivir una fe activa.

¿Por qué quedarse en la parroquia de origen?
El modelo territorial busca transformar su entorno inmediato. Si nos quedamos en nuestra parroquia de origen, nos comprometemos con la realidad social de nuestro barrio y vivimos nuestra fe al servicio de nuestros vecinos.

También, es el lugar "oficial" para solicitar permisos, bautizos o matrimonios sin necesidad de traslados de expediente complejos.

Además, quedarse en una parroquia que no es "perfecta" nos obliga a crecer en caridad y servicio, a ser parte de la solución en lugar de un consumidor de servicios religiosos.
¿Por qué elegir otra parroquia?
El modelo de elección busca encontrar una comunidad que se ajuste mejor a nuestra forma de vivir la fe (dinamismo evangelizador, grupos pastorales y de formación, liturgia, etc.) o, quizás para apartarse de posibles carencias doctrinales o de falta de vida comunitaria.

Además, sentirse parte de un grupo donde realmente somos acogidos y donde encajamos, es vital para nuestro propio crecimiento espiritual y el de otros.

El cambio de parroquia no supone una desobediencia a la Iglesia, pero sí implica el riesgo de caer en el "turismo espiritual", es decir, la tentación de ir "de flor en flor" (de parroquia en parroquia), convirtiendo la fe en un producto de consumo o de nomadismo espiritual.

El consumismo espiritual es una forma de "hedonismo" disfrazado de misticismo, donde se busca el bienestar inmediato pero se evita el crecimiento que nace del sacrificio o la perseverancia. Se vende como una búsqueda de libertad de elección, pero en realidad, es una huida de la responsabilidad.
   
El nomadismo espiritual es una forma de "narcicismo" disfrazado de espiritualismo, donde el compromiso se percibe como una "prisión" o un costo demasiado alto. Es un mecanismo de defensa: al no profundizar en nadie ni en nada, nadie puede herirnos ni exigirnos cambios en nuestra conducta.

El turista espiritual, al "estar de paso", "museifica" la parroquia, la convierte en un "parque temático espiritual" donde:
  • busca la "experiencia" pero no el "encuentro": se queda solo con la estética del templo o la emoción del momento, pero no hay crecimiento espiritual sólido ni transformación real.
  • se percibe a sí mismo como un "cliente" de un hotel y no como un "propietario" de una casa, que busca el beneficio inmediato (paz, estética, relax) sin el "costo" del mantenimiento (responsabilidad, compromiso, participación).
  • se ve como un "chef o sumiller espiritual" que desconfía del "menú completo" y prefiere "picar" de aquí y de allá, creando una "fe a la carta" sin rendición de cuentas.
  • ignora las necesidades de la comunidad local: consume el espacio sagrado y los recursos parroquiales (luz, agua, calefacción, limpieza, salas, belleza del templo) como un servicio gratuito sin aportar nada al tejido comunitario ni contribuir a su sostenimiento y mantenimiento.
  • convierte su espiritualidad en un "estilo de vida", en lugar de una práctica de caridad y servicio, abandonando las parroquias en cuanto algo le incomoda o le exige esfuerzo y sacrificio. 
Por todo ello, es necesario establecer un criterio de decisión
  • si tu parroquia local es funcional pero fría, quizás tu misión sea quedarte y ayudar a "encenderla"
  • si tu parroquia local daña tu vida espiritual o carece de comunidad, buscar otra puede ser una necesidad para no perder tu fe y hacerla crecer.
 

martes, 24 de febrero de 2026

MISA ¿"AD ORIENTEM" O "VERSUS POPULUM"?

 
Con frecuencia, los católicos caemos en una absurda polémica sobre la orientación del sacerdote en la celebración de la misa, entre ad orientem y versus populum, nos posicionamos en una u otra y perdemos la perspectiva de lo que es importante.

Por eso, es necesario definir una y otra opción para la celebración eucarística. Ambas son legítimas y están permitidas por el Misal Romano:

Ad orientem: El sacerdote y la asamblea miran en la misma dirección (con el altar delante) hacia el "Este litúrgico" o hacia el "Sol naciente", que representa a Cristo resucitado, la luz del mundo. Pero:
  • no significa que el sacerdote dé "la espalda al pueblo", sino que, como cabeza de la comunidad, lidera a los fieles hacia el encuentro con Cristo.
  • significa que la Misa es un "volverse" a Dios Padre y no un entretenimiento humano: ese "volverse" representa la conversión (metanoia) al Señor (conversio ad Dominum).  
Versus populum: El sacerdote celebra de frente a los fieles y todos miran hacia el "altar", que representa el monte Calvario y el banquete celestial. Pero:
  • no significa que el sacerdote dé "la espalda a Dios", sino que tanto él como los fieles dejan de mirarse a sí mismos para contemplar la salvación, que se hace presente en el altar como sacrificio vivo, único y eterno ofrecido por el Hijo al Padre. 
  • significa que la Eucaristía es el "lugar de Dios", en el que la asamblea y el Alter Christus dirigen su mirada al "Pan bajado del cielo", quien nos alimenta y nos transforma de nuevo en Su imagen. 
Es importante discernir lo que la Eucaristía no es
  • no es un simple encuentro de creyentes ni una herramienta de cohesión o de autoafirmación comunitaria. 
  • no es un espectáculo social diseñado para entretener o satisfacer emocionalmente a los fieles
  • no es un "teatro" social donde el sacerdote representa un papel y los fieles lo siguen como simples espectadores. 
  • no es un servicio para el bienestar personal o la satisfacción sentimental de los creyentes. 
  • nos es un medio por el que Dios se "humaniza" sino por el que el hombre se "diviniza". 
  • no es una imitación de lo que Cristo dijo a sus apóstoles durante la Última Cena.
La finalidad de la Liturgia es el hombre. La Eucaristía es para el hombre: para su santificación, como alimento espiritual y como comunión con Dios.  

La Eucaristía es la presencia objetiva del Enmanuel (Dios-con-nosotros), hoy, aquí y ahora. Por eso, durante la consagración, el sacerdote no dice "Esto es el cuerpo o la sangre de Cristo". Dice: "Esto es mi cuerpo y mi sangre". No es un símbolo de Cristo sino que es el propio Cristo quien se hace presente por medio del sacerdote, quien actúa "In Persona Christi", pasando de ser un "Alter Christus" (otro Cristo) a un "Ipse Christus" (el mismo Cristo). 
 
Por tanto, no es tan importante la forma en cómo celebramos la misa, sino que su orientación sea siempre hacia Dios y en torno a Él. Cuando todos miramos en la misma dirección, es decir, hacia el Misterio, se elimina la estructura de "espectáculo" o "diálogo circular", desaparecen los protagonismos, tanto del sacerdote como del pueblo, y ambos forman un solo cuerpo que camina hacia el Reino de Dios.

Y así evitamos que la misa se convierta en una "eucaristía ad hominem", enfocada en la psicología humana y el antropocentrismo, para convertirse en una latría, esto es, una adoración debida solo a Dios y una declaración de que todos estamos "en camino" y no hemos llegado aún a nuestra meta definitiva.

En la Misa es importante que no nos quedemos en la "critica específica" de la forma en que celebramos la Eucaristía, sino que pasemos al encuentro sustancial: de lo profano con lo sagrado, de lo natural con lo sobrenatural, de lo humano con lo divino.

En la Liturgia es importante que tampoco nos quedemos en la dimensión horizontal de la Eucaristía, cayendo en la tentación de orientarnos a nosotros mismos, convirtiéndonos en nuestro propio "Oriente", dándonos culto a nosotros mismos, a nuestros sentimientos, a nuestros deseos, sino sobre todo, fijemos nuestra mirada en la dimensión vertical: el infinito amor de Dios hacia el hombre, probado en la cruz.

En la Eucaristía es importante distinguir entre fondo (contenido, ideas, mensaje) y forma (estructura, estilo, modo de expresión) para priorizar la "esencia" sobre los formalismos; el perfume sobre el "frasco", lo extraordinario de lo ordinario.


sábado, 14 de febrero de 2026

"LOBBIES" ESPIRITUALES TÓXICOS

"Os ruego, hermanos, que tengáis cuidado 
con los que crean disensiones y escándalos 
contra la doctrina que vosotros habéis aprendido; 
alejaos de ellos. 
Pues estos tales no sirven a Cristo nuestro Señor 
sino a su vientre, 
y a través de palabras suaves y de lisonjas 
seducen los corazones de los ingenuos"
(Rom 16,17-18)

Dentro de la Iglesia existen muchos carismas, realidades y grupos distintos que la enriquecen. Sin embargo, existen dentro de ellos, algunos "lobbies espirituales" que son problemáticos y nocivos, liderados por personas que buscan influir y manipular, con el objetivo de alcanzar cotas de poder, que provocan disensiones y conflictos, que rompen la comunión y convierten un grupo sano en uno tóxico o sectario.

Estos "gurús espirituales" que están al frente de estos "lobbies" suelen tener una cierta formación, recorrido o experiencia espiritual con las que ejercen gran influencia sobre personas que los siguen "religiosamente". 

Normalmente comienzan su estrategia manipuladora "vendiendo" la intención de acoger a las nuevas personas que llegan al grupo, a las más vulnerables, a las que se sienten desubicadas, a las que buscan amistad o hacerse un hueco en el grupo (Hch 20,30)

Son expertos en adoptar una actitud paternalista y protectora, haciendo sentirse "especiales" a sus nuevos seguidores, "tejiendo" una amistad con ellos que se parece más a una tela de araña tóxica, artificial e intencionada en la que quedan atrapados (1 Tim 4,1-2).
 
Son falsos profetas que hacen creer que tienen todas las respuestas y que siempre están en posesión de la "verdad absoluta" (1 Jn 4,1). Imponen sus ideas, criterios y normas, desafiando a la autoridad, mostrando una insolente insubordinación y un pensamiento radical: o estás con ellos, o contra ellos. 

Estos "gurús espirituales" son expertos en seducir, controlar y manipular los pensamientos, sentimientos y actos de sus "presas". Son verdaderos "profesionales" de la tergiversación y del engaño (Prov 1,10; Mt 24,24-26). 

Consiguen que todo lo que dicen y hacen suene virtuoso, piadoso o correcto (2 Tim 3,5-7) utilizando el lenguaje espiritual con frases como "Dios me ha dicho", "lo he rezado mucho" (2P 2,1)... o la propia victimización para ganar empatía, buscando culpables de los males que afectan al grupo, aunque manteniéndose siempre a una prudencial distancia del conflicto. 

Tienen una especial habilidad para buscar o inventar información de esos "culpables" para sembrar cizaña y crear facciones dentro del grupo, pero siempre manteniendo equidistancia con el conflicto: Esto es entre nosotros, no digas nada por favor”, “Te lo digo para que reces por ellos” (Mt 7,15-16).
No buscan solucionar problemas, sino magnificarlos. No quieren reconciliarse con los otros, sino condenarlos. No desean formar comunidad sino un sectarismo corporativista en el que sólo hablan de las ofensas y las afrentas recibidas de los "culpables", aunque la mayoría de los integrantes no hayan tenido directamente ningún conflicto con ellos, o sean inventados.

Son un cáncer que debe ser extirpado (Mt 18,8-9) porque no aceptan la corrección fraterna (Mt 18,15-17) y persisten en su estrategia sectaria y nociva (Tit 3,9-11), que no busca la armonía y el interés general del grupo, sino la división y los intereses particulares.

Jesús nos advierte a lo largo de todo el Nuevo Testamento que estemos alerta para saber descubrir a estos impostores y alejarnos de ellos (Mt 7,15-16.21-23; 15,14; 24,4.11.24; Mc 13,21; 2 Cor 11,13-15; 2 P 2,1; 2 Tim 3,5.13; 4,3-4; Rom 16,17-18; 1 Jn 2,18; Ap 19,20; Hch 20,29-30). 

Son "falsos profetas" que no son externos sino que están entre nosotros, dentro de la Iglesia y que se presentan como "ovejas", pero son "lobos feroces" interiormente, mezclan verdades con mentiras, buscan beneficios personales, causan división y desvían a otros.

El que tenga oídos, que oiga 
(Mt 13,9)

martes, 10 de febrero de 2026

DIRECCIÓN ESPIRITUAL: UNA NECESIDAD CRISTIANA

"Dichoso el que, con vida intachable, camina en la ley del Señor; 
dichoso el que, guardando sus preceptos, lo busca de todo corazón; 
el que, sin cometer iniquidad, anda por sus senderos. 
Tú promulgas tus mandatos para que se observen exactamente. 
Ojalá esté firme mi camino, para cumplir tus decretos; 
entonces no sentiré vergüenza al mirar todos tus mandatos. 
Te alabaré con sincero corazón cuando aprenda tus justos mandamientos. 
Quiero guardar tus decretos exactamente, tú no me abandones"
(Sal 119,1-8)

Como catequista de adultos, siempre aconsejo a todos la necesidad de la dirección espiritual para discernir y vivir la fe con coherencia. Sin embargo, esta guía pastoral no significa renunciar a la libertad personal ni tampoco es un síntoma de debilidad, sino una ayuda para crecer en virtudes y ordenar el combate espiritual interior a la luz de la verdad. 

La Biblia muestra algunos ejemplos de dirección espiritual: Moisés y Jetro, sobre el liderazgo (Ex 18,1-19); Elí y Samuel, sobre la escucha (1 Sam 3,1-21); Elías y Eliseo, sobre acompañamiento (2R 2,1-25); Noemí y Rut, sobre la madurez espiritual (Rut 2-3); Felipe y el etíope, sobre la formación bíblica (Hch 8,26-40); Ananías y Pablo, sobre la guía y los sacramentos (Hch 9,10-19); Pablo y Timoteo, sobre la dirección pastoral (1-2 Tim).

La dirección espiritual es la medicina contra la autosuficiencia y el orgullo, los cuales se alejan del seguimiento auténtico de Cristo (Mt 16,24). Todos tenemos necesidad de mediación, de intercesión y de acompañamiento: no podemos caminar solos en la fe. 

Un director espiritual es un "tutor", un "entrenador personal", un "asesor" en cuestiones de fe. No siempre elimina o aclara todas mis dudas ni soluciona todos mis problemas de manera rápida y efectiva, sino que las pone a la luz de la verdad para que no se conviertan en una coartada espiritual. 

Un director espiritual no es un "anestesista" que me ayuda a paliar los efectos de mi dolor por mis malas decisiones. No es un "abogado espiritual" que defiende y justifica todos mis actos, que me dice siempre lo que quiero escuchar ni que me anima a seguir expectativas erróneas.

Un director espiritual no me lleva a la "complacencia" sino a la verdad. No me conduce al "buenismo" sino a la realidad. No me dirige a la "justificación" sino al arrepentimiento. Tampoco sustituye mi conciencia ni decide por mí, sino que me aconseja, me orienta y me ayuda a discernir la voluntad de Dios.

Un director espiritual no es el "paño de lágrimas" en quien busco afecto o emotividad en el desconsuelo (entendido como su función primordial), ni tampoco en quien busco apoyo o refugio en el error (entendido como su función colateral). Su criterio debe ser siempre el evangelio y su propósito, la santidad.
Un director espiritual es un "acompañante" que imita a Cristo en el pasaje de Emaús, caminando a mi lado y escuchando antes de enseñar, acogiendo sin juzgar y creando un espacio de confianza absoluta; y también, imita a Juan el Bautista, buscando que la persona dependa de Dios, no de él (Jn 3,28-30).

El verdadero director espiritual es el Espíritu Santo. Él es el que nos mueve en un sentido u otro, dándonos las luces y suscitando las mociones que necesitamos para guiarnos hacia la santidad. 

Un director espiritual es sólo un instrumento de la gracia y precisamente en razón de esta instrumentalidad, debe también dejarse "dirigir" por el Espíritu Santo, sin considerar ninguna superioridad sobre la persona ni pretender imposición alguna de sus opiniones arbitrarias o ideas preconcebidas.

Para reflexionar: ¿Cuánta verdad estoy dispuesto a escuchar? ¿Estoy dispuesto a aceptar todo lo que el Espíritu Santo quiera decirme? o ¿Pongo límites a esa apertura y acogida para así escuchar y aceptar solo lo que yo quiero?

lunes, 9 de febrero de 2026

VISIONES DE ANA CATALINA EMERICH: LA RENOVACION DE LA IGLESIA

Siguiendo con las visiones de Ana Catalina Emmerich, la beata describe la purificación de la Iglesia como un proceso doloroso de renovación tras un periodo de profunda decadencia y oscuridad espiritual que implica la destrucción de la "falsa iglesia" y el surgimiento de una jerarquía renovada.

La purificación de la Iglesia no es solo institucional, sino también espiritual y punitiva: Emmerich presencia con horror los sacrilegios cometidos contra la Eucaristía, incluyendo la negligencia y la "falsa ciencia" de los sacerdotes, lo que demanda una reparación divina.

Una Iglesia purificada
Cuando la ruina de la Iglesia parece casi total y solo queda el altar en pie, Ana Catalina ve la aparición de una mujer noble (la Virgen María) ante la cual los demoledores y la "Bestia" huyen aterrorizados: 

(Los demoledores encontraron en el templo) … una mujer llena de majestad. Me parecía que ella estaba embarazada, ya que caminaba lentamente: los enemigos fueron presa del pánico al verla y la bestia no pudo ya dar ni un paso adelante. La bestia alargaba el cuello hacia la mujer con el aspecto más furioso, como si quisiera devorarla. Pero la mujer se volvió y se prosternó con el rostro contra la tierra. Vi entonces a la bestia huir de nuevo hacia el mar y los enemigos correr en el mayor desorden (AA.III.113).

Finalmente, legiones de ángeles y santos descienden para reconstruir la Iglesia.
  
El 27 de diciembre Emmerich ve la Iglesia romana brillante como un sol: Se me dijo que eso se relacionaba con el Apocalipsis de san Juan, sobre el cual diversas personas en la iglesia deben recibir luces y esta luz caerá toda ella sobre la Iglesia. (AA.II.202)
 
La renovación de la Iglesia no ocurre por medios naturales, sino por una intervención sobrenatural divina y por el sufrimiento de los fieles: la beata ve sobre la Iglesia una "nube luminosa", con apóstoles y santos obispos, que simbolizan la purificación y renovación de su estructura en tiempos de prueba por un nuevo Pentecostés:

-la intervención de la Virgen: ve a la Virgen extendiendo su manto sobre la Iglesia durante los momentos más oscuros para que "vuelva a brillar más que el sol". Evoca las apariciones de la Virgen.

-la intervención de san Miguel: ve al arcángel descendiendo para defender la Iglesia y expulsar a los "falsos obreros".

-la intervención del Espíritu Santo: ve una "fuente de agua pura como el cristal" que reanima y reconstruye todo. Evoca la visión del "mar de cristal" de Ap 4,615,2que simboliza pureza, paz, santidad y la separación entre la divinidad y la creación; "mezclado con fuego", que sugiere la gloria de Dios, la purificación y la santificación.
  
El libro de los siete sellos
La mística alemana tiene una visión que evoca a la de san Juan en Ap 5,1-14 sobre el libro de los sellos, que contiene los planes de Dios para el fin de los tiempos, así como la batalla final en Armagedón y la venida de un nuevo Pentecostés:

Era una gran solemnidad; la misa fue celebrada, y vi en medio de la iglesia un gran libro abierto del que pendían tres sellos por el lado más ancho y dos otros sellos por cada uno de los otros lados. Vi también en lo alto al apóstol san Juan y aprendí que eran las revelaciones que él había tenido en Patmos. El libro estaba situado sobre un pupitre en el coro. Antes de que ese libro fuera abierto, ocurrió algo que he olvidado. Es una pena que haya esta laguna en la visión. (AA.II.493).

Conocí, por una visión, que hacia el fin del mundo, una batalla será librada contra el Anticristo, en la planicie de Mageddo. (EE.I.234).

He visto Pentecostés, en tanto que fiesta en la Iglesia, la comunicación del Espíritu Santo, a través del mundo entero, me ha sido mostrada en diversas escenas, tal y como me ha ocurrido a menudo. He visto también a los doce nuevos apóstoles y su relación con la Iglesia. He visto todavía una iglesia espiritual formarse con muchas parroquias reunidas y estas recibir el Espíritu Santo. Era un nuevo despertar de la Iglesia católica. He visto un gran número de personas recibir el Espíritu Santo. (AA.III.144).

Vi sobre toda la tierra una gran cantidad de efusiones del Espíritu: algunas veces era como un relámpago que descendía sobre una iglesia; yo veía a los fieles en la iglesia, y entre ellos a aquellos que habían recibido la gracia: o bien los veían aisladamente en sus moradas o en las iglesias en las que llegaba la luz y la fuerza. Esto me causó una gran alegría y me dio confianza, de que en medio de las tribulaciones siempre crecientes, la Iglesia no sucumbirá, puesto que he visto en todos los países del mundo al Espíritu Santo suscitar instrumentos. Si, he sentido que la opresión exterior que le hacen sufrir los poderes de este mundo prepara a la Iglesia mejor a recibir una fuerza interior.

Los doce apóstoles futuros
Emmerich identifica la figura de un joven sacerdote que se mantiene firme frente a las tentaciones de la "novia impura" y junto a él, doce hombres luminosos que caminan en una procesión solemne.

Es la intervención de Cristo, la 2ª venida del Esposo fiel, el "Papa de la renovación", "manso pero firme", "austero pero enérgico", que reúne a los buenos sacerdotes, expulsa a los malos y renueva la Iglesia.

Vi en la iglesia de San Pedro, en Roma, una gran fiesta con muchas luces y vi que el Santo Padre, así como muchos otros, fue fortificado en el Espíritu Santo. Vi también, en diversos lugares del mundo, la luz descender sobre los doce hombres que veo a menudo como doce nuevos apóstoles o profetas de la Iglesia (AA.II.429).

Del lado oriental de esta iglesia avanzó con un esplendor infinito una figura sacerdotal: era como si fuera el Señor. Pronto se mostraron alrededor de él doce hombres luminosos y alrededor de estos muchos más todavía. Entonces salió de la boca del Señor un pequeño cuerpo luminoso que, habiendo salido, se hizo cada vez más grande y con una forma más definida, después, repitiéndose de nuevo, entró como una figura de niño resplandeciente en la boca de los doce que rodeaban al Señor, después en la de los demás. No era la escena histórica del Señor haciendo la cena con los discípulos, tal como la vi el jueves santo, sin embargo lo que vi me la recordó. Aquí todos eran luminosos e irradiantes, era un oficio divino, era como una solemnidad eclesiástica.

La Iglesia renovada se vuelve "más gloriosa que nunca" y alcanza desde la tierra hasta el cielo. Ve a la Iglesia triunfante, a los apóstoles y a los santos formar parte de una celebración solemne y grandes procesiones.

Ve un resurgimiento del sacerdocio y de las órdenes religiosas tras el periodo de decadencia y a muchos nuevos cristianos entrar "por los muros de la Iglesia": son los "hijos pródigos" que retornan a la casa del Padre.
Entonces vi a un grupo de hombres que avanzaban por una gran pradera que veía a cierta distancia. Uno de ellos se elevaba por encima de todos los demás. Eran una centena al menos. Me preguntaba si sería el lugar donde el Señor dio de comer a siete mil hombres.

Ve una "nueva evangelización" a nivel global, que evoca los pasajes eacatológicos de los evangelios sinópticos (Mt 24,14; Mc 13,10) :

El Señor vino a mi encuentro con todos sus discípulos y eligió doce de entre ellos. Vi como ponía los ojos en uno y en otro. Los reconocí a todos: los viejos llenos de simplicidad y los jóvenes robustos con tez curtida. Vi también como Él les enviaba a lo lejos en todas direcciones, y los seguía con la mirada en sus caminatas lejanas entre las naciones. Y como yo me decía: «¡ay! ¿Qué puede hacer un tan pequeño número de hombres entre las multitudes innumerables?» el Señor me dijo aproximadamente: «Su voz se hace oír a lo lejos por todos los lados. Así, ahora todavía, varios son enviados; cualesquiera que sean, hombres y mujeres, pueden lo mismo. Mira la salvación que esos doce han aportado; los que envío a tu época la aportan también, aunque permanezcan oscuros y despreciados» (AA.II.128)

Durante ese tiempo, vi todavía en medio de los desastres a los doce hombres de lo que ya he hablado, dispersos en diversos lugares sin saber nada los unos de los otros, recibir rayos del agua viva. Vi que todos hacían el mismo trabajo de diversos lados; que ellos no sabían de donde se les encomendaba ese trabajo y que cuando una cosa se había hecho, otra se les daba para hacer. Siempre eran doce de los cuales ninguno tenía más de cuarenta años.

No había nada de particular en su vestimenta, pero cada uno estaba vestido a la manera de su país y siguiendo la moda actual: vi que todos recibían de Dios lo que se había perdido y que ellos operaban el bien por todos los lados; eran todos católicos. (AA.III.159).

domingo, 8 de febrero de 2026

VISIONES DE ANA CATALINA EMERICH: LOS DEMOLEDORES Y LA CORTESANA

 
Seguimos meditando las visiones de la beata Ana Catalina Emmerich recogidas en el Tomo 15 de sus revelaciones titulado "Profecías del fin del mundo".

Sus visiones describen un periodo de crisis, de prueba y de purificación de la Iglesia en la "gran tribulación". Ve a una "falsa iglesia" o "iglesia de los apóstatas" oscurecida y construida con planteamientos humanos ("sin altar y sin Dios"que se aleja de la verdadera Iglesia de Cristo.

También describe lo que denomina los "demoledores", artífices del "misterio de iniquidad": la infiltración de herejías y sectas, el descuido del sacerdocio y la apostasía interna ("dos Papas"), la abolición del culto divino por "iluminados", el falso ecumenismo y la liberación de demonios que estaban encadenados. 

Estas visiones tienen rasgos y características muy semejantes a las del apóstol Juan, en su destierro en la isla de Patmos, donde escribió el Apocalipsis.

Los demoledores
El 19 de octubre de 1823, Emmerich describe a los "demoledores", agentes diabólicos al servicio de la Bestia (el Falso Profeta) relatados en Ap 13,1-18 que tratan de socavar y destruir la Iglesia Católica desde dentro y desde fuera:  

Y he visto cerca de ellos una horrible bestia que había surgido del mar. Tenía una cola como la de un pez, garras como las de un león, y varias cabezas que rodeaban como una corona una cabeza más grande. Sus boca era ancha y roja. Estaba manchada como un tigre y se mostraba muy familiar con los demoledores. Se acostaba a menudo en medio de ellos durante su trabajo: a menudo también, ellos iban a encontrarla en la caverna donde se escondía a veces. 
Como la Iglesia estaba ya en gran parte demolida, no quedando en pié mas que el coro con el altar, vi a estos demoledores penetrar en la iglesia con la bestia (AA.III.113).

Los "demoledores" llevan "delantales y palancas" (que simbolizan sociedades secretas) y muchos son miembros de la propia jerarquía de la Iglesia que intentan cambiar lo sagrado por lo profano, con sigilo, habilidad y sutileza:

Cuando vi a los demoledores, me quedé maravillada de su gran habilidad. Tenían todo tipo de máquinas: todo se hacía siguiendo un plan: nada se producía por si mismo. Ellos no hacían ruido; ponían atención a todo; recurrían a artimañas de todo tipo, y las piedras parecían a menudo desaparecer de sus manos. Algunos de entre ellos reconstruían: destruían lo que era santo y grande y lo que edificaban no era más que vacío, hueco, superfluo. Llevaban las piedras del altar y hacían con ellas una escalinata en la entrada (AA.III. 556) .

Una cortesana pomposa y ostentosa
Ana Catalina ve a una "innoble novia", que describe como "infame, extravagante, pomposa y ostentosa cortesana", de vestimenta escarlata, olor infecto y acompañada por "profetisas" como damas de honor, que se presenta ostentosa al Novio, quien la rechaza y la maldice. La visión de esta mujer evoca a la gran Babilonia de Ap 17-18.

Vi la Iglesia terrestre, es decir la sociedad de los fieles sobre la tierra, el ejercito de Cristo en su estado de paso sobre la tierra, completamente oscurecida y desolada (AA. 11 .352).

Vi las carencias y la decadencia del sacerdocio, así como sus causas. Vi los castigos que se preparan, (AA.II. 334).

¡Los servidores de la Iglesia son tan laxos! Ya no hacen uso de la fuerza que poseen en el sacerdocio»(AA.II.245). 

¡Si algún día las almas reclaman lo que el clero les debe al ocasionarles tantas perdidas por su incuria y su indiferencia, sería algo terrible! (AA.II.342).

Tuve una visión concerniente a las faltas de incontables pastores y la omisión de todos sus deberes hacia su rebaño» (AA.II.347). 
La beata describe una "iglesia de hombres", "falsificadacaída y descompuesta", "oscura y llena de humo negro", es decir, llena de herejías y planteamientos antievangélicos:
  • secularizada y mundana: más enfocada en temas políticos y sociales que en las verdades espirituales, buscando agradar al mundo antes que a Dios.
  • extravagante y confusa: llena de errores, de sectas y de ideologías humanas.
  • decadente y corrupta: repleta de sacerdotes tibios, sin piedad y corruptos.
  • dividida y enfrentada: Catalina habla de "dos Papas", refiriéndose a dos bandos, los que se lamentan por la apostasía y los que la aceptan. En otro sentido, también evoca la visión de los "dos testigos" de Ap 11,3-14profetas enviados por Dios con autoridad y poder para dar testimonio durante la tribulación (1.260 días). 
Veo una cantidad de eclesiásticos castigados de excomunión, que no parecen inquietarse ni incluso saberlo. Y sin embargo son excomulgados cuando toman parte en esas empresas, cuando entran en asociaciones y se adhieren a opiniones sobre las que pesa el anatema. Veo estos hombres rodeados de una nube como de un muro de separación. Se ve por esto cuanto Dios tiene en cuenta de los decretos, de las ordenes y de las defensas del jefe de la Iglesia y los mantiene en vigor cuando incluso los hombres no se inquietan de ello, reniegan de eso o se ríen. (AA.III.148).

Vi cuan funestas serían las consecuencias de esta falsificación de la Iglesia. Yo la vi crecer, vi a los heréticos de todas las condiciones venir e la ciudad (Roma). Vi acrecentarse la tibieza del clero local, vi hacerse una gran oscuridad, «Entonces la visión se agrandó por todos los lados. Vi por todo comunidades católicas oprimidas, vejadas, encarceladas y privadas de libertad. Vi muchas iglesias cerradas. Vi grandes miserias producirse por todas partes. Vi guerras y sangre vertida. Vi el pueblo salvaje e ignorante, intervenir con violencia (AA.III.1 03).

A pesar de este oscuro panorama, las visiones concluyen con la esperanza de una reconstrucción de la Iglesia liderada por la Virgen María, resultando más "gloriosa" que antes:

... eso no durará mucho tiempo ... Vi la ayuda llegar en el momento de mayor angustia» (AA.III.1 04)






Para profundizar:

Visiones y revelaciones completas (tomo 15) de Ana Catalina Emmerich (en pdf):