¿QUIÉN ES JESÚS?

La vida de Jesús siempre ha suscitado preguntas a lo largo de los últimos dos mil años.

¿Cómo pudo un carpintero que fue ejecutado por los romanos convertirse en el hombre más famoso de la historia?
¿Fue Jesús alguien verdaderamente real?
¿Cómo puede Dios ser un hombre al mismo tiempo?
¿De qué manera podría esto tener algún sentido para mi vida?

Estas son algunas preguntas, pero aquí tienes un espacio para formular las tuyas.

martes, 23 de julio de 2024

SIMBOLISMO DE LAS ÁGUILAS EN "EL SEÑOR DE LOS ANILLOS"

"Voy a enviarte un ángel por delante, 
para que te cuide en el camino 
y te lleve al lugar que he preparado"
(Ex 23,20)

Retomamos, como en otras ocasiones, el universo de Tolkien y su gran obra,"El Señor de los Anillos", impregnada de gran simbolismo cristiano: la lucha espiritual entre el bien y el mal, la caída del hombre, el mal, la salvación, la conversión, la Eucaristía, el Mesías, la Gracia, el triunfo de la humildad sobre la soberbia y el orgullo, la Virgen María, la renuncia a uno mismo, la cruz de cada día, la perseverancia en las pruebas, el valor de la fraternidad y la comunidad, etc.

Hoy, en concreto, nos fijamos en la figura de las Grandes Águilas de las Montañas Circundantes que fueron creadas, antes del despertar de los Hijos de Ilúvatar, por Manwë, Señor de los Valar, y tenían como misión principal ser sus mensajeras, aunque también realizaban tareas de protección y lucha contra los poderes oscuros de la Tierra Media

Dirigidas en la Primera Edad, por su señor Thorondor y, después, en la Tercera Edad, por su descendiente Gwaihir, ya como las Grandes Águilas de las Montañas Nubladas, algunas de sus principales acciones fueron:
  • en la Primera Edad: salvar a los hermanos Húrin y Huor de los orcos y llevarlos a Gondolin ("Los Hijos de Húrin"); proteger la ciudad de Gondolin de los espías de Morgoth ; rescatar a Beren y Lúthien de Angband; proteger a Tuor, Idril y los supervivientes de Gondolin cuando huyeron de la ciudad; derrotar (con Eärendil) a los dragones alados en la Gran Batalla ("El Silmarillion").
  • en la Segunda Edad: volar desde el oeste a Aman o Tierras Imperecederas, morada de los Valar y de los Elfos para advertir a Númenor, morada de los Dúnedain, de su destrucción inminente.
  • en la Tercera Edad: salvar a hobbits y enanos (Bilbo, Thorin...) de los huargos y orcos de Moria en las Montañas Nubladas, combatir en la Batalla de los Cinco Ejércitos en la Montaña Solitaria de Erebor ("El Hobbit"), liberar a Gandalf sacarlo del pico de Zirak-Zigil después de la Batalla con el Balrog ("La Comunidad del Anillo") y de su prisión en Orthanc, la torre de Isengard ("Las Dos Torres"), luchar contra los Nazgul en el asedio de Minas Tirith y salvar a Frodo y Sam de morir en el Monte del Destino ("El retorno del Rey").
  
La Grandes Águilas eran criaturas majestuosas, poderosas e inmortales. Protectoras y custodios de los habitantes de la Tierra Media en la lucha contra el mal, cuya presencia y capacidad para volar extensas distancias a gran velocidad y rescatar a sus protegidos en momentos de peligro para llevarlos a lugares inaccesibles, son símbolo de esperanza y salvación en momentos oscuros. 

Pero la cuestión de hoy es ¿por qué por qué Gandalf, Frodo y el resto de la Compañía del Anillo no recurrieron a las Águilas para llevar el "Único" a Mordor y cumplir la misión de destruirlo de una forma más rápida y sencilla

La razón más evidente era para no llamar la atención del Enemigo, ya que adentrarse en Mordor suponía una tarea que solo podía realizarse de forma sigilosa. Gandalf sabía que necesitaba actuar en secreto para tener éxito en su misión, por lo que optó por utilizar otros medios y mantener a las águilas como último recurso.

Por ello, fueron unos hobbits, Frodo y Sam, los seres más pequeños de la Tierra Media (la mitad de la estatura de un hombre y algo menos de la estatura de un enano)los encargados por voluntad propia de llegar hasta el Monte del Destino sin ser detectados. Si hubieran llegado volando a lomos de las Águilas, Sauron y sus huestes maléficas los hubieran descubierto de inmediato y se hubieran reducido las posibilidades de éxito.
Otra razón es que las Águilas eran criaturas que no intervenían directa y activamente en los conflictos y asuntos de otras razas de la Tierra Media, apareciendo y actuando en ocasiones contadas y no por decisión propia, sino enviados por Alguien. 

Y la última razón podría ser que las Grandes Águilas, al igual que los 5 "Istari" o "Maiar" (seres espirituales o magos como Saruman el blanco, Gandalf el gris, Radagast el pardo o Alatar y Pallando los azules) se mantenían alejados de Mordor y del poder tentador del Anillo Único para no sucumbir al Mal.

Pues bien, el paralelismo entre las Águilas de la Tierra Media y los ángeles de Dios es más que evidente: ambos simbolizan la intervención y el poder de Dios en la lucha contra el Mal.
Al igual que las Grandes Águilas fueron creadas, antes del despertar de los Hijos de Ilúvatar, por Manwë, Señor de los Valar, los "Grandes Ángeles" fueron creados por Dios antes del despertar de los Hijos de hombre.

Al igual que las Águilas, los ángeles están al servicio de su Señor y de los hombres: son mensajeros portadores de buenas noticias, soldados del ejército celeste, protectores y custodios del hombre.

Al igual que las Águilas, los ángeles son reservados para misiones sigilosas, misteriosas y significativas aunque manteniendo oculta su identidad. En la Sagrada Escritura encontramos cerca de 300 apariciones angélicas, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo.

La presencia de ángeles en la Biblia nos sirve de recordatorio constante de la intervención de Dios en la vida de los creyentes y de la conexión especial entre el cielo y la tierra, que nos brinda consuelo, guía y protección a quienes buscamos hacer Su voluntad.

Pero también hay un presencia angélica tutelar en nuestras vidas, son nuestros ángeles custodios o ángeles de la guarda, a quienes no vemos, a quienes muchas veces olvidamos pero a quienes debemos pedir ayuda, guía y protección para nuestra alma: "Cuán grande es la dignidad del alma, ya que cada uno tiene desde su nacimiento un ángel encargado de custodiarla" (san Jerónimo).

Y por supuesto, no olvidemos pedir su intercesión ante Dios (cf. Jb 33, 23-24; Za 1,12; Tb 12, 12). Son ellos, nuestros ángeles, los que elevan nuestras plegarias al cielo como incienso agradable a Dios:

Ángel del Señor 
que por orden de la piadosa providencia divina,
eres mi guardián
guárdame en este día,
ilumina mi entendimiento,
dirige mis afectos,
gobierna mis sentimientos
para que yo jamás ofenda al Dios y Señor.
Amén.


jueves, 18 de julio de 2024

¿CÓMO GESTIONAR LOS FRUTOS ESPIRITUALES DE UN RETIRO?

"No temas, porque yo estoy contigo; 
no te angusties, porque yo soy tu Dios. 
Te fortalezco, te auxilio, 
te sostengo con mi diestra victoriosa"
(Is 41,10)

Desde hace ya unos años, vivimos una gran efusión de Espíritu Santo que se derrama a través de retiros y encuentros espirituales de nueva evangelización como Emaús, Effetá, Alpha, Cursillos o Seminarios de Vida en el Espíritu, en los que las personas descubren o redescubren a Dios y salen transformadas.

Sin embargo, muchas de ellas no terminan de arraigar en parroquias o en movimientos eclesiales, bien por falta de compromiso o por exceso de individualismo, que tan habitual es en nuestra sociedad posmoderna (también en las parroquias). Otras, se unen a una comunidad, a un movimiento o a un servicio pero mantienen una mentalidad inmadura, de consumidor, y de poco avance espiritual. 

Disfrutan de una misma comida una y otra vez, pero con poco provecho y escaso desarrollo. Repiten un mantra una y otra vez (y muchos tópicos espirituales) sin saber lo que significa o el motivo por el que lo hacen. Y así, su vida espiritual se convierte en una espiral de repeticiones agradables pero carentes de verdadero sentido cristiano.

Tienen maravillosas experiencias de Dios, es cierto, pero son pasajeras. Se sienten muy cómodos y a gusto ejerciendo como buenos cristianos en un ambiente favorable y cómodo, pero por un tiempo limitado, con escaso crecimiento y con limitado compromiso.
Por ello, todos los que nos encontramos inmersos en estos métodos de primer anuncio nos enfrentamos ante el reto de dar respuesta al avivamiento de todas estas personas que llegan o que vuelven a la Iglesia para que sigan (sigamos) el camino y no desvíen (desviemos) la mirada de nuestro Señor. 

Indudablemente, todos estos métodos de evangelización mencionados anteriormente funcionan porque son obra de Dios, pero surge la gran pregunta de siempre: ¿y después qué? ¿qué debemos hacer a nivel individual y comunitario?

En mi opinión y por propia experiencia, lo primero que debemos plantearnos es cómo gestionar el fruto que estos métodos producen. Se trata de evitar la dispersión en experiencias de fin de semana, los activismos interminables, con escasos compromisos personales y comunitarios, y, en la mayoría de las ocasiones, con limitado o nulo crecimiento espiritual.

Creo que nos encontramos ante un momento de transformación parroquial donde sacerdotes y laicos debemos remar juntos y al unísono para generar nuevas y auténticas comunidades cristianas, que no se parezcan en nada a las existentes, de mucho cumplimiento y poco entusiasmo, de mucho pasado y poco futuro (por desgracia), y que recuperen el fervor y la unidad de las primeras comunidades cristianas.

Es preciso plantearse, de un modo serio, esta renovación parroquial y encontrar los procesos que la lleven a cabo de verdad, analizar los que funcionan y los que no, tanto de forma individual como comunitaria, estar pendientes a lo que el Espíritu Santo nos suscita y no a lo que, desde un razonamiento humano, nos parece que tenemos que hacer. 

Estoy hablando de discipulado, de formación, de compromiso, de servicio, de acogida...de discernir y comprender cuál es el rol que cada uno debe desempeñar dentro de la Iglesia y que, desde luego, no es un invento nuevo sino que lleva escrito más de dos mil años. 

Se trata de plantearse no tanto qué puede hacer la parroquia (o Dios) por mí sino qué puedo hacer yo por la parroquia (o por Dios). O mejor dicho...de preguntar: "Señor ¿qué quieres de mí?".
Como ya he mencionado en otros artículos, para construir comunidades cristianas auténticas, vivas, comprometidas y en continuo crecimiento es necesario que todas las personas que las integren tengan una misma visión, misión y pasión, un mismo corazón y un mismo espíritu. Algo que tampoco es nuevo ni original puesto que las iglesias cristianas del primer siglo tenían precisamente todo eso pero que, desgraciadamente, hemos perdido con el paso de los siglos.

Un cristiano que ha tenido un encuentro real con el Señor y que quiere ser un verdadero discípulo de Cristo, debe crecer y madurar en la fe, convertirse continua y diariamente, formarse en el discipulado, mientras se compromete en la comunidad y sirve en la misión.

Un verdadero discípulo tiene una identidad, un sentido de "pertenencia", de "corresponsabilidad" con una comunidad, grupo, carisma, espiritualidad o movimiento que le capacita para el compromiso y para priorizar lo importante.

Un auténtico seguidor de Cristo reza continuamente, vive eucarísticamente y camina escuchando la Palabra de Dios. No valen excusas ni pretextos para no crecer o madurar: el cristianismo es una forma de vida no un pasatiempo del que disfruto de vez en cuando.

Son sólo algunas ideas...hay más... pero, ante todo y lo primero que debemos preguntarnos ¿para qué hago lo que hago? ¿a quién sirvo? ¿a Dios y al prójimo? o ¿a mi mismo y a mi conciencia?

JHR


martes, 16 de julio de 2024

ANALFABETISMO BÍBLICO

"Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo"
(San Jerónimo)

Con demasiada frecuencia me encuentro a muchos hermanos de fe decir que no leen la Biblia porque les cuesta dedicarle tiempo, porque no son capaces de ponerse a ello, porque dicen no entenderla, porque no saben por dónde empezar, porque les da pereza o porque no lo ven necesario. 

Sin embargo, estos mismos que ponen esa gran cantidad de "peros" para leer la Palabra de Dios, reconocen leer innumerables libros espirituales, sobre la vida de santos, sobre revelaciones particulares... o incluso afirman estar "enganchados" a series o películas sobre la vida de Jesús, porque les resulta más cómodo que leer la Biblia...

No cabe duda que vivimos en un mundo saturado de información, en una sociedad de la inmediatez, del "aquí y ahora" y del "mínimo esfuerzo". Y cuando no entendemos algo o nos cuesta, sencillamente, lo abandonamos: o nos lo ponen fácil o tiramos la toalla, o "nos lo cuentan" de forma rápida y sencilla o "pasamos del tema".

Muchas veces me he preguntado el por qué de este "analfabetismo bíblico", el por qué los católicos tenemos esta asignatura pendiente y no somos capaces de poner los medios para aprobarla.

Pero algo sí es evidente: si no leemos y escuchamos la Palabra de Dios, no podemos considerarnos verdaderos cristianos porque no conocemos realmente a Cristo. Tampoco madura nuestra fe y nos quedamos en un infantilismo espiritual. San Jerónimo es tajante cuando dice que "ignorar la Biblia es ignorar a Cristo" porque como afirma Hugo de san Víctor: "toda la Escritura habla de Cristo y se cumple en Cristo".

Dios se "ha molestado" en dejarnos a nuestra disposición un testamento de su alianza, un legado de su amor, en el que nos cuenta todo lo que necesitamos saber sobre Él, todo lo que debemos hacer para ser felices. Además, la Iglesia se "ha preocupado" de custodiarla, interpretarla y explicarla durante más dos mil años, pero nosotros quizás no lo valoramos suficientemente.

No me imagino a los herederos de una gran fortuna dejando de acudir a la lectura de un testamento con la excusa de no entender el lenguaje jurídico o con el pretexto de no tener tiempo para esas cosas.
Quizás es que no consideramos a la Palabra de Dios como un gran tesoro. La Escritura es la historia de la relación entre Dios y su pueblo, entre el Creador y sus criaturas, entre Cristo y su Iglesia. Es el testimonio del amor de Dios por el hombre y, sin embargo, con nuestras acciones demostramos que ese amor no es recíproco.

San Jerónimo nos recuerda que "nunca podemos leer solos la Escritura porque encontramos demasiadas puertas cerradas y caemos fácilmente en el error", refiriéndose a que no debemos realizar interpretaciones libres y personales de la Biblia como les pasa a muchas otras denominaciones cristianas. 

Es importante leer la Biblia a la luz del Magisterio de la Iglesia, en comunidad sí, pero no sólo limitarnos a escucharla en misa. Por eso, siempre es conveniente formar grupos de Biblia en las parroquias, aunque pocas lo tienen entre sus programas pastorales, quizás por falta de interés. 

No diremos que no leer la Biblia es pecado. Sin embargo, como dice el apóstol Santiago: "el que sabe cómo hacer el bien y no lo hace, ese está en pecado" (Stg 4,17). Y seguramente, si no escuchamos lo que Dios nos dice en su Palabra, estemos incurriendo en un pecado de omisión.

Además, san Pablo nos exhorta a "empuñad la espada del Espíritu que es la palabra de Dios (Ef 6,17). Y yo me pregunto, ¿cómo vamos a dar testimonio de nuestra fe y de Cristo si no empuñamos la "espada del Espíritu"? ¿cómo vamos a llamarnos cristianos si no conocemos a Cristo? ¿cómo vamos a razonar nuestra fe con nosotros mismos o con otros si no creemos o no confiamos en la Escritura?
Desde mi experiencia personal, la Palabra de Dios despierta nuestra sed de Dios, acrecienta y madura nuestra fe, ilumina nuestro camino, fortalece nuestra esperanza en las promesas que contiene y enardece nuestro corazón como les ocurrió a los dos de Emaús. No puede haber madurez espiritual si se desconoce la Escritura, no puede haber cristiano auténtico si se es un analfabeto bíblico.

Cuando profundizas en la Palabra de Dios se produce un resultado impresionante: ¡quieres conocer más a Dios! ¡Te enamoras más y más del Señor! ¡Quieres más y más de Él! Pero explicar con palabras esta sensación es imposible. Es preciso experimentarla.

Me uno a la pasión del profeta Jeremías cuando escribe: "Si encontraba tus palabras, las devoraba: tus palabras me servían de gozo, eran la alegría de mi corazón" (Jer 15,16). Y por supuesto, a las del mismo Jesucristo: "Bienaventurado el que lee, y los que escuchan las palabras de esta profecía, y guardan lo que en ella está escrito, porque el tiempo está cerca" (Ap 1,3).

Os invito a escuchar una preciosa canción que habla de la Palabra de Dios: Word of God

Y, desde luego, os animo a crear grupos parroquiales de Biblia para leerla y meditarla. Estoy seguro de que la disfrutaréis a medida que escuchéis lo que Dios quiere deciros.

miércoles, 10 de julio de 2024

QUÉ HACER Y QUE NO HACER CUANDO EVANGELIZO

"Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo"
 (Jn 20,21)

Nuestra misión como cristianos es evangelizar porque somos miembros de una "Iglesia en salida" a través de la cual, Cristo nos envía la mundo. Sin embargo, en ocasiones, no tenemos muy claro lo que debemos o no debemos hacer.

Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que el Señor no nos envía para que tengamos éxito porque el resultado no depende de nosotros. No busca nuestra propia eficacia porque nosotros no convertimos. Nos envía a proclamar su mensaje de amor.

Cosas que sí
1. Escuchar, pero de verdad. Es más importante que entendamos realmente lo que las personas opinan sobre alguna cuestión, que tratar de encontrar la respuesta perfecta sobre algo que ni siquiera se plantean. Y para ello, es importante saber hacer las preguntas correctas: "Que toda persona sea pronta para escuchar, lenta para hablar y lenta a la ira" (Stg 1,19).

2. Mantener la calma. Nadie se acercará a Jesús si nos alteramos y si queremos imponer nuestra opinión. Además, se nota. Es mejor que pongamos pasión en amar a los demás, y no en demostrar que tenemos razón: "Respuesta amable calma la cólera, palabra áspera excita la ira" (Pro 15,1).

3. Confiar en que Dios actúa en nuestras carencias. Todo lo que tenemos que ofrecer son nuestras pobrezas. No somos perfectos, pero damos lo que tenemos. Dios es el único que puede convertir a otra persona. Nosotros somos sólo el instrumento (imperfecto) para ello: "No es que por nosotros mismos seamos capaces de atribuirnos nada como realización nuestra; nuestra capacidad nos viene de Dios" (2 Co 3,5).

4. Decir la verdad… pero por las razones correctas. La mejor razón para decir la verdad debe partir de un amor auténtico por la otra persona y por su bien. No para demostrar que está equivocado: "Dejaos de mentiras, hable cada uno con verdad a su prójimo , que somos miembros unos de otros" (Ef 4,25); "Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no" (Mt 5,37).

5. Ser amables. Ser amable no significa siempre ser simpático. La amabilidad busca el bien del otro, la simpatía, el propio: Estad siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza, pero con dulzura y respeto y manteniendo una buena conciencia” (1 Pe 3, 15-16). 

6. Hacer preguntas inteligentes. No sólo intentemos averiguar qué piensan, sino llegar a donde queremos ir. Es lo que se denomina “método socrático” de diálogo. Consiste en plantear preguntas con sagacidad para conducir a la otra persona hacia la verdad: "Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá" (Mt 7,7).

7. Ser caritativos. Intentemos siempre pensar en lo bueno de la otra persona, no en sus errores. Caritativo es, por ejemplo, otorgarle al otro el beneficio de la duda: "Acoged al débil en la fe, sin discutir sus razonamientos" (Rom 14,1).

8. Construir sobre la fe y la bondad que la persona nos manifieste. No nos dedicamos a destruir a los demás, sino a ayudarles a crecer: "Que cada uno de nosotros busque agradar al prójimo en lo bueno y para edificación suya" (Rom 15,2).

9. Rezar con ellos. Preguntar si tienen alguna intención por la que rezar y si quieren rezar justo en ese momento y lugar. Rezar con alguien es un testimonio convincente: "Rezad unos por otros para que os curéis: mucho puede la oración insistente del justo" (Stg 5,16).

10. Ser auténticos. Evangelizar significa ser un amigo auténtico de la otra persona. Así pues, quedar a comer puede ser más valioso incluso que invitarles a ir a misa o a leer la Biblia. Es una prueba de que nos preocupamos por la persona, no solo por una misión: "El amigo ama en todo tiempo, el hermano nace para el peligro" (Pro 17,17).

11. Compartir nuestro testimonio: contarles cómo impactó Dios en nuestra vida. Esto es algo que la otra persona no puede rebatir: cómo Dios nos ha cambiado. Todos necesitamos ver ejemplos del amor de Dios: "Con la ayuda de Dios, me he mantenido firme hasta hoy dando testimonio a pequeños y grandes" (Hch 26,22).

12. Evangelizar evangelizando. No creamos que necesitamos que alguien nos “entrene” para ser mejores apóstoles. Ni tampoco que necesitamos estar "formados"para amar a los demás: "Así nos lo ha mandado el Señor: Yo te he puesto como luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el confín de la tierra" (Hch 13,47).

13. Rezar. El poder de convertir corazones y vidas solo está en Dios. Nosotros mismos debemos acudir continuamente a ese poder mediante la oración: "Sed constantes en la oración; que ella os mantenga en vela, dando gracias a Dios" (Col 4,2;1 Tes 5,17; Rom 12,12).

14. Predicar la Buena Nueva. El mensaje evangélico es muy sencillo:
-Dios nos creó para que vivir en comunión con Él (Ef 2,10-14)
-Nosotros rompimos esa relación rechazando Su amor (Is 59,2)
-Nosotros no podíamos restaurar esa relación por nosotros mismos (Sal 51,12; 80,3:85,4)
-Dios Padre envió a Jesús para hacerlo en nuestro nombre (Jn 3,16)
-Es decisión nuestra aceptar este regalo de amor que Jesús nos ofrece (Mt 19,21)

Cosas que no
1. No tratar de ganar una discusión. En cierta ocasión, el arzobispo Fulton J. Sheen dijo: “Discusión que ganas, alma que pierdes”.

2. No divagar de un tema a otro. Quedémonos con el tema hasta que lo agotemos. Si nos salimos del camino, no dudemos en redirigir la conversación al tema original. “No puedes hacer grandes cosas si estás distraído por cosas pequeñas”.

3. No alterarse. Puede que bullan nuestras emociones, pero si permitimos que un tercero perciba frustración, ira, etc., le perderemos. 

4. No permitir que el orgullo pueda con nosotros. Aunque parezca que no tenemos respuesta, que sepamos que la Iglesia sí la tiene o que necesitan seguir creciendo en conocimiento. La humildad es un don. 

5. No hablar de lo que desconocemos.No lo sé” es una gran respuesta. Pero es importante darle continuidad al tema, invitándoles a volver a quedar y hablar una vez que hayamos investigado el asunto.

6. No perder la esperanza. Nuestros tiempos no son siempre los tiempos de Dios. La otra persona siempre tiene libre albedrío. Respetar su libertad para decir “no” o “no sabe, no contesta”. No creamos que Dios quiere esa conversión menos que nosotros.

7. No nos expliquemos demasiado. Demasiado de algo bueno sigue siendo demasiado. Muchos creen que el argumento “correcto” y la aproximación “correcta” resolverán el problema y cambiarán la mente de alguien. No caigamos en esa trampa.

8. No utilicemos jerga clerical o elevada. Intentemos explicar todo con nuestras propias palabras, incluso aquellas más básicas que podríamos suponer que los demás conocen (como fe, esperanza, caridad, gracia, salvación, paz, salvador, oración, etc.)

lunes, 8 de julio de 2024

Y LA CASA SE LLENÓ DE LA FRAGANCIA DEL PERFUME

"María tomó una libra de perfume de nardo,
-auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies
y se los enjugó con su cabellera.
Y la casa se llenó de la fragancia del perfume"
(Jn 12,3)

Los cuatro Evangelios (Mc 14,1-9; Mt 26, 6-13; Lc 7,36-48; Jn 12, 1-9) narran la unción de Jesús en una casa con un perfume muy caro de nardo por una mujer, aunque los detalles difieren en los relatos:

  • Mismo escenario: una casa para una comida, una mujer, y el perfume caro que se vierte sobre Jesús a lo que alguien se opone.
  • Ubicación: Todos la identifican con Betania (aldea próxima al Monte de los Olivos, entre Jerusalén y Jericó), excepto Lucas que la sitúa en Galilea.
  • Anfitrión: cuatro personajes diferentes: Mateo y Marcos hablan de la casa de Simón el Leproso; Lucas 7 dice que es la casa de un fariseo llamado Simón en Galilea, durante un banquete; Lucas 10 dice que es en casa de Marta; Juan dice que es en casa de Lázaro de Betania.​
  • Descripción de la mujer: Juan la identifica con María de Betania, Lucas con una mujer de esa ciudad que vivió una vida pecaminosa (generalmente se ha interpretado como una prostituta), Mateo y Marcos sólo dicen una mujer.
  • Donde se vierte: sobre la cabeza según Marcos y Mateo, o los pies según Juan y Lucas, secándolos con su propio pelo. Marcos añade que rompió el frasco.
  • Comentarios de Jesús: Mateo, Marcos y Juan utilizan expresiones similares aunque ligeramente diferentes que Lucas omite. 
  • Valor del perfume: Marcos valora el perfume en 300 denarios (un año de salario)
  • Indignados: Mateo afirma que son los discípulos, mientras que Juan dice que es Judas el más ofendido. 
Perfume y Frasco
La unción honorífica con perfume era una acción frecuente en Israel para embalsamar los cuerpos antes de enterrarlos. Sin embargo, usar el pelo para secar los pies de Jesús, como narran Juan y Lucas, no se registra en ninguna otra parte . Marcos añade que rompió el frasco y lo derramó sobre la cabeza.
Usar el pelo para secar los pies de Jesús es un gesto excepcional con el que María muestra el gran amor que siente por Él. Romper el frasco y derramar el caro perfume es un gesto de desapego a las cosas materiales e interés por las espirituales. 

Marta y María
Tanto María como Marta aman a Jesús. Pero mientras María escucha y contempla a Cristo, la Palabra de Dios, Marta trabaja y se afana por agradarle, pero sólo oye. Mientras María encuentra la paz en Cristo, Marta la pierde por Él. Mientras María lo acoge en su corazón, María lo hace en su mente, porque ha perdido el amor primero (Ap 2,2-4).

La gran enseñanza de este pasaje es ¿cómo acojo yo al Señor? ¿estoy apegado al frasco? o ¿atento al perfume? ¿estoy más pendiente del continente, de lo superficial, del cumplimiento? o ¿del contenido, de lo esencial, del seguimiento de Cristo?

El frasco simboliza mi fe en Cristo, la "forma" de mi vida espiritual. 
El perfume representa mi amor a Cristo, el "fondo" de mi vida espiritual. 

Es necesario que rompa el frasco para no limitar el amor de Cristo. Es preciso que quiebre el "molde" del formalismo para percibir la fragancia del perfume y dejar que llene mi "casa" (mi vida) de amor.

Todos los cristianos queremos agradar y acoger a Cristo  pero ¿lo hago en mi mente o en mi corazón? ¿me afano en cumplir con lo que "yo creo" que es la Ley o amo como Dios me dice que debo amar? ¿trato de corregir al Señor porque mi autosuficiencia me impide comprender cual es el principal de los mandamientos? o ¿me abandono en Él?
Ocurre que todos queremos a Dios...pero quizás le queremos mal, de un modo imperfecto y humano. El Señor nos llama a ser como Él, a divinizarnos, a ser perfectos en el amor.

Ocurre que todos conocemos a Dios...pero quizás le conocemos mal, de un modo intelectual y distante. El Señor nos llama a entrar en comunión con Él de un modo íntimo y personal.

Ocurre que los hombres somos más de "frasco" que de "perfume". Somos más de "materia" que de "espíritu". Somos más de lo que "vemos" que de lo que "contemplamos".

Ocurre que somos más de querer a Dios con limitaciones y cicatería que con derroche y generosidad. Somos más de "oír" que de "escuchar". Somos más de "ver" que de "contemplar".

Ocurre que le damos al Señor más el tiempo que nos sobra que el que necesitamos. Somos más de la "parte interesada" que de la "mejor parte".

Ocurre que nos empeñamos más en "hacer" que en "ser". Somos más de "sacrificios" que de "misericordia".
Contemplemos, como hizo María, a Cristo en la cruz para abrirnos al misterio del amor de Dios, que rompió su "frasco" y derrochó toda su "fragancia", llenando la tierra de amor.

Derrochemos, como hizo María, la fragancia del amor a Dios y al prójimo y no estemos tan pendientes de su coste y de su utilidad.

Seamos generosos en lo esencial, que es el amor (el "ser") y sí, atentos pero no afanados, en lo superficial, que son las obras (el "hacer").

Rompamos el frasco (nuestra autosuficiencia) y llenemos la casa (el mundo) de la fragancia del perfume (el amor).

miércoles, 19 de junio de 2024

SEDUCIR Y SEMBRAR LA DUDA

"Todo es limpio para los limpios; 
mas para los impuros y los incrédulos nada hay limpio, 
ya que su mente y su conciencia están manchadas. 
Confiesan que conocen a Dios, pero lo niegan con sus obras. 
Son detestables, rebeldes e incapaces de cualquier obra buena" 
(Tito 1,15-16)

Hoy me gustaría hacerme eco de las palabras del cardenal Sarah que nos invitan a reflexionar sobre un sutil y peligroso "humo" que se está infiltrando en nuestras comunidades cristianas sin apenas darnos cuenta y sobre el que ya escribí hace cuatro años (ateísmo fluido) pero que sigue siendo de plena actualidad hoy.

Se trata de lo que el purpurado africano define como ateísmo práctico o ateísmo fluido, que aborda en su libro "Se hace tarde y anochece" (recomendable e imprescindible lectura) y que vivió en primera persona durante el Sínodo de 2023, en el que, entre otras muchas cuestiones, se trató acerca de la apertura hacia las personas homosexuales.

Mientras la mayoría de los obispos y cardenales defendieron la enseñanza del Catecismo (como no puede ser de otra manera), los obispos alemanes querían reconocer la homosexualidad. Hubo una gran polémica que originó división. Tras el Sínodo, el Papa Francisco ordenó al cardenal Fernández que publicara un documento donde se autorizaba la bendición de parejas homosexuales. Esto provocó una gran controversia entre los obispos africanos que vieron en este documento una traición al espíritu de sinodalidad y que también  generó perplejidad y confusión entre muchos creyentes.

En su Discurso ante la Conferencia Nacional de obispos de Camerún (09-abril-2024), el cardenal Sarah exhortó a los obispos a resistir y a defender la verdad universal de la fe cristiana y de la Tradición apostólica, a no ceder al relativismo y a no tener miedo a oponerse al mundo. En definitiva, a resistir: “Debemos ser conscientes de que este ateísmo fluido corre por las venas de la cultura contemporánea. Nunca dice su nombre, pero se infiltra por todas partes, incluso en el discurso eclesiástico. Su primer efecto es una especie de letargo de la fe. Anestesia nuestra capacidad de reacción, de reconocer el error y el peligro; se ha extendido por toda la Iglesia”.

No se trata de un problema puntual o relativo a las parejas homosexuales pues también afecta, por ejemplo, a las parejas heterosexuales que viven una relación irregular y que no pueden ser absueltos ni pueden comulgar. 

Pero no sólo eso, el ateísmo fluido también se infiltra en la Iglesia para generar polémica en cuestiones como el celibato sacerdotal o la castidad cristiana, como si desde fuera de la Iglesia se tuviera la potestad de decidir lo que ésta debe creer y vivir (exactamente lo mismo que hizo la serpiente con Adán y Eva en el paraíso).

El ateísmo fluido no es la negación de Dios, sino la insubordinación a Su voluntad: creer en Dios pero rebelarse contra Él y contra su designio salvífico (exactamente igual que Satanás; él sabe con plena certeza que Dios existe, pero se subleva contra Él). 
Por eso, el Diablo sabe que todo su poder se sustenta en su capacidad de generar la duda en el corazón del hombre y le hace plantarse el relativista "y si...". Es la visión  distorsionada que Satanás tiene de "crear", es su grotesca y blasfema imitación del Creador pero en lugar de "y vio Dios que todo era bueno", el Enemigo quiere "ver que todo es relativo", haciéndole creer al hombre que todo tiene un punto de vista particular, que no hay una Verdad Absoluta, que hay "zonas grises" en las que Dios está equivocado. 

El ateo fluido es una persona que "cree" en Dios (o quiere creer) pero que vive como si Dios no existiera: es el "creyente no practicante", que en público se denomina cristiano, va a misa y "cumple", pero que en privado tiene muchas objeciones y muchas rebeldías contra de algunos mandamientos de Dios o de la Iglesia, precisamente porque interpelan su vida. 

Es el cristiano con doblez, el católico que se crea una fe a su medida: "esto sí, esto no...", es la religión del "a mi me parece", del "yo creo que...", sin ser consciente que está obrando precisamente igual que el diablo.

A diferencia del ateísmo duro (el "no creyente" que no cree en la existencia de Dios y, por tanto, "no practica"), que se puede refutar y combatir, el ateísmo fluido es “escurridizo y pegajoso”...como los reptiles.

Se trata de un "cambio de la piel de la serpiente", una nueva manifestación del enemigo del hombre, una metamorfosis del poder de la triada satánica (el Dragón y las dos bestias del Apocalipsis de san Juan) que parece, en ocasiones, que se debilita y muere, pero que siempre "resurge", empleando modos y momentos diferentes, con el objetivo de imponer (mediante el engaño y la seducción) una ideología homicida que, "desde el principio", ha tenido como misión la destrucción del hombre que empieza siempre por la aniquilación de las bases sociales: primero, de la familia de sangre y después, de la familia de fe.
Sarah nos recuerda que es nuestro deber como católicos vivir y defender nuestra fe. No podemos ser cómplices. No debemos ser indiferentes. No podemos acomodar la mentira a la verdad, la voluntad de Dios a la nuestra: “No se puede vivir en la mentira. La marca del ateísmo fluido es la promesa de un acomodo entre la verdad y la mentira. Es la mayor tentación de nuestro tiempo. Todos somos culpables de acomodación, de complicidad con esta gran mentira que es el ateísmo fluido. Fingimos ser creyentes cristianos y hombres de fe, celebramos ritos religiosos, pero en realidad vivimos como paganos e incrédulos”.

Lo propio del ateísmo fluido es el conformismo con la mentira: si lo atacas, si te enzarzas en una lucha física, en un cuerpo a cuerpo con él, te quedarás adherido a sus sutiles compromisos (···). Te arrastra a su propio terreno"Si lo defiendes, te verás obligado a emplear sus armas: la mentira y el compromiso. Fomenta alrededor de él la división, el resentimiento, la acritud y la mentalidad de partido. ¡Fíjate en la situación de la Iglesia! No hay más que discordia, hostilidad y sospecha por todas partes".

Entonces ¿cómo combatir ese tipo de ateísmo más práctico que teórico? ¿cómo vencer este ateísmo disfrazado de teísmo? 

Aunque Cristo lo dejó claro cuando dijo "Nadie puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo" (Mt 6,24) o "El que no está conmigo está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama" (Mt 12,30; Lc 11,23), el cardenal Sarah propone una solución personal:

"Cada uno de nosotros puede tomar esta determinación: la mentira del ateísmo no volverá a fluir dentro de mí. No quiero renunciar más a la luz de la fe, no quiero seguir permitiendo que convivan en mí la luz y las tinieblas por comodidad, por apatía o por conformismo".

 “Es una determinación muy sencilla, interior y concreta. Cambiará nuestra vida hasta en los detalles más insignificantes”, asegura. 


sábado, 1 de junio de 2024

¿A DÓNDE VOY CUANDO VOY A MISA?

"Pues el mensaje de la cruz es necedad para los que se pierden; 
pero para los que se salvan, para nosotros, es fuerza de Dios" 
(1 Cor 1,18)

Esta semana, un hermano de fe me ha enviado un vídeo de un sacerdote americano que habla sobre lo que es y lo que significa la Eucaristía, y en la que nos plantea discernir sobre cuál es el sentido de ir a misa (https://www.youtube.com/watch?v=cUNkocjtA4w), y que quiero transcribir en esta reflexión de hoy:

¿A qué voy a misa? ¿voy para encontrarme con amigos? ¿voy para escuchar una buena homilía? ¿voy para cantar porque pertenezco al coro? ¿voy para rezar? ¿voy para escuchar la Palabra de Dios? ¿voy para recibir el cuerpo de Cristo? ¿voy porque es un precepto de la Iglesia?

¿Qué es para mí la Eucaristía? ¿Qué representa? ¿Qué ocurre allí?

La Eucaristía ha sido denominada con muchos nombres a lo largo de la historia de la Iglesia: cena del Señor (san Pablo), fracción del pan (Didaché, san Justino), eucaristía (san Ignacio de Antioquía), sinaxis ("asamblea reunida"), dominicum ("domingo"), actio ("celebración"), sacrificium (memorial de la Pasión), officium ("oficio"), missa ("envío"), eucharistia ("acción de gracias")....

Y, dentro del septenario de los sacramentos, ha sido definida por la Iglesia de muchas maneras: "fuente y cima de la vida del cristiano", como "signo de unidad" "sacramento de la fe", misterio de la caridad", "celebración del misterio pascual"...Sin duda, es el principal de los sacramentos y hacia el que todos se orientan.

Pero ante todo, la Eucaristía es el sacrificio del Calvario. Es el lugar donde todos nos trasladamos al pie de la cruz de Cristo, junto a la Virgen María y a san Juan, el discípulo amado; donde escuchamos las siete frases de Cristo; donde le vemos ofrecer su vida como sacrificio perfecto por nuestros pecados; donde le vemos morir para resucitar. 

En realidad, la Eucaristía es el lugar donde Jesús está siempre con nosotros: "Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos" (Mt 28,20).

Allí, en el Calvario estoy junto a mi Señor, para ser testigo y, a la vez, partícipe de su ofrenda por mí. 

Allí, en la Eucaristía, deposito todas mis miserias, todas mis faltas, todos mis pecados. 

Allí, en el Gólgota, quedo liberado de mis pecados por la obra redentora de Cristo, que los recoge y se los entrega al Padre en oblación perfecta. 

Allí, en la Eucaristía, es donde la promesa de la resurrección se me hace accesible, donde se me abre la puerta del cielo y, como san Juan en su Apocalipsis, "arrebatado en espíritu", soy capaz de degustar las primicias eternas.
Pero además, en la Sagrada Escritura encontramos, al menos, catorce prefiguraciones del sacramento de la Eucaristía (algo que niegan o al menos, evitan mencionar algunos de nuestros hermanos protestantes):

Abel (Gn 4): el primero que ofrece la sangre de un cordero inocente y sin defecto en sustitución de sus pecados (como el Cordero de Dios).

Melquisedec (Gn 14; Sal 110): rey y sacerdote, ofrece pan y vino. Su origen no es del linaje de Aarón (tribu de Levi). Es desconocido (no es de este mundo, como el Señor).

Abraham (Gn 22): un cordero enredado en una corona de espinas es sacrificado en sustitución de su hijo Isaac (como Cristo).

Pascua (Ex 12): los panes ázimos y la sangre del Cordero rociada sobre el dintel de las puertas (que prefigura el vino en nuestros labios) nos libera de la esclavitud de Egipto (que simboliza el pecado y la injusticia) y nos preserva de la muerte por el paso del ángel exterminador del Señor (que simboliza la muerte segunda, la del alma): "El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día" (Jn 6,54). La Pascua de la Última Cena es la representación del Calvario por la que entramos en la sagrada comunión y resucitamos a la vida eterna con Jesucristo. 

Maná (Ex 16): el pueblo de Israel (muerto de hambre) debía comer el pan del cielo todos los días para sobrevivir en el desierto. Jesús fue muy explícito ante las tentaciones del diablo: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mt 4,4) en una clara referencia a la petición del Padrenuestro: "Danos hoy el pan nuestro de cada día" (Mt 6,11). Igual que el pueblo de Israel necesitaba el pan del cielo cada día para vivir (físicamente), los cristianos necesitamos el pan de vida para vivir (espiritualmente).

Arca de la Alianza (Ex 37): Dios creó un lugar especifico para hacerse presente al hombre, porque los seres humanos necesitamos un sitio físico donde tener la certeza de la presencia de Dios para refugiarnos en Él, para estar junto a Él y para darle culto. En el AT, era la tienda del Encuentro (Mishkán"morada de Dios") donde estaba el arca de la alianza; desde el NT hasta hoy, es el altar eucarístico y también el sagrario o la custodia de la adoración eucarística.

Belén (Miq 5; Mt 1; Lc 2): significa "casa de pan". Cristo nace allí porque es el pan vivo que baja del cielo. Nace en un pesebre (comedero para animales=nosotros). Cada iglesia particular es un "Belén" donde podemos adorar al pan vivo del cielo.

San Juan Bautista (Mc 1; Lc 3): en el Jordán, Juan ve a su primo Jesús y pudo haber dicho cualquier cosa: por ejemplo, "mi primo Jesús"...pero dijo: "Contemplad, este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo". Es la misma frase que proclama el sacerdote antes de la comunión eucarística.

Bodas de Caná (Jn 2): Una boda donde se produce el primer milagro de Jesús. La Virgen le dice a su Hijo: "No tienen vino"... y a los servidores: "Haced lo que Él os diga". En Caná, Jesús ofrece el mejor vino y en cantidad infinitamente generosa (600 litros) a los que participan en la boda. De igual manera, Cristo, en la Eucaristía, transforma el vino en su sangre para lavar los pecados de toda la humanidad.

Multiplicación de los panes y los peces (Jn 5; Mt 14; Mc 6; Lc 9): Cristo no sólo tiene el poder de transformar sustancias, sino de multiplicarlas (sacia a más de 5.000 hombres; en total, posiblemente, 20.000 personas entre hombres, mujeres y niños). Cristo, en la Eucaristía se multiplica así mismo de forma infinitamente generosa para alimentar a toda la humanidad.

Discurso del pan de vida (Jn 6): Jesús dice: "Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre...lo resucitaré en el último día". El pan eucarístico (el mismo Cristo) es el verdadero pan que da la vida por el mundo (puesto que el maná no evitó que los judíos murieran al final de sus días) y ofrece la vida eterna.

Última Cena (Mt 26; Mc 14; Lc 22; Jn 13): "Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía. Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros". Separa deliberadamente el pan del vino, para diferenciar el cuerpo del espíritu, para diferenciar su humanidad de su divinidad, su vida terrenal de su misión: ofrecer el único, verdadero y perfecto sacrificio de Cristo, al que nos da acceso en el misterio eucarístico.

Camino a Emaús (Lc 24): como los dos de Emaús. vamos a misa entristecidos y apesadumbrados por los problemas cotidianos, nos quejamos del sufrimiento y la injusticia de nuestras vidas. Entonces, Jesús nos explique las Escrituras (desde el ambón se revela a través Liturgia de la Palabra y nos cuenta el plan de salvación de Dios) y nuestro corazón arde, aunque no le reconocemos. Es cuando parte el pan cuando le reconocemos (Liturgia de la Eucaristía): cuando el sacerdote parte el pan y deja caer un pequeño pedazo en el cáliz está representando la re-unión del cuerpo y el espíritu. Es entonces cuando desaparece de nuestra vista y le reconocemos: por la resurrección.

La cena de las bodas del Cordero (Ap 19): Cristo se desposa con la Iglesia. Dios quiere ser uno con nosotros ("Enmanuel"). Quiere tener con nosotros una comunión esponsal: ser con su esposa, la Iglesia, "una sola carne",. El Cordero está degollado (crucificado) pero está de pie (resucitado) y nos muestra el plan de Dios: verle cara a cara...en el cielo

¿A qué voy a misa? Escuchar una buena homilía, encontrarme con mi comunidad, cantar, rezar, escuchar la Palabra o comulgar es lo que hago cuando voy a la Eucaristía. Pero lo principal es acercarme al Calvario para estar junto al Cordero de Dios, degollado por mis pecados para darle gracias y glorificarle.



jueves, 30 de mayo de 2024

SIGNIFICADO Y CUALIDADES DEL LIDERAZGO CRISTIANO

"Hermanos, yo no pienso haber conseguido el premio. 
Solo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás 
y lanzándome hacia lo que está por delante, c
orro hacia la meta, hacia el premio, 
al cual me llama Dios desde arriba en Cristo Jesús" 
(Flp 3,13-14)

La Sagrada Escritura nos muestra cómo a lo largo de toda la historia de la salvación, Dios ha suscitado líderes para guiar a su pueblo. Eligió patriarcas (Abrahán, Moisés), jueces (Sansón, Gedeón), reyes (David, Salomón), profetas (Isaías, Daniel)...y, todos, de una forma u otra, no supieron o no pudieron gestionar su liderazgo conforme a la misión que el Señor les encomendó.

Por eso, tuvo que encarnarse, en la segunda persona de la Trinidad, para mostrarnos a los hombres el perfecto liderazgo cristiano, el cual no tiene nada que ver con el poder, el mando, la fuerza o una autoridad mal entendida. Cristo es la idea de Dios para el "ser" del hombre.

Entonces, ¿qué tipo de autoridad o poder debe ejercer un líder cristiano?

Se trata de una autoridad que viene "de lo alto", un don recibido e inmerecido de Dios para ponerlo a Su servicio como hizo Cristo, en la certeza de que Dios nos capacita para aquello que nos encarga.

Se trata de poner todas nuestras cualidades y talentos al servicio de la comunidad, de los hermanos y no al de uno mismo, en la plena seguridad de que Dios nos acompaña en cada momento.

Los apóstoles también tuvieron sus problemas a la hora de gestionar posibles liderazgos, cuando discutían sobre quien de ellos era el mayor (Lc 22,24). 

Jesús les reprende y les hace entender que quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos (Mc 9,35). Además, les recuerda que sin Él, ellos no pueden nada (Jn 15,5). 
El Señor nos enseña que el liderazgo cristiano es servicio, no mando ni poder. No es gloriarse de una posición (que es delegada y temporal) sino ponerse a disposición de los demás con humildad y caridad. No es "mandar" sino "servir".

El líder cristiano lidera sirviendo y sirve liderando. Y es así porque el liderazgo no es un fin en sí mismo sino un medio para amar a Dios y al prójimo.

Entonces ¿qué cualidades o actitudes debe cultivar el líder cristiano?

Internas

Humildad. Es la esencia de un corazón "quebrantado" y servicial, que no puede ser impostada. Se trata de sencillez, de serenidad, de "ser" no de "aparentar", de dejarse aconsejar.

Responsabilidad. Es el compromiso adquirido y consciente de las obligaciones adquiridas y de la repercusión de sus decisiones, palabras o acciones. Se trata de esfuerzo, voluntariedad, diligencia, cuidado.

Integridad. Es la actitud coherente, congruente y auténtica entre lo que dice y lo que hace, entre sus palabras y actos. Se trata de ser constructivo y honesto, no popular o "bien visto".

Seguridad. Es la plena convicción de lo que Dios le ha encargado: visión y misión. Se trata de generar tranquilidad y confianza en los demás.

Santidad. Es la más alta y fundamental cualidad cristiana a la que todos estamos llamados: a separarnos del pecado y consagrarnos a Dios. Se trata de albergar principios evangélicos y valores cristianos. Supone "ser y dar ejemplo", y no sólo predicar, porque representamos y mostramos a nuestro Señor, el único que es Santo.

Externas

Amabilidad. Es el modo de expresarse agradablemente con los demás. Un líder "intratable" no motiva a nadie y ni siquiera se aguanta a sí mismo. Se trata de buena actitud, respeto, empatía, "química relacional".

Sensibilidad. Es la forma de comportarse comprensivamente, como hace una amigo con otro, o como hace un padre con sus hijos. Se trata de no ser complaciente con lo malo, con el error o con el pecado. Se trata de corregir, no para hundir al hermano sino para ayudarle, porque le ama.

Equidad. Es la manera de actuar con justicia, con imparcialidad, con neutralidad, sin hacer acepción de personas por los motivos que sean. se trata de ser recto y no moverse por "amiguismos", intereses o conveniencias.

Sinceridad. Es la cualidad de la verdad, de la franqueza, de lo correcto. Se trata de no ser hipócrita, ni falso, de no engañar o mentir para cumplir objetivos.

Unidad. Es la actitud integradora, fraterna y unánime que crea comunión, paz y armonía. Se trata de no generar división, contienda o discordia sino de buscar soluciones mediante la mediación, la intercesión y la conciliación.

Ninguno nacemos líderes, nos hacemos...
Ninguno nacemos cristianos, nos hacemos. 
Ninguno nacemos santos, nos hacemos...

Y todo por la gracia y misericordia de Dios... y para su gloria...

JHR

jueves, 22 de febrero de 2024

SENTARSE DETRÁS EN MISA




Muchos católicos cumplen al pie de la letra las palabras de Jesús en Mateo 20,16: "los últimos serán los primeros". En efecto, algunos llegan a misa los últimos y se van los primeros. Toda una declaración de intenciones...

Y me pregunto: ¿Soy de los que se sienta en los bancos del final en misa? 
Y si fuera un concierto o un partido de fútbol...¿También me pondría en las últimas filas? ¿Llegaría tarde y me iría en cuanto pudiera? ¿Participaría o me resultaría indiferente?

¿Soy consciente de lo que sucede en misa? ¿Voy a participar en ella o estoy de paso? ¿Me involucro en lo que allí ocurre o simplemente, "estoy" allí? 

¿Evito proclamar las lecturas con la excusa de que no tengo gafas? ¿Eludo pasar la colecta o cantar porque me avergüenza? ¿Doy la paz "a la japonesa"? ¿Soy un "católico dominguero"?

Si hubiera estado invitado a la Última Cena...¿me pondría cerca o lejos para escuchar a Jesús? ¿Y en la Cruz? ¿estaría al pie de ella o miraría desde una distancia prudencial?
La Eucaristía es el centro neurálgico de la vida cristiana y como tal, merece la pena esforzarse para participar mejor de este sacramento que la Iglesia recibió de Cristo como el don por excelencia, porque es Dios mismo que se ofrece a todos los hombres para nuestra salvación. Hacerlo desde una distancia prudencial no es propio ni de recibo.

Sí, en misa nos jugamos mucho. No es simplemente ir a un lugar por compromiso, costumbre o tradición, ni tampoco es una actividad dominical más. A misa no se va a ser un simple espectador sino a celebrar y ser partícipe de la obra salvífica de nuestro Señor.

Por eso, es importante preguntarme cómo puedo participar mejor de la Eucaristía. Tres simples sugerencias: preparación, disposición, compromiso.

Preparación
En primer lugar,  necesito una adecuada preparación. Y es que ocurre con frecuencia que acudo a la iglesia sin pensar mucho...o quizás pensando mucho (en el "después"), y sucede que la Eucaristía empieza y termina sin apenas darme cuenta porque "estoy a otra cosa". ¡Cuántas veces soy incapaz de recordar qué Evangelio se ha leído o qué ha dicho el sacerdote en la homilía! ¡Cuántas veces tengo la mente ocupada con otras cosas!

Prepararme es profundizar en mi comprensión sobre la Eucaristía. Si comprendo bien lo que allí ocurre, me dispondré de antemano. Y, viceversa, si me preparo bien, comprenderé mejor.

Y para ello, en primer lugar, lo más conveniente es acudir al Catecismo de la Iglesia Católica, ese gran olvidado para muchos creyentes en edad adulta. En  los números 1322 a 1419 explica lo que significa este sacramento, su estructura, su celebración y la forma de actuar en cada parte de la Liturgia. Es importante conocer de antemano lo que luego voy a vivir.

En segundo lugar, tampoco está de más echar un vistazo a encíclicas sobre la Eucaristía como Sacramentum Caritatis (Sacramento de la Caridad), Ecclesia de Eucharistia (La Iglesia vive de la Eucaristía) de Benedicto XVI o Dies Domini (El día del Señor), de Juan Pablo II. Meditar estos textos pontificios me prepararán para participar más y mejor en la Eucaristía.

En tercer lugar, algo más sencillo: meditar, reflexionar y rezar de antemano las lecturas que la Iglesia me propone para cada día en la Liturgia de la Palabra. Si lo hago, estaré más atento a las lecturas y sacaré más fruto al escuchar de nuevo la Palabra de Dios.

Disposición
La misa es una cita con Dios. Voy "de boda". Voy de celebración. No puedo acudir de cualquier forma. Entro en "suelo sagrado". Es importante que me descalze de mis prejuicios y disponga mi corazón para ponerme en presencia de Dios con una actitud dócil y humilde.

Y nadie va a una boda sucio o sin vestirse adecuadamente para la ocasión. Hablando de vestirse, el mejor "hábito" es llegar con un corazón reconciliado con el Señor mediante una buena confesión.

Tampoco se llega tarde a una celebración. Llegar con el tiempo justo (o empezada la misa) no es la mejor manera de prepararme o de disponerme. Es necesario llegar con tiempo, sosegado y tranquilo, sin prisas, sin aceleramientos, sin ruidos. Si entro con "la lengua fuera" y trayendo conmigo mucho "ruido", no seré capaz de "estar" atento ni de "comportarme" correctamente. 

Una vez en la iglesia, es necesario tener una actitud de respeto, de reverencia, de recogimiento, de silencio interior. Estoy delante del Señor aunque mis ojos no puedan verle..¡Cuántas veces olvido Quién está presente!

Quizás haya algunos hábitos que con el tiempo he adquirido y que es bueno revisar. Para empezar, no es lo mejor llegar apurado a la celebración, distraído y con muchas cosas en la cabeza. Procurar llegar a tiempo, tener un ánimo sosegado y tranquilo, apagar el teléfono móvil, me predispone para adoptar una actitud de escucha y acogida del misterio del cual voy a participar. 

Desde otra perspectiva, es también importante la atención al modo como me visto. No se trata de buscar aparentar, pero sí recordar la solemnidad del momento y que mi exterior acompañe a mi interior. Nadie va a una boda en pantalón corto o con camiseta.

Compromiso 
La idea es que mi cuerpo, mi mente y mi espíritu, es decir, todo mi ser, esté en la “frecuencia” correcta para lograr esa sintonía. Todo mi ser acompaña, se compromete y vive la celebración eucarística: mis gestos, mis palabras, la entonación de mi voz, mi postura corporal, mis sentimientos, mis pensamientos, en fin, todo mi "yo" debe estar dispuesto para el encuentro con el Señor que está vivo en la Eucaristía, hablándome desde el ambón y haciéndose presente como ofrenda al Padre en el altar para mi salvación y reconciliación.

Además de todo lo dicho, no debo pasar por alto que la Eucaristía es acción de gracias a Dios. La palabra Eucaristía significa precisamente eso: Acción de gracias. 

No olvido, por tanto, darle gracias a mi Padre por tantos dones: por darme a su propio Hijo, por darme al Espíritu Santo, por dejarme a María como Madre y modelo de vida cristiana, por la Iglesia, por mi familia, por mis amigos, por los dones personales que he recibido...en fin, por tantas cosas buenas. 

Como recuerda el apóstol Santiago: "Todo bien y todo don perfecto viene de arriba, del Padre del Cielo" (Stg 1,17).

Si me siento detrás...me pierdo mucho...