¿QUIÉN ES JESÚS?

La vida de Jesús siempre ha suscitado preguntas a lo largo de los últimos dos mil años.

¿Cómo pudo un carpintero que fue ejecutado por los romanos convertirse en el hombre más famoso de la historia?
¿Fue Jesús alguien verdaderamente real?
¿Cómo puede Dios ser un hombre al mismo tiempo?
¿De qué manera podría esto tener algún sentido para mi vida?

Estas son algunas preguntas, pero aquí tienes un espacio para formular las tuyas.

sábado, 7 de noviembre de 2026

LAS VISIONES ESCATOLÓGICAS DE DANIEL (I): LAS 70 SEMANAS

 
"Setenta semanas están decretadas 
sobre tu pueblo y tu ciudad santa; 
para poner fin al delito, 
cancelar el pecado y expiar el crimen, 
para traer una justicia eterna, 
para que se cumpla la visión y la profecía, 
y para ungir el santo de los santos"
(Dn 9,24)

El capítulo 9 de Daniel contiene una de las profecías escatológicas más asombrosas y discutidas de toda la Biblia: la profecía de las 70 semanas. 

A diferencia de las visiones de capítulos anteriores sobre imperios mundiales, esta visión, revelada por el arcángel san Gabriel, señala una intrincada cronología simbólica para los tiempos de tribulación, la venida y muerte del Mesías, la profanación y destrucción del templo  de Jerusalén.
El capítulo comienza con Daniel estudiando los escritos del profeta Jeremías. Se da cuenta de que los 70 años de cautiverio ordenados para Jerusalén están a punto de cumplirse. Lleno de preocupación, Daniel se confiesa ante Dios en una profunda oración de arrepentimiento en favor de su pueblo. Mientras ora, el arcángel san Gabriel vuela rápidamente hacia él para darle una respuesta y "hacer que comprenda".
Gabriel le explica que se han determinado 70 semanas (en el hebreo original shabuim, que significa "sietes" o semanas de años) sobre el pueblo judío y Jerusalén para cumplir seis objetivos divinos: poner fin al delito, cancelar el pecado y expiar el crimen, para traer una justicia eterna, para que se cumpla la visión y la profecía, y para ungir el santo de los santos.

En la profecía bíblica, una semana representa 7 años (cada día equivale a un año, según Nm 14,34 y Ez 4,6). Por lo tanto, 70 semanas equivalen a 490 años.

La división cronológica de la Profecía (Dn 9,24-27)
Existen dos corrientes de interpretación sobre esta profecía:

Historicista/Preterista: vincula la profecía con la crisis macabea y la persecución del rey sirio Antíoco IV Epífanes (el gran opresor del judaísmo en el libro de Daniel). Comienza con el decreto de Ciro (538 a.C.). 

El "ungido" se identifica con el sumo sacerdote legítimo Onías III, asesinado en el 171 a.C. La última semana corresponde al periodo entre el 171 a.C. y el 164 a.C. 

A la mitad de esa semana (año 167 a.C.), Antíoco profanó el Templo de Jerusalén instaurando la "abominación desoladora" (sacrificando cerdos en el altar y erigiendo una imagen de Zeus), lo que provocó la revuelta de los Macabeos.

Esta profecía establece el puente directo entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.

Futurista/Escatológica: Se inicia con el decreto del rey persa Artajerjes I en su 7º año (457 a.C., según Esd 7,1-28) o en su 20º año (444/445 a.C., según Neh 2,1-20). 
Al final de las semanas se llega contando 483 años desde esas fechas (ajustando calendarios lunares o solares), hasta el año 27 d.C. (bautismo de Jesús) o al 33 d.C. (crucifixión de Jesús). 

Jesús es el Mesías, el "ungido inocente a quien matarán". El reloj profético se detiene tras la muerte de Jesús y la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. 

Esta interpretación sostiene que hay un "paréntesis" cronológico después de la semana 69, que corresponde a la era de la Iglesia.

La semana 70 ocurrirá en el futuro y durará 7 años. Representa el periodo de la Gran Tribulación y comenzará cuando surja un líder político mundial (el Anticristo) para firmar un pacto falso con Israel, rompiéndolo a la mitad de ese tiempo.

El arcángel san Gabriel divide el período de 490 años en tres bloques:

1. Las primeras 7 semanas (49 años) 
7 semanas x 7 días=49 años. Comienzan con el decreto del rey persa Artajerjes I (457 a.C.) para la restaurar y edificar Jerusalén (la plaza y el muro) en "tiempos de angustia" y bajo el liderazgo de Nehemías y Esdras.
 
2. Las siguientes 62 semanas (434 años) 
7 semanas + 62 semanas = 69 semanas (483 años). Si sumamos 483 años al año 457 a.C., llegamos exactamente al año 27 d.C., momento en que Jesús de Nazaret comenzó su ministerio público tras ser bautizado por Juan el Bautista y ungido por el Espíritu Santo (Lc 3,21-22).
 
3. La última semana: La semana 70 (7 años)
El texto dice que "matarán a un ungido inocente" y que "a la mitad de la semana hará cesar sacrificios y ofrendas".

Después de 3 años y medio de ministerio (exactamente la mitad de una semana de 7 años), en el año 31 d.C., Jesús fue crucificado. Su sacrificio en la cruz hizo expiación por el pecado y rasgó el velo del templo, haciendo "cesar" el valor espiritual de los sacrificios de animales del Antiguo Testamento.
  
Los 3 años y medio restantes terminan en el año 34 d.C., momento marcado históricamente por el martirio de Esteban (Hch 7), lo que selló el rechazo oficial del evangelio por parte del sanedrín judío y marcó el inicio formal de la predicación del evangelio a los gentiles (las naciones no judías).

La profecía también incluye una advertencia devastadora: "Vendrá un príncipe con su tropa y arrasará la ciudad y el templo".

Esto se cumplió de forma literal en el año 70 d.C., cuando el general romano Tito y sus legiones sitiaron Jerusalén, incendiaron el Templo y pasaron la ciudad a espada, tal como Jesús mismo había advertido en los Evangelios (Mt 24,1-2. 15-17; Mc 13,1-2; Lc 21,20-24).

LOS SUEÑOS DE DANIEL: LAS BESTIAS, EL CARNERO Y EL MACHO CABRÍO

 
"El año primero de Baltasar, rey de Babilonia, 
Daniel tuvo un sueño y visiones en su mente 
mientras estaba en la cama. 
Enseguida escribió el sueño"
(Dn 7,1)

El capítulo 7 del libro profético de Daniel abre la sección apocalíptica y escatológica. El escenario onírico cambia con respecto a los capítulos 2 y 4 del artículo anterior: ya no es el rey pagano Nabucodonosor II de Babilonia quien sueña, sino el propio profeta Daniel, que recibe una visión nocturna. 

Tras un reinado de 43 años, Nabucodonosor muere en octubre de 562 a. C. y le suceden cuatro reyes que reinarán 25 años en total: Amel-Marduk (562-560 a,C,), hijo de Nabucodonosor II que liberó de la cárcel al rey Joaquín de Judá; Neriglisar (560-556 a.C.), general y cuñado de Amel-Marduk, a quien asesinó para usurpar el trono; Labashi-Marduk (556 a.C.), hijo de Neriglisar que gobernó unos meses antes de ser asesinado en una conspiración; Nabonido (556-539 a.C.), último rey oficial que vivió 10 años en Arabia y dejó la regencia del gobierno a su hijo Baltasar; Baltasar o Belsasar (553-539 a.C), hijo de Nabonido y regente de Babilonia. 

Esta inestabilidad política provocará la caída de Babilonia a manos de Ciro II el Grande, líder de los ejércitos de Media y Persia.
Durante el 1º año de regencia de Baltasar, Daniel tiene un sueño o visión nocturna en la que ve cuatro vientos del cielo que agitan el océano. Ve cuatro bestias monstruosas, gigantescas y distintas unas de otras, que emergen del mar agitado, las cuales representan exactamente los mismos cuatro imperios de la estatua del capítulo 2, pero desde la perspectiva divina: imperios crueles, salvajes y depredadores.
Los cuatro vientos (Dn 7,2)
El concepto de "vientos" es un recurso recurrente en el lenguaje profético/apocalíptico bíblico para indicar juicio, caos, confusión, desconcierto, desorden, dispersión y desgracia (Jr 49,36, Ap 7,1).

"Cuatro" (Norte, Sur, Este y Oeste), indica alcance mundial y universal. Nadie en la tierra queda fuera de su poder y de su influencia. 

"Del cielo" indica que no pertenecen a la tierra, es decir, que no son fuerzas humanas sino "fuerzas espirituales" que están bajo el control soberano de Dios. Dios permite estas crisis para derribar reinos y levantar otros según su plan salvífico.

El mar representa "pueblos y multitudes, naciones y lenguas" (Ap 17,15); vacío y oscuridad (Gn 1,2); rebelión y orgullo humanos (Mq 7,19). A diferencia de las culturas marítimas de la antigüedad, el pueblo de Israel era principalmente agrícola y ganadero, por lo que veía al océano como un elemento hostil, misterioso y peligroso. 

Su agitación simboliza caos, guerras, revoluciones y crisis políticas. Las olas y las mareas simbolizan las invasiones de ejércitos extranjeros hostiles que amenazan con "inundar" la tierra prometida.

Las cuatro bestias (Dn 7,1-28)
1
-León (Dn 7,4).

Corresponde a la cabeza de oro del capítulo 2, es decir, el Imperio Babilonio. El león alado era el símbolo oficial de Babilonia, común en sus monumentos e imponente en la Puerta de Ishtar.
Las alas de águila simbolizan el alcance y la rapidez de sus conquistas. 

El hecho de que le arranquen las alas, le pongan de pie y le den un corazón humano alude a la humillación y posterior conversión de Nabucodonosor (c. 4).

2-Oso con tres costillas en la boca (Dn 7,5).

C
orresponde al pecho y brazos de plata del capítulo 2, es decir, el Imperio Medo-Persa.
La postura "medio erguido" simboliza la superioridad y el dominio de los persas sobre los medos. 

Las tres costillas representan sus tres principales conquistas: Babilonia, Armenia/Escitia y Egipto.

3-Leopardo con cuatro alas y cuatro cabezas (Dn 7,6). Corresponde al vientre y muslos de bronce, es decir, el Imperio Griego de Alejandro Magno.
El leopardo con cuatro alas simbolizan la agilidad asombrosa (de un depredador) y la velocidad sin precedentes (de un ave),  con las que Alejandro conquistó el mundo conocido.

Las cuatro cabezas representan la división de su imperio entre sus cuatro generales tras su repentina muerte, los Diádocos: Casandro, Lisímaco, Seleuco y Ptolomeo.

4-Bestia espantosa y terrible con diez cuernos (Dn 7,7-14). 
 
Corresponde a las piernas de hierro, es decir, al Imperio Romano en su fase inicial, y a los pies y dedos de hierro y barro, es decir, a los reinos geopolíticos y religiosos surgidos tras su caída, en su fase final.

La Bestia espantosa es el elemento más enigmático, violento y detallado de toda la profecía. A diferencia de los tres primeros (el león, el oso y el leopardo), el profeta no encuentra ningún animal en la naturaleza para compararla, describiéndola simplemente como una criatura "terrible, espantosa y extraordinariamente fuerte". Representa una fuerza terrible, violenta y destructiva.

Los dientes de hierro reflejan el poder triturador (la fuerza implacable de las legiones romanas) y descuartizador (las división del Imperio en provincias romanas). 

Los diez cuernos (los diez dedos de los pies) corresponden a las divisiones o reinos europeos surgidos tras la caída del Imperio romano. 

El cuerno pequeño representa un poder político-religioso blasfemo que surge de esa división (el Anticristo). 

Los ojos como de hombre simbolizan astucia, inteligencia o perspicacia. 

La boca que profería insolencias son las herejías dentro el cristianismo y las persecuciones a los santos mártires.

Al igual que en el capítulo 2, la visión de las bestias no termina en destrucción, sino en una escena celestial majestuosa: 
Daniel ve instalarse unos tronos y al Anciano de vestido y cabello blancos (Dios) tomar asiento en un trono para juzgar a las bestias, bajo el que corre un río impetuoso (Espíritu Santo). 

Los libros se abren (comienza el juicio) y la cuarta bestia es destruida y arrojada al fuego (caída del Imperio Romano). 

Alguien "como un Hijo de Hombre" (Jesucristo) viene entre las nubes del cielo y se le entrega dominio, gloria y un reino eterno para que todos los pueblos y naciones le sirvan. Corresponde a la roca de Daniel 2, desmenuzando la estatua.
 
El carnero y el macho cabrío (Dn 8,1-27)
En el 3º año del la regencia de Baltasar, el profeta Daniel recibe otro sueño/visión nocturna que se enfoca exclusivamente en el 2º y 3º imperio (Medo-Persia y Grecia). A diferencia de los capítulos anteriores, aquí el propio arcángel Gabriel le da a Daniel los nombres específicos de las naciones, eliminando cualquier duda sobre su interpretación histórica (v. 20-21).

La visión describe un combate geopolítico en el mundo antiguo a través de dos animales simbólicos:

1.-El carnero con dos cuernos (Dn 8,1-4). 
Daniel está en la ciudad de Susa (Elam), junto al río Ulay cuando ve a un carnero que tiene dos cuernos grandes, uno más grande que salía del otro. El carnero cornea con furia en todas direcciones; nadie puede resistirse a él, por lo que hace lo que quiere y se hace cada vez más grande. 
 
El cuerno más grande que creció después representa al Imperio Persa, que empezó siendo el hermano menor de la alianza con los Medos pero terminó siendo el dominante. Su avance hacia el oeste (Babilonia/Grecia), el norte (Armenia/Escitia) y el sur (Egipto) refleja las conquistas exactas del imperio.
 
2-El macho cabrío y su cuerno formidable (Dn 8,5-7). Desde el oeste viene un macho cabrío  corriendo velozmente. Tiene un cuerno formidable entre sus ojos. Ataca al carnero (Imperio Persa) con furia ciega, le rompe los dos cuernos, lo derriba al suelo y lo pisotea sin que nadie pueda salvar al carnero (caída del Imperio Persa).
El macho cabrío es el Imperio Griego. Viene de Occidente, es decir, de Grecia. 

Correr velozmente sin tocar el suelo representa las rápidas campañas militares que desmantelaron por completo al gigantesco Imperio Persa en pocos años. 

El cuerno formidable es Alejandro Magno (el leopardo con 4 alas).

El relato continúa detallando el destino del macho cabrío (Dn 8-14. En la cúspide de su poder, el cuerno formidable del macho cabrío es quebrado: representa la repentina muerte de Alejandro Magno a los 32 años, en el apogeo de su gloria. 

En su lugar, crecen cuatro cuernos notables hacia los cuatro vientos del cielo, que representan el reparto y la división del imperio entre sus cuatro generales: Casandro, Lisímaco, Seleuco y Ptolomeo.

De uno de esos cuatro cuernos (Seleuco) sale un cuerno pequeño que crece desmesuradamente hacia el sur, el este y hacia la "tierra hermosa" (Israel). Un poder destructivo que desafiará a Dios.
   
Preocupado por la destrucción que causará este cuerno pequeño en el santuario, Daniel escucha a un santo (del cielo) preguntar cuánto durará esta devastación. La respuesta es una de las profecías de tiempo más famosas de la Biblia: "Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado" (Dn 8,14).

El cuerno pequeño que sale de los cuatro es el rey seléucida Antíoco IV Epífanes (175–164 a.C.), quien perseguirá ferozmente a los judíos, prohibirá el culto a Dios, profanará el Templo de Jerusalén sacrificando un cerdo en el altar e instalará en él una estatua de Zeus. La purificación ocurrirá cuando los macabeos se rebelan, recuperan el templo y restauran el culto (origen de la fiesta de la Hannukah)

viernes, 6 de noviembre de 2026

LOS SUEÑOS DE NABUCODONOSOR: LA ESTATUA Y EL ÁRBOL

"Yo, Nabucodonosor, estaba tranquilo en mi casa 
y con buena salud en mi palacio, 
cuando tuve un sueño que me asustó; 
las imaginaciones que me vinieron en el lecho 
y las visiones de mi mente me aterrorizaron.
(Dn 4,1)

El rey Nabucodonosor II de Babilonia (642-562 a. C.) tuvo dos sueños proféticos descritos en la Biblia en los capítulos 2 y 4 del libro de Daniel, los cuales perturbaron profundamente su espíritu y anticiparon el destino de los imperios mundiales.

La estatua gigante (Dn 2.1-49)
El sueño que tuvo Nabucodonosor en el segundo año de su reinado es una de las profecías bíblicas más famosas. El capítulo 2 de Daniel narra la visión de una estatua gigante compuesta por cuatro metales diferentes y barro, que es destruida por una roca.

La estatua representa la sucesión de los grandes imperios mundiales desde la época de Babilonia hasta el fin de los tiempos.

La cabeza de oro. Representa al Imperio Babilonio (605 – 539 a.C.), a Nabucodonosor y la era dorada de Babilonia, famosa por su riqueza, esplendor y arquitectura.

El pecho y los brazos de plata. Representan al Imperio Medo-Persa (539-331 a.C.), a Darío el Grande. Un imperio inferior al babilonio en esplendor, pero militarmente poderoso. Los dos brazos reflejan la alianza entre los medos y los persas.

El vientre y los muslos de bronce. Representan al Imperio Griego-Macedonio (331-168 a.C.), a Alejandro Magno. El bronce alude a las armaduras y armas características de los soldados griegos. Dominó todo el mundo conocido.

Las piernas de hierro. Representan al Imperio Romano (168-476 a.C.). un Imperio implacable y destructivo, fuerte como el hierro, que trituró y sometió a los imperios anteriores y al mundo conocido.

Los pies y dedos de hierro y arcilla. Representan la fragmentación del mundo en países. El hierro (fuerza) y el barro (debilidad) no pueden mezclarse, las alianzas políticas y matrimoniales intentaron unirlo si éxito permanente. 

Los dedos representan la fragmentación del mundo (como extensión de las piernas y los pies de hierro): 
  • el Imperio Bizantino (en Oriente)
  • el  Imperio Carolingio y los Reinos Germánicos (en Occidente)
  • el Califato Islámico (en el Mediterráneo y Oriente Medio)
  • el Sacro Imperio Romano Germánico (en Europa y que durará más de 1.000 años)
  • el Imperio Napoleónico (en Francia)
  • el Imperio Austro-Húngaro (en Europa Central)
  • el Imperio Alemán (en Alemania) que se convertirá en el III Reich. 
Los dos pies representan los dos bloques antagónicos tras la II Guerra Mundial:
  • el Occidental (Estados Unidos y la Unión Europea) 
  • el Oriental (Unión Soviética y China, Corea del Norte, Laos o Vietnam)
  
Mientras el rey observa la estatua en su sueño, ocurre el clímax de la visión: una roca es cortada, no por manos humanas, sino por el poder divino. Golpea directamente los pies de hierro y barro de la estatua, desmenuzándola por completo. El oro, la plata, el bronce y el hierro se convierten en polvo que el viento se lleva sin dejar rastro. La roca comienza a crecer hasta convertirse en una gran montaña que llena toda la tierra.

Dios le muestra a Nabucodonosor que su imperio es solo temporal (la cabeza de oro) y que eventualmente caerá ante otros reinos terrenales y, finalmente, ante el Reino de Dios.

La roca es el símbolo bíblico de firmeza, seguridad, estabilidad, refugio, y protección ante los peligros y las adversidades, y representa:
La roca que ve Nabucodonosor es el Evangelio, el Reino de Dios, un reino eterno que jamás será jamás destruido ni reemplazado por otro. Es el triunfo final de la soberanía de Dios sobre todos los imperios políticos y humanos de la historia.

Conexión tipológica
La roca de Daniel señala el mismo evento profético que la visión del Apocalipsis, visto desde dos perspectivas temporales distintas: 
  • Daniel propone el "marco profético", profetizando la Encarnación (1ª venida de Cristo), el origen y el impacto de la Roca  (Dan 2,34-35. 44-45).
  • Apocalipsis ejerce como un "zoom teológico" profetizando la Parusía (2ª venida de Cristo), el juicio final con la 7ª trompeta (Ap 11, 15), la caída de la gran Babilonia y la destrucción de la alianza de los "diez reyes" (Ap 17,12-14), y el establecimiento de su Reino, la Jerusalén celeste (Ap 21,1-3).
   
El árbol talado (Dn 4,1-34)
El segundo sueño el rey Nabucodonosor narra su humillación, locura y posterior restauración. Es un relato escrito en forma de carta testimonial del propio monarca para reconocer que el Dios gobierna sobre todos los reinos terrenales.

El rey tiene una visión que lo aterroriza y que ninguno de sus sabios logra descifrar: Ve un árbol gigante y fuerte que llega hasta el cielo, visible desde toda la tierra, lleno de frutos y que da refugio a todos los animales. 

Un mensajero celestial (un "vigilante") ordena derribar el árbol, cortar sus ramas y dispersar a los animales. Sin embargo, ordena dejar el tocón (la cepa) con sus raíces en la tierra, atado con hierro y bronce. El mensajero decreta que su mente humana sea cambiada por la de una bestia durante "siete tiempos".

Al no encontrar respuestas en sus adivinos, el rey acude a Daniel que le explica la visión: 

El árbol representa a Nabucodonosor, su gran poder, majestad y la extensión de su imperio hasta los confines del mundo. 

La tala de sus ramas significa que el rey será expulsado de la sociedad, vivirá en el campo, comerá hierba como los bueyes y será bañado por el rocío celestial durante siete años (tiempos). Esto ocurrirá hasta que entienda que Dios quita y pone reyes a su voluntad. 

El tocón encadenado significa que su reino permanecerá y le será devuelto una vez que reconozca la soberanía divina. 

Conexión tipológica
El árbol de Daniel revela un contraste tipológico con la cruz de Cristo: el orgullo humano es humillado y la humillación divina es exaltada.

El árbol de Daniel (Dn 4,17-25) representa el orgullo del rey Nabucodonosor y la gloria de los imperios humanos. Su tala simboliza el juicio de Dios, que humilla la soberanía del hombre para demostrar que "el dominio del Altísimo está por encima del reinado de los hombres, y que él lo da a quien quiere" . Sin embargo, la cepa con sus raíces queda en la tierra, encadenada con bronce y hierro, permitiendo que el árbol vuelva a brotar una vez que el rey reconozca la soberanía celestial.
 
El árbol de Isaías (Is 11,1) representa la humillación (kenosis) de Cristo, el "renuevo del tronco de Jesé", que voluntariamente se despoja de su gloria en la encarnación y es "talado" en el madero de la cruz. La cruz representa la aparente derrota y humillación absoluta de Dios hecho hombre, pero se convierte en el medio para su posterior exaltación suprema y la restauración de toda la humanidad (Flp 2,6-11).
   
Las cadenas de hierro (fuerza) y de bronce (juicio) significan que el árbol queda bajo el veredicto de Dios hasta que pasen "siete tiempos", que será cuando Jesús rompa las ataduras del pecado y la muerte, precisamente a través de su sacrificio en la cruz. 

Mientras que Nabucodonosor necesitó ser atado y humillado para aprender la lección de la soberanía de Dios, Cristo se entregó al juicio de bronce (como símbolo de autoridad y poder) en el sanedrín y a los clavos de hierro (como símbolo de sufrimiento y prueba) en la cruz para liberar a la humanidad de sus cadenas espirituales (pecado y muerte).
En conclusión, mientras el árbol de Nabucodonosor muestra cómo el hombre intenta elevarse a sí mismo y es talado, el árbol de Cristo muestra cómo Dios se humilla a sí mismo en un madero para hacer brotar un reino eterno que nunca será cortado.
Llamada a la conversión
Daniel le ruega al rey que abandone sus pecados, haga justicia y muestre misericordia hacia los pobres para evitar la catástrofe.

Un año más tarde, el rey pasea orgulloso por la terraza de su palacio con los famosos jardines colgante y se jacta diciendo: "¿No es esta la gran Babilonia que yo he edificado para residencia real, conforme a la grandeza de mi poder y según la gloria de mi majestad?". 

Mientras todavía habla, una voz del cielo dicta su sentencia inmediata. Al instante se desata su locura, médicamente asociada a la licantropía clínica o boantropía, dos trastornos psiquiátricos extremadamente raros clasificados como delirios de zoantropía, una condición en la que una persona cree firmemente que se ha transformado o se está transformando en un animal:
  • en un lobo. Efectos: aullar, morder, caminar a cuatro patas o comer carne cruda
  • en una vaca/buey. Efectos: caminar a cuatro patas, pastar o comer hierba, y mugir
Es expulsado de la ciudad y su apariencia cambia drásticamente: su cabello crece como plumas de águila y sus uñas como garras de ave.
  
Al cabo de los días, Nabucodonosor alza sus ojos al cielo y recupera la razón. Lo primero que hace es bendecir y glorificar a Dios, reconociendo que el poder humano no es nada frente al divino. Sus cortesanos y nobles vuelven a buscarlo; es restituido en su trono con una grandeza aún mayor que la anterior.

El capítulo concluye con una declaración rotunda del monarca: "Ahora yo, Nabucodonosor, alabo, ensalzo y glorifico al Rey del cielo porque todas sus obras son conforme a la verdad y sus designios justos, y porque puede humillar a quien actúa con soberbia." (Dn 4,34).