
"Setenta semanas están decretadas
sobre tu pueblo y tu ciudad santa;
para poner fin al delito,
cancelar el pecado y expiar el crimen,
para traer una justicia eterna,
para que se cumpla la visión y la profecía,
y para ungir el santo de los santos"
(Dn 9,24)
El capítulo 9 de Daniel contiene una de las profecías escatológicas más asombrosas y discutidas de toda la Biblia: la profecía de las 70 semanas.
A diferencia de las visiones de capítulos anteriores sobre imperios mundiales, esta visión, revelada por el arcángel san Gabriel, señala una intrincada cronología simbólica para los tiempos de tribulación, la venida y muerte del Mesías, la profanación y destrucción del templo de Jerusalén.
El capítulo comienza con Daniel estudiando los escritos del profeta Jeremías. Se da cuenta de que los 70 años de cautiverio ordenados para Jerusalén están a punto de cumplirse. Lleno de preocupación, Daniel se confiesa ante Dios en una profunda oración de arrepentimiento en favor de su pueblo. Mientras ora, el arcángel san Gabriel vuela rápidamente hacia él para darle una respuesta y "hacer que comprenda".

Gabriel le explica que se han determinado 70 semanas (en el hebreo original shabuim, que significa "sietes" o semanas de años) sobre el pueblo judío y Jerusalén para cumplir seis objetivos divinos: poner fin al delito, cancelar el pecado y expiar el crimen, para traer una justicia eterna, para que se cumpla la visión y la profecía, y para ungir el santo de los santos.
En la profecía bíblica, una semana representa 7 años (cada día equivale a un año, según Nm 14,34 y Ez 4,6). Por lo tanto, 70 semanas equivalen a 490 años.
Existen dos corrientes de interpretación sobre esta profecía:
Historicista/Preterista: vincula la profecía con la crisis macabea y la persecución del rey sirio Antíoco IV Epífanes (el gran opresor del judaísmo en el libro de Daniel). Comienza con el decreto de Ciro (538 a.C.).
El "ungido" se identifica con el sumo sacerdote legítimo Onías III, asesinado en el 171 a.C. La última semana corresponde al periodo entre el 171 a.C. y el 164 a.C.
A la mitad de esa semana (año 167 a.C.), Antíoco profanó el Templo de Jerusalén instaurando la "abominación desoladora" (sacrificando cerdos en el altar y erigiendo una imagen de Zeus), lo que provocó la revuelta de los Macabeos.
Esta profecía establece el puente directo entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.
Futurista/Escatológica: Se inicia con el decreto del rey persa Artajerjes I en su 7º año (457 a.C., según Esd 7,1-28) o en su 20º año (444/445 a.C., según Neh 2,1-20).

Al final de las semanas se llega contando 483 años desde esas fechas (ajustando calendarios lunares o solares), hasta el año 27 d.C. (bautismo de Jesús) o al 33 d.C. (crucifixión de Jesús).
Jesús es el Mesías, el "ungido inocente a quien matarán". El reloj profético se detiene tras la muerte de Jesús y la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C.
Esta interpretación sostiene que hay un "paréntesis" cronológico después de la semana 69, que corresponde a la era de la Iglesia.
La semana 70 ocurrirá en el futuro y durará 7 años. Representa el periodo de la Gran Tribulación y comenzará cuando surja un líder político mundial (el Anticristo) para firmar un pacto falso con Israel, rompiéndolo a la mitad de ese tiempo.
El arcángel san Gabriel divide el período de 490 años en tres bloques:
1. Las primeras 7 semanas (49 años)
7 semanas x 7 días=49 años. Comienzan con el decreto del rey persa Artajerjes I (457 a.C.) para la restaurar y edificar Jerusalén (la plaza y el muro) en "tiempos de angustia" y bajo el liderazgo de Nehemías y Esdras.

2. Las siguientes 62 semanas (434 años)
7 semanas + 62 semanas = 69 semanas (483 años). Si sumamos 483 años al año 457 a.C., llegamos exactamente al año 27 d.C., momento en que Jesús de Nazaret comenzó su ministerio público tras ser bautizado por Juan el Bautista y ungido por el Espíritu Santo (Lc 3,21-22).

3. La última semana: La semana 70 (7 años)
El texto dice que "matarán a un ungido inocente" y que "a la mitad de la semana hará cesar sacrificios y ofrendas".
Después de 3 años y medio de ministerio (exactamente la mitad de una semana de 7 años), en el año 31 d.C., Jesús fue crucificado. Su sacrificio en la cruz hizo expiación por el pecado y rasgó el velo del templo, haciendo "cesar" el valor espiritual de los sacrificios de animales del Antiguo Testamento.

Los 3 años y medio restantes terminan en el año 34 d.C., momento marcado históricamente por el martirio de Esteban (Hch 7), lo que selló el rechazo oficial del evangelio por parte del sanedrín judío y marcó el inicio formal de la predicación del evangelio a los gentiles (las naciones no judías).
La profecía también incluye una advertencia devastadora: "Vendrá un príncipe con su tropa y arrasará la ciudad y el templo".
Esto se cumplió de forma literal en el año 70 d.C., cuando el general romano Tito y sus legiones sitiaron Jerusalén, incendiaron el Templo y pasaron la ciudad a espada, tal como Jesús mismo había advertido en los Evangelios (Mt 24,1-2. 15-17; Mc 13,1-2; Lc 21,20-24).





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