"Pero si uno tiene bienes del mundo
y, viendo a su hermano en necesidad,
le cierra sus entrañas,
¿cómo va a estar en él el amor de Dios?"
(1 Jn 3,17)
El Papa León XIV ha concluido en Canarias su visita apostólica a España, donde ha pronunciado un discurso histórico en el muelle de Arguineguín (Gran Canaria), epicentro de la crisis migratoria, con un fuerte mensaje de defensa de los derechos humanos afirmando que "la dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera" y de denuncia contra las mafias traficantes.
Durante la misa en el Estadio de Gran Canaria ante unas 50.000 personas, nos repitió la necesidad de "alzar la mirada sin perder de vista el mar" para rezar por todos los que han perdido la vida en esta tragedia migratoria.
Ha vinculado la oración con la acción social como un acto de coherencia de nuestra fe, advirtiendo que "no podemos arrodillarnos ante el altar y luego pasar de largo ante los cayucos y las pateras" y nos ha invitado a "salir de nuestra comodidad de espectador para situarnos ante el hermano que llega".
Ha recordado que si Jesús mandó callar al mar, "Europa no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas" y ha pedido un "examen de conciencia" a tres sectores clave en la crisis migratoria:
- las naciones de origen: para que creen paz y desarrollo
- las de tránsito: para que protejan a los débiles de las mafias
- las de destino: para recordarles que "no basta con gestionar fronteras o reforzar límites", sino que cada barca que llega cuestiona directamente el tipo de mundo que hemos construido.
Ha enviado un mensaje directo a los migrantes: les ha recordado que "no son números ni expedientes" y les ha pedido que no crean en las "promesas de paraísos fáciles" de las redes mafiosas, calificando estos engaños como "cantos de sirena e industrias de muerte".
Finalmente, ha asegurado que la misión de la Iglesia en Canarias "no se trata de resolverlo todo, sino de ponerlo todo en manos de Dios y estar presentes allí donde el ser humano sufre".
En la isla de Tenerife, León XIV ha cerrado de forma oficial su viaje apostólico a España, profundizando en la integración cultural, el valor de los misioneros históricos y la fraternidad universal.
En el centro de acogida "Las Raíces" de San Cristóbal de La Laguna, el Papa ha pronunciado un emotivo discurso utilizando principalmente el francés (el idioma mayoritario de los residentes alojados):
Ha recordado que el amor no tiene fronteras: "Más allá de nuestro lugar de proveniencia, el amor de Dios no conoce fronteras, no hace distinciones y nos congrega en la unidad" y ha defendido que los flujos migratorios de personas "pueden ser una ocasión de encuentro y enriquecimiento mutuo entre los pueblos".
Ha rendido homenaje al santo hermano Pedro y a san José de Anchieta, quienes "partieron desde estas tierras canarias para anunciar el Evangelio en América. Ellos también fueron migrantes que se dirigieron hacia lo desconocido", y ha invitado a los residentes actuales a aportar "el tesoro de su humanidad, sueños y cultura" a las islas.
Utilizando una metáfora espiritual, ha recodado que "todos, de algún modo, somos migrantes y peregrinos en camino", instando a la sociedad a ayudarse mutuamente a "hacer de esta travesía un lugar más humano".
En la plaza del Cristo de La Laguna ha recodado la parábola del buen samaritano para elogiar a las instituciones canarias, recordando que el servicio real nace de "compadecerse del herido y maltratado" sin importar su procedencia o religión.
Finalmente, en la misa celebrada en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife, el Papa León dedicó sus últimas palabras a agradecer la hospitalidad del pueblo canario, el trabajo incansable de los equipos de rescate marítimo, los voluntarios de las ONG y la labor pastoral de la diócesis de San Cristóbal de La Laguna.
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