¿QUIÉN ES JESÚS?

La vida de Jesús siempre ha suscitado preguntas a lo largo de los últimos dos mil años.

¿Cómo pudo un carpintero que fue ejecutado por los romanos convertirse en el hombre más famoso de la historia?
¿Fue Jesús alguien verdaderamente real?
¿Cómo puede Dios ser un hombre al mismo tiempo?
¿De qué manera podría esto tener algún sentido para mi vida?

Estas son algunas preguntas, pero aquí tienes un espacio para formular las tuyas.
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martes, 16 de junio de 2026

EL PAPA NOS HA PUESTO DEBERES

 
"Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia,
y el poder del infierno no la derrotará"
(Mt 16,18)

Tras su visita apostólica, el papa León XIV nos dejado a los católicos de España una serie de deberes. Su llamamiento no se puede quedar en la emoción de los eventos multitudinarios vividos, sino que exige pasar de la acogida festiva a la acción pastoral concreta:

Pastoral del encuentro: desactivar la polarización social
"Si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda" (Mt 5,23-24)
Qué dijo: en el Palacio Real de Madrid, el papa advirtió sobre la creciente "tentación de ganar popularidad avivando el fuego de las polarizaciones", insistió en que el debate público actual destruye los puentes sociales y pidió que la fe sea un motor de reconciliación y diálogo, nunca de enfrentamiento. 
Qué hacer: Para los católicos, esto exige un cambio radical en la forma de comunicarse, promoviendo  la "cultura del encuentroy rechazando los discursos de odio o división:
  • En el ámbito digital: realizar un "ayuno de hostilidad" en redes sociales que implica no compartir bulos, no alimentar discusiones agresivas y evitar el lenguaje despectivo hacia quienes piensan diferente.
  • En el ámbito político: recordar que la fe católica no debe ser utilizada como arma arrojadiza. El cristiano debe actuar como mediador en sus entornos, buscando puntos de unión en lugar de amplificar las diferencias.
Pastoral de la acogida: pasar de la teoría a la acción con la migración
"Sé voz de quien no tiene voz, defensor del hombre desvalido, pronuncia sentencias justas, defiende al pobre desprotegido" (Pro 31,8-9)
Qué dijo: en Canarias, el Papa León dijo que "la dignidad no tiene pasaporte" y exigió a las mafias que explotan personas un rotundo "¡Deténganse! ¡Conviértanse!". Recordó también que existe el "derecho a no migrar" (combatiendo la pobreza en origen), pero que ante el sufrimiento en las fronteras, la respuesta del creyente debe ser la acogida, la protección y la integración.
Qué hacer: las diócesis y parroquias deben revisar sus estructuras de acogida y acompañamiento a los necesitados:
  • Integración parroquial: no basta con dar asistencia material (alimentos o ropa). El reto es la inclusión eclesial: que las familias migrantes formen parte activa de los consejos parroquiales, las catequesis y las celebraciones, rompiendo los guetos comunitarios.
  • Denuncia y concienciación: apoyar políticamente las vías legales y seguras de migración. Las comunidades católicas deben ser espacios de formación para contrarrestar los discursos de miedo al extranjero con datos, testimonios y doctrina social de la Iglesia.
Pastoral de la vida: defenderla en todas sus etapas
"No matarás" (Ex 20,13)
Qué dijo: remarcó la importancia de proteger la vida humana, sobre todo "la de los que no tienen voz". Durante su visita al centro CEDIA de Cáritas en Madrid, puso el foco en las personas sin hogar y denunció la "cultura del descarte" que sufren los ancianos.
Qué hacer: los cristianos debemos ayudar a familias vulnerables, a madres gestantes en dificultades y a ancianos o enfermos en soledad. No limitar la defensa de la vida a un concepto abstracto, sino traducirla en apoyo material y social cotidiano:
  • Cuidado de la vulnerabilidad: nuestro compromiso pasa por reforzar el voluntariado en comedores sociales, albergues y programas de inserción laboral.
  • Acompañamiento a la soledad: es preciso potenciar la pastoral de la salud, organizando redes parroquiales que visiten y acompañen a los mayores que viven solos.
Pastoral de la misión: la fe como un camino en construcción
"Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos"  (Mt 5,16)
Qué dijo: en Barcelona, el pontífice nos recordó que la obra de la Sagrada Familia (como la propia vida cristiana) es "una obra en construcción" y lo puso como modelo para la renovación de las propias comunidades católicas. También insistió en que los laicos somos los verdaderos protagonistas de la evangelización pero con "humildad, sin imponer", mediante el testimonio de alegría y servicio.
Qué hacer: es preciso dinamizar las parroquias saliendo a la calle, sin miedo a dejar atrás estructuras del pasado que atenúen el espíritu misionero.
  • Superar el clericalismo: el compromiso no es sólo de la jerarquía eclesial sino de los laicos, llamados a evangelizar en nuestros entornos (familias, empresas, universidades y colegios).
  • Evangelizar sin imponer: la fe se transmite "por atracción", y no a través de la condena moral o la confrontación cultural con la sociedad secularizada.

sábado, 13 de junio de 2026

EL CRISTIANO: CUSTODIO DE LA DIGNIDAD HUMANA

 
"Pero si uno tiene bienes del mundo 
y, viendo a su hermano en necesidad, 
le cierra sus entrañas, 
¿cómo va a estar en él el amor de Dios?"
(1 Jn 3,17)

El Papa León XIV ha concluido en Canarias su visita apostólica a España, donde ha pronunciado un discurso histórico en el muelle de Arguineguín (Gran Canaria), epicentro de la crisis migratoria, con un fuerte mensaje de defensa de los derechos humanos afirmando que "la dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una fronteray de denuncia contra las mafias traficantes. 

Durante la misa en el Estadio de Gran Canaria ante unas 50.000 personas, nos repitió la necesidad de "alzar la mirada sin perder de vista el mar" para rezar por todos los que han perdido la vida en esta tragedia migratoria.

Ha vinculado la oración con la acción social como un acto de coherencia de nuestra fe, advirtiendo que "no podemos arrodillarnos ante el altar y luego pasar de largo ante los cayucos y las pateras" y nos ha invitado a "salir de nuestra comodidad de espectador para situarnos ante el hermano que llega".

Ha recordado que si Jesús mandó callar al mar, "Europa no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas" y ha pedido un "examen de conciencia" a tres sectores clave en la crisis migratoria: 
  • las naciones de origen: para que creen paz y desarrollo
  • las de tránsito: para que protejan a los débiles de las mafias
  • las de destino: para recordarles que "no basta con gestionar fronteras o reforzar límites", sino que cada barca que llega cuestiona directamente el tipo de mundo que hemos construido. 
Ha enviado un mensaje directo a los migrantes: les ha recordado que "no son números ni expedientes" y les ha pedido que no crean en las "promesas de paraísos fáciles" de las redes mafiosas, calificando estos engaños como "cantos de sirena e industrias de muerte".

Finalmente, ha asegurado que la misión de la Iglesia en Canarias "no se trata de resolverlo todo, sino de ponerlo todo en manos de Dios y estar presentes allí donde el ser humano sufre".
  
En la isla de Tenerife, León XIV ha cerrado de forma oficial su viaje apostólico a España, profundizando en la integración cultural, el valor de los misioneros históricos y la fraternidad universal.

En el centro de acogida "Las Raíces" de San Cristóbal de La Laguna, el Papa ha pronunciado un emotivo discurso utilizando principalmente el francés (el idioma mayoritario de los residentes alojados):

Ha recordado que el amor no tiene fronteras: "Más allá de nuestro lugar de proveniencia, el amor de Dios no conoce fronteras, no hace distinciones y nos congrega en la unidad" y ha defendido que los flujos migratorios de personas "pueden ser una ocasión de encuentro y enriquecimiento mutuo entre los pueblos". 

Ha rendido homenaje al santo hermano Pedro y a san José de Anchieta, quienes "partieron desde estas tierras canarias para anunciar el Evangelio en América. Ellos también fueron migrantes que se dirigieron hacia lo desconocido", y ha invitado a los residentes actuales a aportar "el tesoro de su humanidad, sueños y cultura" a las islas.
  
Utilizando una metáfora espiritual, ha recodado que "todos, de algún modo, somos migrantes y peregrinos en camino", instando a la sociedad a ayudarse mutuamente a "hacer de esta travesía un lugar más humano". 

En la plaza del Cristo de La Laguna ha recodado la parábola del buen samaritano para elogiar a las instituciones canarias, recordando que el servicio real nace de "compadecerse del herido y maltratado" sin importar su procedencia o religión. 

Finalmente, en la misa celebrada en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife, el Papa León dedicó sus últimas palabras a agradecer la hospitalidad del pueblo canario, el trabajo incansable de los equipos de rescate marítimo, los voluntarios de las ONG y la labor pastoral de la diócesis de San Cristóbal de La Laguna.

jueves, 22 de agosto de 2024

EVANGELIZACIÓN: LO QUE FUNCIONA Y LO QUE NO


Desde hace poco más de una década, tras mi conversión y a pesar de mi inicial reticencia y de mi escaso conocimiento sobre la fe, el Señor me llamó, de una forma muy directa en un retiro de Emaús .

Sin apenas darme cuenta, Dios ha ido preparándome y capacitándome para poder cumplir la misión que me encomienda a través de: formación teológica, mariológica, litúrgica y bíblica, discipulado, grupos de fe y de Lectio Divina, servicios pastorales parroquiales y diocesanos, peregrinaciones, lecturas espirituales, congregaciones religiosas, encuentros y métodos de nueva evangelización (ENE, Alpha, Emaús, Effetá)... 

Después de todos estos años, uno se da cuenta de que España, y Occidente en general, han dejado de ser eminentemente católicos y han pasado a ser religiosamente indiferentes, tibios o agnósticos, mientras la Iglesia sigue manteniendo métodos, estructuras y lenguajes que "no llegan", que "no funcionan" y que no producen "frutos". Casi todos los sacerdotes han sido formados como si estuviéramos en el antiguo régimen de la Cristiandad y dan por hecho muchas cuestiones de los fieles que no se corresponden con la realidad. 

Es sorprendente comprobar hasta qué punto las personas carecen de una mínima formación cristiana en lo relativo a la liturgia, los sacramentos, la oración, la Escritura, etc. Y es porque nadie se lo ha enseñado. Y es que todos hemos dado por hecho que la civilización occidental sigue siendo cristiana. Y eso ya no es así.

Un estudio científico llamado "Buenas Prácticas en Parroquias", de febrero de 2023, sobre cómo evangelizan las parroquias, qué prácticas tienen, como renuevan sus estructuras, etc., demuestra que de las 22.000 parroquias existentes en España, tan sólo 300 han empezado alguna forma de "conversión pastoral y renovación misionera", a través de métodos kerigmáticos, itinerarios de discipulado, cambios de estructuras que no favorecen la transmisión de la fe, grupos de liturgia y de Biblia, formación de evangelizadores...

Es cierto, que tras varios lustros de nueva evangelización, se aprecia esta renovación pastoral en algunas parroquias que crecen orgánicamente; quizás a paso lento, pero firme y seguro, con la guía del Señor. 

Sin embargo, aún queda mucha mies por trabajar y pocos son los obreros (cf Mt 9,37), pero no hay que perder la esperanza porque Dios nos ayuda: "El Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho" (Jn 14,26).
Lo que no funciona
Lo más importante para un evangelizador es discernir lo que funciona y lo que no funciona en el terreno de misión. Lo que es cierto y seguro es que nada funciona sin el Espíritu Santo, sin una actitud de abandono en Dios y oración frecuente, de servicio y entrega altruista, y sin una disposición humilde y obediente.

No funcionan los intentos proselitistas de "convertir" a la fuerza, de convencer en lugar de contagiar, de forzar en lugar de respetar. Tampoco funcionan las antiguas pastorales de catequesis iniciáticas, sin antes entablar una relación personal con las personas que buscan a Dios. Nosotros nos interesamos por las personas pero no convertimos a nadie, es Dios quien lo hace.

La evangelización es infructuosa sin liderazgo, sin discipulado o sin acompañamiento. Esas son las claves y los frutos de la evangelización: organización, formación y caridad. 
Lo que sí funciona
Para que haya discipulado, lo primero que debe haber es una comunidad que acoja y acompañe, además de una corresponsabilidad entre sacerdotes y laicos que favorezca el crecimiento espiritual, uno liderando y otros sirviendo.

La evangelización funciona cuando nos interesamos de verdad por las personas, cuando las escuchamos. Muchos vienen con muchas dudas y preguntas sin contestar. Cuando las personas se sienten escuchadas (en una sociedad llena de ruido y que no escucha) es cuando se abren y preguntan. 

Es entonces cuando se puede empezar a hablarles, pero nosotros sólo mostramos a Cristo con nuestro testimonio de vida, para que Él responda sus dudas, mientras les acompañamos en el camino. Todo discípulo necesita un mentor, un acompañante que le sostenga y le ayude mientras "va de camino". Pero Maestro, sólo hay Uno.

Para que este discipulado sea duradero y de frutos, necesitamos colaborar con los sacerdotes, formar líderes y establecer grupos (que no coordinadores ni equipos) que utilicen todas las diferentes herramientas humanas y divinas que tenemos a nuestro alcance (cf Sal 78).

Dios nos pide un cambio de mentalidad, tanto en los sacerdotes como en los laicos. Nos pide dejar de estar aferrados a la vieja mentalidad de mantenimiento, de fe introspectiva y privada, de total inacción misionera y nulo compromiso evangelizador. 

Necesitamos directores de orquesta, no hombres-orquesta que intenten tocar a la vez todos los instrumentos. La evangelización requiere hoy una orquesta, compuesta por su director y sus solistas, sus instrumentos y sus intérpretes... formada por un líder, servidores y herramientas que "suenen" correcta y armónicamente.
Sacerdotes, laicos, diáconos, religiosos...todos "tocan", todos evangelizan. Pero en la evangelización es el párroco quien dirige y lidera la orquesta, desde la cercanía y la escucha, desde la corresponsabilidad y la delegación.

Lo que Dios nos pide
Jesús, que hace nuevas todas las cosas (cf Ap 21, 5), nos pide hacer cambios y utilizar nuevos métodos de evangelización. Nos pide hacer nueva la forma de tratar a las personas que se acercan a la Iglesia y a los sacramentos, la forma de vivir la fe comunitariamente. 

El Espíritu Santo, que ha derramado el amor de Dios en nuestros corazones (cf Rom 5,5), nos suscita, tanto a sacerdotes como a laicos, la imperiosa necesidad de cultivar la caridad: acoger, acompañar, formar y discipular, porque, por desgracia, al crecer la maldad (en el mundo), se ha enfriado el amor en la mayoría (cf Mt 24,12) de nuestras comunidades parroquiales. 

No se trata tanto de poner en marcha una pastoral de nuevos métodos que caigan en la tentación del activismo, sino de generar una nueva forma de construir auténticas comunidades cristianas.
Es nuestra misión reedificar una Iglesia que ha dejado de "salir" al mundo y que ha olvidado el "amor primero" (Ap 2,4); que se ha contagiado de los falsos ídolos del mundo (Ap 2,14-15;20-21); que se ha vuelto "autosuficiente" y "complaciente", y se cree a salvo (Ap 3,1); que se mantiene "cumpliendo" con tibieza y a duras penas (Ap 3,15-16); que sólo crece en incertidumbre, que se pone a la defensiva y no se deja corregir (Ap 3,19); que contagia compasión...más que pasión, que inspira pena...más que alegría (Ap 3,17).

Es nuestra tarea (de todos) rescatar esa mentalidad "evangelizadora" para "construir" discípulos y no para "mantener" reuniones y edificios.

Es nuestra labor (de todos) retomar esa mentalidad originaria de formar hombres apasionados de Cristo que contagien a otros y no para seguir haciendo lo que se ha hecho "siempre".

Un cristiano, por mucho que vaya a misa (más por lo que cree que debe hacer, que por creer que va al encuentro de Cristo), no es maduro hasta que no se convierte en discípulo, es decir, hasta que no está en misión, mientras se forma y contagia a otros su pasión evangelizadora

Un cristiano, por mucho que consuma sacramentos (más por inercia y tradición que por conocimiento de lo que ello supone) no es fructífero hasta que no se convierte en discípulo, es decir, hasta que no "se pone manos a la obra" y "sale" a evangelizar

Es nuestra misión (de todos) descartar lo que no funciona y asumir lo que funciona.

viernes, 23 de octubre de 2020

EVANGELIZACIÓN 2.0: DISCIPULAR CONVERSOS

"Nadie puede venir a mí 
si no lo atrae el Padre que me ha enviado...
Serán todos discípulos de Dios. 
Todo el que escucha al Padre y aprende, 
viene a mí" 
(Juan 6,44-45)

Hace cinco años, en mi artículo Iglesias portaaviones, escribía sobre la urgencia de la conversión pastoral de la Iglesia, sobre la necesidad de pasar de ser cruceros a portaaviones. 

Un cambio de paradigma al que nos han venido exhortando los papas (Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco) en sínodos, encuentros y encíclicas (Lumen GentiumRedemptoris MissioEvangelli NuntiandiiVerbum Domini, Evangelii Gaudium) bajo expresiones como "Nueva Evangelización", "La Iglesia existe para evangelizar", "Iglesia en salida", etc.  

Y gracias a la acción del Espíritu Santo que, en los últimos años, ha guiado a la Iglesia para poner práctica distintos metodos de evangelización (Cursillos de Cristiandad, Apha, Emaús, etc.) que han producido muchos frutos, han hecho regresar a muchos "hijos pródigos", que se habían alejado de la Iglesia (entre los que me encuentro yo también).
Ahora, escribo y reflexiono sobre la importancia y la imperiosa necesidad de que la Iglesia dé un nuevo paso en su misión: Evangelización 2.0. Es decir, de la evangelización al discipulado, priorizar la acogida, ayuda y formación de todas las personas que han vuelto, y que continúan regresando a la Casa del Padre, es decir, acoger atender y preparar a los conversos.

No podemos limitarnos a evangelizar y luego volvernos a casa sin más, dejando a las personas sin guía. Es necesario acoger, acompañar y discipular a los "evangelizados". Si no lo hacemos, el fruto caerá en tierra y se pudrirá. Transcurrido un tiempo, la personas que regresaron, volverán a marcharse. 

Muchas veces lo hemos escuchado, dicho y repetido: el fruto de la evangelización no consiste en llenar parroquias los domingos, sino en los evangelizadores que envía y en los discípulos que genera.

La Iglesia evangelizadora no es un crucero placentero donde disfrutamos todos como pasajeros. Es algo más: es un portaviones en continua actividad que envía y recibe aviones, que repara y reposta a los que llegan para volver a enviarlos. Es un navío donde los pasajeros están en continuo adiestramiento.

El regreso de los "hijos pródigos" no tiene sentido alguno, si una vez en casa, no les devolvemos su dignidad, no les vestimos, no les calzamos, no les ponemos el anillo y no les ofrecemos el novillo cebado. 
No tiene sentido, si al cabo de un tiempo, dejamos descuidados los aviones en los hángares del portaviones, o si no los reparamos, preparamos y equipamos para nuevas misiones, o incluso, si quedan inservibles para la acción. 

La evangelización no tiene sentido sólo por el acto en sí de envangelizar, si al cabo de un tiempo, los que regresaron, se vuelven a marchar a aquel "país lejano" del que vinieron, porque no les hemos acogido ni prestado la atención debida. Eso es lo que la párabola nos exhorta a hacer: acoger, acompañar, preparar...discipular.

Como decía en el artículo antes citado, el mayor enemigo de la evangelización somos nosotros mismos. Volvemos de las misiones con "prisioneros rescatados", pero seguimos siendo "cortos de miras", al no saber qué hacer con ellos, al no escuchar lo que el Espíritu Santo nos dice a través de la Iglesia, de la Tradición, el Magisterio y la Palabra de Dios.

No se trata de llenar las parroquias como si fueran "trasteros", donde acumulamos de todo "por si acaso", pero no utilizamos nada. No se trata de organizar retiros evangelizadores o acciones misioneras para "ocuparnos" en muchas cosas que carecen de sentido sobrenatural. Porque todo eso no evangeliza. 

Se trata de adiestrar continuamente a los hombres y mujeres que son rescatados del Enemigo y acogidos en el "portaaviones" (y a la dotación, también), para formar un ejército de "rescatadores de almas" para Dios. 
Se trata de preparar grupos para misiones específicas, incluso a veces, "imposibles", porque todos corremos el peligro de caer en manos del Enemigo y volver a ser "prisioneros de guerra".

Se trata de entrenar equipos especiales que, primero, deben ser adiestrados en la supervivencia como cristianos para, después, conocer las tácticas de defensa y ataque, y así, emprender la misión y liberar a otros prisioneros.

Sólo un ejército bien dotado y equipado, entrenado y adiestrado, puede embarcarse en nuevas misiones que acaben con éxito. Sin la preparación adecuada, no se puede "luchar".

miércoles, 21 de junio de 2017

¿POR QUÉ HACER DISCÍPULOS?

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Como cristiano y en cumplimiento de la misión que nos encomienda Jesús, debo tener como principal objetivo el discipulado. 

Y creo que es más importante saber el "por qué" hacer discípulos, en lugar del "qué" o el "cómo". Si conozco el "por qué", me resultará más fácil descubrir el "qué" y el "cómo".

¿Por qué hacer discípulos?


Por compasión

La Biblia dice que cuando Jesús "vio a las multitudes, le movió la compasión por ellos, porque estaban cansados ​​y dispersos, como ovejas que no tienen pastor" (Mateo 9,36).

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Es la compasión y la misericordia de Cristo la que me pone en "modo servicio" y me saca fuera de mi zona de confort

No hay más que echar una mirada a este mundo perdido y comprobar la ausencia y la necesidad de Dios en la vida de las personas para ponerme en acción. .

El infinito amor que Dios siente por todos sus hijos me motiva a ir en busca de almas para Dios.

Por generosidad

Jesús me ha regalado tantas cosas buenas en mi vida que no puedo guardármelas para mí. Él ha derramado Su amor en mi corazón a través de Su Espíritu y a través de Su Iglesia, Su pueblo. No puedo ni debo permitir que ese torrente de vida se estanque y se convierta en un Mar Muerto.
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Ser generoso significa buscar a alguien para transmitirle las gracias con las que he sido bendecido. Y además, paradójicamente, cuanto más doy, más continúo recibiendo del Señor.

Estoy muy agradecido a quienes han dado generosamente su tiempo y su esfuerzo en mi discipulado. Ahora sé cuánto lo necesitaba y doy gracias por ello. No dejo de pensar cuántos otros están por ahí con sed de Dios y necesitados de la misma acogida, consideración y cuidado.

Por obediencia

Hacia el final de Su ministerio de tres años y medio, Jesús hizo saber a los discípulos que "toda la autoridad en el Cielo y toda la autoridad en la Tierra le fue concedida" (Mateo 28,18). Basándome en esa suprema posición, Él nos mandó (a los Apóstoles, a mi y a todos nosotros): "id, pues, y haced discípulos a todas las naciones" (Mateo 28,19).

Resultado de imagen de obedienciaDos mil años después, esta tarea y exhortación divina sigue siendo un asunto inacabado y por hacer. Y por obediencia a Dios, me toca a mi también.

Con la declaración misionera, el evangelio de Mateo es el único que enfatiza el trabajo de llevar a las personas a la madurez plena como "discípulos" (Marcos 16, 14-18; Lucas 24,36-49; Juan 20, 19-23; Hechos 1, 6-8 ). 

Es algo más que proclamar el Evangelio a través del apostolado. Se trata de replicar el modelo que Jesús nos mostró con los Doce para llevarlo a todas las naciones del mundo.

Y yo me he comprometido como "soldado de Jesucristo" (2 Timoteo 2, 3) a poner mi granito de arena para completar este divino objetivo.

Por madurez

En Juan 15, Jesús nos revela que nos ha escogido y nos ha designado para dar fruto (Juan 15, 4- 15,16), y dar fruto en abundancia (Juan 15, 5- 15, 8) y que permanezca (Juan 15, 16).

Desgraciadamente, muchas personas se acercan a Cristo y luego se alejan de Él. Obviamente, hay muchos factores que influyen y, a veces, no seguir a Cristo es simplemente el resultado del libre albedrío. 
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Sin embargo, hay muchos casos en los que la gente no ha tenido acceso a un discipulado que los fortalezca, les haga crecer y madurar espiritualmente.

Debo llevar a las personas que se han encontrado con Cristo a la plena madurez. Debo ayudarles a cultivar su alma para que su corazón pueda convertirse en un buen suelo que rinda 30, 60 o 100 veces cuando el dueño regrese (Marcos 4,20).

Las personas que nos integramos en grupos de discipulado, acudimos diariamente a la Eucaristía, leemos y meditamos la Palabra de Dios, oramos y adoramos más regularmente, nos confesamos con más frecuencia, compartimos la alegría y el amor de Cristo con otros con más libertad y sin temor, damos más generosamente y servimos más a menudo que los que no forman parte de esos grupos.

El discipulado produce progreso y madurez en la vida de las personas. Y eso se consigue de una forma especial a través de los grupos pequeños.

Por acogida

He oído muchas veces que la gente deja de ir a la iglesia porque no se sienten "acogidos". Eso generalmente significa que no les gusta el ambiente, la música o el cura, o todo ello. 

Creo que todos las personas que se acerquen a una parroquia deben sentir y disfrutar de una cálida comunidad que acoja y que acompañe.

Imagen relacionadaMientras sigo caminando con el Señor, me encuentro buscando a Jesús cada día más para crecer en el "hombre nuevo" que Él me llama a ser. En Juan 4,34 Jesús dice: "Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió, y terminar su obra".

Jesús se sentía acogido, alimentado  y acompañado mientras llevaba a cabo la voluntad de su Padre.Cuando cumplo su voluntad y le sirvo, siento mi mente y mi corazón renovados. 

Cuando me acuesto por la noche, tengo una paz indescriptible que viene de un día de trabajo para el Señor. Me siento en comunión con el Padre y como parte importante de su Plan.

Cuando me levanto y voy a misa, le ofrezco el día y le pido que "me dé mi pan de cada día" (Mateo 6,11) tanto material como espiritual.

El discipulado no es tarea fácil pero la satisfacción espiritual que se experimenta al llevar almas a Dios es tan evidente como el aire que respiramos.

Por capacidad

El  mayor don que Cristo nos prometió es el Espíritu Santo. Sus primeras palabras a sus apóstoles, reunidos en el cenáculo fueron: “Recibid el Espíritu Santo”. Era el cumplimiento de una promesa que les había hecho en la Última Cena: enviar al Espíritu Consolador.

Imagen relacionadaJesús nos envía al Espíritu Santo para dotarnos a todos con la capacidad de hacer discípulos. "Dios no elige a los capacitados. Capacita a los elegidos".

Como cristiano bautizado, no sólo estoy llamado a ser un discípulo de Cristo, sino que estoy capacitado también para que otros crezcan como discípulos de Cristo. (Efesios 4, 11-12)..

Es por su acción, que somos capaces de realizar cualquier obra para la gloria de Dios.

Yo no me siento especialmente capacitado y menos por mis méritos, pero abandonándome en manos de Dios, sé que nada es imposible.



Todas éstas son algunas razones para hacer discípulos. Seguro que hay más.

¿Y si las descubrimos mientras hacemos discípulos? ¿Te apuntas?


sábado, 27 de agosto de 2016

CONFESIONES DE UN ALEJADO

De acuerdo, no soy cristiano, al menos, no comprometido (no me gusta eso de "practicante") o lo que vosotros llamáis "alejado", pero he tomado la decisión de ir a misa este domingo. 

No esperéis mucho de mí. Si pasa algo (cosa que dudo) es posible que medite sobre ello. Algo me dice que tengo que ir, pero no estoy seguro de por qué. Pero antes, quiero deciros un par de cosas sobre mí:

1. Seguramente no voy a entender el lenguaje religioso o algunas frases que voy a escuchar, como "morir en la carne y vivir en el Espíritu", "Dios está en mí", "Tomad y comed, este es mi cuerpo", "vivir una vida plena", etc. 
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Si la misa transcurre sobre una conversación llena de términos teológicos o de elevación religiosa, probablemente no entienda la mitad de las palabras… y tal vez pensaré que el cura está un poco loco o que esto no es para mí.

Seguramente no sea capaz de seguir el ritual, las oraciones, o cuándo hay que levantarse o arrodillarse. 

Probablemente, esto último no lo haré. Ni tampoco cantaré ni rezaré ni comulgaré. Y os pido que no me miréis como a un "bicho raro".
2. Cuando me preguntéis cómo estoy, que sepáis que no confío en vosotros. Probablemente mentiré, y diré que estoy bien y que la misa me ha gustado. No es que yo no quiera deciros la verdad, es que tengo algunas heridas y no quiero confiároslas, aún. ¿Qué tal si me contáis primero vuestra historia? Si me gustáis y tengo la impresión de que no estáis intentando convencerme de nada, os contaré la mía.

3. Tengo un lenguaje bastante duro, incluso amargo y rudo acerca de algunas de "vuestras cosas". Si tengo la sensación de que me habláis desde una mentalidad de superioridad, no os escucharé. Si percibo que estáis esperando vuestro turno para hablar "de lo vuestro", en lugar de escucharme e interesaros de verdad por mí, no me va a interesar. No esperéis que sea como vosotros. Al menos, no todavía.
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4. No os molestéis en hacer un gran esfuerzo por presentarme a toda la gente de la parroquia. Quizás, un par de personas, a lo sumo, pero por favor, no me hagáis un comité de bienvenida. Estoy aquí como observador. Necesito un poco de espacio y algo de tiempo. Aún no soy "uno de los vuestros".

5. No busco que mostréis un excesivo interés en mí. No quiero sentirme como parte de vuestro proyecto de salvación personal o ser "uno de los que tenéis que convertir". Si Jesús es quien dice que es, entonces estaré deseoso de verlo reflejado en cada uno de vosotros. Así es como funciona, ¿no?

6. Voy a tener muchas preguntas, pero necesito que me digáis la verdad, no vuestras preferencias o vuestros argumentos o lo que piensa personalmente el cura.  Lo cierto es que fui educado en un colegio de curas y mi experiencia es algo negativa. No me gustan los curas. Por favor, sólo me interesa lo que pueda ser de utilidad para mí.

7. Necesito sentirme como en casa. Sentirme bienvenido, acogido y escuchado, pero creo que al final, será "más de lo mismo" ¿Existe un límite de tiempo o algo en mi visita antes de que me vaya a sentir incómodo? Es decir, yo he estado en otras parroquias, y siempre he sentido que aquello no era para mí, que intentaban "lavarme el cerebro". ¿Cuánto tiempo se necesita en vuestra parroquia para que me sienta así?

Perdonar mi falta de tacto. Sé que sabréis comprender mi actitud.

Gracias.

Os veo este domingo en misa.

viernes, 25 de septiembre de 2015

UNA RENOVACIÓN DIVINA: EXPECTATIVAS ALTAS Y CLARAS

“El que no lleve su cruz y venga en pos de mí,
no puede ser discípulo mío.
Porque ¿Quién de vosotros, que quiere edificar una torre,
no se sienta primero a calcular los gastos,
y ver si tiene para acabarla?”
 (Lc 14, 27-28)

Los católicos que se unen a otra comunidad, por lo general, lo hacen en una iglesia que espera más de ellos que la que han dejado. 

Las iglesias sanas y en crecimiento acogen a todo el que llega y son muy claras en sus expectativas, respecto a sus miembros y no temen comunicarlas.
 
Hay cuatro maneras en las que una parroquia puede combinar acogida con expectativas:
  • Baja acogida/Bajas expectativas. La mayoría de nuestras parroquias de mantenimiento: “No eres bienvenido ni te usaremos”. 
  • Baja acogida/Altas expectativas. Extraño que exista porque no tiene sentido: “No eres bienvenido pero te usaremos”.
  • Alta acogida/Bajas expectativas. Se da en muchas parroquias que intentar acoger correctamente. “Eres bienvenido pero no te usaremos para nada”.
  • Alta acogida/Altas expectativas. “Eres bienvenido, creemos que Dios trabajará en ti y a través de ti; lo esperamos y esperamos que tu también lo esperes”.
Las expectativas divinas
Jesús es el modelo perfecto de interrelación entre la acogida y las expectativas. 
Fue el ejemplo supremo de acogida: marginados, cojos, leprosos, pecadores, recaudadores, prostitutas, endemoniados, ricos, pobres…a la mujer del pozo, a Zaqueo, a los samaritanos, a los romanos y a los gentiles…incluso a los niños.

Sus expectativas son:
  • Claras. “El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío” (Lucas 14, 27). Exhorta a los que se le acercan a “sentarse primero” y a calcular el coste de ser discípulo suyo antes de elegir hacerlo.
  • Directas. “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme” (Mt 19,21).
  • Exigentes. Una vez tomada la decisión de ser su discípulo, seguía esperando más: “Al que se le ha dado mucho, se le exigirá mucho; y cuanto más se le haya confiado, tanto más se le pedirá cuentas” (Lc 12,48). No sólo espera que produzcamos fruto sino que aún espera más de los que ya los producen: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto” (Jn 15, 1-2).
  • Individuales y colectivas: La parábola de los talentos (Mt 25, 14-30) ilustra bien este punto. La primera enseñanza de la parábola es que Dios nos ha dado un gran tesoro para que lo administremos. La segunda es que no espera un interés moderado de su inversión, sino que asumamos riesgos para recibir un fruto grande.
Las expectativas parroquiales
Existen, en toda parroquia, cinco expectativas de vital importancia, que deben cumplir tanto los laicos como los sacerdotes (lo que pedimos):
  • Alabar
  • Crecer
  • Servir
  • Conectar
  • Dar
Por otro lado, la parroquia es un lugar donde (lo que ofrecemos):
  • Escuchar misas dinámicas y enriquecedoras
  • Experimentar una transformación
  • Ser valorado y reconocido
  • Usar los dones y talentos que Dios te ha dado
  • Ser amado y apoyado
  • Ser escuchado y atendido
  • Cada opinión es valorada
  • Cada contribución económica es invertida con transparencia.
 


Fuente: "Una renovación divina", P. James Mallon