¿QUIÉN ES JESÚS?

La vida de Jesús siempre ha suscitado preguntas a lo largo de los últimos dos mil años.

¿Cómo pudo un carpintero que fue ejecutado por los romanos convertirse en el hombre más famoso de la historia?
¿Fue Jesús alguien verdaderamente real?
¿Cómo puede Dios ser un hombre al mismo tiempo?
¿De qué manera podría esto tener algún sentido para mi vida?

Estas son algunas preguntas, pero aquí tienes un espacio para formular las tuyas.
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martes, 24 de febrero de 2026

MISA ¿"AD ORIENTEM" O "VERSUS POPULUM"?

 
Con frecuencia, los católicos caemos en una absurda polémica sobre la orientación del sacerdote en la celebración de la misa, entre ad orientem y versus populum, nos posicionamos en una u otra y perdemos la perspectiva de lo que es importante.

Por eso, es necesario definir una y otra opción para la celebración eucarística. Ambas son legítimas y están permitidas por el Misal Romano:

Ad orientem: El sacerdote y la asamblea miran en la misma dirección (con el altar delante) hacia el "Este litúrgico" o hacia el "Sol naciente", que representa a Cristo resucitado, la luz del mundo. Pero:
  • no significa que el sacerdote dé "la espalda al pueblo", sino que, como cabeza de la comunidad, lidera a los fieles hacia el encuentro con Cristo.
  • significa que la Misa es un "volverse" a Dios Padre y no un entretenimiento humano: ese "volverse" representa la conversión (metanoia) al Señor (conversio ad Dominum).  
Versus populum: El sacerdote celebra de frente a los fieles y todos miran hacia el "altar", que representa el monte Calvario y el banquete celestial. Pero:
  • no significa que el sacerdote dé "la espalda a Dios", sino que tanto él como los fieles dejan de mirarse a sí mismos para contemplar la salvación, que se hace presente en el altar como sacrificio vivo, único y eterno ofrecido por el Hijo al Padre. 
  • significa que la Eucaristía es el "lugar de Dios", en el que la asamblea y el Alter Christus dirigen su mirada al "Pan bajado del cielo", quien nos alimenta y nos transforma de nuevo en Su imagen. 
Es importante discernir lo que la Eucaristía no es
  • no es un simple encuentro de creyentes ni una herramienta de cohesión o de autoafirmación comunitaria. 
  • no es un espectáculo social diseñado para entretener o satisfacer emocionalmente a los fieles
  • no es un "teatro" social donde el sacerdote representa un papel y los fieles lo siguen como simples espectadores. 
  • no es un servicio para el bienestar personal o la satisfacción sentimental de los creyentes. 
  • nos es un medio por el que Dios se "humaniza" sino por el que el hombre se "diviniza". 
  • no es una imitación de lo que Cristo dijo a sus apóstoles durante la Última Cena.
La finalidad de la Liturgia es el hombre. La Eucaristía es para el hombre: para su santificación, como alimento espiritual y como comunión con Dios.  

La Eucaristía es la presencia objetiva del Enmanuel (Dios-con-nosotros), hoy, aquí y ahora. Por eso, durante la consagración, el sacerdote no dice "Esto es el cuerpo o la sangre de Cristo". Dice: "Esto es mi cuerpo y mi sangre". No es un símbolo de Cristo sino que es el propio Cristo quien se hace presente por medio del sacerdote, quien actúa "In Persona Christi", pasando de ser un "Alter Christus" (otro Cristo) a un "Ipse Christus" (el mismo Cristo). 
 
Por tanto, no es tan importante la forma en cómo celebramos la misa, sino que su orientación sea siempre hacia Dios y en torno a Él. Cuando todos miramos en la misma dirección, es decir, hacia el Misterio, se elimina la estructura de "espectáculo" o "diálogo circular", desaparecen los protagonismos, tanto del sacerdote como del pueblo, y ambos forman un solo cuerpo que camina hacia el Reino de Dios.

Y así evitamos que la misa se convierta en una "eucaristía ad hominem", enfocada en la psicología humana y el antropocentrismo, para convertirse en una latría, esto es, una adoración debida solo a Dios y una declaración de que todos estamos "en camino" y no hemos llegado aún a nuestra meta definitiva.

En la Misa es importante que no nos quedemos en la "critica específica" de la forma en que celebramos la Eucaristía, sino que pasemos al encuentro sustancial: de lo profano con lo sagrado, de lo natural con lo sobrenatural, de lo humano con lo divino.

En la Liturgia es importante que tampoco nos quedemos en la dimensión horizontal de la Eucaristía, cayendo en la tentación de orientarnos a nosotros mismos, convirtiéndonos en nuestro propio "Oriente", dándonos culto a nosotros mismos, a nuestros sentimientos, a nuestros deseos, sino sobre todo, fijemos nuestra mirada en la dimensión vertical: el infinito amor de Dios hacia el hombre, probado en la cruz.

En la Eucaristía es importante distinguir entre fondo (contenido, ideas, mensaje) y forma (estructura, estilo, modo de expresión) para priorizar la "esencia" sobre los formalismos; el perfume sobre el "frasco", lo extraordinario de lo ordinario.