"En su presencia se inclinen las tribus del desierto;
sus enemigos muerdan el polvo;
los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo.
Los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones;
póstrense ante él todos los reyes, y sírvanle todos los pueblos"
(Sal 71,9-11)
El pasado seis de enero celebramos la Epifanía del Señor, es decir, la manifestación de Dios al mundo. La Iglesia nos invita a meditar el relato evangélico de Mateo 2,1-12 sobre los magos (magoi, en griego, no reyes) que vienen en busca de una estrella.
La estrella muestra un hecho significativo: en el momento del nacimiento de Jesús se produjo una gran conjunción de Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis, y que algunos sostienen sucedió en el año 7 a.C.
La custodia del Santísimo tiene forma de estrella (y de corona de espinas) y su luz representa a Cristo, el Dios encarnado, quien guía a la humanidad en la oscuridad del mundo.
El Ángel representa la voz de Dios, el Espíritu Santo, el mensajero que trae buenas noticias y paz.
El portal de Belén representa a la Iglesia, una gruta iluminada por la luz de Cristo, que nos muestra el camino de la salvación, nos hace coherederos y nos forma en un solo cuerpo.
La Virgen María y san José representan la pureza, la fidelidad y la obediencia a la voluntad de Dios.
El Buey y la Mula representan a la creación natural, calentando con su aliento al Niño.
Los pastores representan a los bienaventurados limpios de corazón y pobres de espíritu que ven a Dios (Mt 5,3.8). Son el pueblo humilde y sencillo que reconoce a Dios.
Los magos representan la universalidad de la salvación. Simboliza a los no judíos, a los gentiles (cf. Ef 3,6), a los cristianos que miran al cielo, que buscan e interpretan los signos de los tiempos a la luz de Dios, que reconocen e identifican la presencia del Reino de Dios en el mundo, que se ponen en camino, que se llenan de alegría, proclaman y adoran al Salvador.
Los regalos manifiestan quién es Jesús. Oro, propio de los reyes y sacerdotes; incienso, en reconocimiento de su divinidad; y mirra, en alusión a su humanidad y el anuncio profético de su pasión y muerte por nuestra salvación.
Herodes representa a aquellos que sienten miedo ante la presencia de Dios y perciben una amenaza a su poder o a su comodidad.
Los sumos sacerdotes y escribas representan a aquellos que aun conociendo las coordenadas del nacimiento del Cristo, son incapaces de comprometerse, de ponerse en movimiento, en acción; ni a dar el gran salto de la conversión.
Los sabios representan a aquellos que guiados por la luz de la razón, dada por la estrella, complementan su saber con la luz de la revelación, dada por la Escritura, y continúan su búsqueda con mayor tesón.
Ser "magos" hoy es buscar y seguir a Cristo, es ponernos en camino. Supone desprendimiento, salir de nosotros mismos y dejar las comodidades y seguridades para abandonarnos en Dios; implica superar nuestros miedos y perezas para aceptar la novedad que Cristo nos ofrece.
Frente al misterio de un Dios hecho carne en la mayor vulnerabilidad y humildad, la respuesta de los "magos", de los cristianos es adorar. Entonces, me pregunto ¿Dónde está Jesús para mí? ¿Dónde lo busco? ¿Dónde lo encuentro? ¿Dónde lo adoro?
El misterio de la Epifanía del Señor es, a la vez, un relato simbólico y prefigurativo, cristológico y eucarístico, con un cierto sabor oriental que nos dirige al Santísimo Sacramento del Altar:
Belén y Eucaristía
Belén (Betlehem) significa en hebreo "Casa del Pan". Jesús se presenta como el alimento que sacia el hambre del mundo. En el Altar, esa promesa se cumple plenamente en la Eucaristía.
Pesebre y Sagrario
Dios elige manifestarse en la pobreza de un pesebre de pajas y madera; hoy elige un trozo de pan y un cofre de metal (el Sagrario).
En la humildad del pesebre, Dios se hace vulnerable como un niño; en la Hostia, se hace frágil al punto de dejarse consumir, guardarse o incluso ser ignorado.
Fe
Los pastores y los magos tuvieron una gran fe para reconocer a Dios en un bebé. Del mismo modo, los cristianos tenemos fe para reconocer a ese mismo Dios bajo las especies del pan y el vino.
Ambos son misterios de anonadamiento (kénosis): Dios se abaja para que no tengamos miedo de acercarnos a Él.
Adoración
La actitud ante el portal debe ser la misma que ante la custodia: la adoración silenciosa. Ante el Santísimo, los cristianos transformamos nuestros corazones en un "Belén actual" donde Jesús nace de nuevo para iluminar nuestras vidas.
Para la reflexión:
¿Qué “estrellas” aparecen en mi vida?
¿Veo la luz de Cristo a través de mis circunstancias y a través de las personas que Dios pone en mi vida?
¿Soy una “estrella” que conduce a Jesús, en mi entorno familiar, laboral, social, eclesial...?
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