¿QUIÉN ES JESÚS?

La vida de Jesús siempre ha suscitado preguntas a lo largo de los últimos dos mil años.

¿Cómo pudo un carpintero que fue ejecutado por los romanos convertirse en el hombre más famoso de la historia?
¿Fue Jesús alguien verdaderamente real?
¿Cómo puede Dios ser un hombre al mismo tiempo?
¿De qué manera podría esto tener algún sentido para mi vida?

Estas son algunas preguntas, pero aquí tienes un espacio para formular las tuyas.

viernes, 28 de agosto de 2026

CONVERSOS EFÍMEROS Y CONVERSOS PERPETUOS

"No sois vosotros los que me habéis elegido,
soy yo quien os he elegido
y os he destinado para que vayáis y deis fruto,
y vuestro fruto permanezca"
(Jn 15,16)

Ya hemos hablado en otras ocasiones sobre los frutos espirituales que producen los retiros kerigmáticos (Emaús, Effetá, Proyecto Amor Conyugal, etc.) en los que la gracia actúa de forma directa e inequívoca, produciendo conversos que llenan las parroquias pero que poco tiempo después, desaparecen, o bien, genera conversos que permanecen en ellas sin compromiso.

Por eso, el foco hay que ponerlo, no tanto en si el método da frutos (que los da), sino en si éstos son duraderos y permanecen:

No es un problema de método sino de disposición: la individual del que ha experimentado un encuentro real con Cristo pero que pierde "efervescencia" con el paso de las semanas y todo queda en un bonito recuerdo; y la comunitaria de la parroquia que ofrece sacramentos y documentos pero no pastorales de formación y crecimiento espiritual a los "recién llegados".

No es un fenómeno nuevo: Jesús ya lo describió en la parábola del sembrador. Tres cuartas partes de la semilla que cae se pierde (Mt 13, 4-7; 20-22): la que cae al borde del camino (inconstancia), la que cae en terreno pedregoso (desarraigo) y la que cae entre abrojos (emotivismo). El problema nunca es la semilla. Es la tierra. Y preparar la tierra no es tarea del retiro: es tarea de la comunidad parroquial que recibe al converso el lunes siguiente.
No es una experiencia emotiva: los métodos de primer anuncio, en los que las emociones tienen un peso importante (que no son en sí mismas, malas), pueden tener un grave riesgo: el de un reduccionismo "emotivista" de la fe.

No es un consumo de experiencias espirituales: Esta fe reducida a la emotividad produce "conversos perpetuos" (o "servi-caminantes") que se mantienen en el tiempo pero que no adquieren compromiso. 

Son "consumidores de experiencias de impacto y buscadores insaciables de la complacencia espiritual" que van de retiro en retiro, tratando de revivir el fogonazo inicial, pero sin comprometerse en la vida comunitaria y que convierten el camino en una rotonda en la que giran una y otra vez, sin avanzar hacia ninguna parte.

Y es que el kerygma nunca sobra; lo que falta es "el después". Sabemos organizar retiros de fin de semana inolvidables pero quizá no sabemos qué proponerle al converso de "vuelta a Jerusalén". El primer anuncio enciende; el catecumenado inicia; el discipulado sostiene

Por todo ello, sin un proceso temporal de formación doctrinal para recibir los sacramentos de iniciación cristiana (catequesis) y sin un estilo de vida permanente de seguimiento, imitación y obediencia a Jesucristo (discipulado), el encuentro se convierte en una hoguera de mucha llama y poca brasa, de mucho humo y poco calor, de mucha efervescencia y poca consistencia.
Por eso, no nos cansaremos nunca de señalar la necesidad de proponer al "converso" pastorales de catecumenado, de discipulado y de acompañamiento espiritual para que vayan del "flechazo a la boda" pasando primero por el "noviazgo".

Porque el mandato de Jesús no fue "provocad experiencias" ni "generad emociones", sino "haced discípulos", "bautizad" y "enseñad" (Mt 28,19-20). 

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