"Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice
'dame de beber', le pedirías tú, y él te daría agua viva"
(Jn 4,10)
Hoy meditamos el pasaje evangélico de Jesús y la samaritana (Jn 4,5-42) en Sicar, una ciudad de Samaria, tierra considerada impura por los judíos, en el que se nos muestra un profundo encuentro de la misericordia divina con la miseria humana.
El Señor, rompiendo barreras culturales, sociales y religiosas, se acerca al ser humano en su fragilidad (encarnándose) para ofrecerle una "fuente de agua que salta hasta la vida eterna".
Dios se acerca a nuestros "pozos materiales", a nuestras miserias profundas y estancadas, a nuestros deseos insatisfechos y frustrados para ofrecernos la plenitud.
El pozo de Jacob (o de Sicar)
El pozo de Jacob representa la antigua alianza y la tradición recibida de los patriarcas. Bíblicamente, el pozo representa el lugar del encuentro de los esposos (Isaac y Rebeca, Jacob y Raquel, Moisés y Séfora).
Jesús es el "nuevo esposo" que viene a restaurar la fidelidad de su pueblo (la Iglesia/la Esposa), que había ido tras "cinco maridos" (idolatría/infidelidad).
La iniciativa de Jesús: "Dame de beber"
Jesús llega cansado y sediento al mediodía (a la hora sexta), cuando más "pega" el sol, cuando nadie sale al exterior. Se encuentra con una persona que sale precisamente a esa hora para que nadie la vea. Y Jesús toma la iniciativa: Su petición "dame de beber" no es solo física; es una pedagogía de amor.
Al pedir por una necesidad física, Jesús se muestra vulnerable y cercano con el propósito de abrir el corazón de la mujer (el nuestro) y revelarle que, en realidad, es Él quien desea saciar su sed espiritual, su anhelo de eternidad.
El "agua viva del manantial " frente al "agua estancada del pozo"
Tradicionalmente, el nombre de Sicar se asocia al concepto de "algo obstruido", "estancado" o "atascado". El encuentro de Jesús en ese lugar simboliza el acto de "desatascar" el corazón obstruido del ser humano para que la gracia pueda fluir de nuevo:
- v. 13: "el que beba de esta agua volverá a tener sed". El agua del pozo simboliza los deseos humanos y materiales que, una vez conseguidos, vuelven a aparecer porque nunca sacian por completo.
- v. 14: "pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed...se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna". El agua viva del manantial simboliza el Espíritu Santo y la gracia divina que purifica, da vida y ofrece una amistad eterna con Dios que comienza aquí y ahora.
La respuesta humana a la llamada divina
El encuentro con Jesucristo nos interpela a dar una respuesta, en el uso de nuestra libertad, ya sea afirmativa o negativa.
- v. 15: "Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla". La mujer samaritana responde movida por un anhelo interior de felicidad infundido por Dios en el alma humana.
La Verdad que libera: Los cinco maridos
Cuando Jesús le pide llamar a su marido (v. 16), no lo hace para condenarla, sino para que ella reconozca su realidad.
- v. 16-18: Los "cinco maridos" simbolizan:
- formas erróneas con las que se busca satisfacer el ansía de felicidad sin encontrarla (dinero, prestigio, placer, emotividad, éxito, etc.).
- cinco dioses: según la Biblia, cuando los asirios conquistaron Samaria, la repoblaron con gente de cinco naciones distintas, cada una con sus propios dioses o ídolos (2 R 17,24-31).
- infidelidad espiritual: El sexto "marido" (el actual, que no es su marido) representaría el culto impuro o la situación de Samaria en tiempos de Jesús. Conocían a Yahvé, pero su relación con Dios no era la alianza "esponsal" verdadera.
- situación personal de la mujer que implica viudedad o repudio.
Al verse conocida y amada a pesar de su pasado, la mujer experimenta una sanación profunda y una restauración de su propósito.
Adoración en Espíritu y en Verdad
Jesús eleva la conversación de una disputa sobre lugares de culto geográficos (Garizim vs. Jerusalén) a la esencia del corazón.
- Adorar en Espíritu: significa que el culto a Dios ya no depende de un templo físico o de una ubicación geográfica. Dios es espíritu, y la conexión real sucede en el corazón humano, movida por el Espíritu Santo. La verdadera adoración nace de una relación auténtica y sincera con Dios, no de actos mecánicos o tradicionales.
- Adorar en Verdad: significa presentarse ante Dios sin máscaras. Así como la mujer tuvo que admitir su realidad ("No tengo marido"), el verdadero adorador reconoce su necesidad de Dios. Adorar en verdad también significa adorar de acuerdo con la revelación completa de Dios en Jesucristo, quien es "la Verdad" (Jn 14,6).
De marginada a evangelizadora
Al comprender que Dios no busca sacrificios externos sino corazones honestos y al reconocer la identidad mesiánica de Jesús ("Yo soy, el que habla contigo"- Jn 4,26), la samaritana experimenta una transformación radical.
El cántaro, símbolo de su vida pecaminosa, de sus afanes materiales, de su identidad marginada, sin duda, sería pesado y le habría impedido correr hacia la ciudad. Por eso:
- Deja su cántaro, que representa un cambio:
- de prioridades: la gracia y la revelación recibidas de Jesús han hecho que priorice su necesidad espiritual a su necesidad material.
- de vida: el encuentro con el Esposo ha "reseteado" su vida, cobrando un nuevo sentido y dejando atrás a sus "maridos".
- de identidad: la nueva identidad en Cristo ha transformado su identidad de mujer marginada, pecadora e impura.
- Corre a su pueblo, que representa:
- la urgencia del testimonio y el entusiasmo de la conversión. Al igual que los discípulos dejaron sus redes para seguir a Jesús y los dos de Emaús dejaron su aldea para ir a Jerusalén a contar que Jesús había resucitado, la samaritana deja su "antigua vida" para ir corriendo a su pueblo y compartir su descubrimiento.
- Anuncia lo que Jesús le ha dicho, que representa:
- la actitud misionera. Se convierte en testigo de Cristo y en la primera evangelizadora de Samaria. Su testimonio transforma a toda la comunidad, demostrando que Dios utiliza a los instrumentos más inesperados para su misión.