¿QUIÉN ES JESÚS?

La vida de Jesús siempre ha suscitado preguntas a lo largo de los últimos dos mil años.

¿Cómo pudo un carpintero que fue ejecutado por los romanos convertirse en el hombre más famoso de la historia?
¿Fue Jesús alguien verdaderamente real?
¿Cómo puede Dios ser un hombre al mismo tiempo?
¿De qué manera podría esto tener algún sentido para mi vida?

Estas son algunas preguntas, pero aquí tienes un espacio para formular las tuyas.
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viernes, 19 de junio de 2026

MONOPOLIOS PARROQUIALES DE LAICOS CLERICALIZADOS

"En tantos años como te sirvo, 
sin desobedecer nunca una orden tuya, 
a mí nunca me has dado un cabrito 
para tener un banquete con mis amigos; 
en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo 
que se ha comido tus bienes con malas mujeres, 
le matas el ternero cebado"
(Lc 15,29-30)

La parroquia es esa gran comunidad donde todos caben y a todos se acoge: al que empieza y al que lleva toda la vida, al niño y al anciano, al nacional y al que vino de lejos, al rico y al pobre. 

La parroquia es de todos. No importa de dónde eres sino adónde vas. Todos tienen cabida: el más tradicional y el que busca renovación, el que está en un grupo pastoral y el que no tiene ni idea de qué es eso.

Sin embargo y por desgracia, existe un mal endémico en muchas de nuestras comunidades parroquiales, una forma de "clericalismo laical" y de "monopolio parroquial": feligreses "de toda la vida" que se apropian o se adueñan de las parroquias y tratan de monopolizar las decisiones, actividades y los espacios parroquiales, impidiendo que la comunidad sea un lugar abierto y acogedor. 

Quiénes son y cómo lo hacen
Son feligreses que llevan décadas en la parroquia y que, con el tiempo, desarrollan un sentido de propiedad exclusivo sobre todas las actividades pastorales como la liturgia, la catequesis, el coro, la administración económica, etc.
  • Sabotean o rechazan las nuevas iniciativas, ahuyentan a la gente joven o a los grupos pastorales y exigen trato de preferencia. 
  • Asumen roles de liderazgo no para servir al prójimo, sino para ejercer un poder autoritario que busca estatus, privilegios y control. 
  • Confunden el servicio a Dios y al prójimo con el derecho de propiedad, bloqueando el relevo generacional y la entrada de nuevas pastorales.
  • Convierten la parroquia en un club social cerrado que repite siempre las mismas actividades y pierde su sentido misionero.
  • Generan conflictos internos, bandos, divisiones y chismes que destruyen la convivencia fraterna.
  • Se olvidan del mandamiento nuevo de Jesús (Jn 13,34-35): la caridad con el hermano.
 
Qué dice la Iglesia Católica al respecto
La Iglesia Católica condena con firmeza la actitud de los laicos que actúan como "dueños" de las parroquias. Tanto el Magisterio de los últimos Papas como el Derecho Canónico dejan claro que los carismas y ministerios son para servir, no para acumular poder ni adueñarse de las estructuras.
El Papa Francisco criticó duramente esta actitud en repetidas ocasiones, advirtiendo que las parroquias no deben convertirse en "aduanas pastorales" ni en el jardín privado de unos pocos.  Cuando un laico se adueña de un espacio, se "clericaliza". En su exhortación Evangelii Gaudium, señala que:
  • la parroquia debe ser un centro de constante envío y no una "estructura caduca" que se aísla de la gente (EG 28).
  • La parroquia debe ser una "casa paterna donde hay lugar para cada uno" (Lc 15,11-32) y no un club selecto con derecho de admisión (EG 47)
  • buscar el poder, la vanagloria o el control dentro de la Iglesia es una forma de mundanidad que destruye la misión evangelizadora (EG 95)
El Código de Derecho Canónico establece que el gobierno de una parroquia corresponde únicamente al párroco, bajo la autoridad del obispo: 
  • El canon 536 establece que los laicos aconsejan, no mandan; participan a través de los consejos pastorales y económicos, pero estos órganos son consultivos, no deliberativos. Ningún grupo de laicos tiene la facultad jurídica de imponer normas, horarios o prohibiciones por encima del párroco o del derecho eclesial.
  • El canon 213 establece que los fieles tienen derecho a recibir de los pastores los auxilios de los bienes espirituales de la Iglesia. Un grupo que bloquea o dificulta el acceso a la formación, a la liturgia o a los sacramentos está violando los derechos fundamentales de los demás bautizados.
La Congregación para el Clero del Vaticano publicó una instrucción específica titulada "La conversión pastoral de la comunidad parroquial al servicio de la misión evangelizadora de la Iglesia" que aborda directamente el problema:
  • El número 44 advierte contra el peligro de que las parroquias se vuelvan "autorreferenciales" o se congelen en estructuras rígidas controladas por unos pocos.
  • El número 38 exige que los laicos que asumen responsabilidades lo hagan con espíritu de comunión y de integración, evitando crear "feudos" o grupos cerrados que impidan la participación de nuevos fieles.
El Concilio Vaticano II recordó que, por el Bautismo, todos los fieles tienen la misma dignidad y el mismo derecho a participar activamente en la Iglesia. Ningún fiel tiene "más derechos" que otro dentro del templo por el simple hecho de llevar más años, haber donado más dinero o tener más cercanía con el sacerdote. Los carismas caducan y deben renovarse para dar paso al Espíritu Santo.
Qué hacer
Para abordar esta situación sin dividir más a la comunidad, se deben activar mecanismos internos de diálogo, estructura y normas diocesanas:
  • Acudir siempre al párroco: El sacerdote es la máxima autoridad jurídica y pastoral de la parroquia. Él debe conocer el malestar general para poner límites y evitar que estos laicos actúen como filtros de la comunidad.
  • Acudir al Consejo Parroquial:  Proponer la rotación de cargos en las actividades pastorales (de catequesis, liturgia, Cáritas, etc.) y que tengan un límite de tiempo fijo. 
  • Acudir a la Diócesis: Si el párroco tolera o teme a este grupo de laicos y no actúa, la comunidad tiene el derecho de redactar una carta formal y respetuosa al Vicario Episcopal de la zona o al Obispo, firmada por varios feligreses, detallando cómo este grupo daña la evangelización.
  • Evitar la confrontación: Los grupos cerrados se fortalecen cuando se sienten atacados. Es mejor desarmar sus argumentos con propuestas constructivas basadas en los documentos del Papa Francisco sobre una Iglesia abierta y "en salida".
  • No abandonar la parroquia: El alejamiento de los feligreses descontentos es exactamente lo que estos grupos buscan para mantener su control absoluto. La persistencia pacífica termina por desgastar los monopolios.