¿QUIÉN ES JESÚS?

La vida de Jesús siempre ha suscitado preguntas a lo largo de los últimos dos mil años.

¿Cómo pudo un carpintero que fue ejecutado por los romanos convertirse en el hombre más famoso de la historia?
¿Fue Jesús alguien verdaderamente real?
¿Cómo puede Dios ser un hombre al mismo tiempo?
¿De qué manera podría esto tener algún sentido para mi vida?

Estas son algunas preguntas, pero aquí tienes un espacio para formular las tuyas.
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viernes, 16 de enero de 2026

EVANGELIZAR ES NAVEGAR A VELA, NO REMAR

Hoy me he levantado con aires marineros y por ello, quiero compartir un símil náutico para explicar algunos aspectos espirituales de la evangelización.

Evangelizar es como navegar a vela: cuando sopla el viento, con el mar agitado o no, nuestro velero avanza "a toda vela". Pero en algunas ocasiones, nos encontramos en medio del océano con el mar en calma y con ausencia total de viento. 

Por ello, necesitamos tener en cuenta los diversos factores que intervienen en la "navegación espiritual": la calma chicha, el viento favorable y los vientos contrarios, las velas, el timón, la quilla y la orza y, por supuesto, la brújula y el puerto de destino.

La "calma chicha": preparar aparejos
En el mar, la "calma chicha" es la ausencia total de viento y de oleaje. En la evangelización, es el momento de sequía espiritual, pero también de escucha.

Cuando aparece la "calma chicha espiritual", la tarea de los marineros consiste en no desesperar ni abandonar la misión, sino seguir siendo fieles al Señor y preparar sus almas para cuando el "viento" vuelva a enviar sus mociones: 
  • limpiar la cubierta y ordenar los camarotes: confesión y eucaristía
  • comprobar el estado de las velas y de los aparejos: oración y vida interior
  • consultar las cartas de navegación y la brújula: dirección y formación espiritual y bíblica
El viento favorable: barlovento, sotavento y el "efecto venturi" 
El viento no se puede controlar ni fabricar; no se puede predecir totalmente ni variar su dirección; solo se puede recibir. Por todo ello, el "marinero" debe saber distinguir entre mantenerse a barlovento o a sotavento:
  • Barlovento: el lado expuesto por donde viene el viento. Es la zona de compromiso, donde el alma se expone a la moción de Dios. "Mantenerse a barlovento", es vivir de cara a la voluntad de Dios, a pesar de las condiciones del mar y del viento.
  • Sotavento: el lado protegido por donde no sopla el viento. Es la zona de confort, donde el alma se paraliza ante el deseo personal. "Mantenerse a sotavento", es vivir de cara a la propia egoísmo, a causa de las condiciones del mar y del viento.
El protagonista invisible de nuestra navegación, el Espíritu Santo "sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adonde va" (Juan 3,8). Sus mociones "a barlovento" nos mueven hacia el rumbo correcto sin que nosotros las hayamos planeado. 
  • El "efecto venturi" de la gracia Físicamente, la vela no solo es "empujada" por el viento, sino que crea una diferencia de presión que "succiona" el barco hacia adelante. 
El Espíritu Santo no solo nos empuja externamente con mandamientos sino que crea un vínculo de amor en nuestro interior que nos atrae hacia el bien. No es una carga que arrastramos, sino una fuerza que nos aspira y nos hace avanzar de forma segura hacia la plenitud

Vientos contrarios: técnicas de navegación
Pero no todo el viento que sopla es favorable: hay ráfagas que pueden desviar el barco de su rumbo, tempestades que pueden complicar la navegación o huracanes que pueden hacernos zozobrar.

Por eso, el "marinero evangelizador" necesita discernimiento de espíritus: distinguir el "viento favorable del Espíritu Santo" (mociones que traen paz, armonía, orden y humildad) de los "vientos contrarios" del ego o del entorno hostil (impulsos que traen inquietud, soberbia, caos o desorden).

Cuando el viento es contrario (hostilidad propia o ajena), el discernimiento nos ofrece las distintas técnicas náuticas para una buena navegación:
  • navegar "en ceñida": maniobra por la que se avanza haciendo zigzag (bordadas), dando pequeños giros de timón para cambiar de ángulo, sin perder el impulso. El avance es indirecto pero constante, transformando la resistencia en energía. Representa evitar las tentaciones y conseguir pequeñas metas en nuestra misión espiritual.
  • virar por avante: maniobra que realiza un cambio suave de rumbo para colocar la proa al viento. Representa los pequeños cambios y ajustes de conducta que adoptamos como "hábitos espirituales" de forma sosegada y tranquila.
  • trasluchar: maniobra más brusca y técnica por la que se vira en redondo. Si no se hace con técnica (discernimiento), la botavara puede golpear fuerte; si se hace bien, el barco gana una velocidad impresionante hacia un nuevo rumbo. Representa las grandes conversiones o cambios de vida radicales inspirados por el Espíritu. 
Las velas y su trimado
El objetivo de las velas es capturar y aprovechar la fuerza del viento. Si las velas están recogidas, el viento pasa de largo sin generar movimiento. Si están desplegadas, el velero navega por la acción del viento.

Nuestras "velas" son los dones del Espíritu Santo. No son el viento, sino la capacidad que tenemos de recibir su fuerza. Necesitamos tenerlas desplegadas para "navegar" sin esfuerzo aparente.

Sin embargo, no basta una sola vela para surcar el océano del apostolado. Cada "vela" (don) captura el viento de forma distinta según la necesidad:
  • la "vela" de Consejo ayuda a maniobrar en pasos estrechos (decisiones difíciles).
  • la "vela" de Fortaleza es la vela "tormentina", pequeña pero resistente, que mantiene el rumbo cuando hay tempestad (tentaciones y problemas).
  • la "vela" de Sabiduría es la vela mayor, la que da la fuerza principal y el sabor del viaje, permitiéndonos "gustar" el aire salino del Espíritu.
El arte de "navegar a vela" consiste en "trimar" las velasajustar la tensión y el ángulo de la vela para aprovechar hasta la brisa más leve. Nuestro trimado de velas es el compromiso y la dedicación.
 
El timón: lo que nos sostiene
La evangelización es una sinergia: el Señor no navega por nosotros, navega con nosotros (Enmanuel, Dios-con-nosotros). 

Por ello, el "timonel" debe sostener el timón para que el impulso lleve el velero por el rumbo correcto y no le haga naufragar. Nuestro timón representa una fe dócil y humilde. Un "maestro timonel", cuando siente el más mínimo cambio en la dirección del viento, ajusta su voluntad inmediatamente para captarlo. 

Dejar que el "viento sople" (que el Espíritu Santo actúe) no significa "no hacer nada". Implica colaborar con Él, aprovechando completamente toda su potencia para desplazarnos
  • el viento pone la fuerza (la gracia) para realizar una "faena náutica"
  • el timonel está atento (docilidad y humildad) 
  • el capitán mantiene la vista en la brújula (la razón iluminada por la fe) 
  • los marineros despliegan y triman las velas (compromiso, dedicación).
La quilla y la orza: lo que no se ve
Debajo del agua, el velero posee una quilla pesada que evita que el viento lo vuelque o lo hunda; y una orza que convierte el empuje lateral del viento en movimiento hacia adelante. 

Nuestra quilla es la vida interior (oración y sacramentos) y nuestra orza, la formación (discipulado y dirección espiritual). Cuanto más viento (gracia y dones) recibe un velero, más quilla y más orza necesita para no llenarse de soberbia o egoísmo y zozobrar. 

Los remos: lo que no se debe utilizar
Cuando no sopla el viento, tenemos la tentación de arriar las velas para utilizar los remos (perfeccionismo, activismo y egoísmo) y "faenar en modo humano".

Es entonces cuando el velero se convierte en una galera de esclavos (de sus propios egoísmos) que navega sólo a base de esfuerzo humano y sin la acción del viento (la gracia); es cuando los marineros se convierten en "remeros" que toman sus propias decisiones y marcan el ritmo, miran al suelo mientras reman con fuerza para avanzar, pero el progreso se torna lento, agotador y limitado, porque no sienten en cubierta la suave brisa del Espíritu.
 
Remar en un velero es pretender servir a Dios sin Dios, es evangelizar cerrados a la gracia, es poner resistencia al Espíritu Santo, es poner el velero contra el viento y que conduce al cansancio, a la frustración y al abandono. 

La brújula: lo que nos guía
Una brújula náutica es un instrumento del capitán del barco que utiliza el magnetismo para encontrar el norte y conseguir orientarse. 

La brújula espiritual no es solo una orientación sobre dónde estamos, sino hacia dónde debemos ir; es una guía hacia el "Verdadero Norte":
  • Jesús (la Palabra de Dios) es la aguja imantada que siempre apunta hacia el Padre, el modelo para que el "marinero espiritual" avance en el rumbo y la dirección correcta (la salvación y el cielo). 
  • la conciencia es la ley natural "tatuado" en el corazón del marinero que le ayuda a identificar el rumbo y  a realizar las maniobras correctas (moral) en lugar de dejarse llevar por las corrientes marinas (tentaciones o distracciones mundanas).
Los cuatro puntos cardinales representan la interconexión entre todos los rumbos posibles y la libertad del ser humano para elegir el correcto, recordando que siempre existe un punto de retorno (el eje central) al cual volver si se siente perdido.

El "buen puerto": nuestro destino
El puerto es nuestro objetivo o destino final: cumplir la voluntad de Dios de salvarnos y estar en comunión eterna con Él. 

Para llegar a este "buen puerto" necesitamos ser dóciles a la "acción" del viento (Espíritu Santo y utilizar la brújula (seguir a Cristo). 

Como conclusión, navegar a toda vela no consiste en remar, sino en aprender a trimar y a desplegar mejor las velas, a manejar correctamente el timón y todos los aparejos, consultar la brújula y permitir que sea la "brisa" de la gracia quien nos lleve a donde Dios quiera, es decir, a un puerto que nunca alcanzaríamos remando solos: el cielo.