"Sentado a la mesa con ellos,
tomó el pan,
lo bendijo,
lo partió y
se lo dio"
(Lc 24,30)
El pasaje de los discípulos de Emaús (Lc 24,13-35) es una de las principales catequesis sobre la Eucaristía que reproduce de forma exacta la estructura de la Santa Misa: la Liturgia de la Palabra (el corazón que arde), la Liturgia Eucarística (la fracción del pan) y el Envío (el regreso a Jerusalén).
Su culmen es cuando Jesús y los dos discípulos se sientan a la mesa y a través de cuatro verbos eucarísticos, Cristo, "el pan del cielo" (Jn 6,51; Sal 78,24-25), transforma el gesto litúrgico y sacramental en un verdadero itinerario de la identidad y la vocación cristiana:
"Tomó el pan"
Los cristianos somos tomados, elegidos, llamados. Antes de ser cualquier otra cosa, somos buscados y separados por Dios. No por méritos propios, sino por puro amor.
Ser "tomado" significa descubrirse como un ser único y valioso; significa saberse amado y sostenido en las manos del Creador.
"Lo bendijo"
Los cristianos somos bendecidos, capacitados, cualificados.
La palabra "bendecir" proviene del latín bene-dicere, que significa "hablar bien". Al bendecirnos, Dios afirma nuestra bondad original, derrama su gracia sobre nuestra fragilidad y nos cristifica.
No nos llama porque estemos preparados sino que nos capacita y nos cualifica a través de su bendición para que podamos llevar a cabo lo que nos pide.
"Lo partió"
Los cristianos somos quebrantados, debilitados, humillados.
Esta es, quizás, la dimensión más misteriosa y difícil de asimilar. El pan entero no puede alimentar a una multitud; necesita ser partido. De igual manera, el cristiano experimenta la herida, el sufrimiento, la limitación o la humillación.
Dios no parte para destruir, sino para romper nuestro egoísmo y nuestra autosuficiencia, volviéndonos más empáticos, compasivos y capaces de comulgar con el dolor ajeno.
"Lo dio"
Los cristianos somos dados, entregados, enviados.
El culmen de la vida cristiana no es la santidad aislada, sino el servicio por la salvación de los demás.
Una vez tomados, bendecidos y partidos, nuestra vida se convierte en alimento para otros, se transubstancia en eucaristía y somos enviados al mundo para gastarnos y desgastarnos por el prójimo.
La vida encuentra su verdadero sentido no en lo que retiene, sino en lo que dona.
Al igual que a los discípulos de Emaús, este proceso nos recuerda que estamos llamados a encarnarnos en una "vida eucarística" que se ofrece por la salvación del mundo.
Cómo vivir el "Ser tomado"
Los cristianos debemos reconocer a las personas con las que nos cruzamos que ellos también han sido "tomados" y amados por Dios, y por tanto, tratarlas como hijos de Dios.
Cómo vivir el "Ser bendecido"
Los cristianos debemos salir de la queja y la crítica para elogiar, agradecer y resaltar lo bueno que hay en nosotros y en las personas que nos rodean.
Cómo vivir el "Ser partido"
Los cristianos debemos abrazar nuestra vulnerabilidad para volvernos más compasivos con el sufrimiento de los demás, pedir perdón y dejarnos corregir con humildad.
Cómo vivir el "Ser dado"
Los cristianos debemos vivir para servir, para dar nuestro tiempo, nuestros talentos o nuestros bienes materiales a quien lo necesita, siendo presencia que alivie la carga de los demás.
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