¿QUIÉN ES JESÚS?

La vida de Jesús siempre ha suscitado preguntas a lo largo de los últimos dos mil años.

¿Cómo pudo un carpintero que fue ejecutado por los romanos convertirse en el hombre más famoso de la historia?
¿Fue Jesús alguien verdaderamente real?
¿Cómo puede Dios ser un hombre al mismo tiempo?
¿De qué manera podría esto tener algún sentido para mi vida?

Estas son algunas preguntas, pero aquí tienes un espacio para formular las tuyas.
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domingo, 27 de septiembre de 2026

¿QUIÉN ES JESÚS PARA MI?

"Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?"
(Mt 16,15; Mc 8,29; Lc 9,20)

Jesús nos lanza una pregunta directa, ¿Quién soy yo para vosotros?. Un interrogante que no se responde recurriendo a los datos sobre su historicidad, sino examinando la relación personal y cotidiana que decidimos construir con Él. 

Cristo no nos plantea un exámen de teología sino una invitación a profundizar en nuestra alma y a definir nuestras prioridades. No quiere una respuesta "correcta" sino honesta. No quiere saber una opinión ajena sino la convicción y el compromiso que tenemos sus discípulos. 

En una sociedad actual saturada de información, de opiniones ajenas y de verdades subjetivas, la pregunta nos invita a definir nuestro conocimiento de Cristo va más allá del "que dirán", de las creencias heredadas o de las costumbres culturales, nos obliga a cuestionarnos si nuestra fe en Cristo se basa en una idea recibida o en una experiencia personal.

Hoy, nadie niega la historicidad de Jesús pero muchos le ven simplemente como un gran maestro de moral, un filósofo, un curandero o un revolucionario pacífico. La pregunta rompe esa distancia cómoda: nos fuerza a decidir si solo le admiramos desde la distancia de una creencia cómoda o si asumimos el compromiso radical de seguirlo.

¿Quién es Jesús para mí?

En mis momentos de silencio y de paz, eres  mi amigo y confidente, el que me conoce por completo (mejor que yo mismo), el que sabe mis secretos.

Tú no pretendes que yo sea tu esclavo. No quieres mi obediencia ciega nacida del miedo; sino mi confianza nacida del amor. Buscas una relación de amistad profunda, íntima y sincera conmigo. Tú ya conoces todo de mi y, aun así, eliges llamarme tu amigo: 

"Ya no os llamo siervos, 
porque el siervo no sabe lo que hace su señor: 
a vosotros os llamo amigos, 
porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer" 
(Jn 15,15)
En mis problemas y dificultades, eres mi alivio y mi descanso, a quien entrego las cargas que no puedo llevar solo y las preocupaciones que me agobian. Tú eres mi paz en la tempestad, mi sosiego en la tormenta.

No me pides que lo haga todo bien ni que finja que puedo con todo. Me pides que te entregue mis problemas para aliviarme: 

"Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, 
y yo os aliviaré" 
(Mt 11,28)
En mis heridas y errores, eres mi defensor, el que se interpone entre mis actos y mis enemigos; el que no me señala ni condena, el que me levanta cuando tropiezo y el que me da la fuerza para empezar de nuevo.

No me acusas ni me condenas como hace el mundo o mi propia conciencia. Me ofreces tu misericordia, me levantas y me das una nueva oportunidad. Tampoco me dices "no pasa nada" relativizando mi error, sino que Tu gracia me da la fuerza para cambiar: 

"Tampoco yo te condeno. 
Anda, y en adelante no peques más" 
(Jn 8,11)
En mi día a día, eres mi guía y mi Señor, el motor de mis actos y mis decisiones, el que me marca el camino a seguir y dirige mis pasos. Eres el espejo en el que quiero mirarme para aprender a amar, a perdonar y a servir al prójimo.

Quieres vivir en mi para que no me definan mis errores ni mis debilidades, sino por el valor que Tú me has dado al morir por mi: 

"Vivo, pero no soy yo el que vive, 
es Cristo quien vive en mí. 
Y mi vida de ahora en la carne, 
la vivo en la fe del Hijo de Dios, 
que me amó y se entregó por mí" 
(Gal 2,20)

Tú, Señor, lo eres todo para mí. 
Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo

jueves, 4 de agosto de 2022

MEDITANDO EN CHANCLAS (4): ¿QUIEN DECÍS QUE SOY YO?

"Tú eres el Mesías, 
el Hijo del Dios vivo" 
(Mt 16,13-16)

La nueva alianza que anuncia Dios por medio del profeta Jeremías en la primera lectura de hoy, se cumple plenamente con la llegada del Mesías prometido, Jesucristo y así nos lo muestra el evangelista Mateo.  

Sin embargo, muchos no le reconocen porque, ante la pregunta de Jesús "¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?", los apóstoles le contestan que la gente no lo tiene claro, pues dicen que es Juan el Bautista, Elías, Jeremías o un profeta. 

Jesús rehace la pregunta para dirigirla a sus discípulos: ¿Y vosotros, quién decís que soy yo? Y Pedro, con su habitual impetuosidad, hace una confesión de fe: "Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo". Ante esta declaración rotunda de Simón, movido por el Espíritu Santo, Jesús funda su Iglesia sobre la base petrina y le pone a la cabeza de ella, explicando todo lo que va a suceder y lo que ha de padecer, su muerte y su resurrección.

Pero parece que Pedro, aún cuando ha declarado la condición mesiánica de Jesús, no lo tiene claro, pues intenta cambiar la voluntad de Dios negando que Jesús tenga que padecer. Es un anticipo del negacionismo de Pedro, al que el Señor responde con dureza.

Veinte siglos después de esta escena, seguimos sin tener claro quién es Jesucristo. Muchos dicen que un hombre bueno, un gran pacifista, un sabio...Para otros, Cristo es una figura histórica relevante pero lejana, que vivió y murió en el primer siglo de nuestra era...  

Le dan por muerto y no permiten que grabe esa alianza de amor en sus corazones, anunciada en la profecía de Jeremías y pedida en el Salmo 50 . 

Han renunciado a Dios y han rechazado ser su pueblo, su Iglesia. Y como en la parábola del hijo pródigo (Lc 15,11-32) han pedido su herencia, se han marchado a un país lejano y se han alejado del Padre.

¿Quién digo yo que eres, Señor?, me preguntas y me comprometes. Me ofreces tu corazón, tu cruz y tu amistad. Y me preguntas quién eres Tú para mí.

¡Tú eres, Señor, el Mesías, el Hijo del Dios vivo! Tú lo eres todo para mí. Tú eres mi maestro, mi rey, mi amigo. Me has mirado, has dicho mi nombre y me has enamorado. Porque sólo quien está enamorado, enamora. Y tú me quieres. 

Así te anuncio, Señor: el Amor con mayúsculas, la alianza eterna de Dios con los hombres, nuestro Salvador...

Señor, dame la facultad de pensar como tú y no como los hombres. Permíteme escuchar de tus labios tu bienaventuranza. Y sobre todo, Señor, que se cumpla siempre tu voluntad.



JHR


sábado, 25 de septiembre de 2021

Y TÚ ¿QUIEN DICES QUE SOY YO?

"¿Quién dice la gente que soy yo?
Y vosotros, ¿Quién decís que soy yo?"
(Lc 9,18 y 20)

Jesús, con su magistral y divina pedagogía, nos interpela a menudo más con preguntas que con indicaciones doctrinales propiamente dichas. A través de su Evangelio, nos hace a todos sus discípulos dos "preguntas", una "advertencia" y una afirmación.

"¿Quién dice la gente que soy yo?". El Señor no está preocupado por el concepto que la gente tenga de Él ni porque quiera agradar a todos. Tampoco porque sea resultadista. Más bien, su pregunta es retórica y pone en evidencia una realidad: que muchas personas viven de espaldas a Él, como si Dios no existiera. En realidad, nos está llamando a la misión, a ser sus testigos en un mundo secularizado y alejado de Dios. 

"Y vosotros, ¿Quién decís que soy yo?". Antes de enviarnos al mundo, Jesús nos prueba y nos prepara, dirigiéndose a cada uno de nosotros de una forma directa y personal...nos habla de corazón a corazón. No se trata de un examen de Teología ni tampoco tengo que contestar de una forma "intelectual", "racional" o "correcta". 

¿Quién es Cristo para mí? me hace reflexionar y discernir, me hace profundizar en cómo es mi fe: ¿Es tan sólo una "buena idea" o el centro de mi vida? ¿Es una convicción privada o una persona con quien tengo una relación? ¿Es irrelevante o importante para mí? ¿Le hablo a diario o me conformo con visitarle de vez en cuando? ¿Creo o finjo "creer"? 
"No se lo digáis a nadie". Cristo no se queda en la superficie. Va más allá y nos sorprende. Mas que prohibirme, el Señor me interpela y me compromete, me hace tomar partido y definirme. Es una advertencia para hablar con obras más que con palabras: ¿Le sigo o le doy la espalda? ¿Le testimonio con mi vida, con palabras y obras? ¿Soy coherente con lo que digo y hago? 

"Tenéis que padecer mucho, ser desechados, ser ejecutados y resucitar al tercer día". Jesús nos traza el camino del cristiano, el camino de la cruz particular de cada uno: la entrega y el sufrimiento ofrecido por amor, el desprecio de la gente y el martirio por su causa y, finalmente, la recompensa: el cielo. Una afirmación que me hace meditar seriamente: ¿Soy un cristiano de verdad o finjo serlo? ¿Estoy dispuesto a "dejarlo todo", incluso mi vida, por seguir a Cristo? ¿Soy un "alter Chistus"?

Señor, quiero poder responderte:

"Tú eres el Mesías, 
el Hijo del Dios vivo" 
(Mt 16,13)

"Tú eres mi Dios y protector, 
mi luz y mi verdad, 
mi guía y mi alegría...
Salud de mi rostro, 
Dios mío"
(Sal 42, 2-4)