¿QUIÉN ES JESÚS?

La vida de Jesús siempre ha suscitado preguntas a lo largo de los últimos dos mil años.

¿Cómo pudo un carpintero que fue ejecutado por los romanos convertirse en el hombre más famoso de la historia?
¿Fue Jesús alguien verdaderamente real?
¿Cómo puede Dios ser un hombre al mismo tiempo?
¿De qué manera podría esto tener algún sentido para mi vida?

Estas son algunas preguntas, pero aquí tienes un espacio para formular las tuyas.
Mostrando entradas con la etiqueta pedagogía divina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pedagogía divina. Mostrar todas las entradas

viernes, 23 de enero de 2026

COMPRENDER EL ANTIGUO TESTAMENTO

La lectura de la Biblia siempre es una asignatura difícil para muchos católicos ya que se trata una tarea ardua que requiere tiempo, dedicación y perseverancia. Y también ayuda...

Solemos comenzar a leer la Biblia por el Nuevo Testamento porque es más fácil de entender pero cuando intentamos adentrarnos en el Antiguo Testamento, "tiramos la toalla".

Para comprender la Biblia es importante entender la unidad de la Escritura, es decir, leerla como un conjunto y no como una serie de libros divididos en dos secciones, porque sin el Antiguo Testamento (promesa) no se entiende el Nuevo (cumplimiento) y sin el Nuevo (salvación por Cristo) no se comprende el Antiguo (perdición por el pecado). 

El Antiguo Testamento consta de 46 libros escritos a lo largo de más de mil años, está formado por diferentes géneros literarios y ha sido elaborado en distintas coyunturas histórico-culturales. 

Constituye el 75% de todo el contenido de la Biblia, es el fundamento del Nuevo Testamento y proporciona el contexto necesario para entender el pecado, la necesidad de salvación y el plan de Dios. 

Su lectura debe hacerse siempre desde la del Nuevo, es decir, desde el misterio de la salvación que se nos revela en Cristo. 

Un único Dios
Sin embargo, existen ciertos "pasajes oscuros" del Antiguo Testamento que, a primera vista, parecieran mostrarnos a un Dios distinto al del Nuevo Testamento (violento, vengativo y colérico), y otros que nos presentan normas y costumbres (poligamia, repudio de la mujer, esclavitud, etc.) de difícil comprensión por su contraste con el mandamiento del amor cristiano .

Y surgen dudas: ¿Nos muestra la Biblia dos tipos distintos de Dios? ¿Acaso Dios es un inmisericorde o injusto? ¿Acepta Dios la poligamia o el divorcio? ¿Salva Dios a unos y destruye a otros?

Una etapa preparatoria y progresiva 
Para comprender el Antiguo Testamento debemos partir de dos conceptos de Dios que le dan unidad: El primero es el Dios de la creación (el Dios que crea al hombre), y el segundo, el Dios de la alianza (el Dios que establece una alianza con el hombre), que comienza su designio de salvación con un hombre concreto, Abraham, se abre a un pueblo a través de Moisés y se va realizando progresiva y universalmente en la nueva alianza en Cristo.

El Dios único crea al hombre y establece una alianza con él. Y lo hace mediante un proceso pedagógico que va preparando al hombre para que sea capaz de comprender y asimilar Su designio salvífico.

¿Nos imaginamos que Dios se hubiera encarnado en tiempos de Abrahán o del pueblo de Israel en Egipto? Seguramente, no hubieran entendido nada. La pedagogía progresiva de Dios consiste en ir actuando y haciéndose presente a lo largo de la historia para que el hombre comprenda cómo es Él, cómo actúa y cuál es su propósito.

La sabiduría de Dios quiere mostrar al hombre una enseñanza progresiva reforzada con ejemplos (tipos) que trascienden en el tiempo: sólo se comprende el sacrificio de Isaac a la luz del misterio de la cruz; sólo se comprende la liberación de Egipto a la luz de la pasión, muerte y resurrección de Cristo; sólo se comprende la Pascua judía y el paso del Mar Rojo a la luz de los sacramentos instituidos por Cristo (Bautismo en el Jordán, elección de los apóstoles, Última Cena, etc.)
Los pasajes oscuros del Antiguo Testamento
Hay determinados pasajes que pueden parecer oscuros, fantásticos o poco verosímiles desde el racionalismo humano, como la ballena que se tragó a Jonás (en el Mediterráneo no hay ballenas), las aguas que se tragaron al ejército del Faraón (físicamente inexplicable), etc.

Para la comprensión de estos pasajes veterotestamentarios (y entender por qué forman parte del canon sagrado pese a su naturaleza perturbadora), es necesario comprender su contexto cultural/histórico y su contenido teológico/simbólico/tipológico:

1. "Exterminio" de Amalec (1 Sam 15,3; Jos 6,21). Pasaje de "guerra santa"

-Contexto culturaltérmino rabínico (herem, excomunión, anatema) que implica censura, ostracismo y exclusión total de la comunidad; término bíblico referido a la consagración de algo a Dios (sagrado) o destinado a la destrucción (maldito); término hebreo que significa prohibición total (tabú). 

-Contexto histórico: especie de "hipérbole militar" utilizada comúnmente durante en la Edad del Hierro en el Antiguo Oriente Próximo para referirse a la eliminación de amenazas militares y también como símbolo de victoria total.

-Contenido teológico/simbólicorepresenta el juicio divino ("guerra santa") contra la maldad persistente y preservar la santidad de Israel frente a la idolatría. Amalec simboliza la resistencia interna al espíritu, el mal persistente (el pecado) que debe ser erradicado por completo sin dejar rastro para que el creyente pueda crecer espiritualmente
2. Salmos de lamento (Sal 109Sal 137,1-9). Pasaje de "deseo de justicia"

-Contexto cultural: lamentaciones y peticiones que expresan dolor, ira y deseo de justicia de un pueblo oprimido tras sufrir una gran devastación: la destrucción de Jerusalén y su templo y el destierro a Babilonia. 

-Contenido teológico: ejemplo de los "salmos imprecatorios", que dan voz al sufrimiento humano y claman a Dios por justicia. Muestran que es legítimo llevar a Dios en oración incluso los sentimientos más oscuros en medio del sufrimiento extremo.

-Contenido simbólicoSan Agustín interpreta "estrellar a los pequeños contra la roca" de forma alegórica: los "pequeños" son los pecados, las tentaciones o los pensamientos impuros que apenas nacen, deben ser destruidos contra la "Roca", que es Cristo.

3. Sacrificio de Isaac (Gn 22,1-18). Pasaje de "ruptura/transición cultual"

-Contexto cultural: práctica habitual pagana de sacrificios humanos al dios Moloc.

-Contenido teológicorechazo explícito de la práctica cananea del sacrificio de niños. Al detener la mano de Abraham, el Dios de Israel establece que no desea sacrificios humanos, sustituyéndolos por animales. Es un pasaje de ruptura histórica con los cultos paganos y de transición hacia una nueva forma de fe.

-Contenido simbólicoLa "prueba" no es para mostrar a Dios la fe y la obediencia radical de Abraham, sino para confirmarla y revelarla a todos los pueblos:
  • Abrahán representa la "prueba máxima" de fidelidad y confianza de Dios antes de confirmar el pacto con el hombre y su providencia ("Yahvé", Dios provee) al entregar a su hijo en sacrificio como alianza eterna
  • Isaac es tipo de Cristo, que carga la leña/madera (la cruz) para su propio sacrificio y se somete a la voluntad del Padre. 
  • El carnero atrapado en la zarza prefigura a Jesús como el cordero enviado por Dios para rescatar al hombre de la muerte. 
4. La mujer y la esclavitud (Ex 21,7-11). Pasaje de "condena de la desigualdad"

-Contexto histórico: las normas para vender a una hija como esclava describen el punto más bajo de la moralidad israelita durante el período de los jueces, de anarquía social, de descomposición moral y caos político.

-Contenido teológicodenuncia profética de la injusticia, la hospitalidad fallida y la descomposición social. El pasaje no aprueba los hechos violentos, sino que los condena al mostrar sus terribles consecuencias: la guerra civil que casi aniquila a la tribu de Benjamín.

-Contenido simbólico/tipológico la ausencia de un liderazgo justo ("no había rey en Israel") subraya la necesidad de una autoridad moral y política unificada, apuntando hacia la monarquía davídica y, en última instancia, al gobierno justo del Mesías.

5. Jonás y el gran pez (Jon 2,1-11). En hebreo, dag gadol, significa gran pez; en griego, ketos, gran criatura marina). Pasaje de "discernimiento"

-Contexto histórico-cultural: en Nínive, la ciudad a la que Jonás debía ir a profetizar, se adoraba a Dagón, una deidad pagana representada como un hombre-pez.

-Contenido teológico: el gran pez no es un castigo, sino un instrumento de salvación (evita que Jonás se ahogue), de discernimiento (su vientre es un espacio de aislamiento forzoso y de introspección). 

-Contenido simbólico-tipológico: el tiempo que Jonás pasa dentro del pez (tres días y tres noches) es una alegoría de la transformación espiritual y un tipo profético de la muerte y resurrección de Cristo.
 
6. El levita y su concubina (Jue 19,1-30): es uno de los pasajes más oscuros, violentos y perturbadores de toda la Biblia. Pasaje de "denuncia de violencia extrema y división 

-Contexto histórico: describe un periodo de anarquía social y descomposición moral de Israel ("en aquel tiempo no había rey... cada uno hacía lo que bien le parecía"), similar a Sodoma y Gomorra. 

-Contenido teológico: el pasaje no es prescriptivo (no dice cómo actuar), sino descriptivo: denuncia las consecuencias catastróficas de abandonar la alianza con Dios: sin guía espiritual y moral, el pueblo de Dios y sus sacerdotes se vuelven "paganos" y "corruptos".

-Contenido tipológico: funciona como un "anti-modelo" que subraya la necesidad de un mediador, un redentor o un rey justo que restaure el orden moral y la dignidad humana. Prepara el terreno para la llegada de la monarquía davídica y del reinado mesiánico de Cristo.

-Contenido simbólicoel cuerpo descuartizado y esparcido por todo Israel simboliza la fractura total del pueblo de Dios que desencadena una guerra civil que casi extermina a la tribu de Benjamín. Representa cómo el pecado individual puede llevar a la destrucción colectiva.

7. Las plagas y la muerte de los primogénitos (Ex 12): Pasaje de "juicio divino".

-Contexto histórico: Cada plaga es un juicio directo contra una deidad egipcia específica (el Nilo contra Hapi, la oscuridad contra Ra, etc.). 

-Contenido tipológico: El cordero pascual cuya sangre protege las casas es la prefiguración del sacrificio de Cristo (el Cordero de Dios), permitiendo que el juicio de la muerte "pase de largo" sobre aquellos marcados por su sangre.

-Contenido teológico-simbólico: la muerte de los primogénitos simboliza el juicio contra el Faraón, considerado un dios vivo.

lunes, 1 de diciembre de 2025

PARÁBOLAS DE JESÚS: PEDAGOGÍA DIVINA

 
"Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. 
Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; 
se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla. 
Les habló muchas cosas en parábolas"
(Mt 13,1-3)

Las parábolas de Jesús que encontramos en los sinópticos son un recurso literario de la pedagogía divina y bíblica que contiene narraciones breves, reales o ficticias que ilustran una verdad moral o espiritual y que afirman que una cosa es "como" otra.

Jesús toma imágenes del mundo visible (material) acompañadas de una verdad del mundo invisible (espiritual), convirtiendo la naturaleza en testigo del espíritu. Algunos definen la parábola como una "historia terrenal con significado celestial".

No son fábulas, pues no intervienen animales con características humanas. Tampoco alegorías, pues se basan en hechos u observaciones creíbles de la naturaleza o elementos de la vida cotidiana.

Las gran mayoría de las parábolas se encuentran contenidas en los evangelios sinópticos de Mateo (29), Marcos (11) y Lucas (32), y menos presentes en el de Juan. También se encuentran 15 parábolas en el evangelio apócrifo de Tomás y 3 en el evangelio apócrifo de Santiago. 

La parábola del hijo pródigo
Es la más conocida de las parábolas bíblicas, narrada en el evangelio de Lucas (Lc 15,11-32y nos muestra la misma esencia de Dios: su amor y su perdón incondicionales. Con esta enseñanza, Jesús nos exhorta a ser como Dios (Mt 5,48).
El padre: Dios, cuyo amor es gratuito, incondicional y misericordioso que define también el apóstol san Pablo (1 Cor 13,4-8). El amor de Dios es:
  • un amor paciente y benigno que siempre espera sin imponer
  • un amor verdadero y compasivo que no se irrita ni lleva cuentas del mal 
  • un amor que siempre perdona y restaura sin rencor y sin importar lo que hayamos hecho
  • un amor sincero y desinteresado que no envidia sino que se alegra
El hijo menor: los pecadores que se alejan de Dios y "dilapidan" su vida de forma irresponsable pero que cuando caen, regresan a Dios con un corazón arrepentido y humillado, que siempre los recibe con compasión, les devuelve su dignidad de hijos suyos y los "resucita" a una vida de gracia.

El hijo mayor: los que se consideran justos y "exigen" a Dios recompensas por sus méritos. Son orgullosos, hipócritas y resentidos con los pecadores y con Dios. No perdonan y culpan a Dios, que también les muestra compasión y perdón.

La parábola del sembrador
Es la más larga de las parábolas del reino y narrada por los tres evangelios sinópticos (Mt 13,3-23, Mc 4,3-20 y Lc 8,5-15que nos enseña que, aunque la gracia es igual para todos y está a disposición de todos, la libertad del hombre produce respuestas y frutos diferentes en aquellos que escuchan o no el mensaje del reino. La semilla es igual, lo que varía es el terreno donde cae.
Probablemente, todos los que escuchaban a Jesús tenían experiencia en la siembra porque pertenecían a un pueblo agrícola, y conocían también la diferencia entre una cosecha abundante o una malograda. Por eso, llama la atención que los discípulos le pregunten a Jesús por qué les habla en parábolas.

Jesús, con su santa paciencia y su infinita misericordia, les explica la parábola:

El sembrador: Cristo
La semilla: la palabra de Dios, el mensaje de Dios para cada persona
La tierra: diferentes circunstancias, diferentes tipos de personas y diferentes reacciones al escuchar la buena nueva:
  • tierra al borde del camino: los que oyen (pero no escuchan) el mensaje de forma superficial, pero no le prestan atención ni le dan importancia. Los pájaros: las distracciones y tentaciones del diablo.
  • tierra rocosa: los que reciben el mensaje con alegría, pero no profundizan ni dejan que alcance lo más hondo de su ser. No crecen espiritualmente porque no permiten que el mensaje eche raíces. Su fe es infantil. Las rocas: la dureza del corazón.
  • tierra espinosa: los que dan más importancia a las preocupaciones de la vida, las riquezas y los placeres (los espinos). No hay lugar en su corazón para Dios.
  • tierra buena: los que reciben el mensaje de Dios con el corazón abierto, están preparados para dejar que Dios reine en sus vidas y los guíe en todo momento. Tienen pureza de intención y deseo de conocer y amar a Dios.
El fruto: la conversión, la transformación de la vida de las personas. Pero no sólo dan su propio fruto sino que, ellas mismas esparcen la semilla sobre otros terrenos y fructifican.
Lo que el Maestro les quiere mostrar es la necesidad de tener el corazón bien dispuesto a la gracia y sobre las malas consecuencias que produce la dureza de corazón (Is 6,9-10; Hch 28,26-27). 

Les hace ver lo afortunados que son porque ellos ven y oyen al Mesías y, sin embargo, el pueblo, que lleva siglos ansiando su venida, no le reconoce por su dureza de cerviz, por su falta de apertura de corazón. Oyen pero no escuchan, miran pero no ven.

El fruto depende de la libertad del hombre
La semilla tiene poder de fructificar siempre; pero el fruto depende de la libertad y la voluntad del hombre, que puede estar condicionada por el diablo, por la propia inconstancia, por las dificultades –externas o internas-, o por la seducción del mundo y las riquezas. 

La misma variedad de frutos muestra la calidad de la fe y de las buenas disposiciones en los que la escuchan y llevan a la práctica el mensaje evangélico. 

El amor no puede imponerse, sino que debe ser aceptado con libertad. La voluntad de Dios no puede forzar, sino que aceptarla debe ser una decisión personal de cada uno. La fe no puede obligarse, sino que debe acogerse con un corazón dócil para que arraigue y de fruto.

La exhortación de Jesús es “El que tiene oídos para oír, oiga” (Mt, 13,9; Lc 8,8) que indica la necesidad de discernimiento y examen de nuestro corazón.

¿Qué tipo de terreno soy? ¿En qué tipo de terreno estoy sembrando? ¿Permito que la semilla arraigue en todas las áreas de mi vida? ¿Doy fruto para la gloria de Dios? ¿Siembro en otros?

Enlaces de algunas de las parábolas más significativas y conocidas:



martes, 27 de mayo de 2025

LA PEDAGOGÍA EVANGELIZADORA DE JESÚS

"Llamó a sus doce discípulos
y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos
y curar toda enfermedad y toda dolencia"
(Mt 10,1)
El capítulo 10 del evangelio según San Mateo es todo un libro de instrucciones del Señor sobre el apostolado y el servicio cristiano que tiene como telón de fondo las Bienaventuranzas (Mt 5,3-11):

v.1-4: Cristo llama a sus doce apóstoles, en los que estamos todos representadosSimón Pedro y su hermano Andrés; Santiago y Juan, los de Zebedeo; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó. Es decir, funda la Iglesia, a la que da "autoridad". 

v. 5-6: Jesús da instrucciones concretas sobre a quienes dirigirnos en primer lugar: primero, a los cercanos, a la familia, a los amigos.

v.7: La misión es clara: debemos "movernos" y "salir"...de nuestras comodidades, de nuestras zonas de confort, de nuestros egoísmos de nuestras perezas, de nuestras excusas, de nuestros intereses... para evangelizarEl Reino de Dios no es un reino como los de este mundo y, por ello, no hay tiranías, ni dictaduras, ni obligaciones...la única Ley es la del Amor.

v.8: El Señor nos llama a cuidar de los demás, a cada uno según su dolencia, su mal o su falta. Y nos invita a hacerlo sin buscar nada a cambio, ni recompensas, ni beneficios, ni halagos. Se trata de entregarnos completa y desinteresadamente.

v. 9-10: Cuando evangelizamos, no tenemos que buscar planteamientos ni proyectos humanosNo debemos pensar en aquellas cosas que necesitaríamos en un trabajo humano, ni preocuparnos por estar suficientemente preparados para ello. Tan solo, debemos confiar en la Providencia divina.

v. 11-15: Debemos buscar a aquellos que quieran acoger nuestro mensaje pero no empeñarnos en convencer a nadie. Nuestra misión es llevar la paz a otros y no entrar en polémicas. Si nos escuchan, bien. Si no lo hacen, no debemos insistir.

v. 16-18: Dios no nos envía a una misión triunfal o exitosa. Es más, nos previene de lo que vamos a encontrarnos: lobos que trataran de devorarnos. Por eso debemos ser sagaces y actuar siempre con discernimiento y humildad: no polemizar sino llevar paz, no devolver mal por mal sino obrar en todo momento el bien. Nos previene de que, como Él, seremos perseguidos y juzgados.

v. 19-20: Nunca estar preocupados por el qué decir o qué hacer, ni tampoco confiar en nuestras capacidades. El Espíritu Santo nos capacitará en cada momento para decir o hacer lo que convenga. Y nos defenderá.

v. 21-22: Nos alerta sobre el enemigo, que incluso estará entre nuestros seres más queridos y cercanos, en nuestra propia familia. Y nos advierte que seremos odiados y calumniados, como Él también lo fue.

v. 23: Aunque seremos perseguidos, Jesús no nos llama a la guerra ni a enfrentarnos con nadie. Si somos atacados, debemos rehuir toda lucha o disputa y marcharnos del lugar.

v. 24-25: Nos exhorta a no querer ser más que Dios ni a querer ocupar su sitio. Nosotros somos discípulos, servidores, pero Dios es quien hace todas las cosas, Él es el maestro y dueño. Si nos consideramos seguidores de Cristo, debemos estar preparados a vivir y padecer el mismo escenario que sufrió Jesús.

v. 26-28: Nos llama a no tener miedo a proclamar siempre la verdad aunque ello suponga odio, martirio y muerte. Nuestro principal objetivo es la salvación de nuestra alma que no debe estar justificada ni fundamentada en la mentira, que es el rasgo distintivo del Enemigo.

v. 29-31: Somos muy valiosos para Dios. El ama toda su creación, pero especialmente a los hombres.

v. 32-33: Nos reconforta y nos ofrece justicia y recompensa.

v.34-36: Jesús insiste: la misión no es un camino de rosas. No nos engañemos a nosotros mismos: el enemigo también está en casa.

v. 37-38: Suenan duras las palabras del Maestro...es preciso que no antepongamos nada a Dios, ni siquiera nuestra propia familia. Nos llama a cargar la misma cruz que cargó Él.

v. 39: Nos llama a entregar la vida por Dios y por el prójimo para obtener la vida eterna, a nos er egoístas ni interesados en las cosas temporales

v.40-42: Debemos tener siempre presente que somos enviados por el Maestro y que no hablamos en nuestro nombre sino en el de Cristo. Nuestra labor es hacerlo presente en el mundo como hicieron los profetas y los apóstoles en el pasado: hablando en su nombre. Igual que hizo Jesús, enviado por el Padre para hacerlo presente en medio de los hombres y hablar en su nombre.

Cristo nos ofrece tres recompensas : 
  • la del profeta, la hospitalidad y la acogida de quienes nos reciben sabiendo que venimos en nombre de Dios. Pero también ser acogidos en el reino de los cielos.
  • la del justo, la justicia de Dios, es decir, darnos a cada uno lo que le corresponde, según nuestras obras. 
  • la de los pequeños, es decir, la de los humildes, los necesitados: tomar posesión del Reino de los cielos, es decir, de la vida eterna.

martes, 19 de julio de 2022

DECEPCIÓN: ENTRE LA EXPECTATIVA Y LA REALIDAD

"Esperaba la dicha, me vino el fracaso; 
anhelaba la luz, llegó la oscuridad. 
Me hierven las entrañas sin cesar, 
enfrentado a días de aflicción" 
(Job 30,26-27)

¿Quién no se ha sentido alguna vez decepcionado, desilusionado o incluso, engañado? ¿Quién no se ha sentido triste ante una situación que no se ha desarrollado como esperaba? ¿Quién no se ha sentido dolido en algún momento de la vida por una traición o infidelidad?

El diccionario de la RAE define decepción (del latín deceptio, -onis, del verbo decipere, engañar, defraudar, burlar) como el pesar o tristeza causados por un desengaño o una contrariedad. 

También, hace referencia al verbo decapere (coger, capturar), término relacionado con la caza, con la trampa o con el engaño que un cazador utiliza para capturar a su presa: el prefijo de- hace referencia a un descenso, a una caída, y capere hace referencia al hecho de coger, capturar.

Aunque es cierto que la deceptio suele producir una sensación de tristeza o incluso, de traición a causa de un desengaño por alguien querido o respetado, más bien debería provocar todo lo contrario, puesto que des-engaño significa dejar de estar engañado, salir del engaño. 

Ocurre que, normalmente, esa sensación de pesar proviene más de sentirse engañado y "capturado", de haber "caído en la trampa" y no haberse dado cuenta, que del daño propiamente infringido por el otro. Incluso, a veces, es el resultado de un auto engaño.
Sin embargo, yo prefiero decir que la decepción es la distancia entre la expectativa y la realidadEl camino entre la esperanza depositada en el ser humano y su propia naturaleza caída. 

La historia universal nos muestra en numerosas ocasiones y de forma fehaciente que el hombre es decepcionante por naturaleza: con el prójimo, consigo mismo y con Dios.  Y mi experiencia personal, también lo corrobora por la cantidad de veces que he decepcionado a otros y por las que me he sentido decepcionado, defraudado o traicionado por otros. Sin ir más lejos, ahora mismo, según escribo este artículo.

No obstante, se me hace imprescindible escuchar y aprender de la pedagogía divina. Y para eso, Dios nos ha regalado Su Palabra. No hago mas que recordar el pasaje de los discípulos de Emaús cuando, de camino hacia su aldea, le dicen a Jesús: "Nosotros esperábamos..." (Lc 24,21-25). Expectativas humanas...no divinas.

San Pablo en su primera carta a los Corintios nos exhorta también a no caer en la decepción, sino a amar, cuando dice: "El amor es paciente, es benigno; el amor no tiene envidia, no presume, no se engríe; no es indecoroso ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasa nunca" (1 Cor 13,4-8). Amor divino...y también humano.

Y es que el amor al que los cristianos estamos llamados, para con Dios y para con el prójimo, nunca puede decir "deberías...", "tienes que...", "yo esperaba...". El amor jamás fuerza ni violenta. No impone ni exige. Y tampoco se decepciona...

Por eso, debo estar agradecido. No puedo estar decepcionado con nadie, de la misma forma que estoy convencido que Dios jamás se decepciona con ninguno de nosotros. Y no lo hace porque nos ama. Sufre, pero no por Él, que es fiel, sino por nosotros, que no lo somos. Padece, pero no por egoísmo, sino por el dolor de un Padre cuando ve a sus hijos caer una y mil veces, y aún así es capaz de dar la vida por cada uno de ellos (de nosotros).

Cuesta y no es fácil, pero así debo entenderlo: si me decepciono es porque no amo; sino porque deseo "ser amado", "ser reconocido", "ser correspondido", de un modo egoísta. Y no es ese el mensaje del amor.

Es necesario aprender del amor divino. Y es que la única expectativa que no falla, la única persona que jamás decepciona, el único que es siempre fiel, es Dios. Salir del engaño es dejarse seducir por el amor divino que, primero nos demuestra y luego nos exhorta a imitar. Se trata de, primero, dejarse amar por Dios para poder amar después al prójimo. Y amando al prójimo, amar a Dios. "La pescadilla que se muerde la cola"...

No es fácil, pero si de verdad quiero ser perfecto en el amor como mi padre celestial (Mt 5,48), tengo que huir de la decepción e imitar la regla de oro evangélica: el amor que todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

sábado, 25 de septiembre de 2021

Y TÚ ¿QUIEN DICES QUE SOY YO?

"¿Quién dice la gente que soy yo?
Y vosotros, ¿Quién decís que soy yo?"
(Lc 9,18 y 20)

Jesús, con su magistral y divina pedagogía, nos interpela a menudo más con preguntas que con indicaciones doctrinales propiamente dichas. A través de su Evangelio, nos hace a todos sus discípulos dos "preguntas", una "advertencia" y una afirmación.

"¿Quién dice la gente que soy yo?". El Señor no está preocupado por el concepto que la gente tenga de Él ni porque quiera agradar a todos. Tampoco porque sea resultadista. Más bien, su pregunta es retórica y pone en evidencia una realidad: que muchas personas viven de espaldas a Él, como si Dios no existiera. En realidad, nos está llamando a la misión, a ser sus testigos en un mundo secularizado y alejado de Dios. 

"Y vosotros, ¿Quién decís que soy yo?"Antes de enviarnos al mundo, Jesús nos prueba y nos prepara, dirigiéndose a cada uno de nosotros de una forma directa y personal...nos habla de corazón a corazón. No se trata de un examen de Teología ni tampoco tengo que contestar de una forma "intelectual", "racional" o "correcta". 

¿Quién es Cristo para mí? me hace reflexionar y discernir, me hace profundizar en cómo es mi fe: ¿Es tan sólo una "buena idea" o el centro de mi vida? ¿Es una convicción privada o una persona con quien tengo una relación? ¿Es irrelevante o importante para mí? ¿Le hablo a diario o me conformo con visitarle de vez en cuando¿Creo o finjo "creer"? 
"No se lo digáis a nadie"Cristo no se queda en la superficie. Va más allá y nos sorprende. Mas que prohibirme, el Señor me interpela y me compromete, me hace tomar partido y definirme. Es una advertencia para hablar con obras más que con palabras: ¿Le sigo o le doy la espalda? ¿Le testimonio con mi vida, con palabras y obras? ¿Soy coherente con lo que digo y hago? 

"Tenéis que padecer mucho, ser desechados, ser ejecutados y resucitar al tercer día". Jesús nos traza el camino del cristiano, el camino de la cruz particular de cada uno: la entrega y el sufrimiento ofrecido por amor, el desprecio de la gente y el martirio por su causa y, finalmente, la recompensa: el cielo. Una afirmación que me hace meditar seriamente: ¿Soy un cristiano de verdad o finjo serlo? ¿Estoy dispuesto a "dejarlo todo", incluso mi vida, por seguir a Cristo? ¿Soy un "alter Chistus"?

Señor, quiero poder responderte:

"Tú eres el Mesías, 
el Hijo del Dios vivo" 
(Mt 16,13)

"Tú eres mi Dios y protector, 
mi luz y mi verdad, 
mi guía y mi alegría...
Salud de mi rostro, 
Dios mío"
(Sal 42, 2-4)

jueves, 4 de marzo de 2021

¿SOMOS OVEJAS O LOBOS? ¿SERPIENTES O PALOMAS?

"Mirad que yo os envío 
como ovejas entre lobos; 
por eso, sed sagaces como serpientes 
y sencillos como palomas"
(Mateo 10,16)

Cuando leo y releo el pasaje del evangelio de Mateo 10, siempre me recuerda un cuadro que mi padre tenía colgado en su despacho y que yo cada mañana leía, aunque lo conocía de sobra:

"Cada mañana en la selva, una gacela se despierta sabiendo que deberá correr 
más rápido que el león o éste la matará. 
Cada mañana en la selva, un león despierta sabiendo que debe correr mas rápido 
que la gacela o morirá de hambre. 
Cada mañana, cuando sale el sol, seas león o gacela, 
será mejor que te pongas a correr".

No voy yo a descubrir, ni hoy ni ahora, a Cristo (o, tal vez, sí...), pero sí subrayar una vez más la magistral pedagogía con la que Jesús nos enseña y nos instruye para saber qué debemos ser, a qué nos enfrentamos y cómo actuar

Su maravillosa habilidad para hablarnos con ternura y cercanía, su extraordinaria capacidad para empatizar con nosotros, me recuerdan que, por algo, su nombre es Emmanuel "Dios con nosotros" (Mateo 1,23); me traen a la cabeza que, por algo, "hasta los cabellos de la cabeza tenemos contados" (Mateo 10, 30; Lucas 12,7); y me viene a mano, que por algo, "nos lleva tatuados en sus palmas" (Isaías 49,16).

El Maestro llama nuestra atención y nos enseña. Siempre con un lenguaje directo y veraz a la par que sencillo y natural: mediante parábolas, comparaciones, metáforas y circunstancias de la vida común, del mundo mineral, vegetal, animal o humano... para que entendamos. 

Jesucristo hoy me habla de ovejas, lobos, serpientes y palomas. Y es que en toda palabra y enseñanza suya, brilla siempre un reflejo de la creación y de la voluntad del Padre: "Pregunta a las bestias y te instruirán; a las aves del cielo, y te informarán; habla con la tierra y te enseñará; te lo contarán los peces del mar" (Job 12,7-8).

Me envía, como cada mañana, a ser su testigo en el mundo. Y yo, tengo que "ponerme en marcha"en un mundo hostil y adverso, a correr por una jungla de sendas de asfalto y árboles de metal, a subsistir en un habitat lleno de amenazas y de depredadores, a transitar por un entorno donde rige "la ley de la selva" que me obliga inexorablemente a saber lo que soy, a qué me  enfrento y lo que tengo que hacer o decir, para no morir. 

¿Qué somos
Jesús, por si somos duros de oído o si andamos despistados, nos lo dice y nos avisa: "Os envío como ovejas entre lobos". El Cordero de Dios nos envía, como ovejas, aparentemente débiles e indefensas, para enfrentarnos a un mundo lleno de lobos, feroces y hambrientos. La primera respuesta, clarita y en la frente: ¡somos ovejas y no lobos¿las ovejas muerden para defenderse?
¿A qué nos enfrentamos?
Cristo, por si somos duros de cerviz o difíciles de mollera, nos contesta y nos advierte: "¡Cuidado con la gente! porque os odiarán, os juzgarán, os harán daño, os insultarán, os perseguirán y os matarán". El Crucificado nos dice que tomemos su yugo y aprendamos de Él, que es manso y humilde de corazón. ¡Vaya! ¡Menudo panorama más alentador! ¡Nos enfrentamos a odio y persecuciónEntonces, Señor...¿las ovejas pueden pensar y reaccionar?

¿Qué debemos hacer
Inmediatamente, el Señor, que siempre toma la iniciativa y se adelanta a nuestras dudas, miedos y necesidades, nos dice qué debemos hacer y cómo debemos actuar: "Sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas." Jesús nos enseña a ser sagaces y astutos, hábiles y cautelosos, a ser sutiles y a escondernos...pero también, a ser sencillos e inocentes, sinceros y naturales, a ser ágiles y a volar...¡Vaya! ¡Hemos dejado de ser ovejas para ser serpientes y palomas! ¡Maestro, por favor, explícate! ¡No te entendemos! ¿Somos ovejas, lobos, serpientes o palomas?
¿Qué tenemos que decir? 
Cargado de santa paciencia y sabiendo que, habitualmente malinterpretamos sus palabras, el Maestro hace una pausa, deja escapar un suspiro y nos dice que no nos preocupemos por nada: "En aquel momento se os sugerirá lo que tenéis que decir, porque no seréis vosotros los que habléis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros." Los cristianos no estamos solos, tenemos al Espíritu Santo que nos guía, nos protege y nos ayuda. ¡Menos mal! ¡Tenemos al Espíritu Santo como auxilio!

Cristo me invita a aceptar mi vulnerabilidad pero sin que me desanime, a asumir mi fragilidad pero sin que me sienta desamparado, a esconderme entre las piedras cuando tenga que evitar el mal y a volar con las alas del Espíritu Santo cuando tenga que discernir.

Me enseña que la sagacidad no está reñida con la sencillez, que la astucia no está peleada con la inocencia, que la habilidad no está enfrentada a la sinceridad, que la cautela no está contrapuesta a la naturalidad, que la sutileza no está enemistada con la agilidad. 

Dios quiere que su rebaño corra los menos riesgos posibles pero si tiene que enfrentarse cara a cara con los lobos, quiere que se deje guiar y ayudar por Su Espíritu. La docilidad es un claro signo de pertenencia a Dios, de semejanza al Cordero de Dios, quien también evitó circunstancias innecesarias pero quien, llegada Su hora, se entregó con mansedumbre y aceptó con obediencia la voluntad el Padre.

Por tanto, somos siempre ovejas en medio de lobos, pero también serpientes y palomas, cuando tengamos que serlo. Dios nos dice que confiemos en Él. Tenemos permiso para "huir" y evitar las situaciones de peligro, para "volar" y discernir lo que el Espíritu nos suscita, y para "luchar" y enfrentarnos cara a cara con el Enemigo, pero siempre debe ser una lucha de resistencia activa ante el mal, de perseverancia y abandono en Dios. 
La Escritura nos muestra que patriarcas, reyes, profetas, apóstoles y hasta el mismo Jesús fueron ovejas, serpientes y palomas: Moisés huyó (Éxodo 2,15) y se enfrentó al faraón dejando hablar a Dios por su boca (Éxodo 4,15). David huyó (1 Samuel 19,12) y actuó contra el mal (1 Samuel 24,8). Jeremías huyó (Jeremías 37,11-12) y dejó que Dios hablara por su boca (Jeremías 38,17). Cristo se retiró (Lucas 9,10; Juan 8,59) y se dejó apresar en Getsemaní (Juan 18, 1-8). Pablo huyó (2 Corintios 11,33) y hablaba con franqueza y valentía porque el Espíritu daba testimonio por él (Hechos 13,46-47; 20,22-23).

Los cristianos debemos huir cuando debamos salvaguardar nuestra integridad, y enfrentarnos y dar testimonio cuando debamos glorificar a Dios. No somos "borregos bobalicones", como tampoco somos "lobos voraces". No somos cobardes, como tampoco somos temerarios. Al menos, Jesucristo no quiere que seamos así. 

Por eso nos instruye con sus palabras y sus hechos para que, sobre todo, nunca tratemos de luchar con las mismas armas del Enemigo. Eso es lo que nos diferencia a los cristianos de los que no lo son.

Y nos envía, delante de Él, de dos en dos, y nos insta a rezar: "Rogad al dueño de la mies"  (Lucas 10, 2). Nos da instrucciones para que salgamos sin preocuparnos por nuestras necesidades, Él se encargará: "No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino" (Lucas 10,4); para que vayamos en paz y que llevemos la paz por donde vayamos: "Paz a esta casa" (Lucas 1,5). Y para que, si no nos escuchan, salgamos y nos sacudamos el polvo de las sandalias: "Hasta el polvo de vuestra ciudad, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que el reino de Dios ha llegado" (Lucas 1, 11). 

"Después de esto, ¿qué diremos? 
Si Dios está con nosotros, 
¿quién estará contra nosotros? "
(Romanos 8,31)