¿QUIÉN ES JESÚS?

La vida de Jesús siempre ha suscitado preguntas a lo largo de los últimos dos mil años.

¿Cómo pudo un carpintero que fue ejecutado por los romanos convertirse en el hombre más famoso de la historia?
¿Fue Jesús alguien verdaderamente real?
¿Cómo puede Dios ser un hombre al mismo tiempo?
¿De qué manera podría esto tener algún sentido para mi vida?

Estas son algunas preguntas, pero aquí tienes un espacio para formular las tuyas.
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jueves, 5 de febrero de 2026

CONFIANZA EN DIOS: LA FE EN MOVIMIENTO

 

La fe y la confianza son dos caras de la misma moneda en la relación entre Dios y el ser humano, entre lo divino y lo humano, pero operan de formas ligeramente distintas.

La fe es una gracia, un don recibido de Dios en el bautismo y, a la vez, un acto libre que mueve al hombre a confiar en Dios y a reconocerlo como Creador y Padre; a creer en la verdad revelada por Dios, es decir, quien dice ser y que Sus promesas son verdaderas. 

Es la "certeza de lo que no se ve" (Hb 11,1): que el ser humano viene de Dios y camina hacia Él.

La confianza es dar un "sí" o un "amén" a la invitación de amistad y amor de Dios: un acto libre, voluntario, personal y consciente que implica someter mi inteligencia (mente) y mi voluntad (corazón) a Dios, abandonarme "activamente" y depender "plenamente" de Él, como hace un hijo con su padre. 

La confianza es la "fe en movimiento" que transforma la vida del hombre y obra milagros. Es un "voto de confianza" con el que me adhiero plenamente a Dios, incluso cuando no entiendo el camino (espacio) ni su duración (tiempo).

      
Confiar implica "soltar el control" para rendir mi propia voluntad a la de Dios, reconociendo que Su sabiduría supera mis capacidades y circunstancias (Prv 3,5-6). 

Confiar supone "dejar mi vida en manos de Su providencia", lo que genera en mí una paz que sobrepasa mi entendimiento (Flp 4,6-7), eliminando mis temores y mis inquietudes (Sal 56,3) y transformando los problemas en oportunidades para presenciar su fidelidad y amor.

Confiar no significa esperar que todo salga como yo quiero, sino saber que los planes de Dios son mejores y más sabios que los míos. Supone "caminar aunque no vea todo el camino", teniendo la certeza de que para Dios todo es posible (Mc 9,23).

La fe es el "qué" creo, la confianza es el "cómo" vivo esa creencia. La fe es "convicción y certeza", la confianza es "acción y dependencia".

Y para que mi fe crezca y mi confianza se fortalezca, necesito alimentarme de:
  • la Sagrada Escritura (Rom 10,17; Lc 11,28)
  • la oración (1 Tes 5,16-18; 1 Jn 5,14; Sal 145,18)
  • la Eucaristía (Jn 6,35; 48-51: 1 Cor 11,26)
  • la formación y dirección espiritual (2 P 3,18; Sal 25,5)
  • el servicio a Dios (Jn 12,26; 1 Cor 15,58) 
  • el servicio al prójimo (Jn 13,34; Mt 23,11; 25,35-40)