¿QUIÉN ES JESÚS?

La vida de Jesús siempre ha suscitado preguntas a lo largo de los últimos dos mil años.

¿Cómo pudo un carpintero que fue ejecutado por los romanos convertirse en el hombre más famoso de la historia?
¿Fue Jesús alguien verdaderamente real?
¿Cómo puede Dios ser un hombre al mismo tiempo?
¿De qué manera podría esto tener algún sentido para mi vida?

Estas son algunas preguntas, pero aquí tienes un espacio para formular las tuyas.
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sábado, 9 de mayo de 2026

SEÑALES DEL COLAPSO DEL IMPERIO


Las señales del fin del mundo, más que un anuncio catastrofista, funcionan como un reloj espiritual que nos exhorta al discernimiento. 

En un mundo saturado de ruido tecnológico, crisis constantes y políticas globales, estas señales nos señalan una verdad profunda: lo que es temporal tiene fecha de caducidad, pero lo que es eterno está a las puertas.

Según la Biblia, antes del colapso final del sistema de la Bestia, ocurrirán una serie de eventos a modo de "avisos", signos o señales de que el fin de ese "nuevo orden mundial" antidivino está cerca y a punto de colapsar. Y "casualmente" son siete, como las siete copas de la ira de Dios (Ap 16,1-9).

Señales económicas (1 Tes 5,2-3; Mt 24,12))
Una de las señales más claras es una falsa sensación de estabilidad global. San Pablo dice que "el Día del Señor llegará como un ladrón en la noche. Cuando estén diciendo: 'paz y seguridad', entonces, de improviso, les sobrevendrá la ruina, como los dolores de parto a la que está encinta, y no podrán escapar"

Jesús advierte que "por el aumento de la maldad, el amor de muchos se enfriará". El término griego utilizado para "maldad" es anomia, que significa vivir "sin ley" o con total desprecio por las normas morales y divinas. 
  • "Paz y Seguridad": el Nuevo Orden Mundial parece tener éxito en resolver los problemas del mundo justo antes de caer.
  • "Maldad y Desconfianza": vivimos en una sociedad egoísta, materialista, violenta y sin ley que premia el éxito individual y el prestigio social y hace que la gente se vuelva indiferente al dolor ajeno para protegerse. 
La verdadera resistencia consiste en mantener la empatía y la solidaridad. "Salir de Babilonia" hoy significa negarse a ser indiferente ante el sufrimiento ajeno en un mundo que nos empuja a cuidar solo de nosotros mismos.
Señales sociales y morales (2 Tim 3,1-8)
San Pablo hace una "radiografía" de la sociedad del fin de los tiempos que coincide con el individualismo extremo que sufrimos hoy y nos exhorta a "apartarnos de ellos": 
  • Narcisismo, Avaricia y Orgullo: "Hombres amadores de sí mismos, egoístas, avariciosossoberbios, blasfemos, vanagloriosos".
  • Desobediencia y Desprecio: "Desobedientes a los padres, ingratos, desleales".
  • Hedonismo y Corrupción: "Amigos del placer más que de Dios". "Hombres de mente corrompida"
  • Irreligiosidad y Ateísmo: "Hombres irreligiosos con apariencia de piedad, pero habrán renegado de su fuerza". 
Señales políticas (Mt 24,6-7; Ap 9 y 16)
Jesús advierte de un clima de tensión constante pero también nos dice: "No os alarméis" porque tiene que ocurrir, "aunque aún no es el fin". Son como las contracciones de un parto, aún no ha llegado la hora pero avisan de que está cerca:
  • Guerras y rumores de guerras: Conflictos locales y divisiones internas (étnicas, civiles o ideológicas), tensiones diplomáticas y amenazas de conflicto que generan miedo e incertidumbre.
  • Nación contra nación: Conflictos bélicos y tensiones globales persistentes.
  • Nuevo Orden Mundial: sistema de poder mundial representado por "la bestia", que ejerce control económico y político total (globalización, agenda 20/30, etc.).
Señales religiosas (Mt 24,11; 1 Tim 4,1; Ap 13; 2 Tes 2,3-4)
El "gran engaño" es una de las señales más enfatizadas por Jesús:
  • Falsos profetas: Surgirán líderes con gran carisma, incluso realizando "grandes señales y prodigios" (tecnológicos o sobrenaturales) para engañar.
  • Apostasía: Una caída masiva de la fe. Mucha gente abandonará sus creencias para seguir las nuevas ideologías y buscará "maestros" que les digan lo que quieren oír, en lugar de la verdad.
  • Anticristo: La fragmentación política creará el vacío de poder necesario para que aparezca la figura de un líder espiritual global que prometa "unir al mundo".
  • Ecumenismo forzado: El intento de unir todas las religiones bajo un solo hombre o una sola estructura humana que apoye al sistema político de la Bestia.
Señales naturales y cósmicas (Lc 21,25; Mt 24,7; Ap 6,12; ; Joel 2,31)
El Apocalipsis y los Evangelios mencionan cambios drásticos en el entorno, alteraciones naturales y crisis globales:
  • Oscuridad y conmociones cósmicas
    • "El sol se oscurece": retiro del favor de Dios, ausencia de Dios 
    • "La luna como sangre": martirio y persecución. Urgencia de arrepentimiento
    • "Estrellas que caen": colapso de los gobiernos políticos que se creían infalibles
    • "Las potencias de los cielos serán conmovidas": el reino de la Bestia produce el caos.
  • Grandes terremotos: Simbolizan el colapso del Imperio, la sacudida de los sistemas políticos humanos que marcan el inicio del fin del orden actual y la intervención de Dios.
Señales sanitarias (Mt 24,7; Ap 16,2)
El "comienzo de los dolores" traerá hambre, epidemias y úlceras malignas:
  • Epidemias y hambre: Crisis sanitarias (pandemias) y escasez de alimentos que simbolizan el colapso de los sistemas sanitario, médico, social y tecnológico. Al igual que en las plagas de Egipto (Ex 9,8-12), donde los magos no pudieron protegerse de las úlceras, indican que la ciencia o sabiduría humana no puede dar soluciones al mundo.
  • Úlceras malignas: plagas y enfermedades motivadas por la codicia del hombre (virus, Covid, Ébola, Hantavirus, etc.), que "pudren la carne", es decir, que corrompen espiritual y moralmente al hombre.
Señales científicas y tecnológicas (Dn 12,4; Mt 24,14)
El profeta Daniel dice que "serán tiempos difíciles como no los ha habido desde que hubo naciones hasta ahora. Los sabios brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad. Tú, Daniel, guarda estas palabras y sella este libro hasta el momento final. Muchos lo repasarán y aumentarán su saber".

Vivimos en la era científica, tecnológica y de mayor hiperconectividad de la historia (Internet), tal como profetizó Daniel ("aumentarán su saber"). Sin embargo, esta misma tecnología globalizada que nos une es la que permite el control absoluto de la Bestia y la pérdida de la privacidad del hombre. 

Este "saber" no es solo conocimiento y avance científico, sino capacidad técnica para:
  • Vigilancia y Control Omnipresente: Que "todo ojo le vea" y que nadie pueda esconderse del sistema económico.
  • Comunicación Instantánea: Que el mensaje (bueno o malo) llegue a todo el planeta en segundos.
  • Evangelización global: A pesar de la tecnología que el sistema usa para vigilar y controlar, también sirve, irónicamente, para que el Evangelio llegue a cada rincón del planeta.
Las señales nos invitan a preguntarnos: ¿estamos usando la tecnología para servir a los demás o nos estamos volviendo esclavos de un sistema que nos dicta qué comprar y qué pensar?

¿Cuál es el propósito de estas señales?
Bíblicamente, las señales no son para causar pánico, sino para que el creyente esté alerta. Se comparan con la higuera: cuando sus ramas están tiernas y brotan las hojas, sabemos que el verano está cerca.

Todos estos signos "convergentes" al mismo tiempo y a escala global por primera vez en la historia (crisis climática, política, económica y social) son los "dolores de parto" de una nueva realidad que muestran un mundo tecnológicamente avanzado pero moralmente en quiebra, que bajo una apariencia de orden, esconde una crisis profunda que termina en el colapso.

Nuestro discernimiento final no debe ser el miedo al control de la "Bestia", sino la preparación para la llegada del Reino. 

Es una invitación a salir de "Egipto" (Babilonia) y emprender un "nuevo y definitivo éxodo" hacia la Nueva Jerusalén. 

No se trata de adivinar la fecha exacta, sino de vivir cada día con el "sello" de la integridad y la fidelidad, entendiendo que nuestra verdadera ciudadanía no se compra con la esclavitud de una "marca" (de la Bestia), sino que se vive con la libertad del "sello" del Espíritu.

jueves, 14 de enero de 2021

COMO LADRÓN EN LA NOCHE

"En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, 
ni los ángeles de los cielos ni el Hijo, 
sino solo el Padre" 
(Mateo 24,36; Marcos 13,32)

Los cristianos aguardamos con esperanza y alegría la Parusía, la segunda venida de Cristo, pero lo que ninguno sabemos es cuándo sucederá. Ni los hombres, ni los ángeles, ni siquiera el Hijo, el propio Jesucristo. Sólo Dios Padre lo sabe.

No sabemos si la veremos o moriremos antes. Lo que sí sabemos es que la venida del Hijo del hombre será como en los días previos al diluvio, como en los tiempos de Noé (Mateo 24,37): anunciada con mucha antelación pero tristemente ignorada por muchos. 

No conocemos ni el día ni la hora pero sí tenemos la capacidad de interpretar las señales previas a Su venida que el propio Jesús nos anticipó y que quedaron escritas en los evangelios sinópticos (Mateo 24,5-51; Marcos 13,5-27; Lucas 21,8-28):

-el comienzo de los dolores: Cristo nos dice que no nos alarmemos, porque todo esto ha de suceder, pero todavía no es el final. Apostasía: muchos se llamarán "cristianos", otros se autoproclamarán "mesías" y surgirán "falsos profetas" que engañarán a muchos. Calamidades: guerras y noticias de guerras, hambre, epidemias, pestes, terremotos. Persecución y martirio por su causa. Maldad: escándalos, odios, traiciones, aumento de la maldad y enfriamiento del amor. Se producirá una gran Evangelización por todo el mundo...y entonces vendrá el fin.

-el fin: Jesús nos exhorta a huid y a orar cuando veamos "la abominación de la desolación" (profetizada en Daniel 9, 27; 11, 31; 12,11), es decir, la aparición blasfema del Anticristo. Porque habrá una Gran Tribulación como jamás ha sucedido desde el principio del mundo hasta hoy, ni la volverá a haber. Después de esta angustia habrá Signos en el cieloel sol se oscurecerá, la luna perderá su resplandor, las estrellas caerán del cielo y los astros se tambalearán.

-la venida del Hijo del hombre: Dice el Señor que su venida será como un relámpago que se verá en toda la tierra. Y todo el mundo verá venir al Hijo del hombre sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria. Enviará a sus ángeles con un gran toque de trompeta para reunir a sus elegidos.
Sin embargo, los católicos no la esperamos con temor ni angustia, sino todo lo contrario, con impaciencia y gozo, como quien espera la llegada de su Amado. Y mientras esperamos la parusía, debemos estar muy atentos para reconocer ya su presencia en cada instante de nuestra vida, y preparados para ir a su presencia en el momento de nuestra muerte, es decir, en el encuentro definitivo con Dios.

Para estas tres "esperas", Jesucristo nos reitera y nos apremia para que estemos en vela (Mateo 24,42-44), que estemos despiertos, que estemos vigilantes, que estemos preparados... porque si no... "sobrevendrá la ruina, como los dolores de parto a la que está encinta, y no podrán escapar" (1 Tesalonicenses 5,3); "Si no vigilas, vendré como ladrón y no sabrás a qué hora vendré sobre ti" (Apocalipsis 3,3); los que velan de noche serán bienaventurados porque le verán (Lucas 12,38; Apocalipsis 16,15).

San Pablo en 1 Corintios 15,52 dice que vendrá sin aviso previo, es decir, de repente: "... en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, cuando suene la última trompeta", o como dice Mateo 24,44 "a la hora que menos pensemos", o como dice Marcos 13,35 "...no sabéis si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer".

La Escritura nos advierte que vendrá como ladrón en la noche: en "aquella noche" (Lucas 17,34); una voz anuncia la llegada del esposo de las vírgenes con las lámparas "a medianoche" (Mateo 25,6); el dueño de la casa no sabe a qué hora de la noche viene el ladrón (Mateo 24,43); como el hombre que se fue de viaje... el "Día del Señor llegará como ladrón en la noche" (2 Pedro 3,10; 1 Tesalonicenses 5,2).
La expresión "Día del Señor" es una forma de representar el factor "tiempo" en el que Cristo se manifestará, bien sea en el momento de nuestra muerte o en el de su gloriosa venida a la tierra. 

"Como ladrón" es una manera de decir que vendrá en secreto, de una forma desprevenida o inesperada para quien no esté atento, como un intruso al que no se espera, en referencia a quienes no creen y no esperan al Señor, o para quienes creyendo, no perseveren hasta el fin, es decir, hasta la muerte física. 

"En la noche" es un modo de expresar oscuridad y tinieblas (1 Tesalonicenses 5,4), en referencia a un estado de pecado generalizado en el mundo, o también, al momento de la propia muerte. 

"Como los dolores de la mujer encinta” es una metáfora para explicar que, de la misma manera que una mujer embarazada sabe con certeza que el parto le llegará, y con él, los dolores, aunque no el momento exacto, nosotros sabemos que su venida es segura, ya sea durante nuestra vida o en el momento de nuestra muerte.

"Velad, vigilad, estad alerta" es un aviso para que estemos atentos a los signos de los tiempos, para que perseveremos en la fe, para que estemos en guardia contra las tentaciones y el pecado, para que oremos y para que estemos en gracia (Mateo 26,41). Para que busquemos "la paz con todos y la santificación, sin la cual nadie verá al Señor" (Hebreos 12,14), ya sea en su venida a la tierra, o en el momento de presentarnos ante Él, el día de nuestra muerte. 

En un mundo que promete una falsa "paz y seguridad", Dios nos advierte para que velemos y estemos vigilantes porque conoce nuestra debilidad ante el poder y la seducción del Enemigo, que domina el mundo en la oscuridad de la mentira y que busca que no veamos a Dios.

Cristo nos alienta diciéndonos que somos "luz del mundo". Una luz que debe brillar ante los hombres, para que vean nuestras buenas obras y demos gloria a Dios (Mateo 5,14 y 16), pues si seguimos a Cristo, "Luz del mundo" (Juan 8,12), Él estará en nosotros y nosotros en Él. No andaremos en tinieblas ni caminaremos a ciegas.

Así pues, nuestra espera tiene una doble vertiente. Por un lado, como cristianos, somos soldados que, atrincherados en la seguridad de la fe, vigilan, perseveran y resisten al Enemigo y, por otro, como Iglesia, santificados por la gracia de los sacramentos, somos la novia que espera impaciente al novio.