¿QUIÉN ES JESÚS?

La vida de Jesús siempre ha suscitado preguntas a lo largo de los últimos dos mil años.

¿Cómo pudo un carpintero que fue ejecutado por los romanos convertirse en el hombre más famoso de la historia?
¿Fue Jesús alguien verdaderamente real?
¿Cómo puede Dios ser un hombre al mismo tiempo?
¿De qué manera podría esto tener algún sentido para mi vida?

Estas son algunas preguntas, pero aquí tienes un espacio para formular las tuyas.
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sábado, 30 de mayo de 2026

EMAÚS: CÓMO PASAR DEL SENTIMIENTO AL COMPROMISO

 
"El fruto del Espíritu es: 
amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, 
bondad, lealtad, modestia, dominio de sí" 
(Gal 5,22-23)

El gran desafío de nuestras parroquias no es la falta de métodos de evangelización (Emaús, Effetá, Proyecto Amor Conyugal, Life Teen, Alpha, etc.), sino el riesgo de que éstos se conviertan en "islas" independientes, en lugar de formar parte del "continente" de la parroquia. 

Los retiros de primer anuncio nacieron como métodos de conversión, pero también de compromiso parroquial. Todos los que formamos parte de ellos sabemos que tienen una fuerza transformadora innegable, pero también sabemos que son sólo un medio, no un fin; juegan un papel dual: actúan como catalizadores de reseteo emocional y autorregulación a corto plazo, pero también presentan riesgos de generar dependencia emocional y evasión de la realidad.

Por ello, muchos integrantes de estos grupos sufren el "efecto gaseosa": una explosión de entusiasmo y emotividad ("subidón espiritual") durante el fin de semana que, con el paso de las semanas, suele diluirse y no traducirse en un compromiso real con la vida comunitaria y pastoral de la parroquia.

O también sufren la "adición a la catarsis": "solo se encuentran bien" o "solo avanzan" cuando asisten a un nuevo retiro, convirtiéndose en consumidores de experiencias temporales en lugar de consolidar cambios estables en su día a día. Convierten el método en un fin en sí mismo, se vuelven autorreferenciales y endogámicos, manteniéndose al margen de todo lo que ocurre en la parroquia.

Por ello, es necesario discernir que los frutos de un retiro de no se producen sólo en "experiencias cumbre" de fin de semana, sino a partir de ellas, en "experiencias valle" de cada semana. 

La misión del grupo no es encerrarse en un "cenáculo" para sentirse a gusto y a salvo, sino abrirse a la comunidad y desde ahí, al mundo entero: "Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y hasta el confín de la tierra" (Hch 1,8).

Los frutos de estos métodos se vuelven abundantes y duraderos cuando sus integrantes se incorporan en el tejido comunitario de la parroquia, es decir, cuando se pasa de la emoción al compromiso, de la conversión a la misión, del encuentro personal al eclesial, de lo individual a lo comunitario.

Las claves para solucionar estos problemas son:

"Bajar del Tabor
Tras el intenso fin de semana de luz, paz y gloria, nos pasa lo mismo que a los apóstoles Pedro, Juan y Santiago (Mt 17,2-9; Mc 9,2-10;Lc 9, 28-36): queremos construir "tres tiendas", pero Jesús nos hace rehuir de la euforia y nos ordena descender de la montaña para regresar a la realidad cotidiana.

El encuentro con el Resucitado y la vivencia de amor y misericordia del Espíritu Santo durante el retiro no se sostiene repitiendo la experiencia una y otra vez, sino miniaturizándola en el día a día, es decir, haciéndola "vida" en lo cotidiano.

La emoción es el motor de arranque, pero solo la madurez espiritual a la que nos llama el Señor es el combustible que sostiene el viaje a largo plazo y consiste en encontrar lo sagrado en lo profano, lo extraordinario en lo ordinario. 

El camino del cristiano es aprender a servir en nuestros ambientes cercanos: "dedicar" tiempo a la familia y amigos, "aguantar" al jefe o "perdonar" a quien nos ofende con la misma actitud de aceptación que teníamos en el retiro, es la verdadera prueba de fuego.

Acogida en comunidad
Por eso, tras el retiro, empieza la verdadera prueba. Puede que a los pocos días de "volver" sintamos nostalgia, pereza, cansancio o desinterés, pero eso no significa que el retiro "no haya dado fruto". La psicología del hábito demuestra que el verdadero crecimiento se da en la constancia del invierno emocional, no solo en el verano de la catarsis.

Los participantes necesitamos mantener el contacto con personas que compartan esa misma búsqueda para poder hablar del proceso de adaptación sin sentirnos incomprendidos por nuestro entorno habitual. Necesitamos un espacio de acogida donde animar y vivir nuestra fe en comunidad: las reuniones semanales en la parroquia. 

Sin embargo, el esquema de éstas no puede ser solo "compartir sentimientos" a través de los testimonios o prepararnos para el próximo retiro. Además de las reuniones preparatorias y testimoniales, no está de más incluir Adoración al Santísimo, lectura de la Palabra de Dios y formación catequética para dar madurez y consistencia a nuestra experiencia de conversión.

Tampoco es "lícito" utilizar los recursos de la parroquia como un derecho de uso si los resultados no redundan (o redundan poco) en la propia comunidad. Para ello, la presencia ocasional del sacerdote en estas reuniones semanales valida el proceso y nos conecta directamente con la autoridad pastoral para que nos anime a comprometernos con alguna de los servicios que la parroquia ofrece.

Inmersión parroquial gradual
sin embargo, no se puede exigir un compromiso ciego a quienes acabamos de experimentar una conversión o un "reseteo". El compromiso se cultiva gradualmente, asignando servicios concretos y responsabilidades visibles dentro de la ya existente estructura parroquial:
  • Servicio en misa: Los miembros del grupo podemos encargarnos de recibir y acoger a la gente en las misas del domingo, repartir las hojas de cantos, pasar la colecta, acomodar a los fieles, preparar las lecturas, la música y el altar...
  • Servicio en Cáritas: El grupo puede vincularse con las necesidades materiales de la parroquia (Cáritas): la gestión de la recogida de alimentos un fin de semana al mes, el voluntariado en el comedor social o en el economato parroquial.
  • Servicio en formación: Los integrantes del grupo podemos comprometernos como catequistas de primera comunión o de confirmación, o como formadores en grupos de oración o de Biblia, ayudando a otros a madurar en la fe y la doctrina católica.
  • Proyectos transversales: También, organizar actividades donde colaboremos todos, por ejemplo, en la preparación de la parroquia en los tiempos fuertes (Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua, etc.), en la organización del despacho parroquial, de un mercadillo solidario o de una peregrinación, etc..
Disolver el "gueto" y solventar recelos
A veces, la falta de compromiso nace del rechazo (consciente o inconsciente) de los grupos tradicionales de la parroquia hacia los de nueva evangelización, a quienes ven como "foráneos", "infiltrados" o "excluyentes".
  • Eliminar el lenguaje exclusivo: Evitar el uso de términos o códigos grupales que dejen fuera a los demás feligreses durante las actividades comunes. La mejor forma de ganarse la confianza de la comunidad es empatizando con ella.
  • Servir con humildad en lo oculto: Los componentes del grupo debemos dar ejemplo ayudando en las tareas menos vistosas de la parroquia (limpieza del templo, preparación de los despachos, montaje de eventos). La mejor forma de ganarse a la comunidad y formar parte de ella es sirviendo "en lo escondido".
  • Presencia en el consejo parroquial: El líder del grupo debe rendir cuentas y coordinar sus actividades directamente en el Consejo Pastoral Parroquial, adaptando su calendario al ritmo del año litúrgico de la comunidad. La mejor manera de integrarse en la comunidad es formando parte de sus estructuras pastorales.
  • Espíritu de gratuidad: Los miembros del grupo debemos estar siempre dispuestos a servir generosa y discretamente a la comunidad sin buscar protagonismosLa mejor manera de solventar los recelos de la comunidad es comprometerse con ella sin esperar contraprestaciones ni reconocimientos.
Un error muy común y también muy "humano" es esperar a "sentirnos con ganas" para actuar. En la vida cotidiana, nuestro cerebro siempre busca ahorrar energía, por lo que siempre elegirá la comodidad frente al esfuerzo del cambio.

La regla de oro: No trabajar para mantener la emoción del retiro; trabajar para modificar nuestro entorno, de modo que cumplir y consolidar nuestro compromiso sea la opción más fácil. ¿Cómo? Estableciendo metas realizables a través de hábitos que las faciliten. Por ejemplo: dedicar cada mañana 2 minutos para rezar, para agradecer lo que tengo y no pensar en lo que me falta. 

Mantener el hábito vivo es mucho más importante que la duración o la intensidad de la sesión. 

El compromiso real no se siente como un "subidón" místico o una revelación constante; se siente como un hábito higiénico. Es el equivalente a lavarse los dientes: no te emociona profundamente hacerlo, pero sabes que sostiene tu salud y tu bienestar a largo plazo.

viernes, 17 de febrero de 2017

RIESGOS QUE MOTIVAN

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"No temas, porque yo estoy contigo; 
no te asustes, pues yo soy tu Dios. 
Yo te doy fuerza, soy tu auxilio 
y te sostengo con mi diestra victoriosa 
(Is 41, 10)


Albert Einstein dijo: "Si quieres resultados distintos, haz cosas distintas". A menudo, existe un abismo entre lo que queremos que suceda y lo que realmente hacemos para que ocurra. Soñamos con un futuro nuevo, pero luego, hacemos las mismas cosas de todos los días. 

Esto también ocurre en muchas de nuestras parroquias. A menudo, los planes pastorales trazan objetivos a corto plazo, fáciles de cumplir y que realmente no nos llevan a ningún sitio, salvo a una espiral que nos devuelve al mismo lugar, año tras año. Y vuelta a empezar...somos como hámsters corriendo en la rueda, pero sin movernos un milímetro.

Para lograr un futuro radicalmente nuevo, tenemos que hacer cosas radicalmente diferentes. Esto es, asumir riesgos. La visión implica riesgo; el riesgo, aventura; y la aventura nos hace sentirnos vivos.

No obstante, en muchas ocasiones, el riesgo nos asusta, nos bloquea y nos paraliza. La clave inicial es comenzar orando, abandonarse a Dios, para que el Espíritu de luz nos ilumine para saber qué quiere de nosotros, para que asumamos riesgos y combatamos el miedo inicial que nos atenaza. 

Confiando en Él e imitando su manera de pensar, seremos capaces de asumir cualquier riesgo, por muy grande que parezca: "Cuando estoy lleno de miedo, yo me refugio en ti. En Dios... confío y ya no tengo miedo; ¿Qué podrá hacerme un hombre?" (Sal 56,4-5).

Pero ¡Cuidado! porque el miedo y la pereza son primos hermanos. No estoy diciendo que debamos ser unos locos imprudentes, pero es probable que tengamos que ser algo más valientes de lo que somos. La tentación nos lleva a desear una vida (también parroquial) tranquila, sin temores, pero eso sólo ocurre en el cielo. Y tenemos que ganárnoslo.

En la tierra, Dios nos llama a ser valientes, a mirar hacia delante y no hacia atrás, sin anhelar las cosas del mundo: "No mires atrás ni te detengas" (Gn 19,17) porque si nuestra mirada está puesta en este mundo, nuestro futuro nos lleva a la muerte. Además, los cristianos tenemos la absoluta seguridad de que si Dios cuida de toda la creación ¿cómo no va a cuidar de nosotros? 

Seamos realistas, si la mayoría de las parroquias están en declive o estancadas, es porque la iglesia no está asumiendo riesgos. Creo que el riesgo debe ser a la vez un hábito y un modo de pensar. Tomemos alguna iniciativa para adoptar retos, y alcanzar nuestra visión sobre lo que Dios quiere de nosotros.

Riesgos a asumir
1. Comienza algo que no sepas cómo terminará

Hacer frente a las cosas que sabemos como terminarán es sencillo hasta para un niño pero es un camino seguro al estancamiento y al aburrimiento. El riesgo, sin embargo, es avance y entretenimiento.

¿Cuál ese proyecto que te asusta? Pulsa "start". Hoy mismo. Y averigua a dónde te lleva.

En la Biblia se nos muestra como las personas que obedecieron a Dios y asumieron riesgos (Moisés, Abraham, los apóstoles, etc.) no tenían idea de lo que estaban haciendo, ni de como terminarían cuando comenzaron. 

¿Por qué habría de ser diferente para nosotros?

2. Haz lo que has pensando hacer, pero que aún no has hecho
Todos tenemos cosas que hemos estado pensando en hacer hace años y que nunca hemos empezado. Hazlo. En serio.

Los verdaderos líderes están llamados a las grandes acciones, no sólo a los grandes pensamientos.

Arriésgate y empieza a caminar. Si nunca te propones empezar, nunca llegarás a ningún sitio. Toda aventura comienza por el primer paso.

3. Sé generoso y esplendido
En un mundo donde hay mil razones para ser tacaños, para ser egoístas, la generosidad es un riesgo. Jesús se arriesgó: dejo su puesto de gloria en el cielo y bajó a la tierra para ofrecer su vida por nosotros con generosidad y amor absolutos.

Ser espléndido cuando no se tienen medios es un riesgo. Ser generoso con los elogios cuando no se tienen ganas de agradar a alguien es un riesgo. Entregar la vida por los que tenemos a nuestro alrededor es un riesgo que bien vale la pena asumir.

La generosidad es la clave para desarrollar una mentalidad de abundancia. Y las personas con una mentalidad de abundancia, a menudo, terminan asumiendo más y mayores riesgos. Y eso es lo que marca nuestro camino a la santidad.

4. Establece una meta que creas que es imposible de conseguir
La razón por la que uno no se fija una meta alta es porque piensa que es imposible y además no se puede hacer. Sin embargo los cristianos sabemos que "no hay nada imposible para Dios" (Lc 1, 37).
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Precisamente por eso, plantéatela. Establece una meta ambiciosa. Si te planteas un fácil, sencilla y pequeña, entonces, no llegarás muy lejos.

Si te marcas una difícil, complicada y grande, y empiezas a caminar y llegarás lejos. Las personas que se fijan metas altas logran más que las personas que no lo hacen.

5. Sé vulnerable
Sí, la vulnerabilidad es también un riesgo. No estar preparado para aceptar el fracaso, inevitablemente conlleva riesgo ... pero no debemos asustarnos.

Sin miedo al fracaso, nos haremos vulnerables pero también Dios utiliza eso para curtirnos y prepararnos hoy para un futuro de mayores logros.

La valía personal no se establece por lo vulnerable que uno es ni por las veces que uno cae, sino por las que se levanta y continúa.

6. Confía en otros
Sin duda, es un riesgo confiar en los demás algo que te importa, ¿verdad? Es por eso que normalmente lo terminamos haciendo nosotros.

Elige algo que pensabas hacer personalmente y que te parece importante e invita a alguien a que lo haga. 

Esto no sólo te ayudará a ser más generoso, sino que también te posicionará en un liderazgo para formar un equipo más fuerte y así llegar muy lejos. Jesús nos mostró el camino del liderazgo, delegando su misión en sus discípulos. Él podría haber hecho todo sin ayuda alguna y sin embargo, nos enseñó el camino para llegar al Padre.

"Si quieres ir rápido, ve solo. Si quieres ir más lejos, ve con un equipo. Si quieres alcanzar el cielo, ve con Dios".

7. No abandones
Cuando se tiene miedo, se piensa en abandonar, ¿verdad? Cuando se pierde la esperanza y llegan los problemas, lo fácil es huir. Cuando huimos, renegamos de Dios.

Pues, ¡de eso nada! 

Piensa que tu objetivo es a largo plazo, es para toda la eternidad y empieza a moverte. Después de la tormenta, siempre viene la calma. Después de este mundo nos espera el cielo. Pero hay que ganarlo.

Estos son algunos riesgos que podemos asumir hoy y que pondrán en marcha otros mayores riesgos el día de mañana y que, por cierto... acrecentarán nuestra fe. Tenemos que dejar de confiar en nosotros mismos y empezar a confiar en Dios. Ahora más que nunca.

Después de todo, ¿alguna vez Dios nos llama para hacer algo fácil? ¿Verdad que no? Él estará a nuestro lado "todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28,20), para "echarnos una mano".