¿QUIÉN ES JESÚS?

La vida de Jesús siempre ha suscitado preguntas a lo largo de los últimos dos mil años.

¿Cómo pudo un carpintero que fue ejecutado por los romanos convertirse en el hombre más famoso de la historia?
¿Fue Jesús alguien verdaderamente real?
¿Cómo puede Dios ser un hombre al mismo tiempo?
¿De qué manera podría esto tener algún sentido para mi vida?

Estas son algunas preguntas, pero aquí tienes un espacio para formular las tuyas.
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miércoles, 8 de julio de 2026

UNIDAD EN LA DIVERSIDAD

 
"Os ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, 
que digáis todos lo mismo y que no haya divisiones entre vosotros. 
Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir"
(1 Co 1,10)

Una amiga me ha pedido reflexionar sobre el decreto vaticano de excomunión de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX o "lefebvrianos") tras la consagración ilícita de cuatro nuevos obispos en una ceremonia celebrada el 1 de julio de 2026 en Écône (Suiza) sin el permiso del Papa León XIV y desoyendo una carta de súplica enviada in extremis por él mismo el día anterior

Poco que decir, aparte de señalar el proceso y de afirmar mi total adhesión al Magisterio de la Iglesia Católica. Cabe recordar que todo católico y seguidor de Cristo tiene la obligación de obedecer lo que la Sagrada Escritura dice por siete veces en el libro de Apocalipsis: "El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias" (Ap 2,7. 11.17.29; 3,6.13.22).

Es el gran mal del ser humano: todos tenemos algo que decir pero nunca nada que escuchar.

Fundamentos vaticanos 

La excomunión ipso facto (latae sententiae) del grupo tradicionalista por el Vaticano se fundamenta en la violación directa del Derecho Canónico (canon 1382) y la consumación de un acto cismático, y recae formalmente sobre seis obispos (canon 1364 § 1): los cuatro nuevos prelados (Pascal Schreiber, Michael Goldade, Michael Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier) y los dos obispos consagrantes (el español Alfonso de Galarreta y el suizo Bernard Fellay).
Además, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe dictamina que los sacerdotes necesitan "facultades u ordenación de jurisdicción" otorgada por la Iglesia oficial para absolver pecados y presenciar matrimonios de forma válida. Al estar en cisma, los matrimonios asistidos y las confesiones administradas por la FSSPX son jurídicamente inválidos y nulos. Se revocaron los permisos especiales otorgados provisionalmente por el papa Francisco.

Las misas y los bautismos celebrados siguen siendo considerados teológicamente válidos (porque los sacerdotes tienen un orden sagrado real), pero son completamente prohibidos e ilícitos ante la ley de la Iglesia.

Asimismo, el Dicasterio advierte que aquellos seguidores que se adhieran formalmente y participen de manera habitual compartiendo sus posiciones doctrinales también serán considerados también cismáticos y excomulgados.
Esta drástica resolución del Vaticano supone la crisis institucional más profunda para la Iglesia desde el siglo XIX.

Razones lefebvrianas 
Por su parte, las razones teológicas de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) por las que rechaza las reformas del Concilio Vaticano II se centran en lo que consideran una ruptura con la Tradición de la Iglesia y sostienen que el Concilio introdujo ideas liberales y modernistas que contradicen el magisterio previo.

La FSSPX afirma que la libertad religiosa del Concilio (Dignitatis Humanaeequipara la verdad católica y el error de otras religiones. Defiende el "Reinado Social de Jesucristo", es decir, la obligación moral del Estado de reconocer a la Iglesia Católica como la única religión verdadera y limitar el culto público de las falsas religiones, considerando que el Concilio adoptó el principio liberal del laicismo estatal, despojando a Cristo de su soberanía sobre las naciones.

Rechaza la idea de que el Espíritu Santo actúe a través de comunidades cristianas no católicas o religiones no cristianas para salvar almas, basándose en el dogma histórico Extra Ecclesiam nulla salus ("Fuera de la Iglesia no hay salvación").

Sostiene que el ecumenismo/diálogo interreligioso actual (Unitatis Redintegratio) fomenta el indiferentismo religioso y que la única vía de unidad es el retorno de los "disidentes" a la Iglesia de Roma, no el diálogo en igualdad de condiciones.

Niegan que el colegio episcopal, unido al Papa, posea la máxima autoridad sobre la Iglesia universal (Lumen Gentium) porque la colegialidad debilita la autoridad del Papa, introduciendo un modelo democrático ajeno a la estructura divina de la Iglesia y fragmentando el poder en las conferencias episcopales nacionales.

Aunque la reforma litúrgica de 1969 (Novus Ordo Missae) es posterior al Concilio, la FSSPX la considera destructiva. Afirma que la Misa Tridentina (en latín) enfatiza el sacrificio propiciatorio de Cristo en la cruz y la presencia real en la Eucaristía, mientras que la nueva misa disminuye el carácter sacrificial para enfatizar una "cena comunitaria", diseñada para agradar a los protestantes, debilitando la fe de los fieles en el valor real de los sacramentos.
Mi reflexión
Desde mi humilde opinión, el problema no es que la FSSPX considere intocable el rito preconciliar (que se permite celebrar en plena comunión con Pedro), mientras ignora un elemento esencial en toda ordenación episcopal católica: el mandato del Papa.

El verdadero quid de la cuestión es que se arroga el derecho de definir por sí misma qué es la Tradición y quien debe custodiarla al rechazar un concilio presidido por dos Papas con la participación de tres mil obispos de todo el mundo, que promulgó documentos aprobados prácticamente por unanimidad y al exigir que toda la Iglesia acepte sus ideas.

Creo que los católicos debemos tener muy en cuenta la máxima eclesiástica de san Agustín: "En lo esencial, unidad; en lo dudoso, libertad; en todo, caridad". Una "unidad en la diversidad" que defendieron los últimos tres papas: Francisco dijo que el Espíritu Santo es la unidad que reúne a la diversidad; Benedicto XVI dijo que la unidad de la Iglesia no significa uniformidad; Juan Pablo II habló sobre cómo la variedad enriquece a la única Iglesia. 

Por mi parte, siempre digo que "en la red de la Iglesia entra todo tipo de peces: merluzas, besugos, pulpos, sardinas y, a veces, por desgracia, incluso tiburones". En el pueblo de Dios hay cabida para la diversidad (1 Co 12,4-10): para los fieles apegados a la liturgia antigua; para los diferentes carismas, movimientos y realidades eclesiales; para debatir, para leer y releer los documentos conciliares e interpretarlos... 

Pero no hay cabida para juzgar ni desobedecer al Sucesor de Pedro cometiendo actos que desgarran la unidad y el mismo espíritu del Cuerpo Místico de Cristo (1 Co 12,11); tampoco para crear una jerarquía paralela en contra de la prohibición explícita de aquel a quien Jesús dijo: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia" (Mt 16,18).

Las divisiones y los cismas en la iglesia primitiva surgían principalmente por diferencias culturales, disputas de liderazgo y desacuerdos doctrinales prácticos. En el siglo I el problema era decir "yo soy de Pablo o de Apolos". En el siglo XXI, el desafío es la polarización por influencers religiosos, posturas políticas o corrientes teológicas extremas.

San Pablo en su primera carta a los Corintios exhorta a toda la Iglesia a mirar a Cristo como la única cabeza e invita a priorizar la unidad del Evangelio por encima de las agendas ideológicas o la lealtad ciega a un fundador.

martes, 18 de julio de 2017

¿LE DAMOS ESPACIO AL ESPÍRITU SANTO?


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“Bendeciré a Yahve que me aconseja; 
aún de noche me instruye. 
Tengo siempre presente al Señor, 
con él a mi derecha no vacilaré”. 
(Salmo 16)


¿Dejamos a Dios que nos aconseje? ¿Estamos creando espacio para el Espíritu Santo?

El  don del consejo es con el que el Espíritu Santo nos capacita para tomar decisiones concretas y el que nos ayuda a madurar espiritualmente, tanto individualmente como en comunidad y a no caer presa del egoísmo ni de nuestra forma de ver las cosas. 

La condición esencial para recibir este don es la oración: ”Señor, ayúdame, aconséjame: ¿Qué tengo que hacer ahora?" Con la oración hacemos espacio para que el Espíritu venga y nos aconseje que debemos hacer en cada momento. 
En la intimidad con Dios y escuchándole, dejamos de lado nuestra lógica personal, nuestro sentir terrenal… y en nosotros madura una sintonía profunda con el Señor que nos lleva a cerciorarnos de cuál es su voluntad. Es el Espíritu el que nos aconseja, pero tenemos que dejarle espacio para que lo haga. Dar espacio y rezar para que nos guíe siempre.

Pero el Señor también nos habla a través de la voz y el testimonio de mis hermanos… que nos ayudan a arrojar luz en nuestras vidas y a reconocer Su voluntad.


Cuando se trata de actividades parroquiales, el problema surje cuando la planificación de éstas no deja espacio para lo que el Espíritu Santo quiere hacer. Por supuesto, Dios puede [y trabaja] a través de una planificación dirigida por Él, bien ideada y bien preparada pero entonces, ¿cómo planificar y crear espacio para que el Espíritu Santo pueda operar?
Lo importante, como todo en la fe, es desapegarnos de nuestros egos, de nuestras brillantes ideas, de nuestros grandes talentos, de nuestros deseos de éxito. No buscando la fama ni el halago humano. Lo que buscamos es la gloria de Dios y por eso, queremos Espíritu Santo. Necesitamos Espíritu Santo.

Creo que es un error llamar demasiado la atención sobre nosotros mismos. Algunas de nuestras parroquias se han convertido en clubes de fans cristianos, mientras el Espíritu observa desde lejos.

San Agustín dijo: "Trabaja como si todo dependiera de ti y ora como si todo dependiera de Dios". Debemos orar y planear como si todo dependiera de Dios porque para que suceda algo sobrenatural, necesitamos el Espíritu Santo. Así que nuestra planificación debe ser la oración, un plan donde el Espíritu Santo esté en el centro. Él es quien puede hacer la diferencia. 

Hay cuatro formas sencillas para dar espacio a Dios en nuestras vida de fe:

1. Oración - Lo primero, como ya he dicho, es orar para conocer la voluntad de Dios. Algunos cristianos van tan deprisa que no tienen tiempo de orar y otros parecen permanecer constantemente en tierra de nadie. Tan solo necesitamos ponernos en Su presencia delante del Santísimo y escuchar. Ser pacientes, en silencio orante, lo que nos permite dejarnos llevar por las inspiraciones del Espíritu Santo.
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2. Biblia - El Espíritu Santo habla a través de la oración pero también a través de la Palabra de Dios. Su Palabra es creadora. Muchos de nosotros buscamos denodadamente escuchar la voz de Dios en lugares extraños. En nuestro servicio a Dios, debemos tener presente las enseñanzas del Evangelio. Cuanto más cerca estemos de la Palabra de Dios, más cerca estaremos del Espíritu Santo.

3. Tradición de la Iglesia - Dios habla también a través de su Iglesia, del Papa, de los santos, de los obispos...Desde el punto de vista teológico, la Tradición nos enseña unos elementos inmutables, que nunca cambian y siempre permanecen idénticos: el dogma y la moral. y otros que si pueden cambiar o son modificables: la liturgia, disciplina, y la acción pastoral del magisterio.

4. Compromiso - Muchas parroquias planifican los servicios donde los sacerdotes son los ejecutantes, y la asamblea es la audiencia. Parece más un concurso  "tú si que vales" que una comunidad parroquial. Pero para que la gente experimente la acción del Espíritu Santo, necesitan participar orando, sirviendo, cantando, adorando, hablando, comprometiéndose... Pasemos de una planificación estricta a una espontánea, demos a la comunidad alguna responsabilidad, desafiándola a participar.