¿QUIÉN ES JESÚS?

La vida de Jesús siempre ha suscitado preguntas a lo largo de los últimos dos mil años.

¿Cómo pudo un carpintero que fue ejecutado por los romanos convertirse en el hombre más famoso de la historia?
¿Fue Jesús alguien verdaderamente real?
¿Cómo puede Dios ser un hombre al mismo tiempo?
¿De qué manera podría esto tener algún sentido para mi vida?

Estas son algunas preguntas, pero aquí tienes un espacio para formular las tuyas.
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lunes, 9 de febrero de 2026

VISIONES DE ANA CATALINA EMERICH: LA RENOVACION DE LA IGLESIA

Siguiendo con las visiones de Ana Catalina Emmerich, la beata describe la purificación de la Iglesia como un proceso doloroso de renovación tras un periodo de profunda decadencia y oscuridad espiritual que implica la destrucción de la "falsa iglesia" y el surgimiento de una jerarquía renovada.

La purificación de la Iglesia no es solo institucional, sino también espiritual y punitiva: Emmerich presencia con horror los sacrilegios cometidos contra la Eucaristía, incluyendo la negligencia y la "falsa ciencia" de los sacerdotes, lo que demanda una reparación divina.

Una Iglesia purificada
Cuando la ruina de la Iglesia parece casi total y solo queda el altar en pie, Ana Catalina ve la aparición de una mujer noble (la Virgen María) ante la cual los demoledores y la "Bestia" huyen aterrorizados: 

(Los demoledores encontraron en el templo) … una mujer llena de majestad. Me parecía que ella estaba embarazada, ya que caminaba lentamente: los enemigos fueron presa del pánico al verla y la bestia no pudo ya dar ni un paso adelante. La bestia alargaba el cuello hacia la mujer con el aspecto más furioso, como si quisiera devorarla. Pero la mujer se volvió y se prosternó con el rostro contra la tierra. Vi entonces a la bestia huir de nuevo hacia el mar y los enemigos correr en el mayor desorden (AA.III.113).

Finalmente, legiones de ángeles y santos descienden para reconstruir la Iglesia.
  
El 27 de diciembre Emmerich ve la Iglesia romana brillante como un sol: Se me dijo que eso se relacionaba con el Apocalipsis de san Juan, sobre el cual diversas personas en la iglesia deben recibir luces y esta luz caerá toda ella sobre la Iglesia. (AA.II.202)
 
La renovación de la Iglesia no ocurre por medios naturales, sino por una intervención sobrenatural divina y por el sufrimiento de los fieles: la beata ve sobre la Iglesia una "nube luminosa", con apóstoles y santos obispos, que simbolizan la purificación y renovación de su estructura en tiempos de prueba por un nuevo Pentecostés:

-la intervención de la Virgen: ve a la Virgen extendiendo su manto sobre la Iglesia durante los momentos más oscuros para que "vuelva a brillar más que el sol". Evoca las apariciones de la Virgen.

-la intervención de san Miguel: ve al arcángel descendiendo para defender la Iglesia y expulsar a los "falsos obreros".

-la intervención del Espíritu Santo: ve una "fuente de agua pura como el cristal" que reanima y reconstruye todo. Evoca la visión del "mar de cristal" de Ap 4,615,2que simboliza pureza, paz, santidad y la separación entre la divinidad y la creación; "mezclado con fuego", que sugiere la gloria de Dios, la purificación y la santificación.
  
El libro de los siete sellos
La mística alemana tiene una visión que evoca a la de san Juan en Ap 5,1-14 sobre el libro de los sellos, que contiene los planes de Dios para el fin de los tiempos, así como la batalla final en Armagedón y la venida de un nuevo Pentecostés:

Era una gran solemnidad; la misa fue celebrada, y vi en medio de la iglesia un gran libro abierto del que pendían tres sellos por el lado más ancho y dos otros sellos por cada uno de los otros lados. Vi también en lo alto al apóstol san Juan y aprendí que eran las revelaciones que él había tenido en Patmos. El libro estaba situado sobre un pupitre en el coro. Antes de que ese libro fuera abierto, ocurrió algo que he olvidado. Es una pena que haya esta laguna en la visión. (AA.II.493).

Conocí, por una visión, que hacia el fin del mundo, una batalla será librada contra el Anticristo, en la planicie de Mageddo. (EE.I.234).

He visto Pentecostés, en tanto que fiesta en la Iglesia, la comunicación del Espíritu Santo, a través del mundo entero, me ha sido mostrada en diversas escenas, tal y como me ha ocurrido a menudo. He visto también a los doce nuevos apóstoles y su relación con la Iglesia. He visto todavía una iglesia espiritual formarse con muchas parroquias reunidas y estas recibir el Espíritu Santo. Era un nuevo despertar de la Iglesia católica. He visto un gran número de personas recibir el Espíritu Santo. (AA.III.144).

Vi sobre toda la tierra una gran cantidad de efusiones del Espíritu: algunas veces era como un relámpago que descendía sobre una iglesia; yo veía a los fieles en la iglesia, y entre ellos a aquellos que habían recibido la gracia: o bien los veían aisladamente en sus moradas o en las iglesias en las que llegaba la luz y la fuerza. Esto me causó una gran alegría y me dio confianza, de que en medio de las tribulaciones siempre crecientes, la Iglesia no sucumbirá, puesto que he visto en todos los países del mundo al Espíritu Santo suscitar instrumentos. Si, he sentido que la opresión exterior que le hacen sufrir los poderes de este mundo prepara a la Iglesia mejor a recibir una fuerza interior.

Los doce apóstoles futuros
Emmerich identifica la figura de un joven sacerdote que se mantiene firme frente a las tentaciones de la "novia impura" y junto a él, doce hombres luminosos que caminan en una procesión solemne.

Es la intervención de Cristo, la 2ª venida del Esposo fiel, el "Papa de la renovación", "manso pero firme", "austero pero enérgico", que reúne a los buenos sacerdotes, expulsa a los malos y renueva la Iglesia.

Vi en la iglesia de San Pedro, en Roma, una gran fiesta con muchas luces y vi que el Santo Padre, así como muchos otros, fue fortificado en el Espíritu Santo. Vi también, en diversos lugares del mundo, la luz descender sobre los doce hombres que veo a menudo como doce nuevos apóstoles o profetas de la Iglesia (AA.II.429).

Del lado oriental de esta iglesia avanzó con un esplendor infinito una figura sacerdotal: era como si fuera el Señor. Pronto se mostraron alrededor de él doce hombres luminosos y alrededor de estos muchos más todavía. Entonces salió de la boca del Señor un pequeño cuerpo luminoso que, habiendo salido, se hizo cada vez más grande y con una forma más definida, después, repitiéndose de nuevo, entró como una figura de niño resplandeciente en la boca de los doce que rodeaban al Señor, después en la de los demás. No era la escena histórica del Señor haciendo la cena con los discípulos, tal como la vi el jueves santo, sin embargo lo que vi me la recordó. Aquí todos eran luminosos e irradiantes, era un oficio divino, era como una solemnidad eclesiástica.

La Iglesia renovada se vuelve "más gloriosa que nunca" y alcanza desde la tierra hasta el cielo. Ve a la Iglesia triunfante, a los apóstoles y a los santos formar parte de una celebración solemne y grandes procesiones.

Ve un resurgimiento del sacerdocio y de las órdenes religiosas tras el periodo de decadencia y a muchos nuevos cristianos entrar "por los muros de la Iglesia": son los "hijos pródigos" que retornan a la casa del Padre.
Entonces vi a un grupo de hombres que avanzaban por una gran pradera que veía a cierta distancia. Uno de ellos se elevaba por encima de todos los demás. Eran una centena al menos. Me preguntaba si sería el lugar donde el Señor dio de comer a siete mil hombres.

Ve una "nueva evangelización" a nivel global, que evoca los pasajes eacatológicos de los evangelios sinópticos (Mt 24,14; Mc 13,10) :

El Señor vino a mi encuentro con todos sus discípulos y eligió doce de entre ellos. Vi como ponía los ojos en uno y en otro. Los reconocí a todos: los viejos llenos de simplicidad y los jóvenes robustos con tez curtida. Vi también como Él les enviaba a lo lejos en todas direcciones, y los seguía con la mirada en sus caminatas lejanas entre las naciones. Y como yo me decía: «¡ay! ¿Qué puede hacer un tan pequeño número de hombres entre las multitudes innumerables?» el Señor me dijo aproximadamente: «Su voz se hace oír a lo lejos por todos los lados. Así, ahora todavía, varios son enviados; cualesquiera que sean, hombres y mujeres, pueden lo mismo. Mira la salvación que esos doce han aportado; los que envío a tu época la aportan también, aunque permanezcan oscuros y despreciados» (AA.II.128)

Durante ese tiempo, vi todavía en medio de los desastres a los doce hombres de lo que ya he hablado, dispersos en diversos lugares sin saber nada los unos de los otros, recibir rayos del agua viva. Vi que todos hacían el mismo trabajo de diversos lados; que ellos no sabían de donde se les encomendaba ese trabajo y que cuando una cosa se había hecho, otra se les daba para hacer. Siempre eran doce de los cuales ninguno tenía más de cuarenta años.

No había nada de particular en su vestimenta, pero cada uno estaba vestido a la manera de su país y siguiendo la moda actual: vi que todos recibían de Dios lo que se había perdido y que ellos operaban el bien por todos los lados; eran todos católicos. (AA.III.159).

sábado, 2 de septiembre de 2017

LOS APÓSTOLES DE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS


"Yo pongo enemistad entre ti y la mujer,
entre tu linaje y el suyo; 
él te aplastará la cabeza 
y tú sólo tocarás su calcañal"
(Génesis 3, 15)


Hoy reflexionaremos sobre el mensaje profético de la Virgen en la Salette y más concretamente, sobre el anuncio de la aparición de los Apóstoles de los Últimos Tiempos y su corroboración en el mensaje de la Virgen en Fátima.

Em La Salette, Nossa Senhora falou como a mãe que quer que seus filhos criem juízoComo todos los mensajes de Nuestra Madre, el secreto de la Salette, dado por la Virgen María a Melanie Calvat, también es una llamada a la conversión de las almas a Jesucristo por medio de su Santísima Madre la Virgen María, y a la esperanza, en lugar de una visión apocalíptica del mundo que nos conduzca al temor y a la desesperación.

Aunque la Virgen nos expresa su desconsuelo por la impiedad del mundo, nos insta, fundamentalmente, a dos cosas: a renunciar a la blasfemia y a asistir a la Eucaristía, donde se hace presente Jesucristo. 

Es cierto que predice grandes castigos divinos si la gente no cambia pero promete la misericordia de Dios a los que cambien.

Finalmente, como siempre, la "Bella Señora" nos pide oración, penitencia y proclamación de su mensaje para la conversión del mundo.
Desde el principio de la era mariana, con las apariciones del siglo XIX y principios del XX de la Santísima Virgen, María lanza una llamada a los apóstoles de estos tiempos.

El plan divino de salvación por medio de la Santísima Virgen y la aparición de estos apóstoles de los últimos tiempos, fue proféticamente anunciado a principios del siglo XVIII por Luis María Grignion de Monfort.

La presencia de María Santísima en nuestros tiempos es parte del plan salvífico de Dios, pues comenzó por medio de María, y por medio de Ella debe alcanzar su plenitud. Pero específicamente viene a preparar a la humanidad para el triunfo de su hijo Jesucristo y de Su reino.

Para lograr este propósito, la Santísi
ma Virgen hace un llamado a hombres y mujeres que estén dispuestos a librar, contra Satanás y sus ejércitos del mal, la batalla de los Últimos Tiempos, apóstoles que forman parte de la estirpe de cristianos verdaderos, el linaje de María.

Hijos de la luz

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Dos mensajes secretos entregó la Virgen María ese día, 19 de septiembre de 1846, uno a cada niño. 

El entregado a Maximin nunca fue revelado públicamente por el Vaticano.

En el mensaje dado a Mélanie y más tarde, hecho público por el Papa, la Virgen anunció la aparición de los Apóstoles de los Últimos Tiempos, una legión de santos, quien sabe una orden religiosa original o tan sólo meros laicos fieles a la Reina Cielos y Tierra.

Estos combatientes intrépidos serán inspirados por el Espíritu y la Providencia Divinos para combatir y derrotar la iniquidad revolucionaria, la apostasía y la falta de celo por lo Sagrado. 

Nuestra Señora los llama hijos de la Luz, porque combaten las tinieblas del mundo. 

Así dice el Secreto:

"Hago un apremiante llamamiento a la Tierra. 

Llamo a los verdaderos discípulos del Dios vivo que reina en los Cielos. Llamo a los verdaderos imitadores de Jesucristo hecho hombre, el único y verdadero Salvador de los hombres.

Llamo a mis hijos, mis verdaderos devotos, a aquellos que se me han dado para que yo los conduzca a mi divino Hijo, a los que llevo, por así decir, en mis brazos, y que viven de mi espíritu.

En definitiva, llamo a los Apóstoles de los Últimos Tiempos, a los fieles discípulos de Jesucristo que viven en el desprecio del mundo y de sí mismos, en la pobreza y la humildad, en el silencio, la oración, la mortificación, la castidad y la unión con Dios, el sufrimiento y son desconocidos del mundo.

Ha llegado el tiempo para que salgan e iluminen la Tierra. Id y mostrad que sois mis hijos amados. Estoy con vosotros y en vosotros, mientras vuestra fe sea la luz que os ilumina en estos días de desgracias.

Que vuestro celo os haga hambrientos de la gloria y el honor de Jesucristo. Combatid, hijos de luz, pequeños en número, pues ahí está el tiempo de los tiempos, el fin de los fines.

Por su parte, la Virgen, en Fátima, el 13 de octubre de 1917, volvió a incidir sobre el llamamiento a estos apóstoles:

“Yo llamo a todos los verdaderos imitadores de mi Hijo Jesucristo, a todos los verdaderamente cristianos, a los apóstoles de los Últimos Tiempos. El Tiempo de los Tiempos llega y el Fin de los Fines si la humanidad no se convierte y si esta conversión no viene de lo alto, de los dirigentes del mundo y de la Iglesia.”


El calcañar de María


Resultado de imagen de calcañarPara entender con más claridad la función de estos apóstoles, en el libro del Génesis leemos: "Yo pongo enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo; él te aplastará la cabeza y tú sólo tocarás su calcañal" (Génesis 3, 15).

Dios ha puesto una irreconciliable hostilidad entre María y el diablo


Ha puesto enemistades, antipatías y odios secretos entre los verdaderos hijos y servidores de la Santísima Virgen y los hijos y esclavos de Lucifer: no pueden amarse ni entenderse unos a otros.

El talón o calcañar de nuestra Señora al que se hace alusión la Escritura lo constituyen los humildes servidores e hijos que Ella suscitará para luchar por su causa y la de Dios, son los apóstoles de los últimos tiempos.

San Luis Griñón de Montfort, en su Tratado de la Verdadera Devoción, nos muestra las cualidades que tendrían los verdaderos apóstoles y discípulos de los últimos tiempos y dice: 

"Pobres según el mundo, rebajados y humildes delante de todos; hollados y oprimidos como el talón respecto a los demás miembros, pero ricos en gracia de Dios que María distribuirá copiosamente entre ellos; grandes y excelsos en santidad delante del Señor, superiores a los demás por su celo ardoroso, los cuales, apoyados en el socorro divino, en unión con María y humildes cual otro talón, aplastarán al demonio con todas sus huestes y harán triunfar la causa de Jesucristo.” (no. 54).

“Serán hogueras ardientes que propagarán por todas partes el fuego del amor divino…; serán hijos de Leví bien purificados con el fuego de grandes tribulaciones y bien unidos a Dios, portadores de su amor en el corazón, que mantendrán encendido con el incienso de la oración de su espíritu y con la mirra de la mortificación de su cuerpo…”. (no. 56).

"Estos hombres y mujeres que María irá formando por encargo del Altísimo, “esparcirán la palabra de Dios y la vida eterna, tronarán contra el pecado, vocearán contra el mundo, atacarán de frente al demonio y sus secuaces e irán de una parte a otra, en son de vida o de muerte, con la espada de dos filos de la palabra de Dios…” (no. 57).

“Serán los verdaderos apóstoles de los Últimos Tiempos  a quienes el Señor de los ejércitos dará la palabra y la fuerza necesaria para realizar maravillas, que caminarán tras las huellas de pobreza, humildad, desprecio del mundo y caridad, enseñando el camino estrecho de Dios con la pura verdad conforme al Evangelio y no con las máximas del mundo… llevando en su boca la palabra de Dios, sobre sus hombros el estandarte de la cruz, en la mano derecha el crucifijo; en la izquierda el Rosario; en el corazón los Sagrados corazones de Jesús y de María y en toda su conducta la modestia y mortificación de Jesucristo.” (no. 59).