-la intervención del Espíritu Santo: ve una "fuente de agua pura como el cristal" que reanima y reconstruye todo. Evoca la visión del "mar de cristal" de Ap 4,6; 15,2, que simboliza pureza, paz, santidad y la separación entre la divinidad y la creación; "mezclado con fuego", que sugiere la gloria de Dios, la purificación y la santificación.
¿QUIÉN ES JESÚS?
lunes, 9 de febrero de 2026
VISIONES DE ANA CATALINA EMERICH: LA RENOVACION DE LA IGLESIA
-la intervención del Espíritu Santo: ve una "fuente de agua pura como el cristal" que reanima y reconstruye todo. Evoca la visión del "mar de cristal" de Ap 4,6; 15,2, que simboliza pureza, paz, santidad y la separación entre la divinidad y la creación; "mezclado con fuego", que sugiere la gloria de Dios, la purificación y la santificación.
miércoles, 3 de diciembre de 2025
LOS PAPAS Y LA NUEVA EVANGELIZACIÓN
-El testimonio de vida y una predicación viva-la liturgia, los sacramentos y la formación de discípulos misioneros-la utilización de los medios de comunicación social-el contacto personal indispensable y la acogida
Francisco
Contenido
"El mundo debe ver en los cristianos la alegría de haber encontrado a Cristo con los testimonios de vida, antes que con palabras, vistos por el mundo como personas 'creíbles', capaces de hablar como Jesús el lenguaje de la misericordia"(Evangelii Gaudium, 2013)
martes, 23 de marzo de 2021
HOGAR, DULCE HOGAR


Pero hay motivos para la esperanza. El primero es obvio y sencillo: tan sólo tiene que "Mirar" a los bancos de la parroquia y “Buscar” esas “piedras vivas” que precisa para construir el templo espiritual que Dios quiere. No se trata tanto de encontrar recursos humanos como de las personas adecuadas para las funciones concretas.
Lo siguiente es “Descubrir” los dones y talentos que Dios suscita en su pueblo y ponerlos a trabajar, ponerlos a rendir. El párroco, como administrador fiel, no puede ni debe enterrar esos talentos en la tierra mientras espera la llegada de su Señor.
A continuación, es necesario “Motivar”
a los que viven en la Hogar Común para que interioricen y asuman un sentido de
pertenencia, es decir, que se sientan “en casa”, que se sientan "en
familia".
Por ello, se requiere “Ser”
un buen líder y un buen comunicador, y con el ejemplo, "Inspirar" a soñar; "Mostrar" la visión y la misión de la parroquia, lo que ésta ofrece y lo que pide; "Animar" a buscar más, a hacer más, a ser más.

-valore el trabajo en equipo, la cooperación y el consenso. El párroco no “micro gestiona” ni controla de manera excesiva sino que escucha y apoya las decisiones de sus líderes de confianza. El pastor deja "pastar" a sus ovejas .
-busque nuevas perspectivas y opiniones distintas, que reúna información, abra el debate y tome decisiones, adoptando una "cultura del invitar", de bienvenida y acogida por parte de los laicos, primer contacto de todos los que llegan a la parroquia: "Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor" (Jn 10,16).
Frente al viejo guion parroquial de “reza, paga y obedece” se establece uno nuevo: “reza, participa y oblígate”.
Los laicos le dicen al párroco: “Déjanos ayudarte”, y el párroco, al “dejarse ayudar”, permite que los laicos pongan en acción su fe y su potencial, haciendo que la parroquia se redefina a sí misma: "Teniendo dones diferentes, según la gracia que se nos ha dado, deben ejercerse así: la profecía, de acuerdo con la regla de la fe; el servicio, dedicándose a servir; el que enseña, aplicándose a la enseñanza; el que exhorta, ocupándose en la exhortación; el que se dedica a distribuir los bienes, hágalo con generosidad; el que preside, con solicitud; el que hace obras de misericordia, con gusto" (Rom 12, 6-8).
El liderazgo compartido produce
un “efecto dominó” en toda la
comunidad, potenciando una mayor implicación de todos, favoreciendo la multiplicación de las actividades pastorales y por tanto, consiguiendo la vitalización de la parroquia.
El liderazgo compartido establece un equipo de líderes gestores unido, fiel al Evangelio y a la Iglesia, capaz de contagiar a toda la comunidad parroquial. Invita, forma, compromete y responsabiliza a todos en la edificación del Reino de Dios en la tierra.

De esta forma y con el paso del tiempo, se consigue dar a luz una comunidad en armonía y unidad que, de forma automática, suscitará “vocaciones”. No es posible la existencia de vocaciones sin una comunidad de las que nazcan: "Así como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, y no todos los miembros cumplen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero cada cual existe en relación con los otros miembros" (Rom 12, 4-5).
Una escuela de discipulado
Para que conseguir una gran comunidad se requiere establecer un plan, una visión que desarrolle la formación/discipulado mediante distintas herramientas: grupos pequeños, catequesis, métodos, retiros, convivencias, peregrinaciones, actividades comunes, etc.
Estas mismas herramientas sirven, a su vez, para llevar a cabo la evangelización de nuevas personas que, de forma automática, se unen a ellas para convertirse en nuevos discípulos y volver a comenzar este proceso continuo.
El liderazgo compartido servirá
también para ver las necesidades presentes y futuras, y que, ante un posible
cambio del párroco, la comunidad pueda seguir funcionando con normalidad.
La sucesión del párroco es una
cuestión en la que no se piensa pero es importante tenerla en cuenta ya que la
parroquia no pertenece al párroco sino a los parroquianos. Es necesario que
exista un diálogo permanente entre parroquia y diócesis que detecte las
necesidades de una y de otra. Esto es labor del párroco junto con el arcipreste
y el vicario episcopal.
Además, es recomendable
establecer un plan de sucesión y un equipo de transición pastoral de la
parroquia para salvaguardar los avances realizados en materia de liderazgo que
implique, prepare, guie y apoye a nuevos líderes laicos, lo que facilitará la
integración del nuevo párroco, cuando se produzca.
Una renovación espiritual
La misión del cristiano es desarrollar un corazón para Jesús que le dé siempre el primer lugar. Comienza siempre por la conversión individual, es decir, por la relación amorosa con Dios que despierta la fe y enardece el corazón, que lo transforma de uno de piedra a uno de carne.

viernes, 23 de octubre de 2020
EVANGELIZACIÓN 2.0: DISCIPULAR CONVERSOS

Hace cinco años, en mi artículo Iglesias portaaviones, escribía sobre la urgencia de la conversión pastoral de la Iglesia, sobre la necesidad de pasar de ser cruceros a portaaviones.
Un cambio de paradigma al que nos han venido exhortando los papas (Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco) en sínodos, encuentros y encíclicas (Lumen Gentium, Redemptoris Missio, Evangelli Nuntiandii, Verbum Domini, Evangelii Gaudium) bajo expresiones como "Nueva Evangelización", "La Iglesia existe para evangelizar", "Iglesia en salida", etc.



lunes, 13 de mayo de 2019
LAMENTAR NUESTRAS PÉRDIDAS DE VOCACIONES

Sin embargo, no podemos, no debemos... quedarnos en el "lamento de nuestras pérdidas". Es preciso compartirlas primero con Jesús, para después, hacerlo con el mundo. Es necesario lamentarnos con Cristo, para después, alegrarnos con el mundo. Es imprescindible conocer primero para después, dar a conocer.
Nos quejamos de la cantidad de niños, jóvenes y adultos que abandonan y se alejan de la Iglesia, pero...¿qué hacemos para remediarlo? ¿salimos al mundo con alegría o permanecemos en casa perdidos en el lamento?
Nos quejamos de que esta sociedad está secularizada y que la mayoría de las personas se autoproclaman con orgullo agnósticos o incluso ateos, pero...¿qué hacemos para revertirlo? ¿salimos al mundo con amor o nos quedamos en casa esclavizados por el rencor?Nos quejamos porque bregamos toda la noche y no pescamos nada, mientras nos empeñamos en seguir guiándonos por nuestra experiencia, por nuestro "saber hacer", en lugar de escuchar al Maestro, para que nos diga por qué lado "lanzar las redes".
Sinceramente, estoy convencido de que faltan vocaciones (de todo tipo) porque no enseñamos "por qué creemos lo que creemos".
Y es que pasa que, cuando nuestra fe es probada, rara vez podemos respaldar con palabras lo que creemos, rara vez podemos mostrar en qué se fundamentan nuestra fe y nuestra esperanza. ¿No será porque nuestro corazón ha dejado de "arder"?
No pretendo ser pesimista ni desalentador. Simplemente, pretendo tomar consciencia para despertar de nuestro lamento y de nuestra queja, y para ponernos "en marcha". "Recemos y pongámonos en acción".



