¿QUIÉN ES JESÚS?

La vida de Jesús siempre ha suscitado preguntas a lo largo de los últimos dos mil años.

¿Cómo pudo un carpintero que fue ejecutado por los romanos convertirse en el hombre más famoso de la historia?
¿Fue Jesús alguien verdaderamente real?
¿Cómo puede Dios ser un hombre al mismo tiempo?
¿De qué manera podría esto tener algún sentido para mi vida?

Estas son algunas preguntas, pero aquí tienes un espacio para formular las tuyas.
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martes, 16 de junio de 2026

EL PAPA NOS HA PUESTO DEBERES

 
"Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia,
y el poder del infierno no la derrotará"
(Mt 16,18)

Tras su visita apostólica, el papa León XIV nos dejado a los católicos de España una serie de deberes. Su llamamiento no se puede quedar en la emoción de los eventos multitudinarios vividos, sino que exige pasar de la acogida festiva a la acción pastoral concreta:

Pastoral del encuentro: desactivar la polarización social
"Si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda" (Mt 5,23-24)
Qué dijo: en el Palacio Real de Madrid, el papa advirtió sobre la creciente "tentación de ganar popularidad avivando el fuego de las polarizaciones", insistió en que el debate público actual destruye los puentes sociales y pidió que la fe sea un motor de reconciliación y diálogo, nunca de enfrentamiento. 
Qué hacer: Para los católicos, esto exige un cambio radical en la forma de comunicarse, promoviendo  la "cultura del encuentroy rechazando los discursos de odio o división:
  • En el ámbito digital: realizar un "ayuno de hostilidad" en redes sociales que implica no compartir bulos, no alimentar discusiones agresivas y evitar el lenguaje despectivo hacia quienes piensan diferente.
  • En el ámbito político: recordar que la fe católica no debe ser utilizada como arma arrojadiza. El cristiano debe actuar como mediador en sus entornos, buscando puntos de unión en lugar de amplificar las diferencias.
Pastoral de la acogida: pasar de la teoría a la acción con la migración
"Sé voz de quien no tiene voz, defensor del hombre desvalido, pronuncia sentencias justas, defiende al pobre desprotegido" (Pro 31,8-9)
Qué dijo: en Canarias, el Papa León dijo que "la dignidad no tiene pasaporte" y exigió a las mafias que explotan personas un rotundo "¡Deténganse! ¡Conviértanse!". Recordó también que existe el "derecho a no migrar" (combatiendo la pobreza en origen), pero que ante el sufrimiento en las fronteras, la respuesta del creyente debe ser la acogida, la protección y la integración.
Qué hacer: las diócesis y parroquias deben revisar sus estructuras de acogida y acompañamiento a los necesitados:
  • Integración parroquial: no basta con dar asistencia material (alimentos o ropa). El reto es la inclusión eclesial: que las familias migrantes formen parte activa de los consejos parroquiales, las catequesis y las celebraciones, rompiendo los guetos comunitarios.
  • Denuncia y concienciación: apoyar políticamente las vías legales y seguras de migración. Las comunidades católicas deben ser espacios de formación para contrarrestar los discursos de miedo al extranjero con datos, testimonios y doctrina social de la Iglesia.
Pastoral de la vida: defenderla en todas sus etapas
"No matarás" (Ex 20,13)
Qué dijo: remarcó la importancia de proteger la vida humana, sobre todo "la de los que no tienen voz". Durante su visita al centro CEDIA de Cáritas en Madrid, puso el foco en las personas sin hogar y denunció la "cultura del descarte" que sufren los ancianos.
Qué hacer: los cristianos debemos ayudar a familias vulnerables, a madres gestantes en dificultades y a ancianos o enfermos en soledad. No limitar la defensa de la vida a un concepto abstracto, sino traducirla en apoyo material y social cotidiano:
  • Cuidado de la vulnerabilidad: nuestro compromiso pasa por reforzar el voluntariado en comedores sociales, albergues y programas de inserción laboral.
  • Acompañamiento a la soledad: es preciso potenciar la pastoral de la salud, organizando redes parroquiales que visiten y acompañen a los mayores que viven solos.
Pastoral de la misión: la fe como un camino en construcción
"Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos"  (Mt 5,16)
Qué dijo: en Barcelona, el pontífice nos recordó que la obra de la Sagrada Familia (como la propia vida cristiana) es "una obra en construcción" y lo puso como modelo para la renovación de las propias comunidades católicas. También insistió en que los laicos somos los verdaderos protagonistas de la evangelización pero con "humildad, sin imponer", mediante el testimonio de alegría y servicio.
Qué hacer: es preciso dinamizar las parroquias saliendo a la calle, sin miedo a dejar atrás estructuras del pasado que atenúen el espíritu misionero.
  • Superar el clericalismo: el compromiso no es sólo de la jerarquía eclesial sino de los laicos, llamados a evangelizar en nuestros entornos (familias, empresas, universidades y colegios).
  • Evangelizar sin imponer: la fe se transmite "por atracción", y no a través de la condena moral o la confrontación cultural con la sociedad secularizada.

martes, 29 de junio de 2021

FRENTE AL DESCARTE, ENCUENTRO Y ACOGIDA


"Amarás al Señor, tu Dios, 
con todo tu corazón y con toda tu alma 
con toda tu fuerza y con toda tu mente. 
Y a tu prójimo como a ti mismo"
(Lc 10,27)

La parábola del Buen Samaritano (Lucas 10,30-37) interpela a un mundo que ha dejado de ser solidario y justo. Jericó representa a una sociedad hostil que ha dejado de ser "civilizada", el sacerdote y el levita personifican a una comunidad que se ha deshumanizado y desnaturalizado, toda vez que ha dejado de contemplar los valores innatos a la dignidad humana para hacerlo en términos utilitaristas, económicos o productivos.  

La cultura del "tener", del materialismo o del consumismo es, en realidad, la cultura del hedonismo y del placer, que oculta bajo una falsa apariencia de "bienestar", un amor narcisista, endiosado y ególatra. El mismo orgullo de Satanás, quien se vanagloria de atacar los dos principales mandamientos de Dios, amar a Dios y amar al prójimo, para amarse a sí mismo y destruir al hombre.
Dice el papa Francisco que "la globalización nos ha hecho más cercanos pero no más hermanos" porque ha dado paso a "la cultura del descarte", que consiste en categorizar a los seres humanos por su poder adquisitivo, por su fragilidad y vulnerabilidad, por su color de piel, por su condición social, religiosa o económica o, simplemente, por sus creencias o ideas, de tal modo que quienes no cumplen los requisitos estandarizados del Nuevo Orden Mundial son, sistemáticamente, descartados y situados en el ámbito de la marginalidad.
La cultura de la indiferencia, del desprecio y de la muerte arremete fundamentalmente contra los más frágiles y vulnerables, que son descartados porque no aportan, porque no producen, porque no consumen.

Y así, los no nacidos (seres humanos inocentes) son descartados con leyes del aborto, los ancianos (testigos de la memoria colectiva y de la tradición), desechados con leyes de la eutanasia, las familias (pilares de la sociedad) destruidas con leyes del divorcio, y los pobres (los predilectos de Jesús) marginados con injustas leyes exclusivas. 

Frente a la cultura del descarte, el papa Francisco nos exhorta a practicar "la cultura del encuentro y la acogida". Nos llama a ser una Iglesia samaritana que acoja y abrace sin esperar reconocimientos ni gratitudes; que sea cercana y que no se desentienda de nadieque sea prójima y que no pase de largo; que se acogedora y dedique tiempo y espacio e incluso, dinero con los "descartados".
¿Quién es mi prójimo?
Los judíos seguían el mandamiento levítico de amar al prójimo entendido como "próximo", es decir, como pariente o persona cercana en su comunidad. 

Amar a nuestros seres queridos, a nuestros familiares y a nuestros amigos es fácil, pero Jesús va más allá cuando nos dice: "Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos" (Mt 5,44-45). Para ser hijos de Dios debemos amar y rezar por nuestros enemigos. Y eso, sí que cuesta...

Además nos dice: "No hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos" (Jn 15,13), refiriéndose con  el termino "amigos" a todos los hombres. Es el amor el que nos da ojos para ver, corazón para sentir, y manos para servir.

Los cristianos debemos dar la vida por todos..."Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto" (Mt 5,46-48). Para ser perfectos en el amor como Dios debemos amar a todos. Y eso sí que merece la pena...

Así pues, "prójimo" no es aquel que me es más cercano por razones de parentesco, nacionalidad, cultura o religión, sino aquel a quien me acerco en su necesidad, a quien me aproximo en su sufrimiento, a quien me uno en su dificultad.
Amar al prójimo requiere "pararme", no por curiosidad sino por disponibilidad. Supone superar mis prejuicios, acoger y ayudar a quienes me necesitan. Implica sentir su misma hambre y su mismo dolor, asumir su situación compasivamente, es decir, "padecer-con" ellos. 

Supone comprometerme y preocuparme por quien sufre, por quien tiene necesidades, por quien está indefenso o herido. Porque no puedo ser espectador silencioso o desentendido ni inhibirme por temor a mancharme las manos, por recelo a entretenerme y ofrecer mi tiempo, por suspicacia a pararme y ofrecer mi ayuda. 

Pero además, no puedo despreocuparme de mi prójimo porque eso significará que me estoy desentendiendo del propio Jesús: "Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme” (Mt 25,35-36).

Frente a la cultura del descarte, como cristiano debo vivir una cultura de la compasión, del compromiso y de la comunión: sentir con y por los que sufren, servir por amor a los necesitados y edificar una comunidad amorosa con mis prójimos y con Dios.

Y ahora...
..."Anda y haz tú lo mismo"
(Mt 10,37)