¿QUIÉN ES JESÚS?

La vida de Jesús siempre ha suscitado preguntas a lo largo de los últimos dos mil años.

¿Cómo pudo un carpintero que fue ejecutado por los romanos convertirse en el hombre más famoso de la historia?
¿Fue Jesús alguien verdaderamente real?
¿Cómo puede Dios ser un hombre al mismo tiempo?
¿De qué manera podría esto tener algún sentido para mi vida?

Estas son algunas preguntas, pero aquí tienes un espacio para formular las tuyas.
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domingo, 26 de julio de 2026

SIGNOS BÍBLICOS PENITENCIALES

 
"Convertíos a mí de todo corazón, 
con ayunos, llantos y lamentos; 
rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos, 
y convertíos al Señor vuestro Dios, 
un Dios compasivo y misericordioso, 
lento a la cólera y rico en amor, 
que se arrepiente del castigo" 
(Jl 2,12-13)

La Sagrada Escritura muestra numerosos signos penitenciales como expresiones públicas de conversión y humillación ante Dios: rasgarse las vestiduras, ayunar, vestirse de sayal, raparse o cubrirse la cabeza de ceniza. Sin embargo, hace una distinción radical entre realizar estos rituales externos y experimentar una verdadera transformación interior, entre la hipocresía de aparentar contricción y tener un arrepentimiento real.

La Palabra de Dios subraya constantemente que cualquier signo externo pierde su valor si se convierte en un ritual vacío. Para que sea grato a Dios, debe estar respaldado por la penitencia interior, que incluye el deseo firme de cambiar de vida, reparar el daño causado y practicar la justicia y la misericordia con el prójimo. 

Rasgarse las vestiduras o ayunar mostraban un estado de profundo arrepentimiento, de humildad extrema, luto y penitencia pública ante Dios; una manifestación externa de un dolor interior devastador y desesperación, de una urgente súplica por la misericordia divina o también la máxima expresión de quebranto y deshonra.

Vestirse de sayal (o cilicio), del hebreo "saq" y del griego "sakkos" (saco), consistía e utilizar una vestidura tosca, áspera y sumamente incómoda, confeccionada habitualmente con pelo negro de cabra o de camello. Al raspar la piel de forma constante, su uso representaba el rechazo a la comodidad física, la mortificación del cuerpo y el reconocimiento de haber fallado.

Raparse o cubrirse la cabeza con ceniza o sentarse en el suelo sobre cenizas demostraba una humillación y fragilidad humana total y la aceptación de que el ser humano es polvo y al polvo volverá, frente a la trascendencia de Dios.
   
El sayal y la ceniza forman el rito penitencial por excelencia y son el origen del Miércoles de Ceniza, con el comienza la Cuaresma, tiempo litúrgico delimitado y simbólico donde la Iglesia invita a "vestirse de sayal interior": ayuno del egoísmo, mortificación del orgullo y dolor de haber ofendido a Dios.

Todos estos rituales expresan duelo o desolación por la pérdida de un hijo o de un ser querido:
"Jacob rasgó sus vestiduras, se ciñó a los lomos un sayo e hizo luto por su hijo muchos días" (Gn 37,34)
"Vístete de saco, acuéstate en ceniza; haz duelo como por un hijo único, un llanto amargo, pues llegará de improviso nuestro devastador" (Jr 6,26) 
"Job se levantó, se rasgó el manto, se rapó la cabeza, se echó por tierra" (Job 1,20)
"Transformaré vuestras fiestas en duelo, y todas vuestras canciones en elegía. Pondré arpillera sobre toda espalda y dejaré rapada toda cabeza. Será como el duelo por un hijo único, y el final como un día de amargura" (Am 8,10)
Manifiestan arrepentimiento, humillación y petición de perdón o intercesión divina ante un juicio, una catástrofe nacional o una amenaza de destrucción:
"Los ninivitas creyeron en Dios, proclamaron un ayuno y se vistieron con rudo sayal, desde el más importante al menor. La noticia llegó a oídos del rey de Nínive, que se levantó de su trono, se despojó del manto real, se cubrió con rudo sayal y se sentó sobre el polvo" (Jon 3,5-6)
"Ajab, al oír estas palabras, rasgó sus vestiduras, se echó un sayal sobre el cuerpo y ayunó. Con el sayal puesto se acostaba y andaba pesadamente" (1 R 21,27)
"Los hijos de Israel y todo el pueblo subieron a Betel. Allí lloraron sentados ante el Señor. Aquel día ayunaron hasta el atardecer, y ofrecieron holocaustos y víctimas pacíficas ante el Señor" (Jue 20,26)

"Cuando el rey Ezequías lo escuchó, rasgó sus vestiduras, se cubrió de sayal y fue al templo del Señor" (2 R 19,1)
"El día veinticuatro de aquel mismo mes se reunieron los hijos de Israel para hacer ayuno, vestidos de saco y cubiertos de polvo" (Nh 9,1)
"Se sientan silenciosos en el suelo los ancianos de la hija de Sión; cubren de polvo su cabeza y se ciñen con saco; humillan hasta el suelo su cabeza las doncellas de Jerusalén" (Lam 2,10)

"Cuando me aflijo con ayunos, se burlan de mí. Cuando me visto de saco, se ríen de mí" (Sal 69,11-12)
"Cuando Mardoqueo tuvo noticia de lo que pasaba, rasgó sus vestiduras, se vistió de saco, se cubrió de ceniza y recorrió la ciudad gimiendo amargamente" (Est 4,1)
"A la hora de la ofrenda de la tarde salí de mi abatimiento y, con mi vestidura y el manto rasgados, me arrodillé, extendí las palmas de mis manos hacia el Señor, mi Dios, y exclamé: Dios mío, estoy avergonzado y confundido; no me atrevo a levantar mi rostro hacia ti, porque nos hemos hecho culpables de numerosas faltas y nuestros delitos llegan hasta el cielo" (Esd 9,5-6)
"Vestíos de sayal, en actitud de duelo, y gemid: ¡Ay, no se aparta de nosotros la cólera ardiente del Señor!"  (Jr 4,8)
"Después me dirigí al Señor Dios, implorándole con oraciones y súplicas, con ayuno, saco y ceniza" (Dn 9,3)
"Se ciñen de sayal, el terror los domina, los rostros consternados, las cabezas rapadas" (Ez 7,18)

Muestran reproche y denuncia por la dureza de corazón y la apatía espiritual:

"En lugar de perfume habrá olor de podredumbre, en lugar de cinturón, cuerda, en lugar de rizos, calvicie, en lugar de amplio manto, un saco estrecho, y en lugar de belleza, una marca de fuego" (Is 3,24)
"¿Es tal el ayuno que yo escogí...? ¿que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis a esto ayuno...? ¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar libres a los quebrantados...?" (Is 58,5-6)
"¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza" (Mt 11,21; Lc 10,13)
"Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan..." (Mt 6,16)
Señalan una llamada a la conversión en un tiempo de profunda decadencia espiritual antes del juicio final sobre la Tierra:
"Haré que mis dos testigos profeticen durante mil doscientos sesenta días, vestidos de sayal" (Ap 11,3)

jueves, 12 de enero de 2017

POR FAVOR, NO ME DES UNA RESPUESTA CRISTIANA

"Jesús se echó a llorar."
(Juan 11,35 )

Soy cristiano, quiero a Jesús y a Dios pero me disgustan las respuestas cristianas encorsetadas. No me gustan los que intentan darme la solución para todo con unas cuantas palabras agradables, o envueltos en una falsa espiritualidad. Sobre todo, en los momentos de angustia y de dolor.

Porque no hay nada bonito ni agradable en algunas cosas que suceden en nuestro mundo roto. Y en una muerte de un ser querido, menos.

Le pido perdón a Dios, si le ofendo pensando que un cristiano no puede arreglar todo con unas buenas palabras. Creo que Dios no necesita personas (como yo, con perspectiva, entendimiento y profundidad limitadas) para tratar de dar sentido a cosas que no tienen sentido.

¿Hay un lugar para Dios en todo esto? Por supuesto. El venció a la muerte y Resucitó. Pero debemos dejar que Dios nos dirija. A su tiempo. A su manera. Con su amor.

Y cuando suceden cosas terribles debemos decir: "Es terrible". Cuando las cosas no tienen sentido, debemos decir: "Esto no tiene sentido". Porque hay una gran diferencia entre un palabra equivocada en el momento equivocado y una palabra correcta en el momento adecuado.
 
Cuando mi abuela murió, lloré desconsoladamente. Estuve con ella unas horas antes, hablando. La escuché decir lo mucho que me había querido toda su vida. Y horas después ya no estaba. Me dolió profundamente. Lloré amargamente. No entendía el por qué de su muerte. Al menos, no de momento. Estaba furioso. Necesitaba tiempo para poder curar mi dolor, mi enfado y mi pérdida.


Pero lo que más me enfureció fue durante el velatorio, cuando la gente intentaba aliviarme diciendo cosas como: "Dios se la ha llevado al cielo" o "está en un sitio mejor". Eso no hizo más que retorcerme en el dolor de mi corazón, que estaba completamente roto.

Entiendo por qué me decían esas cosas... querían decirme algo bonito. Querían consolarme y por eso me lo decían. Y yo quería sentirme consolado, pero no lo estaba.

Todo era contradictorio. Quería estar llorando desconsoladamente por mi abuela un minuto y pensando que estaría en el cielo, al siguiente. Quería dar gracias a Dios y a la vez, enfadarme con Él. No había nada de razonable en todo eso.

Pero lo que sé ahora y que me hubiera gustado saber entonces, es que incluso Jesús sintió emociones profundamente humanas como el dolor y la angustia. 

El apóstol Juan nos describe cómo Jesús recibe la noticia de que su querido amigo Lázaro ha muerto:

"Cuando María llegó al lugar donde Jesús estaba y lo vio, se cayó a sus pies y dijo: 'Señor, si tuvieras Mi hermano [Lázaro] no habría muerto. "Cuando Jesús la vio llorando, y los judíos que habían venido con ella también llorando, se sintió profundamente conmovido de espíritu y turbado. -¿Dónde lo has puesto? -preguntó. 'Vengan y vean, Señor', contestaron. Jesús se echó a llorar" (Jn 11, 32-35)

Sí, Jesús lloró y lloró por su querido amigo en ese momento devastador y desgarrador. Y Él es Dios. El hecho de que Él pueda identificarse con mi dolor es muy reconfortante para mí.

Hay un momento para recibir una respuesta cristiana de amigos bien intencionados. Desde luego. Pero también hay un momento para llorar con un amigo herido desde lo más profundo de tu alma. Y por eso, le pido a Dios que me (nos) ayude a conocer la diferencia.

 "Alegraos con los que se alegran; Llorar con los que lloran. Vivid en armonía unos con otros" (Rm 12, 15-16)

"Una persona encuentra alegría en dar una respuesta adecuada - ¡y cuán buena es la palabra oportuna!" (Pro 15,23) 

Piensa en alguien que esté pasando por una situación realmente difícil. ¿Cómo puedes consolarlo? 

Consolar implica acompañar, ser útil, llorar con él y en definitiva, asegurarse de que sus necesidades físicas y emocionales se cumplan en este difícil momento. Permite que Dios te guíe mientras intentas consolar de la forma correcta a tu amigo.

Querido Padre y Señor mío, gracias por estar allí, 
en mis momentos más oscuros. 
Sé que eres real y que tú eres el único que puede traer consuelo 
a situaciones aparentemente imposibles. 
Por favor ayúdame a encontrarte en los momentos más aciagos. 
Amén.


jueves, 27 de octubre de 2016

LO QUE NO HAY QUE DECIR EN UN DUELO

Cuando un amigo o familiar sufre la muerte de un ser querido, por lo general, buscamos palabras adecuadas para dar ánimo. 

Generalmente intentamos ofrecer apoyo, pero a veces se convierten en palabras vacías que no acompañan. Sin querer, derivan hacia el efecto contrario de lo que intentamos expresar. Casi ninguna palabra recobra el ánimo de quien ha perdido a alguien y menos una sugerencia "gratuita".

Por lo tanto, debemos ser cuidadosos y no tratar de alentar ofreciendo nuestros consejos. Lo que debemos hacer es acompañar y acoger. Tan sólo tenemos que estar presentes con ellos en la oscuridad. El dolor, el lamento y la tristeza son parte de la vida, pero los cristianos tenemos algo que otros no tienen: nuestra fe. Una fe que acoge, que acompaña, que abraza.

Existen tres frases que deberíamos dejar de decir a alguien que ha perdido recientemente a un ser querido. Estas frases simples, tal vez, suenen reconfortantes en la superficie, pero por lo general sirven de poco como bálsamo para el sufrimiento.

"Está en un lugar mejor"
Esta frase tiende a hacer que la persona que está de duelo sienta que lo que decimos no es creíble. En otro momento, esta frase tiene sentido, pero en un duelo puede percibirse como un cierto abuso espiritual
Cuando Jesús fue a ver a María y Marta después de la muerte de su amigo Lázaro, él hizo algo muy sencillo: Lloró. Él no dijo: "Lázaro está en un lugar mejor", sino que se unió a ellas en duelo. 

Ante una situación de dolor y pérdida, la empatía es la respuesta. Es mejor que nosotros seamos percibidos también como seres vulnerables, en lugar de soltar una frase espiritual. Debemos resistir la tentación de dar una dosis rápida de esperanza y en su lugar, ofrecer nuestra solidaridad.

"Ya no está sufriendo más"
Cuando alguien sufre una pérdida, no está buscando consuelo en el sufrimiento o no de la persona que se ha ido. 

Nadie quiere que su ser querido sufra. Quien sufre es el que queda porque lo que quisiera desesperadamente es que el que se ha ido, estuviera aún presente. 

Si volvemos a fijarnos en Jesús ante la tumba de Lázaro, no podemos imaginarle diciendo a María o Marta: "Bueno, al menos él no está sufriendo más". 

Sonaría como "salir del paso", como "borrón y cuenta nueva", como decir "da igual". Jesús sufría el mismo dolor que ellas, y entre lágrimas, conectó con ellas, se unió a su sufrimiento.

"El tiempo cura todas las heridas"
Esto es cierto, pero es un terrible cliché y se trivializa el agudo dolor que se siente en ese momento. 
Una persona que pierde un ser querido está conectado a ellos a través de su dolor. Es difícil separar el dolor del amor, durante los primeros momentos de la pérdida. 

Debemos evitar tópicos y frases manidas. Suenan siempre artificiales, poco naturales. No expresan realmente un sentimiento real.

Recuerda que nuestra labor nos es tratar de curarlos o sanarlos, sino sentir profundamente la pérdida con ellos en el contexto de nuestra fe. 

Llorar, abrazar, orar y estar presente en la pérdida. No nos apresuremos a tratar de eliminar el dolor, porque al hacerlo, es posible que pasemos por alto que el consuelo siempre viene de Dios.