¿QUIÉN ES JESÚS?

La vida de Jesús siempre ha suscitado preguntas a lo largo de los últimos dos mil años.

¿Cómo pudo un carpintero que fue ejecutado por los romanos convertirse en el hombre más famoso de la historia?
¿Fue Jesús alguien verdaderamente real?
¿Cómo puede Dios ser un hombre al mismo tiempo?
¿De qué manera podría esto tener algún sentido para mi vida?

Estas son algunas preguntas, pero aquí tienes un espacio para formular las tuyas.
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sábado, 23 de mayo de 2026

LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO

"Jesús se echó a llorar"
(Jn 11,35)

Hoy meditamos el capítulo 11 del evangelio de Juan que narra la resurrección de Lázaro en Betania, el séptimo y último gran milagro (o "signo") de su Evangelio, preludio y anticipo de la Pasión de Cristo.  

En este capítulo se encuentra el versículo más corto de la Biblia que relata la conmoción de Jesús por la muerte de Lázaro, previa a su resurrección. A pesar de su brevedad, encierra una gran verdad (dogma) teológica:
  • Jesús manifiesta su humanidad: experimenta emociones humanas (tristeza profunda, dolor por la pérdida y empatía hacia sus amigos). Llora como hombre a pesar de saber que iba a resucitarlo después como Dios. 
  • Jesús manifiesta su divinidad: a Dios le importa el padecimiento humano; no es indiferente ante nuestra aflicción; siempre está presente en el sufrimiento. Por ello, obra el milagro con el que revela su divinidad.
Contexto histórico
Lázaro lleva cuatro días muerto cuando Jesús llega a su aldea. Sabía de la enfermedad de Lázaro, pero no acude de inmediato.

A su llegada, Marta y María le expresan su dolor pero también su fe condicional: "Si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto"

Jesús, viéndolas llorar a ellas y a los judíos "se conmovió en su espíritu y se estremeció" (v. 33) y "se echó a llorar" (v. 35). Y cuando llega a la tumba, "se conmocionó de nuevo en su interior" (v.38).
   
El término utilizado para "echarse a llorar" es edákrysen (del verbo dakryō) que significa "derramar lágrimas" o "sollozar en silencio". Un verbo muy distinto al usado para describir el lloro de María y de los judíos (klaiō): un llanto fuerte, ruidoso, con lamentos y gemidos. 

Jesús no se une al lamento ruidoso de la multitud. Su dolor se manifiesta de forma íntima, profunda y silenciosa a través de las lágrimas que brotaron de sus ojos. 

Contexto teológico
El retraso de cuatro días por parte de Jesús para acudir a la tumba de Lázaro no fue un descuido logístico, sino un acto deliberado para romper con las limitaciones de la lógica humana y las tradiciones de la época.
Según la tradición judía (Midrash),  el alma vagaba alrededor del cuerpo durante tres días después de la muerte, intentando reingresar en él. Al cuarto día, el alma abandonaba definitiva y permanentemente el cuerpo descompuesto hacia el reino de los muertos (el Sheol).

Si Jesús hubiera resucitado a Lázaro al segundo o tercer día, los escépticos y líderes religiosos habrían argumentado que Lázaro solo estaba en un coma profundo, desmayado o que su alma simplemente había regresado de forma natural. Al esperar al cuarto día, rompe con toda superstición y con toda explicación natural, demostrando un milagro indiscutible.

El retraso sirve para realizar el milagro y revelar su propósito: glorificar al Padre. Al no quedar ninguna esperanza humana de recuperación, la resurrección subsecuente obliga a los testigos a reconocer que Jesús no es un simple curandero o profeta, sino el Dios soberano que gobierna la vida y la muerte.

Ante la orden de Jesús de "Quitad la losa", Marta advierte explícitamente: "Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días" (v. 39). Y Jesús le replica: "¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?"(v. 40), que ya le había mencionado anteriormente (v. 4).

Cuando Jesús le asegura a Marta que su hermano resucitará (v. 23), Marta responde con la doctrina judía ortodoxa: "Yo sé que resucitará en la resurrección en el último día" (v. 24). Ella creía en la resurrección como un evento futuro y escatológico.

Jesús rompe ese esquema temporal con una de las declaraciones del "Yo Soy" más poderosas de la Biblia con la que expresa su divinidad ("Yo Soy" es el nombre sagrado e impronunciable de Dios en hebreo, el TetragrámatonYHWH, pronunciado por primera vez en Ex 3,14): "Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente" (v. 25-26). 

Jesús le muestra a Marta que la resurrección no es solo un evento futuro, sino una Persona presente, Él mismo: el poder sobre la muerte estaba allí de pie frente a ella. Ante esto, Marta da la respuesta definitiva de fe: "Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo"(v.27).

Jesús se encomienda al Padre (v. 41-42) y, con voz potente, ordena a Lázaro: "sal afuera" (v. 43), quien sale "con los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario". Es la voz de Dios, el Logos, la Palabra creadora (Gn 1): Jesús crea vida donde no la hay. 

Con el milagro, Jesús no solo demuestra su poder sobre la muerte clínica (como hizo con la hija de Jairo o el hijo de la viuda de Naín), sino que revela su autoridad sobre la descomposición biológica y la corrupción de la carne. Con ambos revela su divinidad y se convierten en el detonante definitivo para que el Sanedrín decida matarlo (v. 53). 

El hecho de que Lázaro salga del sepulcro:
  • a pesar de estar completamente inmovilizado con vendas (según el rito judío) es en sí mismo otro milagro físico. Espiritualmente, representa al pecador que ha recibido la vida en Cristo pero que aún arrastra las ataduras, hábitos y heridas de su vida pasada.
  • con la cara envuelta en el sudario contrasta directamente con la futura resurrección de Jesús (Jn 20,7) y marca una gran diferencia teológica: Lázaro es reanimado a su cuerpo mortal antiguo y volverá a morir años después. Jesús, en cambio, resucitará a un cuerpo glorificado e inmortal que vence a la muerte para siempre.
La orden de "desatadlo"(v.44) indica que los testigos (la comunidad, los amigos, la iglesia) deben ayudarlo a quitarse las vendas del pasado. Teológicamente, representa que el proceso de liberación y sanación tras recibir el rescate de Dios se vive en comunidad. 

La orden de "dejadlo andar" indica que los testigos (la comunidad, los amigos, la iglesia) deben dejarlo vivir tranquilo. Teológicamente significa que Dios nos devuelve la vida (nos "desinmoviliza") para que caminemos en la libertad que Él nos otorga ("nos moviliza").
 
Con este signo, Jesús muestra de forma pública y fehaciente que tiene las "llaves" del Sheol antes de enfrentar se a su propia muerte. 

Tras su muerte en la cruz, bajará y abrirá la morada de las almas que habían dejado este mundo desde Adán hasta Cristo y que estaba dividida en una zona de consuelo para los justos (conocida como el "seno de Abraham") y otra de tormento para los impíos.

Por todo ello, al "resucitar" a un hombre al cuarto día (corrupción del cuerpo), da cumplimiento a las profecías del Antiguo Testamento (Jon 1,17; Os 6,2; cf. Gn 22,4) y a las del Nuevo sobre que Él mismo resucitaría de entre los muertos al tercer día (Mt 16,21; Mc 9,31; Lc 18,33) y de que no conocería la corrupción (Sal 16,10). 

jueves, 12 de enero de 2017

POR FAVOR, NO ME DES UNA RESPUESTA CRISTIANA

"Jesús se echó a llorar."
(Juan 11,35 )

Soy cristiano, quiero a Jesús y a Dios pero me disgustan las respuestas cristianas encorsetadas. No me gustan los que intentan darme la solución para todo con unas cuantas palabras agradables, o envueltos en una falsa espiritualidad. Sobre todo, en los momentos de angustia y de dolor.

Porque no hay nada bonito ni agradable en algunas cosas que suceden en nuestro mundo roto. Y en una muerte de un ser querido, menos.

Le pido perdón a Dios, si le ofendo pensando que un cristiano no puede arreglar todo con unas buenas palabras. Creo que Dios no necesita personas (como yo, con perspectiva, entendimiento y profundidad limitadas) para tratar de dar sentido a cosas que no tienen sentido.

¿Hay un lugar para Dios en todo esto? Por supuesto. El venció a la muerte y Resucitó. Pero debemos dejar que Dios nos dirija. A su tiempo. A su manera. Con su amor.

Y cuando suceden cosas terribles debemos decir: "Es terrible". Cuando las cosas no tienen sentido, debemos decir: "Esto no tiene sentido". Porque hay una gran diferencia entre un palabra equivocada en el momento equivocado y una palabra correcta en el momento adecuado.
 
Cuando mi abuela murió, lloré desconsoladamente. Estuve con ella unas horas antes, hablando. La escuché decir lo mucho que me había querido toda su vida. Y horas después ya no estaba. Me dolió profundamente. Lloré amargamente. No entendía el por qué de su muerte. Al menos, no de momento. Estaba furioso. Necesitaba tiempo para poder curar mi dolor, mi enfado y mi pérdida.


Pero lo que más me enfureció fue durante el velatorio, cuando la gente intentaba aliviarme diciendo cosas como: "Dios se la ha llevado al cielo" o "está en un sitio mejor". Eso no hizo más que retorcerme en el dolor de mi corazón, que estaba completamente roto.

Entiendo por qué me decían esas cosas... querían decirme algo bonito. Querían consolarme y por eso me lo decían. Y yo quería sentirme consolado, pero no lo estaba.

Todo era contradictorio. Quería estar llorando desconsoladamente por mi abuela un minuto y pensando que estaría en el cielo, al siguiente. Quería dar gracias a Dios y a la vez, enfadarme con Él. No había nada de razonable en todo eso.

Pero lo que sé ahora y que me hubiera gustado saber entonces, es que incluso Jesús sintió emociones profundamente humanas como el dolor y la angustia. 

El apóstol Juan nos describe cómo Jesús recibe la noticia de que su querido amigo Lázaro ha muerto:

"Cuando María llegó al lugar donde Jesús estaba y lo vio, se cayó a sus pies y dijo: 'Señor, si tuvieras Mi hermano [Lázaro] no habría muerto. "Cuando Jesús la vio llorando, y los judíos que habían venido con ella también llorando, se sintió profundamente conmovido de espíritu y turbado. -¿Dónde lo has puesto? -preguntó. 'Vengan y vean, Señor', contestaron. Jesús se echó a llorar" (Jn 11, 32-35)

Sí, Jesús lloró y lloró por su querido amigo en ese momento devastador y desgarrador. Y Él es Dios. El hecho de que Él pueda identificarse con mi dolor es muy reconfortante para mí.

Hay un momento para recibir una respuesta cristiana de amigos bien intencionados. Desde luego. Pero también hay un momento para llorar con un amigo herido desde lo más profundo de tu alma. Y por eso, le pido a Dios que me (nos) ayude a conocer la diferencia.

 "Alegraos con los que se alegran; Llorar con los que lloran. Vivid en armonía unos con otros" (Rm 12, 15-16)

"Una persona encuentra alegría en dar una respuesta adecuada - ¡y cuán buena es la palabra oportuna!" (Pro 15,23) 

Piensa en alguien que esté pasando por una situación realmente difícil. ¿Cómo puedes consolarlo? 

Consolar implica acompañar, ser útil, llorar con él y en definitiva, asegurarse de que sus necesidades físicas y emocionales se cumplan en este difícil momento. Permite que Dios te guíe mientras intentas consolar de la forma correcta a tu amigo.

Querido Padre y Señor mío, gracias por estar allí, 
en mis momentos más oscuros. 
Sé que eres real y que tú eres el único que puede traer consuelo 
a situaciones aparentemente imposibles. 
Por favor ayúdame a encontrarte en los momentos más aciagos. 
Amén.