¿QUIÉN ES JESÚS?

La vida de Jesús siempre ha suscitado preguntas a lo largo de los últimos dos mil años.

¿Cómo pudo un carpintero que fue ejecutado por los romanos convertirse en el hombre más famoso de la historia?
¿Fue Jesús alguien verdaderamente real?
¿Cómo puede Dios ser un hombre al mismo tiempo?
¿De qué manera podría esto tener algún sentido para mi vida?

Estas son algunas preguntas, pero aquí tienes un espacio para formular las tuyas.
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sábado, 14 de febrero de 2026

"LOBBIES" ESPIRITUALES TÓXICOS

"Os ruego, hermanos, que tengáis cuidado 
con los que crean disensiones y escándalos 
contra la doctrina que vosotros habéis aprendido; 
alejaos de ellos. 
Pues estos tales no sirven a Cristo nuestro Señor 
sino a su vientre, 
y a través de palabras suaves y de lisonjas 
seducen los corazones de los ingenuos"
(Rom 16,17-18)

Dentro de la Iglesia existen muchos carismas, realidades y grupos distintos que la enriquecen. Sin embargo, existen dentro de ellos, algunos "lobbies espirituales" que son problemáticos y nocivos.

Están liderados por personas que buscan influir y manipular, con el objetivo de alcanzar cotas de poder, que provocan disensiones y conflictos, que rompen la comunión y convierten un grupo sano en uno tóxico o sectario.

Estos "gurús espirituales" que están al frente de estos "lobbies" suelen tener una cierta formación, recorrido o experiencia espiritual con las que ejercen gran influencia sobre personas que los siguen "religiosamente". 

Normalmente comienzan su estrategia manipuladora "vendiendo" la intención de acoger a las nuevas personas que llegan al grupo, a las más vulnerables, a las que se sienten desubicadas, a las que buscan amistad o hacerse un hueco en el grupo (Hch 20,30)

Son expertos en adoptar una actitud paternalista y protectora, haciendo sentirse "especiales" a sus nuevos seguidores, "tejiendo" una amistad y cercanía con ellos que se parece más a una tela de araña tóxica, artificial e intencionada en la que quedan atrapados (1 Tim 4,1-2).
 
Son falso profetas que hacen creer que tienen todas las respuestas y siempre en posesión de la "verdad absoluta" (1 Jn 4,1). Imponen sus ideas, criterios y normas, desafiando a la autoridad, mostrando una insolente insubordinación y un pensamiento radical: o estás con ellos, o contra ellos. 

Estos "gurús espirituales" son expertos en seducir, controlar y manipular los pensamientos, sentimientos y actos de sus "presas". Son verdaderos "profesionales" de la tergiversación y del engaño (Prov 1,10; Mt 24,24-26). 

Consiguen que todo lo que dicen y hacen suene virtuoso, piadoso o correcto (2 Tim 3,5-7) utilizando el lenguaje espiritual con frases como "Dios me ha dicho", "el párroco me ha dicho" (2P 2,1)... o la propia victimización para ganar empatía, buscando culpables de los males que afectan al grupo, aunque manteniéndose siempre a una prudencial distancia del conflicto. 

Tienen una especial habilidad para buscar o inventar información de esos "culpables" para propagarla, sembrar cizaña y crear facciones dentro del grupos, pero siempre manteniendo equidistancia con el conflicto: Esto es entre nosotros, no digas nada por favor”, “Te lo digo para que reces por ellos” (Mt 7,15-16).
No buscan solucionar problemas, sino magnificarlos. No buscan reconciliarse con los otros, sino condenarlos. Se mueven en un sectarismo corporativista en el que sólo hablan de las ofensas y las afrentas recibidas de los "culpables", aunque la mayoría de los integrantes no hayan tenido directamente ningún conflicto con ellos o sean inventados.

Son un cáncer que debe ser extirpado (Mt 18,8-9) porque no aceptan la corrección fraterna (Mt 18,15-17) y persisten en su estrategia sectaria y nociva (Tit 3,9-11), que no busca la armonía y el interés general del grupo, sino la división y los intereses particulares .

Jesús nos advierte a lo largo de todo el Nuevo Testamento que estemos alerta para saber descubrir a estos impostores y alejarnos de ellos. 

Son "falsos profetas" que no son externos sino que están entre nosotros, dentro de la Iglesia y que se presentan como "ovejas", pero son "lobos feroces" interiormente, mezclan verdades con mentiras, buscan beneficios personales, causan división y desvían a otros.

El que tenga oídos, que oiga 
(Mt 13,9)

viernes, 23 de mayo de 2025

GRUPOS ECLESIALES ENDOGÁMICOS

"Y vi la ciudad santa, 
la nueva Jerusalén 
que descendía del cielo, de parte de Dios, 
preparada como una esposa
 que se ha adornado para su esposo...
Y los cimientos de la muralla de la ciudad 
están adornados con toda clase de piedras preciosas: 
jaspe, zafiro, calcedonia, esmeralda, sardónica, cornalina, 
crisólito, berilo, topacio, ágata, jacinto,  amatista
(Ap 21,2.19-20)

Hoy meditamos sobre una peligrosa tentación que prolifera y penetra dentro de la Iglesia: los grupos endogámicos de diversa índole: asociaciones de Derecho Pontificio y movimientos eclesiales, hermandades y cofradías, grupos de evangelización, etc..

Endogamia se refiere a una relación cerrada y estanca entre individuos o grupos de individuos que se unen por temor a lo extraño, a lo distinto, a lo desconocido... que se crean como mecanismo de defensa y protección ante lo "externo" y que suelen generar pensamientos autógenos.

Aunque estos grupos cerrados pueden tener beneficios para el cristiano como son la formación, el conocimiento litúrgico-sacramental, el acompañamiento espiritual, etc., generalmente, y a largo plazo, son perjudiciales y hasta letales, tanto para el individuo como para el grupo, ya que terminan dividiendo y causando rechazo, dentro y fuera de ellos.

Los grupos endogámicos parten de un error de base: la convicción de que detentan la verdad de la Iglesia y de que todo lo que hay fuera de ellos es menos válido o menos importante y, por tanto, el dialogo se torna imposible. No aceptan que haya cisnes blancos si ellos se han teñido de negro: es imposible convencer a un "convencido".

Estos grupos cerrados, también llamados "estufa", suelen autoproclamarse fiscales y jueces universales que dictan sentencias sobre lo que la Iglesia debe ser o hacer, desde su pensamiento propio, que termina muchas veces por convertirse en sectario.

La realidad de que existan grupos dentro de la Iglesia no es que a ésta le falte algo y haya que buscarlo en esos grupos o movimientos. Es exactamente lo contrario. Es la expresión de la sobreabundancia del amor de Dios que, por medio de su Espíritu, suscita constantemente nuevos carismas, nuevas formas de vivir la única fe en Cristo. 

Los grupos y movimientos eclesiales no son algo paralelo a la Iglesia, ni una "iglesia dentro de la Iglesia", sino expresión misma de su vida sobrenatural suscitada por el Espíritu Santo. Pertenecen a todos los católicos y no sólo a sus miembros

No es necesario ser agustino para estar de acuerdo con el nuevo Papa, ni jesuita para tomar como ejemplo de vida a san Ignacio, ni franciscano para entregarse a los pobres, ni servidor de Emaús para dar testimonio de la fe, ni carismático para alabar a Dios, ni cofrade para proclamar la devoción a la Virgen.

Los grupos de la Iglesia no son ladrillos de la Torre de Babel sino piedras preciosas de la Nueva Jerusalén (Ap 21,2.10.19-20). Cada piedra es totalmente diferente, pero todas ellas contribuyen a adornar a la Iglesia, como una esposa que se engalana para su Esposo
No son estrictamente necesarias para cimentar la Iglesia, pero el Señor ha querido regalárselas a su Esposa como un detalle de su amor, de la misma manera que un marido regala flores a su mujer y no solo provee lo necesario, como una plancha o una lavadora.

Es completamente absurdo que la amatista se crea más brillante que el zafiro o que el jade piense que su color es más intenso que el de la esmeralda. Todas conforman la Jerusalén celeste y deben estar abiertas a las demás como partes integrantes de un "todo".

Por ello, los grupos forman los cimientos de las murallas de la Iglesia, están colocados por el Espíritu Santo para dar belleza a la consistencia y solidez de la ciudad de Dios, pero no pueden convertirse en trincheras de emotivismo subjetivo, ni en círculos cerrados e impenetrables.

Los grupos y/o movimientos, o forman parte de la “comunidad parroquial”, y de manera general, de la "comunidad cristiana" que es la Iglesia, o de lo contrario, ni son eclesiales ni católicos.  Por eso, cabe preguntarse: ¿Están integrados y viven la unidad en la comunidad parroquial? o ¿son una alternativa a la misma?, o peor aún, ¿actúan “al margen” como una iglesia paralela?

El propósito y la misión de los grupos movimientos eclesiales es vivir su carisma para la construcción de la comunidad parroquial. Ningún carisma tiene un valor absoluto, sino relativo “a la comunidad”, como los miembros respecto de la totalidad del cuerpo. Son tan necesarios los ojos como las manos, los órganos externos como los internos. Ninguno es más importante que otro. Todos forman parte de la Iglesia y la enriquecen.

El papa León XIV nos exhorta a la auténtica unidad en la Iglesia sin caer en la uniformidad, y nos regala, en su divisa papal, un mensaje profundamente espiritual : “In Illo uno unum” (“En el Único, todos somos uno”), en referencia a un sermón de San Agustín sobre el salmo 127.


Ver también el artículo: cuidado-con-los-grupos-estufa

miércoles, 30 de noviembre de 2016

CONFLICTOS DENTRO DE UNA COMUNIDAD CRISTIANA


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En el ámbito de las relaciones personales existen, a menudo, gran cantidad de conflictos. Y la Iglesia, que está formada por personas que se relacionan, no es una excepción.

Las causas fundamentales son:

1. No todas las personas pertenecientes a la iglesia, lamentablemente, están capacitadas para el liderazgo o, bien, no tienen las habilidades adecuadas para relacionarse con éxito, es decir, carecen de carisma y/o talento. 

2. Es un hecho cierto que algunos sacerdotes tienen una sólida formación teológica pero carecen de habilidades de liderazgo (coaching), y no son capaces de gestionar grupos, ni de delegar en otros o ni de formar a otros para liderar.

3. A menudo, los sacerdotes, los coordinadores o líderes de las áreas pastorales no eligen su propio equipo sino que o lo heredan o les es impuesto. 

4. No existe química entre las personas que componen el grupo. Ni intención de que la haya.

5. Las prioridades no son comunes, ya sean en sentido vertical (sacerdote-miembros) u horizontal (miembros-miembros). Unos piensan unas cosas y otros, las contrarias.

6. Existen celos y envidias. Para algunas personas no es fácil aceptar que otros estén más capacitados que ellos o sencillamente, albergan celos de otros por creerse más aptos o por llevar más tiempo en la comunidad.

7. Existe una clara insubordinación. Con demasiada frecuencia, muchas personas creen tener una varita mágica que les otorga la capacidad de resolverlo todo y son incapaces de subordinarse o de obedecer.

8. Se establecen grupos estufas, grupos de intereses (lobbies) o alianzas entre algunos sectores de la comunidad (estado civil, pertenencia a grupos o movimientos, etc.) que no son nada saludables porque buscan bien su comodidad o bien su pertenencia a un grupo reducido en el que ansían siempre salirse con la suya, generando malestar y divisiones internas dentro de la comunidad.

9. La comunicación es pobre o inexistente. El sacerdote elige un camino pero no lo transmite o no es entendido. Las personas evitan relacionarse entre sí salvo cuando es inevitable en la misa dominical.

10. Existen diferentes niveles de compromiso o trabajo. Unos están están para casi todo; otros están para casi nada. Todos se consideran imprescindibles y es cuando aparece el resentimiento y las disputas entre ellos.

11. No existe caridad. Las personas se culpan unos a otros. Evidentemente, tales acciones son nefastas para las relaciones dentro del pueblo de Dios, donde debe imperar el amor y la misericordia. Destruyen la comunidad en lugar de construirla.

12. Las ideas o soluciones aportadas por otros se frustran o deniegan. A veces, en los consejos parroquiales se oye pero no se escucha. El consenso brilla por su ausencia.

13. No existe agradecimiento. El aspecto clave en la iglesia es la unidad  y la mejor manera de eliminarla pasa por no ser agradecidos.