¿QUIÉN ES JESÚS?

La vida de Jesús siempre ha suscitado preguntas a lo largo de los últimos dos mil años.

¿Cómo pudo un carpintero que fue ejecutado por los romanos convertirse en el hombre más famoso de la historia?
¿Fue Jesús alguien verdaderamente real?
¿Cómo puede Dios ser un hombre al mismo tiempo?
¿De qué manera podría esto tener algún sentido para mi vida?

Estas son algunas preguntas, pero aquí tienes un espacio para formular las tuyas.
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domingo, 17 de mayo de 2026

EN VERDAD HA RESUCITADO


Hoy, tras once años de reflexiones y meditaciones, llegamos juntos al artículo número mil en mi blog de contenido católico. Y por ser una ocasión especial, quiero comenzar este escrito al más puro estilo epistolar paulino: "Alberto, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, a vosotros mis hermanos en la fe: Gracia y Paz".

Al mirar atrás, solo puedo postrarme y dar gracias a Dios por su inmensa fidelidad en cada palabra escrita, siempre para Su gloria; por darme la oportunidad de seguir caminando de Su mano hasta el encuentro definitivo; por darme la ocasión de seguir dando testimonio suyo con palabras, en cumplimiento de su voluntad.

Pero hoy no celebramos ningún logro ni mérito alguno mio. Para conmemorar este número mil, el Espíritu Santo ha puesto en mi corazón el misterio más glorioso y el acontecimiento más disruptivo de la historia. Hoy celebramos la victoria del Amor sobre la muerte: la resurrección de nuestro Señor Jesúsfundamento de nuestra fe.
  
La Resurrección que lo cambia todo
La resurrección de Jesús no es solo un dogma de fe. Es un impacto histórico único, un hecho sin precedentes que excede las leyes de la ciencia y que trastocó el mundo con un profundo significado teológico:
  • El sepulcro vacío: el amanecer de nuestra esperanza. 
  • El dolor del viernes: el miedo y el silencio parecían ganar.
  • El milagro del domingo: la piedra rodó y la luz venció.
  • La derrota de la muerte: el fin último ya no es el polvo. Ni el mal ni la muerte tienen la última palabra. Vivimos sabiendo que la vida trasciende lo material.
  • Un Dios vivo: no seguimos un recuerdo ni una idea, seguimos a Alguien real.
  • Promesas cumplidas: Su palabra es fiel, la muerte no lo retuvo, confirmando su divinidad y las promesas de Dios, según las Escrituras.
  • Testigos oculares: muchas personas cambiaron el miedo por la valentía.
  • Transformación cultural: un pequeño grupo perseguido transformó el mundo.
  • Evidencia viva: nadie muere voluntariamente por una mentira inventada.
  • Justificación total: el precio del error humano quedó pagado.
  • Nueva creación: el inicio de una era de reconciliación.
  • Poder transformadorel mismo que levantó a Jesús, hoy rompe ataduras y temores, y transforma cicatrices en testimonios.
  • Fe que se renueva: cada día es una oportunidad para empezar de nuevo.
 
Joseph Ratzinger, en su libro "Jesús de Nazaret", analiza minuciosamente la ontología de este suceso teológico y, siguiendo las cartas de San Pablo, afirma categóricamente: "La fe cristiana se mantiene o cae con la verdad de la resurrección". 
La resurrección no es un mito, ni una leyenda, ni una experiencia puramente mística, sino la irrupción de una nueva dimensión existencial que transformó la historia de manera definitiva.

Qué sucede en la Resurrección (la naturaleza del hecho)
  • No es una reanimación: Jesús no vuelve a la vida biológica ordinaria como Lázaro, quien inexorablemente tuvo que morir de nuevo. 
  • Es un salto evolutivo: Es la inauguración de una forma de existencia completamente nueva, el nacimiento de un "cuerpo espiritualizado", "glorificado". 
  • Es una nueva dimensión: Cristo entra en un espacio que está más allá del tiempo, abriendo las puertas a la eternidad para toda la humanidad. 
  • Es una realidad paradójica: El Resucitado posee consistencia física (sus discípulos lo escuchan, lo tocan, comen con Él, aunque al principio, no lo reconocen), pero ya no está sujeto a las leyes de la física, como las puertas cerradas del cenáculo.
Dos tipos de testimonios neotestamentarios 
  • Testimonios de confesión: Fórmulas breves y solemnes (credos primitivos) estructuradas en torno al lenguaje de los hechos jurídicamente atestiguados por los apóstoles. 
  • Testimonios de narración: Relatos detallados en los Evangelios que describen los encuentros, los diálogos íntimos y las manifestaciones directas de Cristo resucitado. 
Evidencias históricas 
  • El sepulcro vacío: Aunque el sepulcro vacío por sí solo no demuestra la resurrección, es un dato histórico indispensable. El cuerpo de Jesús jamás pudo haber sido hallado porque la corrupción de la carne física fue vencida. 
  • El "Tercer Día": Esta fecha no es una construcción simbólica posterior de la Iglesia primitiva, sino a la memoria exacta de cuándo ocurrió el hallazgo histórico y las primeras manifestaciones. 
  • La transformación de los discípulos: La metamorfosis de un grupo de hombres aterrorizados, decepcionados y escondidos en testigos audaces dispuestos al martirio carece de explicación racional si no hubiesen experimentado un encuentro objetivo y radical con el Resucitado. 
El significado teológico de los lienzos sepulcrales (Jn y Lc)
  • Orden, no robo: Los lienzos no están tirados ni revueltos, lo que descarta de inmediato un saqueo apresurado por parte de ladrones de tumbas. 
  • Cuerpo evaporado: Las vendas están aplanadas, caídas sobre sí mismas, como si el cuerpo de Jesús se hubiera desmaterializado o retirado de su interior sin alterar la envoltura.
  • Sudario enrollado: El paño que cubría la cabeza está colocado en un lugar aparte, doblado con un orden estricto que refleja un acto consciente y sereno, además de un mensaje implícito, según la tradición hebrea:"Volveré".
  • Signo de fe: Este estado de los lienzos fue el detonante para que el apóstol Juan, al entrar al sepulcro, "viera y creyera" instantáneamente en la resurrección.
La aparición de Jesús Resucitado a Pablo
  • Encuentro real: Pablo no experimenta una visión mística ni una alucinación psicológica; es un acontecimiento externo, una fuerza de luz que lo derriba y le habla desde fuera de sí. Un encuentro objetivo con el Resucitado que redefine el concepto de apostolado.
  • Testigo oficial: Pablo se sitúa al mismo nivel que los Doce Apóstoles porque el contenido de su experiencia es idéntico: ver a Cristo vivo.
  • Luz celestial: La ceguera temporal de Pablo demuestra que la luz de Cristo resucitado excede las capacidades de la visión humana ordinaria. 
  • Conversión radical: La transformación de un perseguidor implacable en el mayor evangelizador del cristianismo es una prueba histórica irrefutable de la verdad de ese encuentro.
Diferencias ontológicas entre el "revivir" de Lázaro y el "resucitar" de Jesús
  • Naturaleza del cuerpo: en Lázaro se produce un retorno a la misma vida biológica; su cuerpo es "devuelto" a la vida. En Jesús, el cuerpo es transformado, espiritualizado y glorificado a "otra" vida.
  • Leyes físicas: Lázaro está sujeto al espacio, al tiempo, al hambre y la enfermedad. Jesús no está limitado por muros cerrados ni distancias geográficas.
  • Destino final: Lázaro tuvo que envejecer y morir por segunda vez. Cristo ya no muere más; la muerte no tiene dominio sobre Él.
  • Significado: en Lázaro se produce un milagro de curación extrema y un signo profético. En Jesús, un salto evolutivo definitivo en la historia de la creación.
La importancia teológica de las llagas de Cristo
La conservación de las heridas en el cuerpo resucitado de Jesús no es un mero accesorio físico, sino una revelación identitaria fundamental:
  • Identidad inconfundible: Las llagas de Jesús demuestran que el Resucitado y el Crucificado son la misma persona, impidiendo que la resurrección se diluya como un mito desencarnado.
  • Cicatrices de amor: Las heridas ya no sangran ni causan dolor; ahora son signos de victoria y expresión eterna del amor de Dios por la humanidad.
  • Respuesta a la duda: Cristo ofrece sus manos y su costado a Tomás, no para reprenderlo, sino para fundar la fe apostólica en una certeza física y palpable.
  • Intercesión eterna: Jesús se presenta ante el Padre en el cielo mostrando permanentemente esas llagas, intercediendo de forma continua por la salvación del mundo.
El cambio del Sabbat judío por el Domingo cristiano
  • Ruptura de la tradición: Para un judío de la época (y los discípulos de Jesús lo eran), cambiar el sábado (el mandato divino de la creación) era algo impensable y sagrado.
  • El "Octavo Día": El domingo se convierte en el día de la "Nueva Creación". No es solo el primer día de la semana, sino el día en que el mundo fue recreado a través de la victoria sobre la muerte. 
  • Memoria histórica: Este cambio radical no se impuso por decreto de una autoridad eclesial posterior, sino que brotó espontáneamente desde el inicio debido al impacto del acontecimiento del primer domingo de la historia. 
  • Centro del culto: La asamblea dominical de los primeros cristianos (la fracción del pan) se constituyó de inmediato como el espacio de encuentro directo con el Viviente.
El diálogo con la ciencia moderna
La resurrección se sitúa en un horizonte donde la razón y la fe se complementan:
  • Fuera del método científico: La resurrección no puede ser replicada en un laboratorio ni analizada por el método científico tradicional, ya que no es un hecho que pertenezca al orden de las causas y efectos repetibles de este mundo.
  • Un salto evolutivo: Utilizando un lenguaje analógico, la resurrección es como una mutación o "salto cualitativo" en la historia del ser. Es la irrupción de una nueva posibilidad para la materia y para la vida humana.
  • Física y teología: Dios, como creador de las leyes de la física, no está supeditado a ellas. La resurrección no viola la creación, sino que la lleva a su máxima plenitud, rompiendo la ley biológica de la corrupción de la carne.
  • Credibilidad histórica: Un científico riguroso no puede descartar el hecho solo porque rompe las leyes ordinarias; debe evaluar los testimonios históricos y el surgimiento del cristianismo primitivo como efectos reales que exigen una causa real y proporcional.
El "synalizomenos"
El término griego "synalizomenos" (συναλιζόμενος), utilizado por Lucas (Hch 1, 4) y traducido como "comer sal juntos", enfatiza el realismo corporal del acontecimiento y explica la paradójica naturaleza de los encuentros con el Resucitado. 

Etimológicamente, deriva de syn (con) y hals (sal). Significa compartir la sal en la mesa, una expresión semítica y griega clásica para referirse a la comunión de mesa o a un banquete compartido en intimidad; también, como símbolo de perdurabilidad, ya que la sal se utilizaba para conservar los alimentos indefinidamente; y también como signo de una alianza eterna entre Dios y el hombre.
  • La aparición del Resucitado: Lucas utiliza intencionadamente un término ligado a la comida para demostrar que las apariciones no eran visiones etéreas, ilusiones fantasmales, proyecciones mentales o alucinaciones colectivas.
  • El acto de comer: Utilizando el mismo término que en Lucas 24, donde Jesús come pescado asado, el médico evangelista quiere enfatizar que Cristo resucitado tiene una consistencia real con la que se puede compartir una cena.
Una traducción posterior más generalizada interpreta este término simplemente como "reunirse con ellos" o "alojarse con ellos", que haría referencia a que Cristo (el Reino de Dios) "se aloja"o "habita" en nosotros.

"Synalizomenos" desvela la paradoja central de la Cristología Pascual conectando la Última Cena y la Eucaristía:
  • Continuidad de la comunión: El banquete que Jesús inició antes de su muerte (la Última Cena) no se interrumpió de manera definitiva. Continúa ahora en una dimensión nueva y glorificada.
  • Institución de la Eucaristía: Al "comer sal" con ellos tras resucitar, Jesús dota de sentido las futuras reuniones de la Iglesia. Cada vez que los discípulos celebren la fracción del pan (eucaristía), estarán repitiendo este acto de comunión real con el Resucitado.
"Synalizomenos" crea un puente teológico fundamental entre el Jesús histórico y la Iglesia naciente:
  • Familiaridad humana: Sentarse a la mesa y compartir la sal denota intimidad, amistad y la recuperación de los lazos humanos cotidianos con el Maestro.
  • Distancia soberana: Al mismo tiempo, el término muestra que es Jesús quien convoca y se presenta desde "el otro lado". Viene del misterio de Dios, manifestando una soberanía total que sobrepasa los límites de la física biológica común.
El "ófthe"
El verbo "ófthe" (ὤφθη), traducido habitualmente como "se apareció" o "se dejó ver" es utilizado por Pablo (1 Cor 15, 3-8) y por Lucas (Lc 24, 34) para estructurar el anuncio oficial de la resurrección:
  • La iniciativa absoluta del Resucitado: la voz pasiva del verbo ("fue visto" o "se hizo ver") es determinante: 
    • No es una búsqueda humana: Los discípulos no lograron "ver" a Jesús mediante un esfuerzo de meditación, concentración o deseo místico. De hecho, al principio, ninguno de sus discípulos lo reconoció: María Magdalena, los Doce, los dos de Emaús y otros muchos.
    • Es un acto de gracia: Es Jesús quien rompe de manera activa la barrera de la muerte para presentarse ante ellos. La iniciativa es enteramente divina, no una facultad del ojo humano.
    • La fe como consecuencia: Los testigos no creyeron primero para luego imaginar que lo veían; fue la manifestación objetiva de Cristo lo que provocó su fe. 
  • La ruptura con la ilusión psicológica (no es una alucinación)
    • La naturaleza del verbo: Ófthe no se refiere a un proceso de percepción puramente subjetivo o fantástico. 
    • Acontecimientos objetivos: El término expresa que los discípulos se toparon con una realidad exterior que se les impuso de forma contundente desde fuera. No fue un "sentir a Jesús vivo en el corazón", sino un encuentro con una Persona viva.
  • El trasfondo del Antiguo Testamento (las teofanías):
    • El lenguaje de Dios: En la traducción griega del Antiguo Testamento (la Septuaginta), ófthe es el término exacto usado para describir las manifestaciones de Yahveh a los patriarcas, como cuando Dios "se apareció" a Abraham o a Moisés.
    • Revelación de la divinidad: Al utilizar esta palabra específica para Jesús resucitado, la Iglesia primitiva no solo estaba afirmando que Jesús estaba vivo, sino que poseía la misma gloria, soberanía y condición divina que el Dios del Antiguo Testamento.
  • La categoría de testigo oficial (dimensión jurídica y eclesial)
    • Fórmula de confesión: Al repetir "se apareció a Cefas, luego a los Doce... y por último a mí", Pablo utiliza ófthe como un sello legal o jurídico de autenticidad. 
    • Fundamento apostólico: Los individuos asociados a este verbo en el Nuevo Testamento no son meros receptores de un favor privado; son constituidos en los testigos oficiales sobre cuya palabra e integridad histórica descansa la credibilidad de toda la Iglesia.

JHR


Fuente: Jesús de Nazaret, Segunda Parte: Desde la Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección, Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Editorial Encuentro,  

lunes, 5 de agosto de 2024

MEDITANDO EN CHANCLAS (5): NO TEMÁIS, NO ESTÁIS SOLOS

"Después que la gente se hubo saciado, 
enseguida Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca 
y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.
Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. 
Llegada la noche estaba allí solo.
Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, 
sacudida por las olas, porque el viento era contrario. 
A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. 
Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, 
se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma.
Jesús les dijo enseguida:
«¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!».
Pedro le contestó:
«Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua».
Él le dijo: «Ven».
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; 
pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, 
empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame».
Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:
«¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?».
En cuanto subieron a la barca amainó el viento.
Los de la barca se postraron ante él diciendo:
«Realmente eres Hijo de Dios».
Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. 
Y lo hombres de aquel lugar apenas lo reconocieron, 
pregonaron la noticia por toda aquella comarca 
y le trajeron a todos los enfermos.
Le pedían tocar siquiera la orla de su manto. 
Y cuantos la tocaban quedaban curados"
(Mt 14,22-36)

Como siempre ocurre cuando entramos de nuevo en un pasaje de la Escritura, el Espíritu Santo nos suscita reflexiones distintas en momentos distintos para situaciones distintas.

Hoy, Mateo quiere dejar claro que el Señor está siempre presente cuando la fe de sus discípulos decae o se tambalea. Aunque escribe su evangelio para fortalecer la fe de la Iglesia de Jerusalén en plena persecución romana, también está exhortando a la Iglesia de todos los tiempos. 

En este relato, el evangelista nos muestra:
  • la pasión, muerte y resurrección de Cristo: "Subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo"
  • la misión de la Iglesia y sus apariciones como Resucitado: "Apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente"; "Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" (Mt 28,19). 
  • el fin de los tiempos y su segunda venida: "A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar".
  • los peligros de las herejías y los falsos profetas: "Se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma".
  • las dudas y las controversias dentro de la Iglesia: "Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua"; "Yo, yo soy el Señor,  fuera de mí no hay salvador (...) Vosotros sois mis testigos: yo soy Dios (...) Esto dice el Señor, que abrió camino en el mar y una senda en las aguas impetuosas" (Is 43,11-12.16).
  • las consecuencias de ser discípulos de Cristo: persecuciones, calumnias, martirios, herejías, pruebas y dificultades que la Iglesia tendrá que hacer frente hasta su regreso glorioso ("La barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario").
  • la necesidad de la fe en Cristo para la salvación ("Señor, sálvame"; ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?"; "Los de la barca se postraron ante él diciendo: Realmente eres Hijo de Dios").
  • su promesa de que estará siempre para animarlos y ayudarlos ("¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!"; "Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos", Mt 28,20).
Cristo nos advierte cómo debemos "navegar" en el "mar" de este mundo, cómo tenemos que   "faenar" con el oleaje, el viento contrario y las tempestades que se desataran durante el trayecto hacia la otra orilla (el cielo).
Lo importante es saber que debemos estar en la barca, porque si en la barca existe peligro cuando azotan las olas (las tentaciones), las tempestades (los sufrimientos y las pruebas) y el viento contrario (Satanás), fuera de ella, estaremos a merced del mar (el mal), nos hundiremos y nos ahogaremos. 

La barca sufre sacudidas por nuestras propias tempestades cuando no está el Señor, cuando olvidamos que Él es quien maneja la Iglesia y nuestras vidas, cuando ponemos nuestra confianza en nuestras autosuficiencias como "marineros" experimentados, o en nuestros méritos como "pescadores" veteranos, como le ocurrió a Pedro. 

También cuando nos salimos de la barca pensando que fuera de ella podemos seguir al Señor sin que Él nos llame, cuando dejamos de mirarlo y nos volvemos hacia nosotros o hacia las cosas del mundo, nos hundimos, como le ocurrió a Pedro.
Jesús nos dice que podemos "caminar sobre el mar", que podemos vencer las pruebas si tenemos fe y perseverancia en Él. Pero es mejor "permanecer" en la barca para no hundirnos.
 
El Señor está en el cielo, intercediendo por nosotros ("subió al monte a orar"), manejando la "barca" desde la gloria, pero cuando le necesitemos, Él se "aparecerá" para socorrernos y para animarnos

Junto a Él, el viento amaina y vuelve la suave brisa del Espíritu Santo, que nos calma y nos da paz.

Con Él a nuestro lado en la barca, tenemos la plena certeza de que "el poder del infierno no la derrotará" (Mt 16,18).

¡Realmente eres Hijo de Dios!

JHR

sábado, 4 de septiembre de 2021

EL "PRIMER DÍA" DE NUESTRA SEMANA

"He visto al Señor.
Era verdad, ha resucitado el Señor"
(Jn 20,18; Lc 24,34)

El último capítulo del evangelio de san Lucas narra, durante "el primer día de la semana", tres relatos de "apariciones" con el propósito de mostrarnos un testimonio veraz y una reflexión teológica de la Resurrección de Jesús, hecho central del cristianismo, y que concluye con su Ascensión a los cielos:

-la aparición de dos ángeles a las mujeres (Lc 24, 1-12).
-la aparición de Jesús a los dos discípulos de Emaús (Lc 24, 13-35).
-la aparición de Jesús a "los Once" y a la comunidad (Lc 24, 36-49).

En cada uno de los tres relatos, el médico evangelista, acentúa la gran dificultad del hombre para creer y entender la noticia de la resurrección y, más aún, para reconocer y acoger al mismo resucitado. Tres momentos que van alternándose y superponiéndose mientras la acción llega a su desenlace final: la gloria de Jesucristo.

Perplejidad y angustia 

De la misma forma que Dios eligió a un ángel para anunciar el nacimiento de Jesús apareciéndose a unos humildes pastores (c 2,8-15), ahora son dos ángeles los que testifican también Su resurrección, apareciéndose a unas humildes mujeres (seis en total, entre las que estaban María la Magdalena, María la de Cleofás -Tadeo o Alfeo-, María, la de Santiago -madre de Santiago y Juan-, y Juana la mujer de Cusa, administrador de Herodes). 

Los ángeles se sorprenden por la perplejidad y la angustia que muestran las mujeres al no encontrar el cuerpo de Jesús y les preguntan: "¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado"...Y les recuerdan lo que Jesús les dijo en Galilea: "El Hijo del hombre tiene que ser entregado en manos de hombres pecadores, ser crucificado y al tercer día resucitar" (Lc 24,6-7).
Las mujeres, al escuchar de boca de los ángeles de Dios el cumplimiento de Su Promesa y la evidencia de la resurrección de Jesús, recuerdan las palabras de su Señor pero no son capaces de entender. Tan sólo corren a contar lo ocurrido, a anunciar la noticia a los Once y a los demás discípulos que estaban con ellos.

Como aquellas mujeres, nosotros, humildes pero perplejos y angustiados, buscamos a Jesús entre las cosas muertas, es decir, en los formalismos, en las normas, en los métodos y en los esfuerzos humanos...pero Él no está ahí. Le buscamos y no le vemos. Incluso, anunciamos su resurrección a otros, pero no entendemos. 

Decepción y frustración

Pedro y Juan corren hacia el sepulcro para ver con sus propios ojos lo que las mujeres les han contado (Jn 20-3-8). María Magdalena les acompaña pero permanece en un plano secundario. Pedro, impetuoso, entra en el sepulcro y Juan, tímido, desde fuera, mira. No ven a Jesús. Tan sólo ven los signos de Su muerte: los lienzos, las vendas y el sudario que envolvieron su santo cuerpo sin vida... pero con un detalle significativo: están perfectamente colocados y ordenados (Jn 20,6-7). Juan cree y Pedro se asombra. Por fin, entienden la Escritura y se vuelven a casa.
Los discípulos escuchan a las mujeres y las toman por locas. Creen que deliran y no las toman en consideración. Tampoco creen a Pedro y a Juan. Dudan de que la resurrección sea verdad. Están frustrados, decepcionados y desilusionados. Todo ha terminado... Aquel hombre extraordinario al que han seguido durante varios años, ha muerto, y con su muerte, todas sus expectativas. Y dos de ellos se vuelven abatidos, caminando a su aldea, a su cotidianeidad.

Como los discípulos, nosotros, recelosos y desconfiados, ponemos en duda que Cristo viva, nos lo diga quien nos los diga. No ponemos en valor el significado de nuestra fe: la resurrección. Nos encontramos ante una encrucijada, ante una elección: ir a buscar a Jesús y verlo con nuestros propios ojos (¡Ven y verás!) o volvernos a nuestra vida cotidiana y olvidarnos de Él.

Encuentro y asombro

"Aquel mismo día", de regreso a Emaús, los dos discípulos conversan y discuten. De pronto, Alguien se les une en el camino. Un misterioso viajero les pregunta de qué hablan y parece no saber nada de lo que ha ocurrido. Es Jesús resucitado que escucha cómo la tristeza de los discípulos por la pérdida, no les permite reconocerlo. Ellos "esperaban"...pero ¿Qué esperaban?
Volvemos a Jerusalén. María Magdalena llora frente al sepulcro, porque no sabe lo que ha ocurrido ni quién se ha llevado a su Señor. De pronto, Alguien aparece a su lado y le pregunta qué le pasa y a quién busca. Es Jesús resucitado, pero la misma tristeza de María por la pérdida, tampoco le permite reconocerlo. Ella "buscaba"...pero ¿Dónde buscaba?

En el sepulcro, Jesús llama a María por su nombre y ésta le reconoce. Pero Jesús le dice que no le retenga sino que vaya a anunciar a la comunidad de sus discípulos que vuelve al cielo, junto al Padre.
En el camino, Jesús les explica a los discípulos todo lo que las Escrituras hablan de Él. Es la liturgia de la Palabra con la que Cristo se hace escuchar y que da paso a la liturgia de la Eucaristía, donde finalmente  hace reconocer su presencia, al partir el pan.
Tras "abrir los ojos", tanto María como los dos de Emaús vuelven a Jerusalén a contar lo sucedido, a anunciarles a todos que Jesucristo ha resucitado. En ese transcurso de tiempo entre el sepulcro y el camino, ha anochecido. Los Apóstoles y el resto de los discípulos están encerrados por miedo a los judíos. 

Entonces, Jesús se aparece a toda la comunidad y les muestra sus llagas para certificar que es Él. Atónitos y aterrados, pensando que ven a un fantasma, no terminan de creer. Jesús les dice que la Escritura, desde el principio hasta el final, se ha cumplido en Él, y entonces, se llenan de entendimiento y de discernimiento. Les entrega el Espíritu Santo, y entonces, se llenan de paz y de fe. Les lleva a Betania, los bendice y asciende al cielo, y entonces, se llenan de alegría y de gozo. 
Nosotros también caminamos con esas mismas limitaciones, dudas y temores de los cristianos del primer siglo. Anclados en nuestras preocupaciones y expectativas, en nuestras pérdidas y sufrimientos cotidianos, en nuestros anhelos y deseos, tampoco somos capaces de ver y entender, de reconocer y creer a Jesucristo. Entonces nos preguntamos ¿Qué espero? y ¿Dónde busco?

Por eso, el Señor se nos aparece de forma individual y comunitaria, inaugurando el primer día de nuestra semana, el primer día de nuestra nueva vida, en el que nos bendice y nos entrega la promesa del Padre, el Espíritu Santo, para que veamos su gloria. 

Sólo entonces, con la gracia y la bendición de Dios, nuestros ojos se "abren", nuestras manos "tocan" y nuestro corazón "arde". 

Sólo entonces, dejamos de estar turbados y temerosos para ser dichosos y bienaventurados.

Sólo entonces, somos capaces de gozar de la alegría de la resurrección y de testimoniar con valentía la gloria de Jesucristo. 

Sólo entonces, somos capaces de adorarlo y de amarlo.

Ante la pérdida, escuchemos al Cristo. Ante el desánimo, miremos al Resucitado. Ante el temor, reconozcamos al Hijo de Dios.  

Esta es la certeza de nuestra esperanza y de nuestra fe:

JHR

martes, 6 de abril de 2021

RECONOCIENDO EN LAS APARICIONES AL RESUCITADO

"Así está escrito: el Mesías padecerá, 
resucitará de entre los muertos al tercer día"
(Lucas 24,46)

A partir del tercer día, es decir, del domingo de resurrección, Cristo Resucitado se aparece en diez ocasiones a los discípulos, durante cuarenta días, antes de su ascensión a los cielos. Hoy meditamos y reflexionamos sobre su significado, sus características y su propósito.

Las diez cristofanías tienen tres características esenciales:

-IniciativaEl Resucitado toma la iniciativa. San Pablo lo explica en 2 Timoteo 1,9-10: "Él nos salvó y nos llamó con una vocación santa, no por nuestras obras, sino según su designio y según la gracia que nos dio en Cristo Jesús desde antes de los siglos, la cual se ha manifestado ahora por la aparición de nuestro Salvador, Cristo Jesús, que destruyó la muerte e hizo brillar la vida y la inmortalidad por medio del Evangelio.

La fe es la consecuencia del encuentro y no el origen de la experiencia. Jesús siempre se anticipa y nos interpela con preguntas y, como si no supiera las respuestas, quiere escucharlas de nuestros labios. Así ocurre cuando le pregunta a María Magdalena qué busca o cuando les pregunta a los dos de Emaús qué ha ocurrido con Jesús el nazareno.

-Reconocimiento: Los discípulos lo buscan donde no pueden encontrarlo. Lo buscan muerto pero está vivo. San Pablo en 1 Corintios 15,42-45 explica la resurrección de los muertos como la semilla que se siembra y que florece de otra forma"Se siembra un cuerpo corruptible, resucita incorruptible; se siembra un cuerpo sin gloria, resucita glorioso; se siembra un cuerpo débil, resucita lleno de fortaleza; se siembra un cuerpo animal, resucita espiritual. Si hay un cuerpo animal, lo hay también espiritual (...) el primer hombre, Adán, se convirtió en ser viviente. El último Adán, en espíritu vivificante. 

Por eso, al Resucitado se le reconoce progresivamente como consecuencia de la gracia divina y no de nuestra razón humana. Se le distingue y se le contempla en la medida que maduramos espiritualmente y nos formamos en la fe.

-Sentido: Jesús envía a sus discípulos a la misión. San Mateo la expone así: "Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos" (Mateo 28,19-20).

De la misma forma que Cristo vino a cumplir la voluntad del Padre, a servirle y a dar testimonio de Él, nosotros, su Iglesia, los cristianos, tenemos la obligación de testimoniar y servir a Dios en medio del mundo. Nuestra tarea es ser testigos de que Cristo ha resucitado y proclamar la salvación eterna a todos los hombres, hasta los confines de la tierra.
Además de estas tres características, encontramos en las apariciones del Resucitado unas providenciales analogías con las Bienaventuranzas descritas en Mateo 5,3-12. 

En Dios no existe la casualidad ni el azar. Todo tiene un propósito eterno. Y así, estas diez cristofanías no sólo están dirigidas a los discípulos cristianos del primer siglo, sino que también, con ellas, el Resucitado nos llama a ser santos:

Bienaventurados los mansos y los que lloran 
El Resucitado se aparece a los mansos, a los pecadores, a los humildes, a los que lloran. Se aparece (de madrugadaMaría Magdalena, Juana, Salomé y María, la de Santiago, que van al sepulcro y lo encuentran vacío. Allí encuentran a dos ángeles que les dicen que ha resucitado. 
Al salir del sepulcro, María Magdalena, volviéndose, se encuentra a Jesús pero no le reconoce, y piensa que es el jardinero (en realidad, en clara alusión al que cuida del Edén). Hasta que el "Rabunní" (que significa espiritualmente, maestro, y a la vez, marido) la llama por su nombre, entonces le "ve" y le reconoce. Es la Palabra de Dios la que convierte la mente y el corazón, la que nos consuela y la que nos conduce a las bodas del Cordero.
         
Después, las "envía" a todas, diciéndoles que vayan a contárselo a los discípulos para que le busquen en Galilea, es decir, en "tierra de misión" (Mateo 28,1-10; Lucas 24,1-11; Marcos 16,1-10; Juan 20,10-18). 

Por eso, es importante que nosotros no permanezcamos inmóviles y atenazados en el misterio de la Cruz, llorando la pasión y muerte del Señor. Allí no encontraremos las principales respuestas a la certeza de nuestra fe. Es necesario que nos acerquemos al misterio del sepulcro para ser capaces de ver al Resucitado. Sólo aproximándonos a la certeza de nuestra fe con pureza de intención, arrepentimiento y humildad, seremos capaces de ver y reconocer al Resucitado, y entender cuál es nuestra vocación, nuestro propósito: amar y servir.

Bienaventurados los limpios de corazón y los misericordiosos
Jesús se aparece (por la mañana del mismo día) a los puros de corazón, a los obedientes, a los agobiados. Se aparece Pedro cuando, después de ver el sepulcro vacío, se vuelve a casa solo, aunque esta escena no se narra en los evangelios sino en la carta de Pablo a los Corintios (1 Corintios 15,5). 
El Señor confirma a Cefas en la fe tras la negación del apóstol días atrás, y le calma el agobio que se había instalado en el corazón de "Piedra", es decir, de "Pedro", aunque limpio y lleno de amor al Maestro.

De igual manera, nosotros somos confirmados en la fe y aliviados por el Señor cuando, a pesar de nuestras negaciones y traiciones, acudimos rápidamente a Él, con una actitud de obediencia, sinceridad y deseo de santidad. Entonces, Jesús nos reconforta y nos resucita para que, de la misma forma, seamos misericordiosos con los demás.

Bienaventurados los pobres de espíritu y los que buscan la paz
El Señor se aparece a quien reconoce su pobreza y su debilidad, a quien se ha alejado de Dios pero le busca por el camino de la vida. Se aparece a Cleofás y el otro discípulo de Emaús (al atardecer) de camino a su aldea (Lucas 24,15-35).
Los dos de Emaús buscaban la paz de sus almas tras la pérdida de Jesús, y aunque la buscaban en un sentido contrario, la encuentran cuando abren su corazón a la Paz de Cristo.

Análogamente, también nosotros somos capaces de reconocer al "inesperado Caminante" cuando, a pesar de nuestras desilusiones y decepciones, de nuestros resentimientos y quejas, abrimos el corazón a la Palabra de Dios para que el propio Jesucristo, autor y protagonista de ella, lo inflame mientras nos habla de Él.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia
El Resucitado se aparece a los que buscan la justicia, la rectitud y la honradez, a quienes permanecen reunidos en torno al Maestro. Y se aparece en torno a la mesa, en el cenáculo, en la Eucaristía:

- a los Diez apóstoles (sin Tomás) en el cenáculo en Jerusalén (al anochecer) mientras están con Cleofás y el otro discípulo de Emaús en Jerusalén (Lucas 24,36-48; Marcos 16,14; Juan 20,19-24). 

- a los Once apóstoles (con Tomás) en el cenáculo en Jerusalén (a los ocho días) cuando Jesús deja que Tomás introduzca su mano en sus llagas (Juan 20,26-30).
Jesús también se aparece a nosotros, quienes, aunque justos y rectos de intención, dudamos y titubeamos. El Señor busca a quienes tenemos sed y hambre de Él para que perseveremos y seamos fieles. Y nos busca sólo si permanecemos en comunidad, en comunión, en fraternidad.

Bienaventurados los perseguidos y los injuriados
Cristo se aparece a los que van a ser perseguidos, injuriados y martirizados por Su nombre y en cumplimiento de la misión encomendada. Se aparece:

a los Siete apóstoles en el mar de Tiberíades (al amanecercuando Pedro, Tomás, Natanael, Juan y Santiago (los Zebedeos) y otros dos discípulos están pescando. Jesús realiza el milagro de la pesca, símbolo de la Eucaristía donde encontramos fortaleza ante las dificultades (Mateo 28,16-20; Juan 21,1-14).

- a los Once en un monte de Galilea cuando les envía a la misión de evangelizar (Mateo 28,19-20; 1 Corintios 15,5-6). Además de los Once, había otros quinientos discípulos cuando se aparece Jesús.

- a Santiago el menor en un lugar indeterminado (1 Corintios 15,7)

- a los Once en Betania, cuando Jesús asciende al cielo (Marcos 16,19-20; Lucas 24,50-53; Hechos 1,9-12).

- a Pablo, camino a Damasco (1 Corintios 15,8; Hechos 9,3-9; 22,6-11; 26,12-18).
El Señor se manifiesta en nuestra vida de misión, en nuestro servicio a Dios y a los hombres: cuando todo parece oscuro; cuando estamos dispersos; cuando, aún sabiendo lo que debemos hacer, no obtenemos resultados; cuando, aún llenos de celo, no somos capaces de ver; y también cuando somos perseguidos, señalados o insultados.

Jesús quiere hacernos ver lo transitorio de la economía de sus apariciones. Primero, diciéndonos a través de María Magdalena, que su nueva presencia es en el Espíritu“Suéltame”, No te apegues a ellas", "No me busques donde no puedes hallarme"

Segundo, diciéndonos a través de los dos de Emaús y de Tomás, que su nueva presencia es la certeza de la fe: "¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas!", "¿Por qué os alarmáis?, "¿Por qué surgen dudas en vuestro corazón?", "Bienaventurados los que creáis sin haber visto".

Y tercero, diciéndonos a través de los Once en Galilea, en Betania, de Pablo en Damasco o en cualquier tierra de misión, que su nueva presencia se hace plena en el servicio por medio del Espíritu Santo: "Paz a vosotros", "Recibid el Espíritu Santo", "Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos". 

En definitiva, con sus apariciones, el Resucitado nos llama a ser santos, a ser bienaventurados y a proclamar con fe y alegría que:

¡¡Jesucristo ha resucitado!!!