¿QUIÉN ES JESÚS?

La vida de Jesús siempre ha suscitado preguntas a lo largo de los últimos dos mil años.

¿Cómo pudo un carpintero que fue ejecutado por los romanos convertirse en el hombre más famoso de la historia?
¿Fue Jesús alguien verdaderamente real?
¿Cómo puede Dios ser un hombre al mismo tiempo?
¿De qué manera podría esto tener algún sentido para mi vida?

Estas son algunas preguntas, pero aquí tienes un espacio para formular las tuyas.
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miércoles, 30 de septiembre de 2026

¿CREO EN DIOS O CONOZCO A DIOS?

 
"Perece mi pueblo por falta de conocimiento.
Ya que tú rechazaste el conocimiento, 
yo te rechazo de mi sacerdocio;
ya que olvidaste la enseñanza de tu Dios, 
también yo me olvido de tus hijos"
(Os 4,2-6)

En el libro profético de Oseas encontramos una de las advertencias más profundas de las Sagradas Escrituras: la falta de conocimiento conduce a la muerte espiritual.

La palabra hebrea utilizada en la Biblia para conocimiento (da'at) no se refiere a la acumulación de datos o informaciones. "Conocer" implica intimidad, relación y experiencia compartida.

La falta de conocimiento del pueblo de Israel no era ignorancia sino un rechazo deliberado hacia la voluntad de Dios. Sabían quién era Dios, pero no querían tener una relación íntima ni obedecer Sus mandamientos.

Esto ocurre hoy también en nuestra sociedad, en la Iglesia y en la familia. Por eso, Oseas nos muestra el efecto dominó que se produce cuando en estas tres facetas de la vida decidimos vivir de espaldas de Dios:

"Se multiplican juramento y mentira, asesinato, robo y adulterio, y el crimen limita con el crimen" (Os 4,2). La ausencia de Dios en una sociedad provoca que el pecado tome el control. Y donde está el pecado, no puede estar Dios.

"Ya que tú rechazaste el conocimiento, yo te rechazo de mi sacerdocio...¡Contra ti va mi pleito, sacerdote!" (Os 4,4). La ausencia de Dios en la Iglesia provoca que algunos sacerdotes traten más de complacer al pueblo que a Dios. Esto provoca el rechazo de Dios. 

"Ya que olvidaste la enseñanza de tu Dios, también yo me olvido de tus hijos" (Os 4,6). La ausencia de Dios en la familia construye el terreno (o el desierto) en el que caminarán quienes nos rodean: hijos, pareja, amigos o familiares.

Con todo esto, corremos el peligro de fabricar un "Evangelio a la carta": preferimos seguir creencias a la medida o dejarnos seducir por ideologías humanas cómodas en lugar de profundizar en la doctrina cristiana y en nuestra relación con Dios.
A veces, los cristianos nos justificamos pensando que para vivir la fe basta con "creer en Dios", o pensar como no somos "malas personas", que "no matamos ni robamos", estamos haciendo las cosas bien. 

Saber de Dios (o "creer" en Dios) no es lo mismo que conocer a Dios, lo mismo que conocer la existencia de un famoso no significa que lo conozcamos. 

Por eso, estudiar teología, es decir, el conocimiento de Dios, sin mantener una relación con Él, es estéril. Como también, conocer la Biblia o el Catecismo de memoria no transforma el corazón, si no se traduce en cumplir la voluntad de Dios.

Por todo ello, la advertencia de todos los profetas bíblicos y, en este caso de Oseas, nunca es un mensaje de condenación, sino una invitación urgente al arrepentimiento y a la conversión. 

Para no perecer espiritualmente, la solución es volver la mirada a Dios y buscar una relación auténtica con Él: "Procuremos conocer al Señor" (Os 6,3). 

Conocer a Dios requiere detenerse, hacer silencio, escuchar a Dios y cultivar una relación con Él: "Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo" (Jn 17,3). Jesús define la vida eterna no sólo como un destino futuro, sino como una relación con el Padre y con el Hijo.
Para la reflexión 
¿En qué áreas de mi vida espiritual estoy "pereciendo" por no alinearme con la voluntad de Dios? 
¿Cómo voy a conocer la voluntad divina si no tengo relación con Dios a través de la oración, la Palabra o los sacramentos? 
¿Está Dios presente en mi rutina diaria, en mi familia, en mi trabajo? 
¿Qué legado espiritual estoy dejando a mis hijos? ¿Están más cerca o más lejos de Dios?
¿Paso tiempo a solas con Él? ¿Rezo? ¿Leo la Biblia?

miércoles, 30 de enero de 2019

LA IDOLATRÍA DEL SENTIMENTALISMO

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"No entiendo lo que me pasa, pues no hago lo que quiero; 
y lo que detesto, eso es justamente lo que hago. 
Y si lo que no quiero, eso es lo que hago (...)
No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero: 
eso es lo que hago. (...)
Quiero hacer el bien, y me encuentro haciendo el mal. 
En mi interior me agrada la ley de Dios; 
pero veo en mi cuerpo una ley que lucha 
contra la ley de mi espíritu y me esclaviza . (...)
¡Desdichado de mí! 
¿Quién me librará de este cuerpo mortal?" 
(Romanos 7, 15-24)

Cada día trato de preguntarme ¿qué es lo que guía mi vida? ¿qué dirige mis decisiones, mis obras, mis palabras y mis pensamientos? ¿alguna vez he tomado una decisión simplemente porque “me sentía bien”? ¿vivo mi vida según mis emociones y mis sentimientos? ¿también la fe?

Como católicos, estamos llamados a vivir la fe. Y, sin embargo, muchos de nosotros elegimos vivir nuestros sentimientos. Reconozco que antes de vivir la fe, yo vivía según mis emociones. Mis sentimientos dirigían mis reacciones y mis decisiones. Si algo no me gustaba, sencillamente, lo desechaba. Si algo no me hacía sentir bien, huía.

Pero, como cristiano, no puedo vivir esclavizado por los sentimientos. No puedo ser y vivir un día como católico, y el siguiente, como otra cosa. Vivir según los sentimientos es una forma de idolatría: la idolatría del sentimentalismo. Es la Adoración del "yo", de lo que siento, de lo que experimento, de lo que me satisface, y que choca frontalmente con el primer mandamiento de Dios.
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Los sentimientos son como las olas del mar: vienen con ímpetu pero al llegar a la orilla, se deshacen. Son como la arena del desierto: el viento hace grandes dunas pero, al día siguiente desaparecen. Son como una montaña rusa que se eleva al cielo para después caer en "picado".

Los sentimientos no son una base sólida sobre la que edificar una vida de servicio y amor a Dios. ¿Por qué? Porque cambian fácilmente según las personas y las circunstancias. Hoy soy feliz y mañana, desgraciado. Hoy una persona me serena y mañana, otra, me solivianta. Hoy siento y mañana, no.

Dice San Pablo que nuestros sentimientos nos llevarán a hacer lo que detestamos. Por eso, no podemos confiar en ellos si queremos seguir a Cristo. No podemos servir a dos señores. Nuestra fe será sólida en la medida que la edifiquemos sobre una roca. Y esa roca es Dios: inmutable, perfecta, eterna e infalible. 
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A menudo, permitimos que nuestros sentimientos dicten nuestra actitud ante la fe y ante Dios: "No siento alegría, no siento la presencia de Dios, no siento fe..."

Para muchos cristianos, la fe se reduce a esos sentimientos. Si cabe, a amar a Dios y amar al prójimo a "nuestra manera". Y parece que no hay necesidad de saber más que eso.

Con demasiada frecuencia, se advierte un cierto rechazo en algunos cristianos por la formación y por el conocimiento de Dios, motivado por el hecho de cumplir una fe de "mínimos", por acoger una "religión del sentimiento". 

Reemplazan la riqueza y sabiduría de la Palabra viva de Dios, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia, limitándolas a arengas emocionales del tipo "Dios es amor y te ama", "Dios perdona todo" o "Sólo el amor basta".
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Siendo ciertas en su contexto, estas expresiones se quedan cortas para el crecimiento y la madurez espiritual de un católico que quiere profundizar en su relación con Dios, que quiere amar a Dios sobre todas las cosas.

Cuanto más aprendemos sobre Dios, sobre su Palabra y sobre su propósito, más capaces somos de amarle y adorable. Porque si realmente amamos a Dios, ¿no querríamos aprender lo máximo posible sobre Él?

Una fe emotiva y sentimental no deja de ser un rasgo de infantilismo espiritual y una falta de deseo de crecimiento y madurez. Es triste ver como algunos cristianos no quieren profundizar y aprender más acerca de Dios. Porque una cosa es no saber mucho y otra, no tener ningún deseo de conocer, de crecer. No se puede amar lo que no se conoce. Al menos, no de verdad.

Si nos conformamos con una moral emocional y una creencia basada en el sentimiento, nuestra fe terminará apagándose más pronto que tarde. Ese "ídolo con pies de barro", ese "amor platónico" no tiene bases sólidas ni puede durar mucho.

De la misma forma que un matrimonio no se sostiene si está fundamentado en un estado emocional, caracterizado por un dejarse llevar por una pasión irracional, por un amor adictivo, por la intensidad, por el deseo y/o por la ansiedad, una vida de fe no se sostiene por una emoción apasionada.  

Sí, la emoción puede ser un inicio maravilloso en la fe (y hasta necesario), pero es preciso que nos dirijamos hacia un conocimiento y una comprensión profundos de Dios, "para que no seamos niños vacilantes y no nos dejemos arrastrar por ningún viento de doctrina al capricho de gente astuta que induce al error; antes al contrario, practicando sinceramente el amor, crezcamos en todos los sentidos hacia aquel que es la cabeza, Cristo."  (Efesios 4 ,14-15).
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¿Por qué la gente dice que quiere "conocer a Dios", que quiere "amar a Dios", y sin embargo, no desea saber más acerca de Él? ¡Es absolutamente ridículo! ¡Es una fe inútil y sin sentido!

Imaginemos que yo dijera que amo a mi mujer, pero no sé nada sobre ella. Alguien podría preguntarme ¿dónde ha nacido? y yo, encogerme de hombros... o ¿qué es lo que más le gusta? y yo decir, "No sé"... o  ¿cuantos años tiene? y yo, decir: "Ni idea. Pero la quiero".

¿Verdad que estas respuestas no suenan a amor? Y es que cuanto más conoces a alguien, más puedes amarlo.

Sin embargo, navegamos por la superficie en nuestro conocimiento de Dios y nos negamos a sumergirnos en su amor. Y luego nos preguntamos por qué nos cuesta tanto dar testimonio a los demás,  o contar lo que creemos, o por qué lo creemos.

Sin duda, nos hallamos ante una forma de cristianismo intelectualmente superficial y teológicamente analfabeto ... una forma de catolicismo populista y buenista...una idolatría que Dios detesta.

Todo esto me ayuda a darme cuenta de por qué las personas ven cada vez menos necesidad de crear una comunidad al servicio de Dios y más de crear grupos "estufa" donde encontrar comodidad y auto-compasión. Y me pregunto: después de que la emoción inicial haya desaparecido, ¿qué tiene realmente que ofrecer la fe? ¿para qué necesitar a Dios?
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Es importante que tomemos consciencia de que no sólo deben profundizar en lo que creen los sacerdotes y los teólogos, sino todos los creyentes. Jesús mismo declaró que el mandamiento más grande es amar al Señor tu Dios con todo tu corazón, alma y mente (Lucas 10, 27 ), sin embargo, tendemos a pasarlo por alto y enfocarnos en el corazón y en el sentimentalismo.

Dios advierte a aquellos que descuidan crecer en conocimiento cuando dice: “Mi pueblo es destruido por su falta de conocimiento. Porque has rechazado el conocimiento, yo también te rechazaré" (Óseas 4,6)

Los cristianos debemos aprender más de Dios. Debemos aprender el significado y el valor de nuestras creencias y doctrinas morales. Debemos profundizar en nuestra relación con Dios.

Dios nos llama a vivir la fe para llegar a ser santos, perfectos. No creemos en Dios por lo que nos hace sentir, sino por lo que nos dice y nos promete. 

Podemos vivir según nuestros sentimientos o según el propósito de Dios. Nosotros decidimos...

martes, 7 de febrero de 2017

¿QUÉ SIGNIFICA MADURAR ESPIRITUALMENTE?

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Como cristianos, estamos llamados a crecer, a madurar. Comenzamos nuestro camino espiritual como niños en la fe pero necesitamos crecer y desarrollarnos como adultos. 

La Palabra de Dios, en el Nuevo Testamento, insiste en que todos debemos hacer esta transición de la leche a la carne, de la mesa de los niños al banquete de los adultos. Y sin embargo, aunque somos conscientes de que debemos pasar por este proceso de maduración, muchos de nosotros somos propensos a medir la madurez equivocadamente. 

Cuando Pablo escribe a Timoteo, le habla de la naturaleza y el propósito de la Palabra de Dios diciéndole: "Toda la Escritura divinamente inspirada es útil para enseñar, para reprender, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, dispuesto a hacer siempre el bien."(2 Tim 3, 16-17). 

Pablo insinúa que Timoteo (y por extensión, todos nosotros) está incompleto, inacabado e inmaduro, y que necesita la Escritura para alcanzar la madurez espiritual. 

La Biblia es el medio que Dios usa para completarnos, para terminarnos, para llevarnos a la madurez.

¿Qué significa ser un cristiano maduro?
Tendemos a pensar que los cristianos maduros son los que conocen muchos hechos acerca de la Biblia, o los que se saben de memoria la teología y la liturgia, la historia de los Santos, etc.

Pero fijémonos en lo que Pablo dice: "a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, dispuesto a hacer siempre el bien". Pablo no dice: "Para que el hombre de Dios sea perfecto, debe conocer todos los libros de la Biblia", o "memorizar y explicar cada una de las epístolas de Pablo". Ese no es el énfasis de Pablo, puesto que conocer la Biblia puede ser un signo de madurez, pero también puede ser una máscara que cubra la inmadurez.

Cuando Pablo habla acerca de la perfección y la madurez, señala acciones, hechos, "buenas obras". La Palabra de Dios crea y, por sí sola, tiene el poder de hacernos madurar, y cuando la leemos, la entendemos y la aplicamos en nuestra vida, de forma natural, crecemos en la fe.

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Esa madurez se muestra en las buenas obras que hacemos más que en el conocimiento que proclamamos. Y esto es exactamente lo que Dios quiere para nosotros, que seamos maduros y hacedores de bien a los demás, deleitándonos en ello. Este énfasis en las buenas acciones es un tema significativo en el Nuevo Testamento (ver Ef 2,10, Tit 2,14) y es la misma razón por la que Dios vino a la humanidad.

Esto significa que la madurez espiritual se muestra mejor en los actos que en las palabras. Significa que sólo con conocimiento no basta: podemos conocer la teología, la liturgia, el catecismo, la vida de los Santos y de la Iglesia entera, y seguir siendo desesperadamente inmaduros. 

Permaneceremos inmaduros si el conocimiento acumulado no nos motiva a hacer el bien a los demás. Los cristianos maduros son los que glorifican a Dios haciendo el bien para y a los demás, exteriorizando su conocimiento en buenas obras.

Por supuesto, que cuanto más conocimiento teológico y bíblico adquirimos, más nos enseña, reprueba, corrige y entrena, y de esa manera damos forma a nuestros actos. Por eso, un mayor conocimiento de Dios debe conducirnos a un mayor y mejor servicio a los demás.

El conocimiento de Dios y de su Propósito es bueno. Pero el conocimiento de Dios y de su Propósito que nos mueve a hacer lo que beneficia a otros, y a hacerlo con amor, es lo que glorifica a Dios.