¿QUIÉN ES JESÚS?

La vida de Jesús siempre ha suscitado preguntas a lo largo de los últimos dos mil años.

¿Cómo pudo un carpintero que fue ejecutado por los romanos convertirse en el hombre más famoso de la historia?
¿Fue Jesús alguien verdaderamente real?
¿Cómo puede Dios ser un hombre al mismo tiempo?
¿De qué manera podría esto tener algún sentido para mi vida?

Estas son algunas pero queremos que nos cuentes las tuyas.

martes, 6 de noviembre de 2018

INVITADOS A UNA BODA

Resultado de imagen de banquete de boda
"Al oír esto, uno de los comensales le dijo: 
¡Dichoso el que pueda comer en el Reino de Dios!
Él le respondió: Un hombre dio una gran cena y convidó a muchos; 
a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los invitados: 
'Venid, que ya está todo preparado'
Pero todos a una empezaron a excusarse. 
El primero le dijo: 'He comprado un campo y tengo que ir a verlo; te ruego me dispenses'. Y otro dijo: 'He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; 
te ruego me dispenses'.
'Otro dijo: 'Me acabo de casar, y por eso no puedo ir'.
Regresó el siervo y se lo contó a su señor. 
ntonces, el dueño de la casa, airado, dijo a su siervo: '
Sal en seguida a las plazas y calles de la ciudad, 
y haz entrar aquí a los pobres y lisiados, a ciegos y cojos'.
 Dijo el siervo: 'Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía hay sitio'.
 Dijo el señor al siervo: 'Sal a los caminos y cercas, 
y obliga a entrar hasta que se llene mi casa'. 
Porque os digo que ninguno de aquellos invitados probará mi cena."
(Lucas 14,15-24)

¡Cuántas veces hemos visto en la vida esta misma escena! ¡Cuántas veces nos han invitado a una boda o a una celebración y nos hemos excusado! ¡Cuántas veces dejamos de ir a algún sitio cuando no somos protagonistas o cuando nos crea un compromiso!

En el Evangelio de hoy, Jesús nos invita a su fiesta pero muchos no acudimos... nos excusamos con mil pretextos, con mil justificaciones, con mil argumentos, con mil coartadas...

Y el Anfitrión se decepciona, se enfada cuando nos invita gratuitamente y le damos la espalda...cuando nos invita a sentarnos junto a personas que (quizás) no soportamos, o no consideramos dignas y ponemos cualquier pretexto...cuando nos invita a ser comunidad y lo consideramos un "compromiso"...cuando nos invita a servir a otros y pensamos que allí no tenemos nada que hacer, que no somos protagonistas, que nosotros "valemos más"...

La fiesta está preparada, la comida está lista y sin embargo, nosotros no estamos dispuestos. Y no lo estamos porque nuestro egoísmo busca notoriedad, favores y reconocimiento. ¡Si no es nuestra fiesta, es un compromiso!

¿Cuándo fue la última vez que te excusaste ante una invitación de Jesús? 

¿Recuerdas todas las veces que has estado tan ocupado para ir a ver a ese amigo tuyo enfermo? 

¿Recuerdas todas las veces que has estado tan preocupado por tu trabajo, tus clientes, tus cifras que no has tenido tiempo de estar un rato con tus hijos y tu mujer?

¿Recuerdas todas las veces que alguien ha necesitado de tu ayuda y tú les has negado tu mano? 

¿Recuerdas todas las veces que has dicho "a ver si nos vemos" y nunca lo has hecho? 

¿Recuerdas cuantas veces Dios te ha pedido algo y has puesto el pretexto de "no puedo" o te has disculpado diciendo "ahora no"?
Resultado de imagen de banquete de boda biblia
Meditemos seriamente: Dios, con su gran amor y generosidad, nos invita gratuitamente a formar parte de su banquete 

¿Vamos a responderle con excusas y justificaciones? 

¿Vamos a decepcionarle y enojarle?

No perdamos el tiempo y ocupemos las sillas que nos ofrece. Hay muchas libres. No lo dejemos para el último momento o quizás puede que cuando queramos entrar a la fiesta, ya no haya sitio.

Seamos generosos, serviciales y solidarios. Respondamos a su llamada. Aceptemos con alegría su invitación. Vayamos y sentémonos junto a los que están solos, junto a los que están tristes o desconsolados, junto a los heridos y necesitados, junto a los que necesitan de nosotros y de nuestro amor.


viernes, 2 de noviembre de 2018

LA CLAVE DE LA FELICIDAD

Resultado de imagen de felicidad en dios
"Busca en el Señor tus delicias, y él te dará lo que tu corazón desea" 
(Salmo 37,4)

La búsqueda de la felicidad es el mayor deseo del hombre. Sin embargo, la busca donde no puede encontrarla, en el exterior, porque la felicidad no está basada en poseer cosas, ni en éxito ni triunfar socialmente, ni en disfrutar de los placeres del mundo. 

Dios ha puesto en el corazón del hombre un profundo anhelo de felicidad, de plenitud, de sed de infinito. La felicidad está dentro de nosotros, es la presencia misma de Dios en nosotros y en nuestra vida lo que nos produce gozo y alegría.

La felicidad consiste en ver a Dios a nuestro lado y cómo interviene en todos los acontecimientos de nuestra vida. Consiste en ver todos los maravillosos regalos que Dios nos ofrece cada día, en cada situación, en cada persona que se cruza en nuestro camino y agradecérselo. Consiste en aceptar al voluntad de Dios aun a pesar de las dificultades y confiar plenamente en su Providencia. Consiste en estar en paz y en gracia, abandonados a la acción del Espíritu Santo.

Pero la felicidad completa va más allá de esta vida. La felicidad plena la encontraremos en el cielo, destino al que todos estamos llamados. Nuestra recompensa está allí.

Imagen relacionadaEn el capítulo 5 del Evangelio de Mateo Jesucristo nos da la clave de la felicidad: "Felices los pobres en el espíritu, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de la justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, los perseguidos... Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo".

El Señor nos muestra el camino que, a pesar de todas las dificultades, conduce a la verdadera felicidad. Sólo Él puede satisfacer nuestras expectativas, muchas veces frustradas por las falsas promesas mundanas, por el conformismo, por el relativismo, por las máscaras que falsean la vida.

Es Jesús quien suscita en nuestros corazones el deseo de hacer de nuestra vida algo grande, cuya culminación está en el cielo, junto a Dios. 

Es Cristo quien nos da un motivo de verdadero gozo y esperanza para descubrir y celebrar la fuerza y ternura de Dios, abrirnos a su amor, dejarnos moldear por Él y convertirnos en santos, en bienaventurados.

Es en Dios donde está la clave de la felicidad.

martes, 23 de octubre de 2018

LA CONVERSIÓN ES EL INICIO, NO EL FINAL

Resultado de imagen de conversion a dios
"Te aseguro que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios"
(Jn 3, 3)

Uno de los momentos más emocionantes en nuestra vida es cuando conocemos a Jesucristo y entonces, se produce nuestra conversión. Pero, una vez que se produce ¿damos el paso definitivo hacia el proceso de transformación o nos quedamos en "modo conversión"?

La conversión (del latín convetere, significa "transformarse, hacerse distinto") es un punto de inflexión, es el inicio de un proceso. Es un gran momento pero no es el final del camino, no es la meta. 

A veces, ponemos tanto énfasis en el momento de la conversión, que pensamos que eso es todo. A veces, ponemos tanto hincapié en los métodos de evangelización que pensamos que es el final del camino.

Sin embargo, el deseo de Dios es la transformación de nuestras vidas, y que realmente comienza tras la conversión: "Quien comenzó en vosotros la buena obra la llevará a feliz término para el día de Cristo Jesús." (Flp 1, 6).

La conversión es el comienzo de una nueva vida. Nacemos de nuevo al Reino de Dios: "Te aseguro que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios". (Jn 3, 3). Cuando nacemos de nuevo, tenemos algo que no estaba presente antes: el Espíritu de Dios mora en nosotros. Somos una nueva creación en Cristo.

De la misma manera que, cuando nuestra madre nos dio a luz, no nos dejó solos sino que nos amó, nos alimentó, nos cuidó y entramos a formar parte de una familia, cuando nacemos a una nueva vida espiritual, Dios no nos deja solos y se olvida. Al contrario, nos ama, nos cuida, nos alimenta y nos da una nueva familia en la que crecer y desarrollarnos.

Tras el nacimiento espiritual, debemos pasar a la siguiente fase: el crecimiento espiritual. Nuestro reto debe ser pasar de "conversos" (bebés espirituales) a "discípulos" (maduros espirituales). Y eso se consigue viviendo la fe en comunidad, en la Iglesia.

El Cambio de Pablo de Tarso
En su carta a los Romanos,  el apóstol Pablo insiste en que su conversión ocurrió “mientras era pecador”. Cuando Cristo se le apareció, Pablo no estaba llevando una vida correcta, ni estaba orando en el Templo, ni leyendo las Escrituras. Estaba persiguiendo a los cristianos, estaba pecando contra Dios.

Como el apóstol, nosotros también estábamos ciegos. Vivíamos sin Cristo, sin esperanza y alejados de Dios (Ef 2, 12). Como los dos de Emaús, abrimos los ojos y reconocimos a Cristo (Lc 24, 31) y, por su Gracia, sentimos la necesidad de cambiar de vida, no solo de mentalidad.

La mayoría de las personas experimentamos la conversión porque nos encontramos en una crisis, o en una situación difícil de nuestra vida, o porque estamos heridos o abatidos, o porque sufrimos. Necesitamos ayuda, y la necesitamos urgentemente. 

Por eso es tan importante que cuando nos encontramos con estas personas recién convertidas, las acojamos, las mostremos amor y las acompañemos. Como Iglesia de Cristo debemos darles alimento, cariño y cuidados para que se sientan realmente en familia.

Tras la conversió
n, las personas tenemos tres necesidades fundamentales:

Resultado de imagen de ESTABILIDADEstabilidad personal

Ante todo, necesitamos estabilidad personal. Hasta este momento, nuestra vida personal seguramente haya estado o esté fuera de control. 

Nos enfrentamos a situaciones que nos superan y por las que tenemos que ser ayudados. Necesitamos encontrar paz, descanso y alivio para estabilizarnos y dirección para comenzar a caminar.

Estabilidad social

Una vez que nos hemos convertido en creyentes, probablemente dejemos atrás algunas situaciones que vivíamos, o cosas que hacíamos, o quizás, nos encontremos con personas que no estén de acuerdo con nuestra nueva vida. 

Resultado de imagen de ESTABILIDADPor lo general, esas situaciones, cosas o personas eran aquellas con las que solíamos meternos en problemas. Y por ello, necesitamos personas que nos ayuden a superar todo eso. 

Perder amigos y familiares a veces puede ser consecuencia de seguir a Jesús, no porque ese sea nuestro deseo, sino porque a veces los amigos no entienden o no están muy interesados ​​en esa nueva vida. En cualquier caso, no es fácil y por eso, necesitamos personas que puedan ayudarnos a mantener otro tipo de relaciones, a vivir otro tipo de situaciones y hacer otro tipo de cosas.

Estabilidad doctrinal

Normalmente, el recién converso tiene ideas, pensamientos y conceptos no muy cercanos a la voluntad de Dios. Quizás, incluso equivocados. Seguramente, por desconocimiento.

Imagen relacionadaEs por ello, que el proceso de discipulado requiere la renovación de nuestra mentalidad y actitud. Debemos aprender lo que necesitamos saber, lo que Dios nos pide. Debemos buscar dirección espiritual y formación.

Tanto sacerdotes como laicos, debemos ayudar de inmediato a estas personas a crecer espiritualmente, y hacerlo a través de un proceso, que a veces, será de acompañamiento, otras, de formación, otras, de dirección espiritual, y otras, de corrección fraterna. 

La conversión verdadera

La conversión verdadera consiste en un cambio de vida, no solo en un cambio de actitud o mentalidad personal: implica cambiar los anhelos, las normas y las cosas del mundo por las de Dios.

Imagen relacionada
La conversión se produce por la gracia de Dios. La misma que alcanzó el corazón de la pecadora en la casa de Simón. La misma que cegó a Saulo de Tarso, enemigo de la fe cristiana camino de Damasco. La misma que envió el terremoto a la cárcel en Filipo, haciendo posible la conversión del carcelero. 

Sólo la gracia de Dios puede convertir los corazones de los que tienen la voluntad de recibir el poder transformador del Señor: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Jn 6,44),"pues es Dios el que obra en vosotros el querer y el obrar, según su voluntad." (Flp 2, 13).  

Es Dios quien nos llama y hace entrar el milagro de la gracia en nuestros corazones a través de situaciones y de personasNosotros apenas hacemos nada, tan sólo nos rendimos a Él.

La conversión no consiste en "ser buenos" o "cumplidores". Pablo, era un hombre "bueno", educado y gran conocedor de las Escrituras y de la Ley, que obedecía cuidadosamente y cumplía con gran celo. Tuvo que ver todo "su cumplimiento de la fe" como pérdida para reconocer a Dios. Tuvo que prescindir de "su justicia" para encontrar la misericordia de Dios.

Para que la conversión se produzca es necesario el arrepentimiento: "Por tanto, arrepentíos y convertíos para que sean borrados vuestros pecados" (Hch 3, 19). Sólo hay conversión cuando tomamos conciencia de nuestras faltas y errores que son expuestos a la luz de la Verdad, que es Jesucristo.

Nuestra meta

Nuestra meta no es conocer a Cristo y seguir con nuestra vida como si nada. Nuestro destino es llegar al cielo para estar junto a Él y para ello debemos emprender un largo camino que, paradójicamente, transcurrirá con una sucesión de conversiones.

Para alcanzar nuestra meta es necesario vivir nuestra conversión en comunidad. Sólo la conversión fructifica y transforma nuestra vida, si la vivimos en la familia de Dios. 

Imagen relacionadaPor eso, cada comunidad parroquial necesita establecer un proceso que proporcione un plan de acompañamiento, discipulado y dirección espiritual para juntos crecer en comunidad, como iglesia, como familia. 

Es necesario que se produzca en nosotros un progresivo cambio en nuestros pensamientos (mente), en nuestros deseos (corazón) y finalmente, en nuestra vida. Sin tal proceso, aunque nos unamos a una comunidad, aunque asistamos a misa y a los sacramentos, aunque pensemos que somos "buenos cristianos", seguiremos estando ciegos o, cuando menos, tuertos. 

Para estar en y con Cristo y anhelar el cielo, nada es suficiente a menos que lleguemos a ser “una nueva creación” (Gal 6,15). Y cuando esa “nueva creación” existe por dentro, cuando mantiene una gran vida interior, la persona manifestará por fuera una “nueva vida”en Cristo (Romanos 6, 4). 

Cuando nos convertimos verdaderamente, cambiamos nuestros rumbos y nuestros caminos, desechamos todos los malos hábitos y manifestamos los frutos en una vida guiada por Dios, dejamos de vivir una vida desordenada para vivir una vida ordenada y encaminada hacia el propósito para el que fuimos creados: Dios. 


sábado, 13 de octubre de 2018

EL ROSARIO: ¿POR QUÉ ORAR A MARÍA?

Resultado de imagen de el rosario
Cuántas veces hemos escuchado: "A mí, el Rosario me cuesta mucho rezarlo... es una oración repetitiva y monótona... es de personas mayores... es un rollo", ¿verdad?. A mí también me pasaba y pensaba lo mismo.

La verdad es que hay muchas cosas en la vida que nos cuestan, que nos parecen un rollo: hacer las tareas de la casa, ir a visitar a un enfermo al hospital, acudir a un funeral, escuchar, acoger y acompañar a un hermano en la fe... 

Y es que no todo lo que hacemos en la vida es divertido pero, desde los ojos de nuestra fe, todo lo que hacemos es por amorPor amor, y por que todo lo que tiene valor y merece la pena, requiere de esfuerzo y perseverancia. Es algo que los cristianos tenemos muy presente en nuestras vidas.

Con el Santo Rosario, con el Credo o con el Padrenuestro pasa lo mismo. No se trata de centrarnos en si nos gusta o no, si nos divierte o nos aburre...Como todo en la vida, si lo hacemos por obligación, no disfrutaremos nunca. Si lo hacemos por amor, la cosa cambia, y mucho:

Si miramos el Rosario como una conversación de amor y cariño a la Virgen, nuestra percepción general cambiará radicalmente. 

Si contemplamos cada misterio como si estuviéramos allí mismo, experimentaremos sensaciones para nada aburridas y seremos partícipes protagonistas de la Pasión de nuestro Señor. 

Si rezamos cada Padrenuestro o Gloria con fe y confianza, comprobaremos cómo nuestra mente y corazón se transformarán ante la escucha atenta y el cumplimiento en nuestra vida de la Palabra. 

Si rezamos cada Ave María como una declaración de amor a una Madre, encontraremos amparo, paz y sosiego en nuestro corazón. 

La Virgen nos conduce siempre a su Hijo

Hablando Jesús a la multitud como en tantas ocasiones, una mujer entre el gentío alzó la voz y gritó: "Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron. " (Lucas 11,27).

Sin duda, las palabras de alabanza, devoción y admiración de esa mujer producirían en Jesús un sentimiento de emoción, agradecimiento, orgullo y amor por su Madre. Aquel día comenzó a cumplirse el Magnificat: ...me llamarán bienaventurada todas las generaciones. Una mujer, con la frescura del pueblo, había comenzado lo que muchos continuaríamos hasta el fin de los tiempos.

Sin embargo, Jesús, recogiendo la alabanza de esa mujer, hace aún más profundo el elogio a su Madre: "Bienaventurados más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la guardan(Lucas 11, 28). Con sus palabras, Cristo enaltece aún más a su propia Madre quien escuchó, guardó y cumplió la voluntad de Dios como ninguna otra criatura de la tierra.

María es bienaventurada, desde luego, por haber llevado en su Purísimo seno al Hijo de Dios, por haberlo alimentado y cuidado con su Inmaculado corazón, pero lo es aún más, por haber acogido la Palabra de Dios con extrema fidelidad y confianza

Las palabras de Jesús nos muestran la forma más perfecta de alabar y de honrar al Hijo de Dios: venerar y enaltecer a su Madre. Eso es lo que hacemos cuando rezamos el Rosario: venerando a la Virgen, alabamos y honramos a Jesucristo. 

Nuestra Señora y Reina es el camino más corto y sencillo, el medio más directo y perfecto, establecido por el propio Dios, para que la humanidad llegue a Jesús, y con Él al Padre, a través de las gracias del Espíritu Santo. Así fue desde la Encarnación, pasando por la Vida pública, la Pasión, la Cruz y la Resurrección, hasta la Coronación.

Rezar el Rosario no es dejar de lado a Cristo para dar importancia a María. Todo lo contrario: El Rosario une siempre a María con Jesús

La Virgen María nos conduce a su divino Hijo, y Él escucha siempre las súplicas que se le dirigimos a su Madre. Honrando a María, como hijos suyos y esclavos de amor, imitaremos a Cristo y seremos semejantes a Él. 

Mientras Santa María es mencionada y venerada en el Rosario, la Virgen atrae a los creyentes hacia su Hijo, su pasión y su sacrificio, y desde Él, hacia el amor del Padre.

El Santo Rosario, la oración preferida de la Virgen

Con el rezo del Rosario, todos los cristianos, todos los hijos de la luz, nos unimos a ese gran ejército de María, que honra y venera a nuestra Reina y Madre a lo largo de los siglos.

El Rosario es nuestro clamor incesante al contemplar y meditar, de la mano de la Virgen Santísima, las principales escenas de la vida de Jesús y de María, a través de  los misterios de gozo, dolor, luz y gloria: 
  • Con los misterios gozosos, desde la Encarnación hasta su Pérdida y Hallazgo en el templo, aprendemos a hacernos pobres y pequeños como se hizo Jesús. El dejó su trono junto al Padre y se hizo ¡un niño!, por nosotros, se hizo un servidor para nosotros. Además, nos impulsarán a servir al prójimo con humildad y alegría. 
  • Con los misterios dolorosos, desde la Oración en el huerto hasta la Crucifixión y Muerte, aprendemos a aceptar con docilidad y amor las pruebas y los sufrimientos de esta vida, como Cristo en su Pasión.
  • Con los misterios luminosos, desde el Bautismo hasta la instauración de la Eucaristía, aprendemos y meditamos la vida pública de Jesús, y así, alcanzamos luz y guía para convertirnos en seguidores y discípulos suyos.
  • Con los misterios gloriosos, desde la Resurrección de Cristo hasta la Coronación de María en el Cielo, somos partícipes de la unión de la tierra y el cielo, alcanzamos la felicidad y la alegría máximas en esta tierra., mientras esperamos la vida eterna.

El Rosario es la oración preferida de Nuestra Señora, una plegaria que llega siempre a su Corazón de Madre, que nos regala incontables y numerosas gracias. 

El Rosario es una recomendación de nuestra Madre, la Virgen María, quien hace 101 años, en Fátima, nos dijo: "Rezad el Santo Rosario a diario".

El Rosario es un saludo que hacemos a Santa María, uniéndonos al del Arcángel y al de Santa Isabel. Un saludo que se dice pero que también se piensa y se medita.

El Rosario es un ramo de rosas que regalamos a la Virgen porque la amamos profundamente. Una corona de flores con la que entronizamos a la Virgen como Reina de cielos y tierra.
Imagen relacionada
El Rosario es un "Te quiero" que repetimos incesable e incansablemente a Nuestra Madre María y a Nuestro Señor Jesucristo, y que, cada vez que se lo decimos, adopta un nuevo enfoque y una tonalidad diferente.

El Rosario es una "Ópera" que recitamos mientras la música de Cristo resuena en nuestros corazones y llena el escenario de nuestras vidas. Un aria con las que obtenemos las gracias necesarias para nuestra salvación.

El Rosario es un coloquio confidencial con María, una conversación llena de confianza y abandono donde le exponemos nuestras penas, nuestros anhelos, nuestras esperanzas y donde le abrimos nuestro corazón. 

El Rosario es una declaración de amor, compromiso y fidelidad, con la que nos ponemos a su disposición para todo aquello que la Virgen, en nombre de su Hijo, Jesucristo, nos pida. 

El Rosario es un camino hacia la Paz, la Verdad y la Vida a disposición de todos los hombres, por el que María nos conforta en nuestras necesidades, nos protege del Mal y nos ayuda a vencer las tentaciones.

El Rosario es una escalera hacia el cielo que subimos junto a Nuestra Madre, escalón a escalón, parándonos en cada rellano y meditando la Palabra en nuestro corazón. Un camino hacia la Paz y el Amor.

El Rosario es una llamada al amparo, protección y salvaguarda de Nuestra Madre que, por su maternal e incondicional amor nunca desoye las súplicas que le dirigimos sus hijos amados.

Frutos de la devoción a Santa María

Según el Concilio Vaticano II, "la devoción al Santo Rosario y a la Virgen María no es de ninguna manera un sentimiento estéril, monótono y pasajero, o vana credulidad, propio de personas mayores o de escasa formación. Por el contrario,  procede de la verdadera fe, por la que somos inclinados a reconocer la preeminencia de la Madre de Dios y somos impulsados a un amor filiar hacia Nuestra Señora y a la imitación de sus virtudes"

El rezo del Rosario, la devoción y el amor a la Virgen nos impulsa a imitarla y, por tanto, a escuchar la Palabra de Dios y meditarla en el corazón.

Nos mueve a rechazar todo pecado, hasta el más venial, nos anima a luchar contra todos los males, propios o ajenos, nos da el remedio para combatir las tentaciones del orgullo, la carne y el demonio.

Al contemplar su docilidad a la acción del Espíritu Santo en su alma, nos estimula a cumplir la voluntad de Dios en todo tiempo, con alegría y sin tibieza, incluso cuando nos cuesta. 

La visita a un santuario mariano, las romerías o las misiones marianas nos llenan de fe, esperanza y caridad el alma y , con ellas, nos brindan las fuerzas necesarias para alcanzar nuestra santidad.


miércoles, 10 de octubre de 2018

OTRA VEZ...POR EL DESIERTO


“Él te condujo por el desierto, y en esa tierra seca y sin agua 
ha hecho brotar para ti un manantial de agua de la roca dura” 
(Deuteronomio 8,15)

De nuevo, me encuentro vagando por el desierto.... en soledad, en silencio, en oscuridad. 

Durante el día, todo es árido, inhóspito e incómodo. No hay nada, ni lo más elemental. Sólo sed, calor, cansancio y abatimiento. 

Durante la noche, todo es privación, vaciedad y carencias materiales. No hay nada, ni lo más necesario. Sólo hambre, frío, silencio  y soledad.

Desnudo y expuesto al calor abrasador de una sociedad materialista, camino hacia el misterio de Dios. Sólo a través de la oración y la comunión con Él, soy capaz de ser simplemente yo ante Él.

Descalzo y abatido, camino ante la inmensa aridez que me rodea...el vacío se abre a mis pies, la arena apenas me deja caminar con paso firme. Sólo a través de mi confianza plena en la insondable voluntad de Dios puedo mantenerme en pie.
Resultado de imagen de desierto espiritual
Despojado de mi propio yo y de las cosas prescindibles de mi vida, mi alma se desnuda, se desapega de lo innecesario y busca el oasis donde se halla la fuente de agua viva. Sólo a través de mi incansable búsqueda de Dios, soy capaz de resistirlo y soportarlo.


Frágil y limitado, mi fe experimenta la prueba y la purificación.
Sólo a través de mi seguimiento a Cristo soy capaz de mantener el sosiego, la calma y la paz.

Vulnerable y tentado, vadeo dunas, evito escorpiones, eludo serpientes y siento como si mi mundo se viniese abajo. Sólo a través del leve soplo del Espíritu, soy capaz de entenderlo y vivirlo.

Moises, Jesús, Pablo, caminaron por el desierto de la prueba, la tentación o la purificación.

Al igual que ellos y otros muchos, sé que debo pasar por él con confianza y humildad, con desapego y pobreza, con renuncia y austeridad. 

Sé que debo estar dispuesto a perderlo todo: mi seguridad, mi comodidad, mi interés, mi voluntad.

Y lo hago porque tengo la absoluta certeza de que Dios no me abandonará jamás. 

Aunque esté a mi lado y no pueda verle..

Aunque parezca distante y no pueda escucharle...

Sé que Dios está conmigo.

¡Gloria a Dios!

lunes, 8 de octubre de 2018

SÍNTOMAS DE UNA PARROQUIA ENFERMA

Cuando acudimos al médico, lo hacemos porque estamos enfermos o nos encontramos mal. Sabemos que el doctor nos preguntará qué nos pasa, nos auscultará, nos medirá la presión arterial y temperatura, nos pedirá una analítica de sangre o de otro tipo... Es la forma sana de buscar síntomas que nos pongan en alerta y que nos puedan indicar si existen problemas reales y serios.

Desde hace ya algunos años, escribo sobre chequeos y diagnosis parroquiales: 

https://cristianosdigitales.blogspot.com/2015/07/diagnostico-pastoral-de-una-parroquia.html.

https://cristianosdigitales.blogspot.com/2016/08/un-chequeo-la-parroquia.html 


En mis artículos, reflexiono sobre algo que aprendí en varios encuentros de nueva evangelización y que me ha servido de mucho en mi camino de fe sobre los aspectos vitales de la salud de una parroquia: Adoración y Culto, Comunidad y Acogida, Caridad y Servicio, Discipulado y Evangelización.

Hoy quiero volver a "jugar a los médicos". Entendámonos, ni es un juego ni yo soy médico. Me refiero en sentido espiritual. Quiero quitarle dramatismo pero no la importancia que tiene. Se trata de hacer un nuevo "chequeo rutinario" a una parroquia cualquiera, con el objetivo de diagnosticar y encontrar algunos síntomas que puedan indicar problemas reales y serios dentro de mi Iglesia, y claro, tratar de dar luz para solucionarlos.

Los síntomas no son necesariamente un problema; simplemente, nos proporcionan advertencias o precauciones ante posibles dificultades que pueden ir "a más".

Si bien hay muchos síntomas potenciales para diagnosticar que una parroquia esté enferma, los siguientes siguen siendo, años después y por desgracia, bastante comunes en muchas de ellas:

Adoración y Culto

1-Disminución de la asistencia a misa. Éste es el primer síntoma de que algo no está sano en una parroquia. Los miembros no están tan comprometidos, o al menos, no como antes.
Resultado de imagen de culto catolico
2
-Falta de alegría y vitalidad. Este síntoma puede ser subjetivo pero es, sin embargo, muy importante. Todos podemos sentir cuando una parroquia carece de fervor o no es vibrante y nadie se apunta a un ejército con moral perdedora.

Comunidad y Acogida

3-Comunidad inexistente.
Si los que asisten a misa se limitan a llegar, consumir sacramentos e irse, sin confraternizar, sin sentirse familia, sin crear comunidad, es síntoma de que la parroquia tiene una salud deficitaria.
Imagen relacionada
4-Conflictos y chismes. Sí, existen en muchas parroquias. Estas guerras son indicadores de un enfoque erróneo de los miembros y de falta de caridad: "Yo soy de Pablo, tú de Pedro". Cada uno hace la "guerra" por su cuenta y así no se gana ninguna.

Caridad y Servicio

5-Más reuniones que servicio. Una parroquia enferma se reúne con demasiada frecuencia para hablar sobre lo que deberían hacer, en lugar de hacerlo.

Algunas parroquias tienen más consejos parroquiales que personas comprometidas. La actividad, es necesaria; el activismo, es perjudicial.
Resultado de imagen de tokyo tower
Una vez, escuché de alguien que: "Cuando Dios desaparece de una parroquia, le envía reuniones y papeles".

6-Consejos parroquiales de negocios. Las parroquias enfermas, a menudo, dedican la mayor parte de sus consejos a la economía, a las estructuras y a los números, en lugar de buscar cómo llevar almas a Dios.


Discipulado

7-Expectativas pastorales poco realistas o efectivas. Las parroquias enfermas ven a los sacerdotes y consagrados como a las únicas personas preparadas para hacer todo el trabajo de la parroquia. 
Resultado de imagen de discipulado
Las catequesis se dan por inercia pero son caducas o inefectivas (1ª comunión, confirmación, matrimonio),y conducen a las personas a la Iglesia en un momento de sus vidas para, poco después abandonarla para siempre.

8- Falta de discipulado. Las parroquias enfermas no "salen" a hacer discípulos sino que se "encierran" en sí mismas y la formación que ofrecen es inexistente. 
Han "enfermado" en el cumplimiento de la misión de Jesús de "Id y haced discípulos". 

Las parroquias sanas tienen equipos de discípulos formados y comprometidos con el servicio, que además, forman y hacen más discípulos.

Evangelización

9-Poco fruto evangelizador. Como regla general, una parroquia evangelizadora debería alcanzar al menos a un alejado por cada 20 feligreses. Una parroquia con una asistencia de 200 personas, por ejemplo, debería ver al menos 10 nuevos cristianos al año. Sin embargo, esto no ocurre.

10-Sin métodos ni visión. Quizás por pereza o por hastío, las parroquias enfermas no se plantean ningún método o programa para evangelizar a otros, para acercar almas a Dios. Al "calor del hogar", ni siquiera se planten cuál es su misión. Un grave problema de salud.

Evidentemente, ninguno de estos síntomas es bueno, pero muchas parroquias atraviesan períodos donde demuestran algunos de ellos. La clave es reconocer estos síntomas y responder rápidamente.

Este podría ser un posible diagnóstico en relación a la cantidad de síntomas de enfermedad en una parroquia:

De 1 a 2 síntomas. Normal para la mayoría de las parroquias si se dan en un corto período de tiempo. No es un indicador de mala salud, pero los síntomas deben abordarse con prontitud.

De 3 a 5 síntomas. La parroquia está enferma y necesita atención inmediata. Es la primera alerta importante.

De 6 a 8 síntomas. La parroquia está muy enferma. Si no se realizan cambios significativos, la comunidad está en peligro de pasar a la fase terminal.

De 8 a 10 síntomas. La parroquia está en fase terminal, en peligro de muerte y de extinción. Puede que la muerte o extinción no sea inminente pero, ineludiblemente ocurrirá en los próximos 5/10 años. Si bien es posible que una parroquia se recupere de este nivel de enfermedad, es raro. La intervención debe ser rápida, intensa, dramática y difícil de soportar.

Como digo, no soy médico ni mucho menos alguien autorizado para examinar a la Iglesia y mucho menos para juzgarla. 

Sin embargo, mis reflexiones surgen desde un profundo amor a mi "familia", a mi Iglesia, de la que me siento parte, y siempre con el ánimo de hacer lo que esté en mi mano para revertir una situación que, sinceramente, me angustia y preocupa. El resto, se lo dejo a Dios en mis oraciones.

sábado, 29 de septiembre de 2018

LA IGLESIA NECESITA...


Resultado de imagen de colegiata san isidro
"Él hace que el cuerpo crezca, 
con una red de articulaciones que le dan armonía y firmeza, 
tomando en cuenta y valorizando las capacidades de cada uno. 
Y así el cuerpo se va construyendo en el amor."
(Efesios 4, 16)

Hace poco, en un retiro de Emaús, tuve la oportunidad de saludar personalmente a un sacerdote excepcional de Villanueva de la Calzada.  Y aunque no he tenido la ocasión de hablar más profundamente con él, me consta porque le leo, que tiene las cosas muy claras sobre lo que necesita la Iglesia, y entre otras, son las siguientes:

La Iglesia n
ecesita audacia y valentía para no dejarse arrastrar por la inercia de "lo de antes" ni acomodarse en la seguridad de "lo de siempre".

La Iglesi
a necesita transformar la caduca y obsoleta estructura  diocesana: las catequesis de iniciación cristiana, la distribución del clero, la pastoral de la economía, la pedagogía de la espiritualidad, etc. ¡Ya no funcionan!

La Iglesia nece
sita hacer autocrítica: dejar de estar "a la defensiva" cuando algo va mal, dejar de despejar balones fuera cuando se vacían las parroquias o cuando son ineficaces, dejar de culpar a la sociedad.

La Igles
ia necesita parroquias sanas, fuertes, vivas, vibrantes, que den ánimo y esperanza a otras parroquias y párrocos del entorno. Como organismo vivo que es, necesita que esté sana para crecer. Si una parroquia no está creciendo, es porque está enferma y puede que se esté muriendo. Algo estamos haciendo mal y por ello, debemos hacer todo lo necesario para diagnosticar el mal y corregirlo. No podemos permanecer pasivos.

Imagen relacionada¿Cuál es entonces el secreto para que una parroquia esté sana, fuerte, viva y vibranteEn una palabra: ¡Equilibrio!

Dios ha diseñado y creado el universo con este principio del equilibrio. También nuestro cuerpo tiene 12 sistemas diferentes y absolutamente necesarios para mantener su salud. Cuando éstos no están en equilibrio y no cumplen sus funciones determinadas, lo llamamos "enfermedad".

De igual manera que cuando nuestra vida no está equilibrada, enfermamos y morimos, si nuestra parroquia está desequilibrada, enfermará y morirá. 

Es el propio Jesús quien nos describe las bases sobre las que se asienta el crecimiento de una parroquia sana y fuerte en Efesios 4,  en Juan 17 y en Hechos 2.

Una parroquia crece al amparo de una comunidad: 
- a propósito y con propósito, que conjugue visión y misión.
viva y acogedora, que reciba y envíe personas
- alegre y floreciente, que ilusione y cree impulso
- agradecida y cordial, que no mire al pasado con nostalgia

Una parroquia profundiza con un discipulado:
- bien formado y educado en un liderazgo capacitador.
- que planifique y desarrolle estrategias.
- que realice diagnósticos. 
- que ejecute los objetivos y evalúe los resultados.

Una parroquia se fortalece con oración: 
- que discierna lo que viene de Dios y lo que es simple éxito mundano.
- que ofrezca sacramentos al alcance de todos.
- que celebre un culto enriquecedor que motive y movilice a todos.

Una parroquia trasciende con un servicio:
- que tenga una pastoral dirigida a la persona.
- que dinamice estructuras.
- que huya de un laicado "atrofiado" y "anestesiado".
- que evite el clericalismo y el providencialismo.

Una parroquia crece con la evangelización:

compartiendo métodos y experiencias de conversión.
- dando plenitud a los dones y carismas que tienen sus fieles.
- sin inventar ni abolir nada.
- sin pedir a Dios que bendiga lo que hacemos, sino sumarnos a lo que ya está bendiciendo. 

Es necesario estar continuamente corrigiendo y analizando el equilibrio de estos cinco principios de toda comunidad parroquial, porque existe una tendencia a priorizar aquello en lo que sentimos fuertes y a abandonar lo que nos da más trabajo o nos requiere mayor cantidad de tiempo: una parroquia puede ser fuerte en comunidad, pero débil en evangelización; otra puede ser fuerte en el culto, pero débil en el discipulado; incluso otra puede ser fuerte en el evangelización, pero débil en el servicio. 

Imagen relacionadaCentrándonos por igual en cada uno de las cinco puntos, nuestras parroquias desarrollarán un sano equilibrio que hará posible su crecimiento duradero y sólido.

Cristo nos recuerda que hay que podar un árbol para que crezca. En la Iglesia faltan jardineros que se dediquen a la poda… Y eso genera árboles devaluados… que dan poco fruto o que no dan ninguno.

Cristo nos recuerda que ya ha vencido. Nadie se alista a un ejército en retirada, nadie es de ningún equipo perdedor. Sólo es posible avanzar con una moral de victoria. Hay que ilusionar y crear pasión.