¿QUIÉN ES JESÚS?

La vida de Jesús siempre ha suscitado preguntas a lo largo de los últimos dos mil años.

¿Cómo pudo un carpintero que fue ejecutado por los romanos convertirse en el hombre más famoso de la historia?
¿Fue Jesús alguien verdaderamente real?
¿Cómo puede Dios ser un hombre al mismo tiempo?
¿De qué manera podría esto tener algún sentido para mi vida?

Estas son algunas preguntas, pero aquí tienes un espacio para formular las tuyas.
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sábado, 17 de octubre de 2026

ESTOLAS CRUZADAS: DIÁCONOS PERMANENTES

 
"El que quiera ser grande entre vosotros, 
que sea vuestro servidor, 
y el que quiera ser primero entre vosotros, 
que sea vuestro esclavo. 
Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido 
sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos" 
(Mt 20,26-28)

El diaconado (del griego diakonia, que significa "servicio") es el primer grado del sacramento del Orden Sagrado en la Iglesia Católica (junto con el presbiterado/sacerdocio y el episcopado/obispado). Existen dos formas de vivir este ministerio:

Diaconado transitorio: Lo reciben los seminaristas que están en la última etapa de su formación. Es un paso obligatorio y temporal antes de ser ordenados sacerdotes.

Diaconado permanente: Es un grado estable de la jerarquía eclesiástica restaurado tras el Concilio Vaticano II. Puede ser conferido a hombres casados o célibes que deciden dedicar su vida al servicio de la Iglesia de forma definitiva, compaginándolo con su trabajo civil y su familia.

Vestimenta litúrgica
La estola cruzada es la prenda litúrgica distintiva del diácono y representa la actitud de servicio y de entrega, imitando a Cristo servidor: 

"¿Quién es más, el que está a la mesa o el que sirve? ¿Verdad que el que está a la mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve" (Lc 22,27)
"Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis" (Jn 13,14-15)
"En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas. Los Doce, convocando a la asamblea de los discípulos, dijeron: «No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra" (Hch 6,1-4)
A diferencia de los sacerdotes u obispos (que la llevan caída de forma recta sobre ambos hombros), el diácono se coloca la estola desde el hombro izquierdo y la cruza hacia el lado derecho de la cintura, sujetándola allí.
Requisitos
Para ser admitido en el diaconado permanente, el Código de Derecho Canónico de la Iglesia Católica y las conferencias episcopales nacionales establecen una serie de requisitos indispensables en cuanto a edad, estado civil, compromiso, respaldo familiar y formación:
Edad. La edad mínima para ser ordenado se sitúa en los 25 años para los candidatos célibes (solteros) y 35 años para los candidatos casados. La edad máxima, 60 años.

Estado civil. El diaconado permanente valora profundamente la vida familiar y  la considera primera vocación del candidato. Si el aspirante está casado, se aplican estrictamente estas condiciones: 
  • Consentimiento explícito  y por escrito de la esposa: Es un requisito obligatorio e indispensable. Debe estar plenamente de acuerdo, apoyar espiritualmente la vocación de su marido y dar su consentimiento por escrito.
  • Estabilidad matrimonial: Se exige un tiempo mínimo de matrimonio estable y fiel, que la normativa eclesial general fija en al menos 5 años.
  • Entorno familiar e hijos: Los hijos, especialmente si son mayores de edad, deben ser consultados y aceptar de buen grado el ministerio del padre. La vida familiar debe reflejar las virtudes y costumbres cristianas.
"En cuanto a los diáconos, sean asimismo respetables, sin doble lenguaje, no aficionados al mucho vino ni dados a negocios sucios; que guarden el misterio de la fe con la conciencia pura. Tienen que ser probados primero y, cuando se vea que son intachables, que ejerzan el ministerio. Las mujeres, igualmente, que sean respetables, no calumniadoras, sobrias, fieles en todo. Los diáconos sean maridos de una sola mujer, que gobiernen bien a sus hijos y sus propias casas. Porque quienes ejercen bien el ministerio logran buena reputación y mucha confianza en lo referente a la fe que se funda en Cristo Jesús" (1 Tim 3,8-13)
Compromiso posterior a la ordenación
  • El diácono soltero asume el compromiso del celibato perpetuo al ordenarse, por lo que queda inhabilitado para contraer matrimonio. 
  • El diácono casado, si enviuda, no podrá volver a casarse, asumiendo a partir de entonces el celibato perpetuo.
Formación Académica. Se requiere contar con estudios suficientes para acceder a la educación superior. Posteriormente, se debe cursar un periodo de formación teológica y pastoral (suele ser el grado o diplomatura en Ciencias Religiosas) que dura entre 3 y 5 años.

Autonomía Económica. El aspirante debe poseer una profesión, trabajo civil o sustento económico propio y suficiente para mantener a su familia. El diaconado permanente se ejerce por lo general de forma voluntaria y no como un empleo remunerado por la Iglesia. 

Vida eclesial: Debe contar con una carta de recomendación de su párroco y estar vinculado activamente a las labores pastorales de su comunidad parroquial.

Funciones
Su función principal no es sustituir al sacerdote, sino asistir al obispo y a los presbíteros en las tareas de la caridad, los sacramentos y la liturgia.

Un diácono no puede:
    -confesar 
    -celebrar misa 
    -consagrar el vino y el pan
    -administrar la unción de enfermos

Un diácono puede: 
    -bautizar 
    -asistir a la celebración del matrimonio
    -leer el Evangelio
    -predicar la homilía 
    -distribuir la comunión
    -presidir exequias y entierros
    -dirigir obras de caridad

Proceso de selección y ordenación
El proceso para llegar a ser ordenado diácono permanente es un camino progresivo de discernimiento, selección y formación que suele durar entre 4 y 6 años. Se trata de un itinerario acompañado de cerca por la Iglesia para verificar la autenticidad de la vocación:
-Presentación. Antes de entrar oficialmente en una estructura formativa, el candidato da sus primeros pasos en su entorno local:
  • Propuesta o aval: El candidato se presenta por iniciativa propia o es propuesto por su párroco. Es indispensable contar con una carta de recomendación del párroco, que testifique su vida de fe, equilibrio familiar y compromiso comunitario.
  • Entrevistas iniciales: Se mantienen reuniones con el Delegado Episcopal del Diaconado de la diócesis y con un equipo de formadores (que a menudo incluye a otros diáconos permanentes y a sus esposas).
-Propedéutico (o Año de Discernimiento). Es una etapa introductoria obligatoria que suele durar un año completo, durante el cual, el candidato no es considerado formalmente un "aspirante", sino un introducido en el discernimiento.
  • Objetivo: Reflexionar profundamente sobre la vocación junto a su esposa (quien asiste a las reuniones de formación y acompañamiento).
  • Evaluación psicológica y humana: Se realizan entrevistas e informes psicológicos para garantizar la madurez emocional, el equilibrio afectivo y la solidez del matrimonio.
  • Decisión de la Iglesia: Al terminar el año, el obispo, asesorado por el equipo formador, decide si el candidato está listo para ingresar oficialmente a la formación.
-Rito de Admisión. Si el informe del periodo propedéutico es positivo, el candidato vive su primer hito litúrgico público: la Admisión a las Órdenes. 

Mediante un rito presidido por el obispo, la Iglesia acepta formalmente al candidato como aspirante al diaconado, y este manifiesta públicamente su deseo de entregarse al servicio de Dios y de los fieles.

-Período de Formación (3 a 5 años). Ya como aspirante oficial, comienza una doble formación simultánea:
  • Académica (Intelectual): Cursa los estudios de Teología o Ciencias Religiosas en el Instituto Teológico de la diócesis.
  • Institucional (Diaconal, Comunitaria y Pastoral): Asiste a retiros mensuales, encuentros de oración y se le asignan tareas pastorales prácticas en parroquias distintas a la suya en hospitales o en cárceles (Cáritas). La esposa participa activamente en los encuentros comunitarios.
-Ministerios Laicales (pasos previos a la Ordenación). Durante los últimos años de su formación, el aspirante recibe de manos del obispo dos ministerios que anticipan sus funciones litúrgicas:
  • Lectorado: El candidato es instituido Ministro de la Palabra. Se le concede la facultad oficial de proclamar las lecturas de la Biblia en la liturgia (incluido el Evangelio) y de instruir a los fieles en la fe.
  • Acolitado: El candidato es instituido Ministro del Altar. Aprende a asistir de forma directa al sacerdote y al obispo en el altar, a preparar los vasos sagrados y a distribuir la Sagrada Comunión como ministro extraordinario.
-Período de Prácticas. Durante el periodo de formación y de prácticas, se le asignan prácticas pastorales y sociales que tienen como objetivo principal confrontar al aspirante con las realidades más vulnerables de la sociedad y enseñarle a coordinar el servicio de la caridad en la Iglesia. 

Suelen dividirse en tres grandes ministerios para asegurar que el futuro diácono desarrolle un perfil equilibrado entre la liturgia, la palabra y la asistencia social:
-Asistencia Social (Misterio de la Caridad). El diácono es, por excelencia, el ministro de la caridad. Por ello, se les asigna a proyectos socio-caritativos donde el contacto con el sufrimiento humano es directo:
  • Cáritas Parroquial y Diocesana: Aprende la gestión de recursos de emergencia, el acompañamiento a familias en riesgo de exclusión social y la acogida de personas sin hogar.
  • Pastoral Penitenciaria: Visitas periódicas a centros penitenciarios para ofrecer acompañamiento humano, escucha y apoyo espiritual a los internos, ayudando también en sus procesos de reinserción.
  • Pastoral de la Salud: Prácticas en hospitales públicos o residencias de ancianos. El aspirante acompaña a los enfermos terminales, consuela a las familias en el duelo y lleva la comunión a quienes no pueden salir de sus camas.
  • Comedores Sociales y Albergues: Colaboración en el servicio diario, organización de almacenes de alimentos y atención directa a personas en situación de extrema pobreza.
-Evangelización y Catequesis (Ministerio de la Palabra). Los aspirantes deben demostrar capacidad para comunicar la fe a distintos grupos de edad y realidades sociales:
  • Catequesis de Adultos y Preparación Sacramental: Dirección de grupos de preparación para el Bautismo (padres y padrinos), cursillos prematrimoniales para novios o catequesis de iniciación cristiana para adultos.
  • Pastoral Juvenil y Universitaria: Coordinación de campamentos, grupos de confirmación o foros de debate con jóvenes, adaptando el lenguaje de la Iglesia a las nuevas generaciones.
  • Formación Bíblica: Dinamización de escuelas de oración o talleres de lectura creyente de la Biblia en la parroquia.
-Liturgia (Ministerio del Altar). Especialmente tras recibir los ministerios de Lector y Acólito, el candidato se integra en la vida litúrgica bajo la supervisión de un párroco tutor:
  • Preparación y Asistencia en el Altar: Coordinar las grandes celebraciones, asegurar el correcto desarrollo de los ritos y encargarse de los libros y vasos sagrados.
  • Celebración de la Palabra y Exequias: En zonas rurales, parroquias sin sacerdote residente o tanatorios, el aspirante realiza prácticas presidiendo oraciones comunitarias y responsorios fúnebres (sin consagrar la Eucaristía).
  • Predicación: Ensayo y desarrollo de homilías o reflexiones espirituales ante la comunidad en momentos específicos de la liturgia autorizados por el párroco.
-Escrutinios Finales y Ordenación. Concluidos los estudios y el periodo de prueba pastoral, se da paso a:
  • Escrutinio del obispo: El Consejo de Órdenes revisa todo el expediente del candidato, incluyendo el consentimiento escrito final de la esposa.
  • Proclamas públicas: Se publica en la parroquia del candidato que va a ser ordenado, por si existiera algún impedimento canónico o moral.
  • Ordenación Diaconal: El proceso culmina en una misa solemne donde el obispo le impone las manos, invoca al Espíritu Santo y el nuevo diácono es revestido con la estola cruzada y la dalmática.
   
"Como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios, poned al servicio de los demás el carisma que cada uno ha recibido" (1 P 4,10)

sábado, 17 de agosto de 2019

EL CRECIMIENTO EFICAZ DE LA IGLESIA PRIMITIVA


El libro de los Hechos de los Apóstoles nos enseña el modelo de expansión milagrosa y crecimiento eficaz de la Iglesia que empieza a raíz de Pentecostés, con la venida del Espíritu Santo. 

Al principio, la Iglesia contaba con, al menos, 120 creyentes, que oraban constantemente. "Todos ellos hacían constantemente oración en común con las mujeres, con María, la madre de Jesús, y con sus hermanos. Un día de aquellos, en que se habían reunido unos ciento veinte" (Hechos 1, 14-15).

Tras Pentecostés, las conversiones se producían continuamente y los cristianos aumentaban exponencialmente, llegando a 3.000 bautizados."Y los que acogieron su palabra se bautizaron; y aquel día se agregaron unas tres mil personas."
(Hechos 2, 41).

El número de cristianos había crecido hasta los 5.000. "Muchos de los que oyeron el discurso creyeron; y el número de los hombres llegó a unos cinco mil." (Hechos 4, 4). Si contamos a las mujeres y a los niños, la iglesia tenía al menos 15.000 personas.
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Los cristianos seguían creciendo en numero y se producían muchos milagros. "Y el número de hombres y mujeres que creían en el Señor aumentaba cada vez más. De las aldeas próximas a Jerusalén acudía también mucha gente llevando enfermos y poseídos por espíritus inmundos, y todos eran curados." (Hechos 5, 14-16). "La palabra de Dios crecía, el número de los fieles aumentaba considerablemente en Jerusalén, e incluso muchos sacerdotes abrazaban la fe." (Hechos 6, 7).

La Iglesia crecía y, a la vez, era perseguida. La persecución hizo que los cristianos se dispersaran por todo el mundo conocido, produciendo así la expansión de la fe cristiana.

Uno de los mas fervientes perseguidores de los cristianos fue Saulo, quien, camino de Damasco, se convirtió milagrosamente. Y así, nació en la Iglesia la gran figura del Apóstol de los Gentiles, San Pablo, que llevó el mensaje de Cristo hasta los confines de la tierra.

Con la predicación de San Pablo, la Iglesia de Cristo crecía y se multiplicaba, pasando de los judíos a los gentiles. "Mientras tanto la palabra del Señor crecía y se multiplicaba." (Hechos 12, 24). "La palabra del Señor se difundía por todo el país." (Hechos 13, 49). 
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Con los viajes evangelizadores de San Pablo, se fundaban muchas iglesias y se instituían presbíteros. "Instituyeron presbíteros en cada Iglesia" (Hechos 14, 23). "Muchos judíos abrazaron la fe, así como gran número de paganos, mujeres distinguidas y hombres." (Hechos 17, 12).

Hechos 21,20 nos relata que la Iglesia contaba con decenas de miles de cristianos. Podríamos estar hablando probablemente  de 50.000 a 100.000 cristianos.

En sólo 25 años, la Iglesia de Cristo creció y creció de forma milagrosa. ¿Por qué? ¿Cuál fue la razón de este crecimiento?

La clave del crecimiento 

En Hechos 5, 42 nos da la clave de este crecimiento: "Todos los días pasaban tiempo en el templo y en una casa tras otra. Nunca dejaron de enseñar y decir las buenas noticias de que Jesús es el Mesías". 
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Se reunían en grupos  grandes en el templo para el culto y proclamar la Palabra, y en grupos pequeños en casas para hacer comunidad y formarse. 

Este modelo bíblico tan eficaz todavía funciona hoy pero apenas lo utilizamos. Si queremos que nuestras parroquias crezcan, tenemos que reunirnos en grupos pequeños para afianzar la comunidad, y en grupos grandes, para alabar a Dios. Y sobre todo, "nunca dejar de enseñar".

¿Qué hicieron estos primeros grupos pequeños? ¿Cuáles fueron los pilares sobre los que se construyó y creció la Iglesia de Cristo?

Discipulado

Los apóstoles ponían en práctica el mandato de Cristo "Haced discípulos". Enseñaban en el templo el domingo, y la gente estudiaba sus enseñanzas con mayor profundidad en sus hogares. 

No dejaban de enseñar y de anunciar la Buena Nueva ni un solo día. Al hacerlo, todos crecían y maduraban espiritualmente. Aquí está la cuestión: anunciamos a Jesús pero no enseñamos acerca de Él. Y sin alimento, no se puede madurar.

La formación es nuestra asignatura pendiente. Y lo es porque la damos por hecho, y mucha gente desconoce aspectos doctrinales básicos.  La fe que no se enseña ni se comparte, se pierde.

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"Eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles." 
(Hechos 2, 42)

"No dejaban un día de enseñar, en el templo y en las casas, 
y de anunciar la buena noticia de que Jesús es el mesías." 
(Hechos 5,42)

Comunidad

Eran constantes. Perseveraban. Hacían comunidad. Vivían en fraternidad y unidad. Compartían todo.

Comían juntos y desarrollaban relaciones entre sí. Alababan a Dios y eran bendecidos con su gracia.

¡Cuántas veces nuestra inconstancia y falta de compromiso hace que nos rindamos! ¡Cuántas veces miramos hacia otro lado ante las necesidades de nuestros hermanos! ¡Cuántas veces "consumimos" una fe particular y privada! ¡Cuántas veces chismorreamos y juzgamos a los demás creando división!
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"Eran constantes en la unión fraterna (...).
Todos los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común. 
Vendían las posesiones y haciendas, 
y las distribuían entre todos, 
según la necesidad de cada uno". 
(Hechos 2, 42 y 45)

"Partían el pan en las casas, 
comían juntos con alegría y sencillez de corazón, 
alabando a Dios y gozando del favor de todo el pueblo. 
El Señor añadía cada día al grupo 
a todos los que entraban por el camino de la salvación." 
(Hechos 2, 46 y 47)

Adoración

Estos primeros grupos pequeños de cristianos participaban en la comunión y adoraban juntos en el templo. Iban todos los días. Vivían la Eucaristía.

Los Apóstoles perseveraban en  la oración, en el culto y la proclamación de la Palabra.

¡Cuántas veces nos olvidamos de rezar! ¡Cuántas veces acudimos a misa pero estamos "ausentes", pensando en nuestras cosas!
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"Todos los días acudían juntos al templo" 
(Hechos 2, 47)

"Nosotros perseveraremos en la oración y en el ministerio de la palabra" 
(Hechos 6, 4)

Servicio

Se ayudaban los unos a otros por caridad. Vendían sus posesiones para ayudar a los que lo necesitaban. Se apoyaban mutuamente.

Todo lo tenían en común. No había mendigos ni indigentes. Repartían todo a quienes tenían necesidades.

¡Cuántas veces vamos cada uno a lo nuestro! ¡Cuántas veces acaparamos "nuestras cosas" y no las compartimos! ¡Cuánto nos cuesta repartir nuestros dones y nuestros recursos con los demás!
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"Vendieron propiedades y posesiones para dar a cualquiera que lo necesitara" 
(Hechos 2,45)

"Todos los creyentes tenían un solo corazón y una sola alma, 
y nadie llamaba propia cosa alguna de cuantas poseían, 
sino que tenían en común todas las cosas(...) 
No había entre ellos indigentes, 
porque todos los que poseían haciendas o casas las vendían, 
llevaban el precio de lo vendido, lo ponían a los pies de los apóstoles
 y se repartía a cada uno según sus necesidades." 
(Hechos 4, 32, 34 y 35)

Evangelización

Anunciaban la Palabra de Dios y evangelizaban. No podían callar lo que habían visto y oído.

Los Apóstoles no se quedaban quietos. Iban y evangelizaban por todas las aldeas. Era, en efecto, una "Iglesia en salida".

Si las personas se convertían a la fe en Cristo diariamente, ¡eso significa que la Iglesia veía al menos 365 conversiones al año! Dios bendecía estos grupos haciendo crecer el número de creyentes todos los días.

¡Cuántas veces pensamos que eso de evangelizar es labor de curas! ¡Cuántas veces creemos que eso no va con nosotros! ¡Cuántas veces preferimos la propia comodidad frente al sacrificio por otros!
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"Nosotros no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído (...) 
y anunciaban con absoluta libertad la palabra de Dios." 
(Hechos 4, 20 y 31)

"El Señor añadía a su número todos los días a los que se salvaban". 
(Hechos 2, 47)

¿Por qué fue eficaz?

La Iglesia Primitiva fue eficaz porque:

- la fundó Jesucristo.
- estaba llena del Espíritu Santo. 
- era un estilo de vida de amor y alegría.
- estaba unida y utilizaba los dones de todos.
- vivían la Eucaristía y rezaban a diario.
- se formaban y testificaban con su vida.
- todos eran apóstoles misioneros.
- compartían todo y se ayudaban mutuamente.
- creaban comunidad en grupos.

Estos pequeños grupos que describe el libro de Hechos constituyeron un microcosmos dentro de la Iglesia. Células evangelizadoras que multiplicaron la gracia de Dios, desde lo pequeño a lo grande, desde el interior al exterior, haciendo crecer y fructificar a la Iglesia.

Y lo hicieron a través de los cinco propósitos de la Iglesia: Adoración, Comunidad, Discipulado, Servicio y Evangelización. 

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La Iglesia actual debe fijarse en la primitiva. Sólo si tenemos a Cristo como centro y nos llenamos de Espíritu Santo, pueden ocurrir milagros. 

Sólo si aplicamos los cinco propósitos de la Iglesia de forma natural, el crecimiento será automático y exponencial. Sólo si existe amor y alegría entre nosotros, los demás querrán tener lo que nosotros tenemos y unirse a nosotros. 

¿Ponemos esos propósitos en marcha en nuestras parroquias? ¿Imitamos el modelo de la Iglesia primitiva para que crezca nuestra Iglesia? ¿Seguimos nosotros hoy escribiendo el libro de los Hechos de los Apóstoles?

sábado, 3 de junio de 2017

¿POR QUÉ TUS MEJORES COLABORADORES ABANDONAN TU IGLESIA?

Es triste y, además, duele cuando alguien comprometido se va de una parroquia. Y si además, es un amigo, "algo se muere en el alma".

Hay un millón de razones por las que, con el tiempo, las parroquias pierden a sus voluntarios, a sus líderes con talento o a sus miembros comprometidos. 

A veces, es una situación circunstancial. Otras veces, es sólo un patrón natural de crecimiento y desarrollo. Pero no siempre, y probablemente no a menudo. 

Entonces ¿por qué  se van?

Se olvida la visión 

La visión importa, y mucho. Crea impulso y emoción. Cuando una parroquia tiene visión y un "por qué", hace que las personas pasen de ser meros inquilinos a ser propietarios, a pasar del consumo al compromiso. La visión genera pasión. Sin visión no iremos a ningún sitio. Y sin pasión, tampoco.

Se coarta la pasión
Es vital permitir a las personas comprometidas conjugar pasión con oportunidad. Cuando las personas se apasionan por algo, no sólo quieren hacerlo ... tienen que hacerlo. Cuando se pierde la oportunidad de alinear pasión y visión, fallamos a nuestra mejor gente.

Se controla todo
Las personas con talento necesitan tener la confianza de su sacerdote (líder). No serán capaces de quedarse si se sienten controlados y dirigidos constantemente. ¿Estarán a disgusto? Sí. ¿Harán cosas distintas a las que deberían? Probablemente. 

Se niega la autoridad
El crecimiento -tanto individual como comunitario- requiere compartir no sólo la responsabilidad, sino también la autoridad. La responsabilidad con autoridad (delegar) genera discípulos (formados y guiados por el sacerdote), quienes, a su vez, generarán, dirigirán y formarán a otros discípulos.

Se impide la participación
La gente creativa quiere
hacer las cosas mejor. Las personas más comprometidas de una parroquia quieren dotar de valor añadido a la parroquia. Les encanta desafiar y cuestionar. Buscan oportunidades para participar e innovar. Es necesario liberar a nuestra mejor gente en nuestras comunidades para que puedan volar y hacer mejor su tarea.

Se posterga el discipulado
Todo discípulo es un líder en potencia. Todos estamos en camino y todos queremos ser mejores, más formados y valiosos. Debemos estar seguros de crear una pastoral y una cultura parroquial que valore el coaching (formación) y el aprendizaje (discipulado).

Se niegan las oportunidades
Somos responsables de desafiar a nuestra mejor gente. Desafíalos a ser lo mejor, a hacer lo mejor, y a participar usando sus habilidades, capacidades y recursos. Si las personas se aburren y no se les dan desafíos, buscarán algún otro lugar donde les permitan aprovechar esas oportunidades.

Se silencia la voz de los demás
Crear espacios para que las personas expresen sus opiniones. Esa es la cuestión. Los líderes no pueden tomar sus mejores decisiones si sólo tienen una opinión, la suya. Nuestras mejores personas tienen información y opiniones valiosas para compartir. Si no escuchamos, perderemos la ocasión de ver las cosas desde otra perspectiva.

Se olvida a las personas
La gente importa. Cuando las personas sienten que nos preocupamos más por los resultados o los números que por ellas, los perderemos. Es complicado y requiere tiempo, pero es la mejor inversión que un líder puede hacer. Pon atención en ellas y no tendrás que preocuparte del resultado.

Se desanima al equipo 
Compartir el éxito, promover y animar al "equipo" genera valor y confianza, y da excelentes resultados. Cuando utilizamos a las personas para nuestro fin, destruimos su moral y rompemos su fidelidad. Cuando las cosas salen bien, el mérito es de todo equipo. Cuando las cosas mal, la responsabilidad recae en el líder. Así es.

Hay muchas otras razones. 

No tenemos ninguna obligación de prestar atención a estas razones. 

Pero si no lo hacemos, alguien lo hará y un día nos veremos solos y nos preguntaremos ¿Qué pasó con mi equipo? ¿Dónde está mi gente más talentosa? ¿Por qué se han marchado los que estaban comprometidos?
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lunes, 29 de mayo de 2017

"CORAM DEO": VIVIR EN PRESENCIA DE DIOS


A menudo, escucho a algunas personas decir: "yo sólo voy a esa parroquia porque el cura es un crack; porque me transmite mucho; porque me gusta lo que dice y cómo lo dice. La mayoría de los sacerdotes no me dicen nada".

Esta actitud me lleva a reflexionar: cuando acudo a misa, ¿sé realmente a lo que voy? ¿voy a escuchar lo que quiero escuchar o lo que Dios quiere decirme? ¿voy a escuchar las anécdotas y la vida de un sacerdote o el mensaje evangélico de Dios por boca de su ungido? 

Acaso ¿sigo a un hombre o a Cristo? ¿intento hacerme un cura a la medida, una iglesia a la medida, una fe a la medida?

Como seguidor de Cristo, debo resistir la tentación de creer que la iglesia es un lugar donde puedo encontrar algo que se acomode a mí, a mis gustos y preferencias, un espacio donde "consumir" lo que me apetece, un lugar de "confort". 

Una iglesia no es una sastrería, donde elegir un traje a la medida, ni restaurante, donde comer a la carta.

Un cura no es un sastre, aunque me tome medidas y arregle mis descosidos; tampoco es un camarero que está para complaciente, aunque me atienda amablemente y me traiga alimento. 

El sacerdote es un pastor de Cristo llamado a ser su embajador en un mundo que le ha vuelto la espalda. Es un servidor de Dios que ejerce las competencias y habilidades de su vocación y que caracterizan su vida y su cuidado pastoral. Es su portavoz y su representante en la tierra.

En una ocasión, durante una homilía, un sacerdote me interpeló con la siguiente pregunta: "¿Cuál es la idea principal de nuestra fe? ¿Por qué hacemos todo lo que hacemos? ¿Para qué?".
"Para llevar a las personas a Cristo -dijo. "Para conducirlas a un encuentro personal con Él"- insistió.
Mi fe me dice con certeza que en la Eucaristía, estoy en presencia real de Cristo. Si no creo eso, ¿en qué creo? ¿para qué voy?
Al hilo de esa gran verdad, me pregunto: ¿Cuál es el objetivo primordial y último de mi vida como cristiano? 

“La gran idea de la vida cristiana es lo que se llama "Coram Deo". Esta expresión, literalmente, hace referencia a algo que se lleva a cabo en la presencia de, o ante la presencia de Dios. 

Vivir "Coram Deo" es vivir siempre en la presencia de Dios, bajo la autoridad de Dios, para la gloria de Dios.

Vivir en la presencia de Dios es entender que todo cuanto hago como cristiano es actuar bajo la mirada de Dios. Dios es omnipresente. No existe un lugar donde pueda escapar a su mirada penetrante. No basta con pensar que sólo en misa está Dios. Cristo es real. Ha resucitado y está vivo y presente en mi vida.

Vivir en su presencia es también ser muy consciente de Su soberanía, de que Dios es Dios, el Creador y Rey del Universo. Vivir bajo la soberanía divina implica algo más que una sumisión motivada por el temor al castigo. Se trata de reconocer que no hay una meta más alta que ofrecer el honor y la gloria a Dios. Mi vida debe ser sacrificio vivo, oblación ofrecida hasta el extremo, en un espíritu de adoración y gratitud. Eso es lo que Cristo hizo.

Vivir "Coram Deo" es vivir una vida de integridad. Es una vida de plenitud, que encuentra su unidad y coherencia en la majestad de Dios. Por el contrario, una vida fragmentada es una vida desintegrado y caracterizada por la inconsistencia, la falta de armonía, confusión, conflicto, contradicción. En definitiva, el caos.

Si soy un cristiano tibio que separo mi vida en dos, lo religioso y no religioso, no he comprendido el mensaje.  La gran idea es que o todo es fe o nada es fe. "No puedo servir a dos señores" (Mt 6,24) y Dios es claro a este respecto: "te vomitaré de mi boca" (Ap 3, 16).

Es vivir con un modelo de coherencia; el mismo dentro y fuera de la parroquia. Es vivir abierto a Dios y delante de Dios, y todo lo que hago, es por y para Dios. Es una vida vivida por convencimiento, no por conveniencia; por humildad a Dios, no por orgullo propio. 

Coram Deo… estar ante el rostro y la mirada de Dios. Esa es la gran idea. Junto a esta idea, mis propósitos personales, mis intenciones profundas y mis egoístas ambiciones no tienen cabida.
El Apóstol Pablo le dijo a Timoteo: "Que nadie menosprecie tu juventud, sino que sea un ejemplo para los creyentes en la palabra, en la conducta, en el amor, en el espíritu, en la fe, en la pureza" (1 Tim 4,12). 

Un sacerdote, pastor de la Iglesia de Cristo debe tratar cada parte de su vida y de su ministerio con el máximo cuidado espiritual. Debe vigilar sus formas y sus mensajes (1 Tim 4,16). Y sobre todo, pensar, hablar y actuar "coram Deo". Lo mismo que un laico.

El apóstol Pablo le dijo a Timoteo que "prestara atención a la lectura, a la exhortación, a la doctrina" (1 Tim 4,13). Esto es, sin duda, un toque de atención tanto para los laicos como para los sacerdotes, una advertencia para no dejarnos guiar por nuestras preferencias sino por la voluntad de Dios y dejarnos guiar por la acción del Espíritu Santo.

Algunas personas no son capaces de discernir la importancia ni la necesidad de que el sacerdote tenga que ser riguroso y pulido en su homilía y en su servicio. Y, sencillamente, están absortos a la elocuencia, la simpatía o la retórica del sacerdote.

Un pastor del pueblo de Dios debiera esforzarse por eliminar cualquier parte de su discurso que distraiga a los oyentes de recibir lo que Dios quiere decirnos (1 Cor 2, 1-2).

Dios no ha llamado a sacerdotes para que demuestren lo majos o simpáticos que son, sino para comunicar las verdades inmutables escritas en Su Palabra. Ni tampoco nos pide a nosotros que busquemos comodidad en su Iglesia. En todo caso, nos exhorta a cargar con nuestra cruz y seguirle.

De un sacerdote puede venir mucha gracia y también puede hacer mucho daño. Debiera tratar de ser consejero sabio y escrupuloso con respecto al cuidado espiritual del pueblo de Dios, siempre a la luz de la acción del Espíritu de Dios. 

Debiera buscar consejo y sabiduría en las Sagradas Escrituras, en la doctrina de la Iglesia o en otro sacerdote u obispo más experimentado.

El sacerdote es el pastor; las ovejas haremos lo que él nos diga, sin pensar. Por eso es tan importante que un sacerdote viva "Coram Deo" porque si no es así, descarriará a muchas ovejas y serán presa de los lobos.

Si la responsabilidad de la estructura y desarrollo de la pastoral de una parroquia recae en el párroco y en el vicario, el resto de la comunidad debemos prestar la debida atención a otros ministerios como la acogida, el acompañamiento, la evangelización, las finanzas, etc.

Por ende, debiera ser absolutamente necesario que los sacerdotes tengan un gran cuidado en la supervisión y conocimiento de los diversos ministerios y servicios de sus parroquias. Y siempre en "oración", es decir, en presencia de Dios.

Si un sacerdote no es capaz de explicar la visión y contagiar el compromiso de la parroquia con el Evangelio y con la voluntad de Dios, la comunidad no podrá evangelizar,  ni discipular,  ni acoger, ni acompañar ni realizar ningún otro servicio a Dios. Tan sólo será una visión reduccionista y disminuida de la primacía del "coram deo". 
Cuando esta clase de visión disminuida de Dios impregna la parroquia, el resultado es que la parroquia desarrolla una corriente de auto-justificación y de auto-consumo, que intenta "espiritualizar" su propia falta de pasión por la gloria de Dios.

A menudo escucho afirmaciones como "debemos esperar porque necesitamos orarlo y pensarlo antes". Eso podría ser cierto, pero también podría ser debido al hecho de que somos algo perezosos y muy cómodos, y que nuestro servicio a Dios carece de compromiso integral para vivir "coram deo", en cada rincón de la parroquia, en cada minuto de nuestro tiempo. 

Es posible, que mi ímpetu me lleve, en ocasiones, a impacientarme. O también, puede que mi ardor por Cristo me abrase y me lleve a precipitarme. Es posible. Soy un "poco Pablo".

Pero lo que quiero decir, cuando hablo de la necesidad de que los sacerdotes y las parroquias nos transformemos y re-descubramos nuestra identidad, es que deberíamos mostrar "una cierta locura" que nos haga ser apóstoles audaces y valientes, en lugar de parapetarnos en "una cierta sensatez", que nos paralice y nos mantenga en una situacion de desmotivación, convirtiéndonos  en meros funcionarios de la fe.

Estamos llamados a ser sacerdotes reflexivos y visionarios, apasionados y comprometidos con la oración, con la proclamación de la palabra de Dios, con la correcta administración de los sacramentos y con el rigor en las ceremonias de la parroquia. Estamos delante de Dios!!!

Estamos llamados a ser laicos comprometidos y dispuestos a realizar cualquier ministerio al servicio de Dios, de su voluntad y para su gloria. Estamos delante de Dios!!!

Seamos obedientes y serviciales a Dios, no a nuestro propio interés, y digamos: "Praesto sum". 

Estamos delante de Dios!!!

viernes, 10 de marzo de 2017

LOS SACERDOTES SON...

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"Cuidad de vosotros y de todo el rebaño 
del que el Espíritu Santo os ha constituido como guardianes 
para apacentar la Iglesia de Dios, 
que ha adquirido con su propia sangre...
 se introducirán entre vosotros lobos crueles, 
que no perdonarán al rebaño;
 y que de entre vosotros mismos surgirán hombres 
que enseñarán doctrinas perversas 
con el fin de arrastrar a los discípulos en pos de sí. 
Por lo cual, estad alerta..."
(Hch 20,28-31)

La Palabra de Dios nos enseña claramente el papel de los sacerdotes como pastores de su Iglesia: deben cuidar de ellos mismos y también de su rebaño; deben guardar, apacentar y estar alerta de los lobos, que se tratarán de introducirse en la comunidad.

Los sacerdotes son: 

Llamados por Dios
Los sacerdotes no son voluntarios ni son contratados: son llamados por Dios. Llamados a un trabajo arduo para toda la vida, lleno de sacrificio y a merced de múltiples demandas y expectativas.

"Pedid al dueño de la mies que mande obreros a su mies" (Mt 9,38).

"Pero levántate y ponte en pie; que me he aparecido a ti para hacerte ministro y testigo de lo que has visto de mí y de lo que te voy a mostrar" (Hch 26,16).

"Mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: "Separadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado" (Hch 13, 2).

Supervisores que vigilan
"Cuidad de vosotros y de todo el rebaño del que el Espíritu Santo os ha constituido como guardianes" (Hch 20,28). 

La palabra griega utilizada en el libro de los Hechos para "guardianes" es episkopos (Epi = sobre; Skopos = ver. Es el equivalente de "supervisores" (Supra = más, Visión = ver).

"El asalariado, que no es el pastor ni el propietario de las ovejas, viendo venir al lobo, deja las ovejas y huye, y el lobo ataca y las dispersa, porque es un asalariado y no le importan las ovejas" (Jn 10, 12-13).

Los pastores de la Iglesia son supervisores, no trabajadores asalariados. Deben vigilar, ver más allá y no huir, o mirar para otro lado como si no le importaran sus feligreses. Tienen que salir en su defensa ante los lobos.

Responsables ante Dios
"Obedeced a vuestros jefes y sedles sumisos, porque ellos cuidan de vuestras vidas, de las cuales deberán dar cuenta, para que lo hagan con alegría y no con lágrimas, lo que no os beneficiaría nada" (Hb 13,17).

Este versículo del libro de Hechos es un tanto duro, tanto para los feligreses como para los sacerdotes. A los primeros, les insta a someterse a sus líderes, mientras que advierte a los segundos que rendirán cuenta ante Dios. 

Esta es una de las razones por las que los sacerdotes son llamados a ser supervisores por Dios. Nadie en su sano juicio se ofrecería voluntario para tal rendición de cuentas.

Dejemos que el sacerdote sea consciente de ello y ore diariamente por su rebaño y que busque cumplir la voluntad de Dios. Es su responsabilidad.

Servidores generosos
Los sacerdotes guían al pueblo de Dios sirviendo, no siendo servidos ni tampoco actuando como dictadores.

Jesús dijo: "¿quién es más grande, el que se sienta a la mesa o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Pues bien, yo estoy en medio de vosotros como el que sirve" (Lc 22,27).

En el versículo 26 dice: "Entre vosotros no ha de ser así, sino que el mayor entre vosotros será como el más joven, y el que mande como el que sirve."

"Apacentad el rebaño que Dios os ha confiado y cuidad de él no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por una vil ganancia, sino con generosidad; no como dictadores, sino como modelos para el rebaño"(1 P 5, 2-3).

De la misma manera que la Escritura enseña que una esposa debe someterse a su esposo, pero él mismo debe servirla y "darse por ella" (Ef 5, 22-29) en lugar de dominarla, nos enseña que los presbíteros son supervisores de la comunidad, y ésta debe someterse a ellos, pero ellos mismos deben servir al pueblo, no como si fueran sus amos.

El esposo o el sacerdote que juega el papel de "jefe" ("¡Dios me puso a cargo!") está pecando seriamente y está maltratando a aquellos a quienes debe servir.

Pablo dijo: "Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo, el Señor; nosotros somos vuestros siervos por amor de Jesús" (2 Co 4, 5). 

El sacerdote no es enviado a proclamar su filosofía, sus opiniones o sus teorías. Él debe proclamar a Jesús. 

Es enviado para servir al pueblo del Señor, pero es "por el amor de Jesús". Eso significa que el sacerdote no recibe órdenes del pueblo de Dios sobre cómo servirle sino que recibe órdenes del Señor sobre cómo servir al pueblo de Dios.