¿QUIÉN ES JESÚS?

La vida de Jesús siempre ha suscitado preguntas a lo largo de los últimos dos mil años.

¿Cómo pudo un carpintero que fue ejecutado por los romanos convertirse en el hombre más famoso de la historia?
¿Fue Jesús alguien verdaderamente real?
¿Cómo puede Dios ser un hombre al mismo tiempo?
¿De qué manera podría esto tener algún sentido para mi vida?

Estas son algunas preguntas, pero aquí tienes un espacio para formular las tuyas.

domingo, 23 de agosto de 2015

IGLESIA EN MOVIMIENTO

Movimiento e Iglesia han ido siempre de la mano. Desde los comienzos del cristianismo, la Iglesia ha tenido que moverse para cumplir el mandato de Cristo de evangelizar. Hoy día, debería ocurrir lo mismo!

Los movimientos eclesiales son comunidades de laicos dentro de la Iglesia católica que tienen una determinada forma de llevar a cabo o vivir la fe católica y están dedicadas a la evangelización y actividad misionera. 

Pero hoy no hablamos de movimientos eclesiales sino de actitudes individuales y/o colectivas concretas, dirigidas a todos los cristianos...estén "en movimiento" o "en paro".

¡Renueva tu parroquia!

Muchos cristianos tienen a su parroquia tan sólo como una cita semanal. “Fichan” a la entrada y a la salida como si fuera su trabajo y luego se van a casa, quejándose de “lo muerta que está la iglesia” y no hacen nada! 

La Iglesia estará tan viva y vibrante en tanto en cuanto lo estén sus miembros, porque ¡ellos son la iglesia! El apóstol Pablo dijo: “Todos somos parte del cuerpo de Cristo”, y como tal, se nos pide que hagamos un trabajo específico en el cuerpo. 

Comprométete con tu parroquia; busca la forma en la que tus talentos, tus dones y los de toda la comunidad sirvan para que tu parroquia esté viva y en continuo crecimiento.
¡Sé un discípulo misionero!
Echa un vistazo a la naturaleza: una planta crece y se desarrolla hasta un determinado momento, en el que ya no puede crece más. Entonces, da fruto y se reproduce. 

La parroquia es como una planta: debe crecer, dar fruto abundante y reproducirse mediante el discipulado.

Sirve en tu parroquia, sé voluntario, dale a alguien tu regalo de más valor, tu tiempo. Da a conocer a Jesús a otras personas y serás un autentico discípulo misionero.

Dios no desea que nos pongamos muy cómodos en esta vida. Jesús nos enseñó el camino: dejó su casa, su familia, su zona de confort y salió a contarle al mundo el plan de Dios. No es un camino de rosas, pero nada que valga la pena jamás será fácil.

¡Comparte experiencias con otras parroquias!
Esto no quiere decir que tengas que cambiarte de parroquia ¡No, no necesariamente!, sino simplemente que aprendas como otros cristianos honran a Dios. 

El cristianismo ha sido siempre una fe comunitaria, grupal. La Iglesia no son reductos individuales y autónomos; todas las comunidades deben estar conectadas entre sí. 

Debemos de buscar a Dios juntos, compartiendo conocimientos y experiencias y así podemos ser de mucha utilidad los unos con los otros y ayudarnos durante las dificultades a las que tengamos que enfrentarnos.

Es muy edificante conocer a personas que tienen formas, costumbres y métodos diferentes y que también son nuestros hermanos, aunque sean de otra parroquia. Ver cómo otros trabajan, sirven, oran o adoran puede ayudarte a entenderlos mejor y quizás a valorar la propia manera de adorar de tu parroquia. 

¡Alaba a Jesús con música!
Nada toca nuestro espíritu ni alegra nuestro corazón tanto como la música. 

Esto explica por qué ha sido una parte tan importante en la historia del hombre. 

Jesús quiere gozo en su casa, quiere risas y quiere canciones. No tengamos vergüenza de alabar a Dios con la alegría de la música sea del tipo que sea, clásica o moderna, pop o hasta Hip Hop…
¡Perdona siempre!
Es una de las cosas más difíciles a lo cual somos llamados como cristianos. Cuando nos hieren es muy difícil soltar el dolor causado por las heridas. Queremos justicia, venganza, castigar a quienes nos han herido. 

Pero si no perdonamos, también nos hacemos daño a nosotros mismos. Llenamos nuestro corazón de resentimiento y odio. Cristo nos llama a despojarnos de todo rencor y a perdonar así como hemos sido perdonados. 

Cuando perdonamos lo hacemos también por nosotros mismos.

¡Escucha a Dios!
Dios puede hablarnos en medio de las tormentas y torbellinos de la vida, pero muy a menudo nos habla a través del leve susurro de su voz; el cual muchas veces queda apagado por el ruido del mundo moderno y sus afanes. 

Ora continuamente, escucha, toma tiempo todos los días para estar alerta, en silencio y quizás te sorprendas de lo que escuches.

sábado, 22 de agosto de 2015

ORGANIZANDO LÍO A GRAN ESCALA

“Hagan lío y organícenlo bien.
Un lío que nos dé un corazón libre,
un lío que nos dé solidaridad,
un lío que nos dé esperanza,
un lío que nazca de haber conocido a Jesús
y de saber que Dios a quien conocí es mi fortaleza.
Ese es, debe ser, el lío que hagan”.
(Papa Francisco)

El “hagan lío” de Francisco supone primero de todo,  abrir las puertas de las iglesias de par en par

Es una interpelación de doble sentido: para que la humanidad dolorida entre y encuentre refugio en la casa de Dios pero también para que desde adentro salgamos y llevemos al mundo, a todos, el tesoro que custodia.

Francisco pide que una vez abiertas las puertas,  la Iglesia ¨se implique y salga a la calle¨, es decir, que ¨salga de la mundanidad, la instalación, la comodidad y el clericalismo¨.

Nos llama a vivir el Evangelio “a fondo”. Se trata de un "problema de ejercicio". "Lo que nos está faltando es el ejercicio espiritual. La teoría la sabemos, pero el ejercicio hay que ponerlo en práctica".

La iglesia se ha acomodado, ha engordado, ha dejado de hacer ejercicio y eso no es sano. La Iglesia ha olvidado su identidad misionera y su DNI (desarrollo natural de la iglesia) se ha perdido. La Iglesia está “hecha un lío” pero no “hace lío”.

Explicar la esencia del cristiano es fácil, lo difícil es practicarlo, porque se trata de "vivir la caridad profundamente" y de ponerla en práctica “con signos evidentes”: caridad al prójimo, amor al prójimo como a uno mismo, y la pregunta es si este mundo que ya se ama demasiado así mismo… es capaz de amar también al prójimo.
  
El Papa quiere “liarnos” y que nosotros “liemos” al mundo para cambiar el “humanismo financiero” que suicida a la humanidad, el gran culto al dinero, que excluye al hombre (joven y anciano) y lo aleja de Dios.

“Liarse” es comprometerse, implicarse, responsabilizarse, movilizarse, obligarse, arriesgarse, atreverse, aventurarse, exponerse, animarse, lanzarse, encargarse, alistarse, concienciarse, moverse, exigirse, activarse…

“Liar” es hacer participar, intervenir, responder, asumir,  emprender, colaborar, cooperar, concurrir, ayudar, intervenir, contribuir, participar, terciar, mediar, influir, actuar, ejecutar, ejercer, elaborar, proceder, intervenir, trabajar…

¿Estás orgulloso de llevar en tu cuello una cruz, signo de tu pertenencia a Jesús? o 
¿lo escondes y prefieres exhibir una piedra, un signo del horóscopo o la letra de tu ego? 
¿Hablas de tu Salvador a los que te rodean? ¿o lo escondes para ti solito por miedo, pudor o simple egoísmo? 

¿Actúas como Cristo, escandalizando con amor a los demás? ¿o sigues la corriente y te dejas arrastrar como las medusas?

Necesitamos mostrar signos visibles de nuestra fe, y el signo que exhibimos manifiesta lo que es importante para nosotros, que no somos indiferentes a Dios, y nos  recuerda que somos cristianos, que somos de Cristo.


 “No tengamos miedo de hablar de Dios 
ni de mostrar los signos de la fe con la frente muy alta.”
(San Juan Pablo II)

LAS SEÑALES DEL FIN DEL MUNDO

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"Respecto de aquel día y aquella hora, 
nadie los conoce, ni los ángeles del cielo, 
ni el Hijo, sino sólo el Padre". 
(Mc 13,32)

Una tercera parte de la Biblia es profecía. La Biblia contiene aproximadamente 750.000 palabras, de las cuales, 250.000 son profecías. Casi la mitad de los libros del Antiguo Testamento son los llamados profetas “mayores” (Isaías, Jeremías, Ezequiel), o “menores” (Oseas, Joel, Amós, Jonás, Miqueas, etc.).

La Biblia, en el Nuevo Testamento predice la 2ª venida de Cristo (parusía) y el fin del mundo, en los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas.

También el apóstol Juan describe el fin del mundo y el triunfo del bien sobre el mal en Apocalipsis, escrito con un estilo alegórico y simbólico. Por ello, es el libro más difícil de comprender de la Biblia.

En los tres Evangelios se describe cómo Jesús, acercándose la hora de su Pasión, responde a los apóstoles, sentados en el Monte de los Olivos junto a él, cuando le preguntan: "Dinos, ¿cuándo sucederá y cuál será la señal de tu venida y del fin del mundo?". 

Jesús les contestó relatando lo que acontecería en nuestros días, dando "pistas" o "señales" que precederían al fin de los tiempos:

Guerras

"Cuando oigáis hablar de guerras y noticias de batallas, 
no os alarméis, 
porque es necesario que todo eso ocurra; 
pero todavía no será el fin. 
Se levantarán pueblos contra pueblos 
y reinos contra reinos.." 
(Mt 24,6-7)

Falsos profetas
"Mirad que nadie os engañe. 
Muchos vendrán en mi nombre diciendo: 
Yo soy el mesías y engañarán a muchos. 
Surgirán falsos mesías y falsos profetas, 
y harán grandes señales y prodigios para engañar,
 si fuera posible, aún a los mismos elegidos". 
(Mt 24,24 ; Mc 13,22)

Señales en el cielo y la tierra
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"En aquellos días, 

después de esta angustia, 
el sol se oscurecerá, 
la luna no alumbrará, 
las estrellas caerán del cielo 
y las columnas del cielo se tambalearán. ...
Entonces se verá venir al hijo del hombre 
entre nubes con gran poder y majestad" 
(Mt 24,29; Mac 13,24-26)

"Habrá señales en el sol, 
en la luna y en los astros..."  
(Lc 21,25)

Hambre, Epidemias y Terremotos
"Habrá pestes y hambres, 
y terremotos en diversos lugares. 
Eso será sólo el comienzo de los dolores" 
(Mt 24,7 ; Mc 13,8)

"...las naciones estarán angustiadas en la tierra 
y enloquecidas por el estruendo del mar y de las olas; 
los hombres muertos de terror y de ansiedad 
por lo que se le echa encima al mundo, 
pues las columnas de los cielos se tambalearán." 
(Lc 21,25-26)

Persecución religiosa
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"Entonces os entregarán a la tortura y a la muerte. 
Por mi causa os odiarán todos los pueblos". 
(Mt 24,9)

"El hermano entregará a la muerte a su hermano, 
y el padre al hijo, 
y los hijos se alzarán contra los padres y los matarán. 
Todos os odiarán por causa mía, 
pero el que persevere hasta el fin se salvará". 
(Mc 13,12-13)

"...Os echarán mano, os perseguirán, 

os llevarán a las sinagogas y a las cárceles 
y os harán comparecer ante los reyes 
y los gobernadores por causa mía"
(Lc 21,12)

Maldad
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"El exceso de la maldad
enfriará la caridad de mucha gente,
pero el que persevere hasta el fin se salvará"
(Mt 24,12)

“Debes saber que en los últimos días
vendrán momentos difíciles.
Pues los hombres serán egoístas,
amigos del dinero, altivos, orgullosos, blasfemos,
rebeldes con los padres, ingratos, injustos,
desnaturalizados, desleales, calumniadores,
desenfrenados, inhumanos, enemigos de todo lo bueno,
traidores, temerarios, obcecados,
más amigos de los placeres que de Dios,
los cuales tienen una apariencia de religiosidad,
pero en realidad están lejos de ella"
( 2 Tim 3, 1-5)

Evangelización
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"Este evangelio del reino se predicará en el mundo entero
para testimonio de todas las naciones,
y entonces, vendrá el fin"
(Mt 24,14)

"Y Jesús se acercó y les habló diciendo:
Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.
Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones,
bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo,
y del Espíritu Santo;
enseñándoles que guarden todas las cosas
que os he mandado;
y he aquí yo estoy con vosotros todos los días,
hasta el fin del mundo. Amén."
(Mt 28, 18-20)
"Os aseguro que no pasará esta generación 
antes de que suceda todo esto.
El cielo y la tierra pasarán, 
pero mis palabras no pasarán" 
(Mt 24,34-35)

PASTORAL CENTRÍFUGA O CENTRÍPETA

Actualmente, la Iglesia se encuentra ante la necesidad de optar entre dos tipos de pastoral muy diferenciadas: la centrípeta (ad intra) y la centrífuga (ad extra):

Eclesiocéntrica o centrípeta (Sacramentalizadora)
Pastoral de mantenimiento, muy demandante y exigente en cuanto a servicios de culto que se centra en las formas externas y pone el acento en el servicio de la Iglesia a ella misma, en torno del sacerdote y de la parroquia.
Carácter tradicionalista y apologética en actitud de defensa de la institución católica frente a una sociedad anticlerical y de las verdades de la fe frente a la razón moderna, vistas ambas como hostiles a la Iglesia, lo que les lleva a evitar a los diferentes y a convivir entre iguales.
Casi exclusivamente basada en la recepción de los sacramentos, la observancia de los mandamientos de la Iglesia y el culto a los santos, lo que produce laicos clericalizados, vestigios de una sociedad teocrática y asentada sobre el "substrato católico" de una cultura estática.
La recepción de los sacramentos salva por sí sola, concebidos y acogidos como "remedio" o "vacuna espiritual" y no se da énfasis a procesos de iniciación cristiana, catecumenado o catequesis (formación) permanente
Predomina:
  • Lo administrativo sobre lo pastoral
  • la sacramentalización sobre la evangelización 
  • la cantidad o el número de fieles sobre la calidad de la participación 
  • el párroco sobre el obispo
  • el sacerdote sobre el laico 
  • lo pre-moderno sobre lo postmoderno 
  • la masa sobre la comunidad
Reino-céntrica o centrífuga (Misionera)
Pastoral de salida, interactiva con el mundo posmoderno, dialogante y propositiva, interpersonal y comunitaria en lugar de masiva y mediática.
La Iglesia (todos los bautizados) está llamada a servir al Reino de Dios. Anunciar a Jesús no es obra de especialistas, sino de toda la comunidad.
Su vivencia cristiana está sostenida por:
  • Superación del eclesio-centrismo (en el mundo, para el mundo, al servicio del Reino). 
  • Superación de la concentración intra-eclesial (restauración del proceso evangelizador) 
  • Superación de la polarización sacramental y devocional (reequilibrio de los signos evangelizadores)
El objeto o el "qué" abarca todo (acciones, métodos, lenguaje, estructuras); y abarca a todos (tanto las relaciones interpersonales como el ejercicio de la autoridad).
La razón o el "para qué" es hacer presente, de modo visible, a Jesucristo como artífice de salvación universal.

Fuentes: 
  • Emilio Alberich. Presidente de la Asociación Nacional de catequistas
  • Agenor Brigheti. Doctor en Ciencias Teológicas y Religiosas, Université Catholique de Louvain, Bélgica


viernes, 21 de agosto de 2015

RECUPERAR LA ESENCIA DE CRISTO

Muchos aseguran que la religión, que el cristianismo, ha perdido credibilidad, que no es posible seguir confiando en Cristo ni en su Iglesia y por ello, se alejan hacia una inexistente experiencia de fe o hacia una cómoda privacidad espiritual, ambas descargadas de toda obligación y compromiso.

En nuestros tradicionales países “cristianos católicos”, la indiferencia de la sociedad secular, en otras épocas más o menos benevolente, ha dado paso a un odio generalizado y una abierta enemistad hacia el cristianismo. 

Hoy, se relaciona a Cristo con una Iglesia inflexible y jerárquica, hambrienta de poder y riqueza, autoritaria y dogmática, pecadora e infiel, poco dialogante y excluyente con quienes piensan de otra manera, discriminatoria con las mujeres y lejana del hombre actual... sin obras…muerta.

El problema subyacente es que el enemigo de Dios, Satanás, ha vuelto a desarrollar el factor humano: el hombre ha querido “ser” y “hacer” de Dios (como en el principio):
  • y en lugar de colocar a Cristo como símbolo de unidad sólo ha generado cismas dentro y fuera de la iglesia; 
  • en lugar de mostrar un espíritu de sencillez y amor, ha creado complejidad y egoísmo; 
  • en lugar de ejercer una fe viva y práctica, ha optado por una fe contemplativa y teorizante; 
  • en lugar de vivir una vida activa de servicio y sacrifico a los demás, ha preferido una vida pasiva y cómoda. 
La Iglesia, esposa de Cristo, le ha sido infiel, ha perdido su esencia, se ha ocupado sólo de la casa y se ha ido olvidando de cómo es Él, de su propósito y de su mandato. 

La cristiandad tiene que hacerse más cristiana para poder seguir viviendo de forma creíble (creyente y crítica a la vez) con convincentes contenidos de fe, sin toda la rigidez dogmática, con orientaciones éticas depuradas de toda tutela moral, pero sobre todo, con Cristo en el centro de nuestra vida.

Algunas de las actitudes de la Iglesia apenas forman parte de la esencia cristiana, es difícil intuir el espíritu de Cristo en la forma de vivir la fe de muchos pastores y de muchos feligreses. 

 La Iglesia se ha acomodado en una posición autorreferencial y lejana, convirtiendo así a los cristianos en bebés espirituales, que no pueden valerse por sí mismos. Le hemos dado la espalda a su esencia en Cristo, hemos abandonado su mandato activo y permanente: “Id y haced discípulos”.
Estamos llamados a encaminarnos urgentemente hacia la conversión, hacia una renovación pastoral, una reforma radical que no intente psicoanalizar o volver a mitificar el mensaje de Cristo, sino que “vaya a la raíz”, que haga que lo esencial, que es Cristo, resplandezca de nuevo. 

Jesucristo debe volver a ser la figura básica, fundamento y motivo original de todo lo cristiano. Sólo desde él como la figura conductora central recibe su identidad y relevancia el cristianismo. 

Cuestión de esencia
A menudo, escuchamos a personas afirmar que “todas las religiones son iguales”. La clave para desestimar esta errónea afirmación estriba en el hecho de diferenciar lo que distingue a una religión del resto de las otras religiones, es decir, qué es lo especial, lo típico, lo “esencial”, cuál es su “esencia”.

Esencia significa “lo que es válido en todo tiempo, lo que es vinculante de continuo, lo que es absolutamente irrenunciable”. 

La esencia y el centro del cristianismo es la figura de un judío: Jesús de Nazaret, el Mashiach (hebreo), Meshiach (arameo), Christos (griego), “el Ungido o Enviado por Dios”. 

Jesús como el Cristo de Dios es la forma y figura básica que da cohesión a todas las historias, parábolas, cartas y misivas del Nuevo Testamento y también a todas las diferentes comunidades judeocristianas y cristiano gentiles.
Sin Jesucristo no hay nexo entre los escritos y las comunidades neo-testamentarios: él es la figura básica que da unión a todas las tradiciones. 

Sin Jesucristo no hay historia del cristianismo ni de las Iglesias cristianas: él es el motivo básico que las une más allá de todas las rupturas y de todas las épocas históricas. 

El cristianismo no depende de una idea impersonal, de un principio abstracto, de una norma general, de un sistema mental. A diferencia del resto de religiones, el cristianismo depende de una persona concreta que sale fiadora de una causa, de todo un camino de vida: Jesús de Nazaret. 

Jesús es distinto, es una persona concreta y por eso, el ser cristiano tiene que ser distinto. 

El Nuevo Testamento y la historia de veinte siglos de cristianismo lo pone de manifiesto: Jesús ha estimulado el pensamiento y el discurso crítico-racional, la fantasía, la imaginación y las emociones, la espontaneidad, la creatividad y la innovación. 
Ha hecho posible que los hombres entren en espíritu en una relación existencial inmediata con él. De él se podía narrar, y no sólo razonar, argumentar, discutir y teologizar sobre él. 

Eso es lo que constituye lo específico del cristianismo: no un principio, sino una figura viviente: Jesucristo es lo permanentemente válido, lo obligante de continuo y lo en verdad irrenunciable en el cristianismo.

La cruz como distintivo
Mientras que la muerte de los líderes de otras religiones no ha traído implicaciones o consecuencias para la humanidad, la de Jesucristo sí. 

Moisés, Mahoma, Buddha o Confucio murieron ya mayores en años, junto a sus discípulos y adeptos, tras una vida de éxito, mientras que Jesucristo murió joven, tras vida radical, sorprendente y breve, traicionado y negado por sus discípulos y seguidores, objeto de mofa y de escarnio por sus adversarios, abandonado por Dios y por los hombres en el más atroz y enigmático rito de muerte, que según la legislación romana no se podía imponer a criminales con la ciudadanía romana y que se aplicaba sólo a esclavos fugados y a rebeldes políticos: en el patíbulo de la cruz.

La cruz de Jesús era una locura bárbara para un griego culto, una ignominia para un ciudadano romano y una maldición de Dios para un judío creyente. 
Sin embargo, para un cristiano la cruz es un signo de salvación puesto que Cristo, el crucificado, no permaneció en la muerte, sino que fue resucitado a la vida eterna por Dios y elevado a la majestad de Dios. 

Es un signo de victoria puesto que Jesucristo es el confirmado con poder por Dios y así este signo de oprobio y esta deshonrosa muerte de esclavos y rebeldes es vista como muerte salvífica de redención y liberación. 

La cruz de Jesús, ese sello cruento sobre una vida vivida en consonancia, se convierte así en un llamamiento a renunciar a una vida marcada por el egoísmo, un llamamiento a vivir una vida sencilla en favor de los otros.

Se trata ni más ni menos que de un vuelco a todos los valores: la vida cotidiana valiente y sin temor, incluso frente a riesgos mortales a través de la inevitable lucha, de todo sufrimiento, incluso de la muerte. 

Todo en inquebrantable confianza (“fe”) y en la esperanza del tiempo de la verdadera libertad, amor, humanidad, finalmente, de la vida eterna. Del escándalo se pasa a una experiencia de salvación; el vía crucis se convierte en un camino de vida para el que acepta ser cristiano.

Cristo es el camino, la verdad y la vida, es el pan de vida, la luz del mundo, la puerta, la vid verdadera, el pastor verdadero que da su vida por las ovejas. El es el camino de la verdad de la vida que hay que hacer. 
No se trata de verdad de razón, puramente teórica, sino de verdad de fe práctica que se basa en experiencia, decisión y acción.

En efecto, no se trata de “contemplar”, de “teorizar” la verdad del cristianismo, sino que hay que “hacerla”, “practicarla”. 

Una verdad que no quiere sólo ser buscada y hallada, sino seguida y realizada con veracidad, acreditada y acrisolada. Una verdad que apunta a la práctica, que llama al camino, que regala y hace posible una vida nueva.

BATALLA ESPIRITUAL

“No es nuestra lucha contra la carne y la sangre, 
sino contra los espíritus del mal”. 
(Ef 6,12)

El diablo ya ha empezado a actuar contra nosotros, como león rugiente, ronda buscando a quién devorar (1 P 5,8), con sus perspicaces ataques y sus sutiles tentaciones, persigue muy especialmente a todos aquellos que nos atrevemos a "dar testimonio de la verdad en el mundo" (Jn 18,37). 

Sabe bien que nosotros somos sus enemigos más poderosos, los más capaces de neutralizar sus engaños con la luz evangélica, de disminuir o eliminar su poder sobre los hombres.

Como Padre de la mentira (Jn 8,44), para seducir a los hombres, sus artimañas son la astucia, la mentira, el engaño (Génesis 3; 2 Cor 2,11). 

Lobo con piel de oveja (Mt 7,15), reviste las mejores apariencias, y hasta llega a disfrazarse como ángel de luz (2 Cor 11,14). 

Por medio de sus mentiras extravía a las naciones y a la tierra entera (Ap 12,9; 20).

Como Príncipe de las tinieblas, se opone frontal y continuamente a Cristo, que es la Verdad y la Luz del mundo. 

Trata de inclinarnos al pecado, a los malos sentimientos, a la desunión, a la envidia y a la crispación.

Debemos estar muy alerta y defendernos de él, vistiendo la "armadura de Dios" (Ef 6, 11-18) y sobre todo, con nuestra arma más poderosa: la oración.




miércoles, 19 de agosto de 2015

LAS SIETE FRASES DE JESÚS EN LA CRUZ



Jesucristo murió en la cruz para redimir a la humanidad, para salvarnos de nuestros pecados a causa de su amor por nosotros.

Pero antes de morir y según consta en los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, Jesucristo pronunció siete frases en la cruz.  El de Mateo y el de Marcos, mencionan solamente una, la cuarta. El de Lucas relata tres, la primera, segunda y séptima. El de Juan recoge las tres restantes, la tercera, quinta y sexta.

1- MISERICORDIA

"Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen"
(Lc 23,34)

La humanidad entera, representada por los personajes allí presentes, se ensaña contra Jesús.Me dejareis sólo”, había dicho Jesús a sus discípulos. Y ahora está solo, entre el Cielo y la tierra. Se le negó incluso el consuelo de morir con un poco de dignidad.

Jesús no sólo perdona, sino que pide el perdón de su Padre para los que lo han entregado a la muerte.

Jesús mira hacia abajo, desde la cruz  y ora por los culpables de darle muerte, los soldados romanos que cruelmente, le han azotado, torturado
escupido, golpeado, maltratado y que le han clavado en la cruz.
También por los que le han condenado a muerte, (Caifás y los sumos sacerdotes del Sanedrín), castigado a subir con su propia cruz, luego desnudado en público, tendido sobre la cruz, clavado a través de sus huesos de manos y pies.

Jesús también está pensando en sus apóstoles y compañeros que le han traicionado y abandonado, reza por Judas que lo ha vendido, por Pedro que lo ha negado tres veces, por la multitud voluble, que sólo unos días antes le alabaron, en su entrada a Jerusalén, y luego días más tarde prefirieron optar por Él frente a Barrabás, para ser crucificado, gritando su crucifixión. También por los que se reían y mofaban de Él.

Y no sólo pide el perdón para ellos, sino también para todos nosotros, para la humanidad entera, para todos los que con nuestros pecados somos el origen de su condena y crucifixión. 
  
Pero Jesús no reacciona con ira. En el apogeo de su sufrimiento físico, su amor prevalece y le pide a su Padre que perdone, pero ¡es por su mismo sacrificio en la Cruz que la humanidad es capaz de ser perdonada!
Hasta sus últimas horas en la tierra, Jesús predica el perdón. Él enseña el perdón en la oración del Señor: "Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden" (Mt 6,12).

Cuando se le preguntó por Pedro, ¿Cuántas veces deberíamos perdonar a alguien, Jesús responde setenta veces siete (Mt 18, 21-22).

En la Última Cena, Jesús explica su crucifixión a sus apóstoles cuando les dice a beber de la copa: "Bebed todos de ella todos, porque esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados "(Mt 26, 27-28).

Él perdona al paralítico de Cafarnaúm (Mc 2,5), y la adúltera sorprendida en el acto ya punto de ser lapidada (Jn 8, 1-11).

E incluso después de su resurrección, su primer acto es comisionar a sus discípulos a perdonar: "Recibid el Espíritu Santo a quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados si los retengáis, les quedan retenidos." (Jn 20, 22-23).

2- SALVACIÓN

"En verdad te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso"
(Lc 23,43)

Ahora no se trata sólo de los líderes religiosos o los soldados que se burlan de Jesús, sino de uno de los criminales que habla en favor de Jesús, explicando que ellos dos están recibiendo su justo castigo, mientras que "este hombre no ha hecho nada malo." Luego, dirigiéndose a Jesús, le dice: "Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino" (Lc 23,42). 

La fe maravillosa de este pecador arrepentido hace que Jesús, haciendo caso omiso de su propio sufrimiento, le  responda con amor y misericordia con su segunda palabra, que es otra vez sobre el perdón, esta vez dirigido a un pecador.
Del mismo modo que la primera palabra, esta expresión bíblica se encuentra sólo en el Evangelio de Lucas. Jesús muestra su divinidad abriendo el cielo por un pecador arrepentido - tal generosidad de un hombre que sólo pidió ser recordado!

Pero el verdadero regalo que Jesús le hacía a aquel hombre, no era solamente el Paraíso. Jesús le ofreció el regalo de sí mismo. Lo más grande que puede poseer un hombre, una mujer, es compartir su existencia con Jesucristo.

Hemos sido creados para vivir en comunión con él y por ello, nos ofrece esperanza para la salvación, ya que si volvemos nuestros corazones y oraciones a Él, también vamos a estar con Jesús Cristo al final de nuestras vidas.

3- IGLESIA

"Jesús le dijo a su Madre:" Mujer, ahí tienes a tu hijo".
Luego dijo al discípulo: "Esta es tu madre"
(Jn 19,26-27)

Jesús y María están juntos de nuevo, al comienzo de su ministerio en Cana y ahora al final de su ministerio público, a los pies de la Cruz.

El Señor se refiere a su madre como mujer en la fiesta de bodas de Caná (Jn 2, 1-11) y en este pasaje, recordando a la mujer en Gn 3,15, la primera profecía mesiánica del Redentor, y anticipándose a la mujer vestida del sol en Ap 12.

Dios eligió a María desde siempre para ser Madre de Jesús, pero también para ser Madre de los hombres.
Jesús crucificado confía a María una nueva maternidad, crea desde la cruz “una familia nueva”. Forma la Iglesia y le otorga el papel maternal a la madre de Jesús, para que cuide de su nuevo hijo y al discípulo le enseña a quien debe querer, respetar y obedecer.

Qué dolor debe llenar el corazón de María, a ver a su Hijo denostado, torturado y crucificado. El sufrimiento de su hijo la hizo a Ella Corredentora, compañera en la redención.

Una vez más, se cumple en Cristo otra profecía, de Simeón en el Templo: “una espada atraviesa el alma de María” (Lc 2,35).

Hay cuatro personas al pie de la cruz: María, su Madre, Juan, el discípulo a quien él amaba, María de Cleofás, hermana de su madre, y María Magdalena. Él
dirige su tercera palabra a María y Juan, el único testigo ocular de los escritores de los Evangelios.
De nuevo, Jesús se eleva por encima de la ocasión, y sus preocupaciones son para los que le aman. El buen hijo que Él es, Jesús se preocupa por el cuidado de su madre. De hecho, este pasaje ofrece una prueba de que Jesús era el único hijo de María, porque si él tenía hermanos o hermanas, se habrían preocupado por ella. Pero Jesús mira a Juan y le pide cuidar de ella.

También queda demostrado que San José estaba ausente; probablemente, habría muerto antes de la crucifixión, o de lo contrario habría sido el encargado de cuidar de María y también estaría allí.

4- SOLEDAD

"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"
(Mt 27,46; Mc 15,34)

Esta fue la única expresión de Jesús en los Evangelios de Mateo y Marcos. Ambos indican que fue en la novena hora, después de tres horas de oscuridad, cuando Jesús clamó esta cuarta palabra. La novena hora eran las tres en Judea.

Sorprende el tono angustiado de esta expresión, en contraste con las tres primeras palabras de Jesús. Este grito sale desde el corazón doloroso y humano de Jesús, que debió sentirse abandonado por su Padre y por el Espíritu Santo, amén de sus compañeros terrenales, los discípulos.
Para subrayar su absoluta soledad, Marcos incluso dice que sus seres queridos  estaban allí "mirando desde lejos," no cercanos a él. Jesús se siente separado de su Padre, ahora está solo y tiene que enfrentarse a la muerte por sí mismo.

Esto es exactamente lo que nos sucede a todos nosotros cuando llega el momento de nuestra muerte, que debemos afrontarla solos! Jesús vive por completo la experiencia humana, al igual que nosotros, y al hacerlo, nos libera de la esclavitud del pecado.

Su cuarta palabra es tal y como empieza el Salmo 22: su grito en la cruz recuerda el grito de Israel, y de todas las personas inocentes que sufren. 

En el Salmo 22, capítulos 16-19, David hace una profecía sorprendente de la crucifixión del Mesías en un momento en que no se conocía la existencia de la crucifixión: "Está seco mi paladar como una teja y mi lengua pegada a mi garganta; tú me sumes en el polvo de la muerte. Perros innumerables me rodean, una banda de malvados me acorrala como para prender mis manos y mis pies. Puedo contar todos mis huesos; ellos me observan y me miran, repártense entre sí mis vestiduras y se sortean mi túnica".

No puede haber un momento más terrible en la historia del hombre como ese. Jesús, que vino a salvarnos es crucificado, y da cuenta del horror de lo que está sucediendo y lo que ahora está soportando. Está a punto de ser engullido por el mar embravecido del pecado. El mal triunfa, como admite Jesús: "ahora reinan las tinieblas, y es su hora" (Lc 22,53). Pero es sólo por un momento. La carga de todos los pecados de la humanidad por un momento abruma la humanidad de nuestro Salvador.

Es en la derrota de su humanidad donde se completa el plan divino de su Padre. Es por su muerte que somos redimidos. "Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también, que se entregó a sí mismo como rescate por todos. Este es el testimonio dado en el tiempo oportuno." (1 Tim 2, 5-6).

"El mismo que, sobre el madero, llevó nuestros pecados en su cuerpo, a fin de que, muertos a nuestros pecados, viviéramos para la justicia; con cuyas heridas habéis sido curados". (1 Pe 2,24)

5-SUFRIMIENTO

"Tengo sed"
(Jn 19,28)

La quinta palabra de Jesús es la única expresión humana de su sufrimiento físico. Jesús está ahora en estado de shock. Las heridas infligidas en la flagelación, la corona de espinas, y el clavado en la cruz están dando resultado, especialmente después de perder sangre en la caminata de tres horas por la ciudad de Jerusalén hasta el. 

Los estudios sistemáticos de la Sábana Santa de Turín, indican que la Pasión de Jesús fue mucho peor que uno pueda imaginarse.

El sufrimiento de Cristo simboliza también el sufrimiento del ser humano aun en la mayor de las fes.
Jesús tiene sed en un sentido espiritual. Él tiene sed de amor. Él tiene sed de amor de su Padre que lo ha abandonado durante esta hora terrible cuando Él tiene que cumplir su misión solo, no alejándose de Él, sino privándole de su socorro.

Y él tiene sed de amor y de la salvación de su pueblo, la raza humana. Jesús practicaba lo que predicaba: "Este es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este, dar la vida por sus amigos" (Jn 15, 12-13).

También evoca la sed espiritual que Cristo experimentó junto al pozo de la samaritana.

6- CUMPLIMIENTO

"Todo está cumplido"
(Jn 19, 30)

Se trata de la proclamación en boca de Cristo del cumplimiento perfecto de la Sagrada Escritura en su persona. Jesús era consciente de que había cumplido hasta el último detalle su misión redentora y la culminación del programa de su vida: cumplir la Escritura haciendo siempre la voluntad del Padre. Más que una palabra de agonía, es de victoria, "todo está concluido".
Juan recuerda el sacrificio del Cordero de la Pascua de Éxodo 12 en este pasaje. El hisopo es una planta medicinal pequeña que se usó para rociar la sangre del Cordero Pascual en las puertas de las casas de los judíos (Ex 12,22). El Evangelio de Juan relata que fue el día de la preparación, el día antes de la Pascua real (Pesaj en hebreo, Pascha en griego y latín), cuando Jesús fue condenado a muerte (19,14) y se sacrificó en la cruz (19,31).

Juan continúa en los versículos 33-34: "Pero cuando llegaron a Jesús y vieron que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas", recordando la instrucción en Ex 12,46 relativa al Cordero Pascual.

Murió a la hora novena (tres de la tarde), casi al mismo tiempo que los corderos de la Pascua fueron sacrificados en el Templo. Cristo se convirtió en el Cordero Pascual, como señaló Pablo: "Porque nuestro cordero pascual, Cristo, ha sido inmolado." (1 Cor 5, 7). 

El Cordero inocente fue sacrificado por nuestros pecados, para que nosotros pudiéramos ser perdonados. La sexta palabra es el reconocimiento de que el sufrimiento de Jesús ha terminado y se ha completado su tarea. Jesús es obediente al Padre y le da su amor por la humanidad al redimirnos con su muerte en la Cruz.

El día más oscuro de la humanidad se convirtió en el día más brillante para la humanidad. Y los Evangelios sinópticos, al unísono, capturaron esta paradoja,  narran el horror del evento, la agonía en el jardín, el abandono por parte de sus Apóstoles, el juicio ante el Sanedrín, la intensa burla y tortura sobre Jesús, su sufrimiento en soledad, la oscuridad sobre la tierra, y su muerte, crudamente retratada tanto por Mt 27, 47-51 y Mc 15, 33-38.
Por el contrario, la pasión de Jesús en el Evangelio de Juan expresa su realeza y demuestra que es su camino triunfal hacia la gloria. Juan presenta a Jesús como dirigiendo la acción durante todo el camino. La frase: "Consumado es" conlleva un sentido de logro

En Juan, no hay juicio ante el Sanedrín, sino que Jesús se presentó en el juicio romano como "He aquí vuestro Rey!" (Jn 19,14). Jesús no está tropezando o cayendo como en los evangelios sinópticos, sino que el camino de la cruz se presenta con majestad y dignidad, porque "Jesús salió llevando su propia cruz" (Jn 19,17). Y en Juan, la inscripción a la cabeza de la cruz está deliberadamente escrita "Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos" (Jn 19,19).

Cuando Jesús murió, "entregó" el Espíritu. Jesús mantuvo el control hasta el final, y es Él quien entregó su Espíritu. No hay que perderse el doble sentido aquí, porque esto también puede ser interpretado como que su muerte trajo el Espíritu Santo.

El Evangelio de Juan revela gradualmente el Espíritu Santo. Jesús menciona agua viva en Jn 4, 10-11 cuando se encuentra con la mujer samaritana en el pozo, y durante la Fiesta de los Tabernáculos se refiere a agua viva como el Espíritu Santo en Jn 7, 37-39. En la Última Cena, Cristo anuncia que pedirá al Padre que envíe "otro Paráclito para estar con ustedes siempre, el Espíritu de verdad" (Jn 14, 16-17).

La palabra Paráclito también se traduce como Consolador, Abogado, Intercesor o Consejero. "Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho." (Jn 14,26).

El simbolismo del agua para que el Espíritu Santo se hace más evidente en Jn 19,34: " sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua." La perforación de su lado cumple la profecía en Zac 12,10: " En cuanto a aquél a quien traspasaron, harán lamentación por él como lamentación por hijo único, y le llorarán amargamente como se llora amargamente a un primogénito". 

La perforación del costado de Jesús prefigura los sacramentos de la Eucaristía (la sangre) y el bautismo (agua), así como el comienzo de la Iglesia.

7-OBEDIENCIA

"Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu".
(Lc 23,46)

La séptima palabra de Jesús se encuentra en el Evangelio de Lucas, y se dirige al Padre en el cielo, justo antes de morir. Jesús recuerda el Sal 31, 6: " En tus manos encomiendo mi espíritu, y tú, Señor, Dios fiel, me librarás." Se interpreta como un ejemplo de la confianza que debe tener un cristiano ante la entrada en el mundo espiritual.

Lucas declara la inocencia de Jesús en repetidas ocasiones: con Pilatos (Lc 23, 4, 14-15, 22), a través de Dimas (por la leyenda), el criminal (Lc 23,41), e inmediatamente después de su muerte con el centurión, que cuando vio lo que había pasado, alabó a Dios y dijo: "Verdaderamente este hombre era justo" (Lc 23,47).
Jesús fue obediente a su Padre hasta el final, y su última frase antes de su muerte en la cruz fue una oración a su Padre.

La relación de Jesús con el Padre se revela en el Evangelio de Juan, porque Él comentó: "El Padre y yo somos uno" (Jn 10,30), y de nuevo, en la Última Cena: ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. "(Jn 14,10). Y Él puede regresar: " Salí del Padre y vine al mundo. Ahora dejo el mundo y vuelvo al Padre" (Jn 16,28).

Jesús cumple su propia misión y la de su Padre en la cruz:

"Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único,
para que todo el que crea en él no perezca,
sino que tenga vida eterna”
(Jn 3,16)