¿QUIÉN ES JESÚS?

La vida de Jesús siempre ha suscitado preguntas a lo largo de los últimos dos mil años.

¿Cómo pudo un carpintero que fue ejecutado por los romanos convertirse en el hombre más famoso de la historia?
¿Fue Jesús alguien verdaderamente real?
¿Cómo puede Dios ser un hombre al mismo tiempo?
¿De qué manera podría esto tener algún sentido para mi vida?

Estas son algunas preguntas, pero aquí tienes un espacio para formular las tuyas.

domingo, 4 de septiembre de 2016

ORANDO CON LOS SALMOS. SALMO 1: DOS HOMBRES, DOS CAMINOS, DOS DESTINOS

"Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los injustos, 
ni anda por el camino de los extraviados, 
ni se sienta en el banco de los cínicos;
sino que en la ley del Señor pone su amor y en ella medita noche y día.
Es como un árbol a orillas del arroyo, que da el fruto a su tiempo, 
cuyas hojas no se marchitan nunca; en todo lo que hace sale bien.
No así los injustos, no; son como paja que dispersa el viento.
Los injustos no podrán resistir en el juicio 
ni los descarriados en la asamblea de los justos.
Porque el Señor cuida el camino de los justos, 
pero el de los injustos lleva a la ruina."

Una buena manera de crecer en la oración es orando con los Salmos. Y por eso, hoy comenzamos a orar con el Salmo 1, que se distingue de todo el resto porque no tiene título, sino que es más bien como el título de todo el salterio. David compuso los salmos a la manera del que reza, es decir, no de una forma lineal, sino según los diversos sentimientos y movimientos del que reza.

Este primer salmo expresa el sentimiento ante la situación del mundo, contrapone dos caminos y ensalza la Ley, dada a los hombres para su felicidad. Nos habla del hombre dichoso, del hombre feliz. Este hombre bendecido, en contrate con el impío. 

La práctica del hombre dichoso (vs. 1-2)
“Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los injustos, 
ni anda por el camino de los extraviados, 
ni se sienta en el banco de los cínicos”

El primer versículo habla de lo que no hace el hombre feliz:

1. No sigue el consejo de los injustos. No escucha a los malvados sino que se basa en la voluntad de Dios.

2. No anda en el camino de los pecadores. Vive en la forma que debe vivir.

3. No se sienta en el banco de los cínicos para cultivar su amistad. Se aparta de los que niegan, se burlan y odian Dios.

La persona que hace estas tres cosas, no es una persona feliz. Primero se asocia con los malos, luego comparte el camino de los pecadores y después se une a los que blasfeman.

En el versículo 2, vemos lo que este hombre feliz sí hace:

"sino que en la ley del Señor pone su amor y en ella medita noche y día".

Hay muchas personas que piensan que todo lo que necesitan para ser felices es ser simplemente buenas, no hacer mal a nadie, etc., pero el salmista dice que el hombre feliz se deleita en la ley del Señor. 
En otras palabras, el dichoso encuentra placer y alegría en la meditación de la Palabra de Dios. Su lectura y estudio no constituye ninguna carga ni produce aburrimiento. Su lectura y su estudio son agradables. La persona que experimenta placer con la Biblia es una persona feliz. 

El versículo enfatiza no sólo que se deleita en la Palabra sino que lo hace meditando de día y de noche, continuamente. ¿Qué quiere decir con esto de meditar? Cuando meditamos, volvemos la vista a lo que ye hemos leído. Meditar sobre lo que uno lee, es “rumiar el alimento”; considerar lentamente y pensar detenidamente en lo que uno está leyendo. 

Tenemos que meditar en la Palabra de Dios para que ésta dé forma a nuestra vida según la voluntad y el propósito de Dios. Nuestro desarrollo, crecimiento y madurez espirituales vendrán a través de la meditación de la Palabra de Dios, es decir, repasando una y otra vez en sus pensamientos hasta que esa Palabra se convierta en una parte de nuestra vida. En esto consiste la "práctica del hombre dichoso".

El poder del hombre dichoso (v. 3)
"Es como un árbol a orillas del arroyo, que da el fruto a su tiempo, 
cuyas hojas no se marchitan nunca; en todo lo que hace sale bien."

El versículo 3 nos dice que el hombre feliz es como un árbol plantado a la orilla de un río. Es una hipérbole que expresa "abundancia". Este hombre dichoso es plantado, recibe mucha agua y se convierte en un árbol. 
Los hombres justos son árboles "plantados" por Dios, no son árboles silvestres que crecen en cualquier parte, sino que sus árboles han nacido por medio de Él, tomados y colocados en el jardín de Dios, a orillas del arroyo.

El arroyo representa la Palabra de Dios. El agua provee bebida y sustento. Y también limpia.

Y se nos dice además que el árbol da su fruto en su tiempo. Esto es muy interesante: que los árboles de Dios no den fruto todo el tiempo, sino que dan su fruto cuando llega su tiempo y su poder está en la Palabra de Dios significa que damos frutos cuando Dios lo desea, no siempre que nosotros queremos.

Significa que hay un tiempo para obtener fruto pero antes, también un prolongado período de preparación, de sembrar la semilla, de regarla. Este período lleva su tiempo y dedicación, para que el fruto solo se produzca en el momento apropiado.

A continuación, el salmista dice que sus hojas no se marchitan nunca. La hoja es el testimonio de vida del cristiano. Ese testimonio debe estar siempre presente, siempre visible. Los árboles de Dios son como los pinos de hoja perenne, siempre están verdes y nunca pierden sus hojas y son un testimonio visible para los demás.

Además, dice que todo lo que hace, sale bien. Es increíble que esto sucede: prospera, está alegre, crece y disfruta. Al dejarnos guiar por Dios y su Palabra, nuestra vida discurre sola, de forma natural, y nos llena de gozo y alegría.

La permanencia del hombre dichoso (vs. 4 -6)
"No así los injustos, no; son como paja que dispersa el viento. 
Los injustos no podrán resistir en el juicio 
ni los descarriados en la asamblea de los justos."

Los versículos 4 y 5 de este Salmo 1 hablan de la inseguridad de los impíos. 

Recordemos el título: Dos hombres, dos caminos, dos destinos. Uno conduce a la muerte. El otro conduce a la vida. Dios es quien dice lo que está bien y lo que está mal. 

En este mundo relativista, todo vale, todo está bien, nada está mal. Creen conocer el camino. Pero están perdidos. Es más, se han apartado del camino de Dios y se ha hecho un camino propio. Pero son como paja que el viento dispersa. El viento es el juicio de Dios. 

"Porque el Señor cuida el camino de los justos, pero el de los injustos lleva a la ruina".

El versículo 6 dice que Dios es quien construye el camino. Lo conoce y lo cuida. El otro camino indica la perdición, la ruina, un final irreversible, definitivo. El sentido bíblico del camino como modo de vida es evidente; el justo prosperará mientras que el malvado sufrirá castigo.

sábado, 3 de septiembre de 2016

¿POR QUÉ ELIGIÓ JESÚS A JUDAS COMO DISCÍPULO?

 
"Jesús se turbó en su interior y declaró: 
En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregará"
(Jn 13, 21)

Entre los numerosos discípulos que le seguían, Jesús designó a doce de ellos para que estuvieran más cerca de él, para que compartieran y continuaran su misión. No formó un grupo de doce apóstoles a la ligera, sino después de rezar toda una noche.

Si Jesús sabía que Judas iba a traicionarle, ¿por qué lo mantuvo hasta el final en el círculo de sus más allegados?

En principio, pudiera parecer Jesús tomó una decisión errónea eligió a Judas como uno de los discípulos clave de su grupo. 

Judas, con el tiempo, llegó a jugar un papel importante en la historia de redención de Jesús, pero ¿por qué hacer de él un discípulo de su grupo más íntimo? Sin duda, cualquier persona en el círculo exterior de sus seguidores podría haber desempeñado el papel de traidor, ¿por qué perder uno de los asientos más codiciados en la historia humana en un desertor como Judas? 

Jesús no sólo nombró a Judas como discípulo sino que le hizo el tesorero. Jesús podía haber elegido a otros mejores candidatos: Mateo era contable, Pedro era dueño de un pequeño negocio, Nathaniel era un hombre "de integridad completa" (Jn 1,45). ¿Por qué Jesús, sabiendo las luchas internas de Judas con la avaricia y la deshonestidad, le da la supervisión de las finanzas del grupo?
Ningún líder competente con el conocimiento que Jesús tenía del corazón humano, haría lo que Él hizo. Su círculo interno debía serle leal, y cualquier persona que manejara sus finanzas, debería ser impecable. 

Elegir deliberadamente a alguien codicioso, egoísta y desleal podría suponer un alto riesgo. Cualquiera podríamos pensar que fue una insensatez elegir lo que Jesús eligió.

El apóstol Pablo es muy claro acerca de la norma ética para el discipulado en la iglesia: "Así que un anciano debe ser un hombre cuya vida es irreprochable"(1 Tim 3, 2). Pablo habría reprendido a Timoteo si hubiera nombrado a alguien como Judas como gestor en Éfeso, así que ¿por qué Jesús eligió a Judas como un líder?

Los autores de los evangelios no dicen nada sobre la motivación de Jesús, por lo que sólo podemos especular sobre su razonamiento. La pregunta es si, a pesar del carácter de Judas, Jesús veía potencial en él

Sabemos cómo termina la historia, pero tal vez, Jesús que ama tanto, le da la oportunidad para alcanzar el potencial que Dios puso en él. Tal vez Jesús sabía que la mejor oportunidad para que Judas pudiera superar sus defectos de carácter se encontraba en darle un cargo de responsabilidad y confianza. Parece como si Jesús estuviera dispuesto, por un tiempo, a someter la primacía de la misión por el desarrollo del individuo. Al final, la misión de Jesús se debería llevar a cabo, pero antes, le daría a Judas la oportunidad de cambiar.

Con la elección de Judas, Jesús nos da un modelo para tratar con las personas que no se ajustan a lo que se supone que debe ser una persona de confianza. 

Sin embargo, en un momento dado, Jesús se da cuenta de un cambio radical en Judas. Jesús comprende que Judas está desligándose de él interiormente, e incluso que va a "entregarle". 

Según el evangelio de Juan, ya en Galilea, mucho antes de los acontecimientos de Jerusalén que acabarían en la cruz, Jesús comprendió lo que estaba pasando (Jn 6,70-71). ¿Por qué entonces no alejó a Judas de su entorno, por qué lo mantuvo junto a él hasta el fin?

Una de las palabras que Jesús utiliza para hablar de la creación del grupo de los doce apóstoles nos da una pista: "¿Acaso no he sido yo quien os elegí, a vosotros doce?" (Jn 6,70; 13,18).

El verbo elegir o escoger es una palabra clave en la historia bíblica. Dios eligió a Abraham, escogió a Israel para hacer de él su pueblo.

Es la elección de Dios la que constituye al pueblo de Dios, al pueblo de la alianza. 
Y lo que hace inquebrantable la alianza es que Dios elige amar a su pueblo para siempre, a pesar de las infidelidades y las traiciones. 

Puesto que Jesús escogió a los doce igual que Dios eligió a su pueblo, no podía despedir a Judas, incluso cuando sabía que iba a traicionarle. Era plenamente consciente de que tenía que amar hasta el fin, para testificar que la elección de Dios es irrevocable

Jesús, humillado por la traición de uno de sus íntimos, no dejará de demostrarles su amor. Rebajándose ante sus discípulos para lavarles los pies, se hizo servidor de todos; también de Judas. De un modo muy particular, Jesús comparte con él un pedazo de pan (Jn 13,21-30).

Si quería ser fiel a su Padre – al Dios que había elegido a Abraham y a Israel, al Dios de los profetas – Jesús no podía actuar de otro modo, tenía que mantener a Judas junto a él hasta el fin. Jesús quería a Judas incluso a pesar de que éste se encontraba enteramente envuelto por las tinieblas. "La luz brilla en las tinieblas" (Jn 13,31). 

En la noche más oscura del resentimiento y del odio, 
Jesús manifiesta el resplandor inaudito del amor infinito y eterno de Dios.

jueves, 1 de septiembre de 2016

REALMENTE ¿LA GENTE ESCUCHA LAS HOMILÍAS?

En serio, ¿la gente escucha los sermones en las homilías durante la misa? ¿Y los jóvenes?

A veces, cuando voy a misa, me cuesta seguir las homilías. Y no es por falta de interés. a veces el problema viene desde el ambón. Normalmente, asistimos a misa tratando de encontrar algo que no encuentra en ningún otro lugar. 

En realidad, acudimos para escuchar a Dios. Dios se vale de nuestros sacerdotes que, ungidos por el Espíritu Santo, nos explican lo que el Señor nos quiere decir.

Pero, una inmensa cantidad de personas, cercanas o lejanas a la iglesia, no sólo lo piensa, si no que afirma categóricamente que las misas son aburridas
Y, sinceramente, yo no creo que Dios sea aburrido.

Lo que sucede es que nunca nadie se lo dice a los sacerdotes. Tampoco ellos son conscientes. Y es que ellos ni siquiera se dan cuenta de lo que está pasando. 

Después de todo, la gente parece mirarles con atención y ellos tratan de ser fieles y comprometidos con la Iglesia y con el Evangelio.

Pero, ¿realmente la gente en misa está escuchando la homilía?
Si hiciéramos una encuesta aleatoria con 25 personas de la parroquia, ¿serían capaces de decirnos lo que dijo el sacerdote el domingo pasado? o ¿sabrían decir sobre qué hablaba el Evangelio?

Si tenemos que pensar en ello durante más de cinco segundos, la respuesta es un "no" rotundo.

Si queremos que la gente preste atención…

Podríamos preguntarnos...¿pueden ser más claras y cercanas las homilías?

Si se abandona el mensaje del Evangelio por intentar agradar a todos, no.

Si no se encomienda al Espíritu Santo para que les ayude a los sacerdotes a ser claros, y a los oyentes a que abran los ojos, los oídos y sobre todo, los corazones, no.

Si se empeñan en "cumplir el expediente", tampoco.
Entonces, ¿Cómo hacer de las homilías un momento enriquecedor? A continuación se exponen algunas sugerencias:

1. Enfocar lo importante. Si hicieran la homilía cinco minutos más corta de lo habitual, podrían reforzar los puntos importantes de ella y repetirlos varias veces. Si dan excesivas vueltas sobre las cosas o se pierden o se enredan, la gente "desconecta".

2. Simplificar para reforzar. Una homilía escrita nunca se expresa de la misma forma que cuando uno habla normalmente. Y leerla, es aún peor. En lugar de eso, podrían utilizar palabras comunes y frases cortas, o cuando citan un versículo, explicarlo antes de leerlo.


3.Ilustrar lo obvio. Es muy efectivo explicar el Evangelio en términos actuales, con personas y situaciones reales, y acontecimientos de hoy. En realidad, ese es el propósito: aplicar el Evangelio a nuestras propias vidas. 

En lugar de ilustrar los versículos más teológicos o las ideas más complicadas, ilustrar lo que es obvio ayudaría mucho. Las imágenes simples o las ideas sencillas del pasaje activarían todo lo que se necesita para entenderlas.

4. Resumir lo básico. Es de suma ayuda para los oyentes, que el sacerdote explicara antes de comenzar el desarrollo, los puntos más importantes de los que se va a hablar. Y resumirlos, de nuevo, al final. 

Por otro lado, se trata de explicar lo que Dios nos dice en su Palabra y no tanto de resaltar anécdotas o sucesos de la parroquia ajenos al Evangelio.

5. Ser cercanos. Una tentación habitual de algunos sacerdotes es elevar el lenguaje de sus homilías hasta el punto de "hacerse raros a la audiencia". Cuando ocurre esto, la gente "desconecta" automáticamente. No se trata de lucirse sino de que Dios brille. Nadie habla de una forma coloquial a sus amigos y al rato, de forma científica. 

Jesucristo hablaba con palabras de su tiempo, con parábolas que todos entendían, era cercano y accesible. Él hablaba con gran poder, el poder de la Palabra y no con palabras altisonantes y elocuentes.

miércoles, 31 de agosto de 2016

UN CHEQUEO A LA PARROQUIA

Actualmente en algunas de nuestras parroquias se realizan a diario muchos servicios y actividades. Y por desgracia, se llevan a cabo sin orden ni concierto. 


No podemos simplemente decir: "Vamos a hacer esto o aquello!", "Vamos a dar lo mejor de nosotros!". No. Debemos discernir acerca de los principios en los que se asienta nuestro servicio y administrar correctamente los dones y talentos que nos han sido dados. 

Para que esto suceda, tenemos que hacer lo que siempre decimos y pocas veces hacemos: planificar estratégicamente los servicios de la parroquia.

Para comprobar si estamos siendo efectivos en nuestra labor parroquial, hagamos un chequeo de nuestra parroquia, evaluemos los distintos servicios que en ella se realizan

Y para ello, qué mejor que una batería de preguntas:

¿Por qué estamos aquí? Cada servicio de nuestra parroquia debe estar claramente definido. Todos debemos tener una idea clara de lo que trata la misión, es decir, de cada uno de los 5 propósitos de la Iglesia (Adoración/Culto, Comunidad, Servicio/Caridad, Discipulado, Evangelización). Eso significa que debemos plantearnos dos cuestiones: ¿Cuál es el propósito de cada servicio y cuál no?

¿Para qué "hacemos lo que hacemos"?
Atraemos miembros a nuestra comunidad, les enseñamos a adorar a Dios, les discipulamos para alcanzar una madurez en Cristo, les movilizamos para el servicio y les enviamos en misión al mundo. 

Nosotros plantamos y sembramos. Dios cosecha.

Y si hay algo que no encaja dentro de nuestras actividades o servicios, o de nuestra declaración de la misión (visión), no lo hacemos.
     
¿Qué propósito de la iglesia no cumple cada servicio?
Cada servicio de nuestra parroquia debe estar vinculado con al menos uno de los cinco propósitos de la iglesia:
  • Adoración/Culto: ¿Está diseñado para alabar a Cristo ?
  • Comunidad: ¿Está diseñado para profundizar en las relaciones dentro de la iglesia?
  • Servicio/Caridad: ¿Está diseñado para atender las necesidades de las personas?
  • Discipulado: ¿Está diseñado para llevar a la gente a la madurez cristiana? 
  • Evangelización: ¿Está diseñado para llegar a las personas ? 
Es necesario asegurarnos de que cada uno de nuestros servicios realiza una de estas cinco cosas. Si no lo hace, debemos replantear nuestra actividad, nuestro servicio y nuestros métodos.

¿A quiénes tratamos de llegar?
Tenemos que averiguar a quiénes estamos tratando de llegar con nuestro servicio. Los servicios que van dirigidos a:
  • la comunidad territorial y vecinal entera, deben centrarse en la evangelización (métodos y programas).
  • la multitud, deben centrarse en el culto y adoración (las personas que se acercan a la parroquia los fines de semana).
  • la congregación, deben centrarse en las necesidades de la comunidad (actividades internas/externas de la parroquia).
  • los comprometidos, deben centrarse en el discipulado (crecimiento y madurez espiritual).
  • el núcleo, deben centrarse en el servicio y caridad (involucrar a las personas en el servicio de la parroquia).
Cada uno de nosotros debemos estar repartidos en cada uno de los propósitos de la Iglesia y necesitamos saber a quienes pretendemos alcanzar con nuestro servicio y funciones. La Comunidad tiene diferentes necesidades que los comprometidos, la Congregación tiene diferentes necesidades que el Núcleo, etc.

Sabiendo a quienes estamos sirviendo, sabremos cómo realizar nuestras funciones y tareas.

¿Tenemos visión de futuro?

¿Dónde desearíamos que nuestro servicio esté dentro de 6 meses? 


Esta es la etapa donde los líderes/coordinadores de cada servicio en la parroquia ponen su sueño, su visión. 

Si éstos no son capaces de visualizar el futuro, quizás es que no están preparados para dirigirlo. 
Examinemos con cuántos contamos para el servicio (rasgo cuantitativo) y si están capacitados para él (rasgo cualitativo).

Exhortemos a los líderes/coordinadores para que se encomienden a Dios y oren por el futuro del servicio.

¿Funcionan correctamente nuestros servicios ?
El cuerpo humano está compuesto de once sistemas
: circulatorio, digestivo, endocrino, inmunológico, linfático, muscular, nervioso, óseo, reproductor, respiratorio, excretor.

Cada uno tiene una función específica y todos deben funcionar correctamente. Si alguno deja de funcionar, el cuerpo sufre, experimenta dolor, enferma e incluso puede morir. 

La Iglesia (el cuerpo de Cristo) tiene sus propios sistemas también. Y para que esté sana, sus sistemas tienen que trabajar correctamente, cumplir con cada cometido asignado. Si no lo hacen...seguro que enferma.

¿Cómo hacer que funcionen correctamente? 
Para eso, debemos trabajar juntos en equipo, sacerdotes y laicos. Los sacerdotes deben formar líderes/coordinadores y delegar, dejarles actuar en base a los dones que nos concede Dios e incluso dejar que se equivoquen.
Es preciso de cada uno discierna, medite y ore sobre cómo hacer sus tareas con eficacia. No por nuestro propio mérito sino con la ayuda de nuestro Padre.

¿A quién más podemos comprometer con el servicio?
Todos los implicados en los servicios y actividades de la parroquia debemos estar constantemente en guardia para discernir quién puede unirse a nosotros en el servicio. 

Empecemos a orar, por lo menos, por una persona que podría unirse a cada equipo, a cada servicio, a cada actividad. Si un líder no forma continuamente líderes, no está haciendo bien su trabajo..

Jesús nos dijo: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Oremos por los futuros servidores. 

¿De qué manera servimos?
Nuestro servicio debe tener como objetivo a la gente, no sólo de nuestra parroquia, sino a los que esporádicamente se acercan a ella.

¿Estamos atendiendo las necesidades físicas, emocionales, mentales o espirituales, o la combinación de ellas? Todas estas necesidades son reales. 

Una parte de la comprensión de la identidad de nuestro servicio es saber cómo estamos atendiendo cada una de ellas

Busquemos medios para dar más valor a los servicios que realizamos. Encontremos los métodos para que cada uno de ellos atiendan mejor las necesidades físicas, emocionales, mentales o espirituales de las personas.

lunes, 29 de agosto de 2016

¿POR QUÉ VIVIR EN COMUNIDAD CRISTIANA?

 
Muchos cristianos tienen una verdadera lucha interior cuando se trata de asistir a la parroquia  o crear comunidad. Piensan que la fe es algo particular, individual e íntimo. ¡Gran error!

Por supuesto, esto no es un problema nuevo. Desde el comienzo del cristianismo, los primeros líderes tuvieron que luchar contra esta forma de actuar, diciendo: "sin abandonar vuestra propia asamblea, como algunos acostumbran hacerlo, antes bien, animándoos: tanto más, cuanto que veis que se acerca ya el Día" (Hb 10,25).

Un popular eslogan cristiano dice: "Dios no nos llama a ir su iglesia, sino a ser su iglesia." Si realmente somos "su iglesia", con seguridad, nos reuniremos con otros cristianos regularmente. No podemos "ser" la iglesia, si no "vamos" a la iglesia.

La "iglesia" no tiene connotaciones individuales, ni se compone de llaneros solitarios o cristianos francotiradores. 

La "iglesia", por su propia naturaleza, se compone de una comunidad cristiana donde está Dios (Mt 18,20).
Esto es a la vez el modelo bíblico e histórico establecido para nosotros por los primeros seguidores de Jesús y padres de la Iglesia. Ellos se reunían semanalmente para adorar a Dios juntos, y en ocasiones incluso a diario. Compartirían comunidad juntos en sus respectivos hogares. 

Las cartas de Pablo, Juan, Pedro y de otros apóstoles fueron escritas y enviadas a las comunidades cristianas de distintas ciudades, para, reunidas éstas, leerlas en voz alta. 

La iglesia significa el espacio donde los cristianos se reúnen para adorar a Dios, y escuchar las Escrituras juntos, animándose y apoyándose unos a otros en la fe. No podemos reducir la iglesia a un lugar donde vamos sólo a "recibir". Es mucho más que eso. 

Es la comunidad donde adoramos a Dios con otros, oramos a Dios por otros, nos animamos con otros, donde servimos a otros, donde nos comprometemos con Dios y con otros.

Disponemos de muchas opciones para ir a la iglesia. Podemos buscar una parroquia que sea de nuestro agrado, donde nos sintamos a gusto, pero el objetivo es reunirse con otros cristianos regularmente para adorar a Dios, escuchar las Escrituras, recibir los sacramentos y servir a otros.

Aquí hay cuatro poderosas razones por las que debemos asistir a la iglesia semanalmente, y por qué no, diariamente y por las que la asistencia a la iglesia puede cambiar nuestras vidas:

Dios lo manda
Dios nos dice en Su Palabra que "no dejando de congregarnos" (Hb 10,25).

La Biblia incluso va tan lejos: llama a la iglesia, la "novia de Cristo." ¿Qué mujer no va allí donde está su amado o viceversa? Si amas a Jesús, amarás las cosas que Él ama e irás donde esté Él.

Dios no nos ha llamado para que nuestras reuniones o adoraciones sean una carga para nosotros, sino para bendecirnos cuando asistimos a la iglesia.
Dios está ahí
Jesús vive dentro de nosotros por su Espíritu, esto es una verdad  insondable! Pero también hay algo muy importante al reunirnos en comunidad: "Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mt 18,20). 

Así que Dios no sólo vive en nosotros por el Espíritu, sino que está en "medio" de nosotros cuando nos reunimos en la iglesia.

Lo necesitamos
Todos nosotros hemos sido creados para vivir en sociedad, en comunidad. Dios nos ha dado este regalo de reunirnos en la iglesia y en grupos pequeños, para animarnos unos a otros y estar realmente involucrados en las vidas de los demás y comprometidos con sus dos mandamientos (Lc 10,27; Mt 22, 36-40).

Podemos leer libros cristianos, acudir a conferencias sobre asuntos de fe, estudiar teología, etc., para desarrollarnos espiritualmente pero nada de eso puede sustituir a la comunidad cristiana de la iglesia.

Crecemos juntos 
Puede resultar un poco incómodo entrar en la vida del otro. Todos somos humanos, y nadie es perfecto, por lo que requiere esfuerzo y compromiso.

Reuniéndonos regularmente con otros hermanos en la fe, asistimos a un proceso de mejora y crecimiento espirituales al ayudarnos unos a otros, al orar unos por otros y al animarnos mutuamente a querer seguir a Cristo cada día más.

No permitamos que las excusas se interpongan en el camino al que Dios nos está llamando. Dios nos fortalecerá y nos dará la capacidad de hacer lo que Él nos ha llamado a hacer. 

domingo, 28 de agosto de 2016

SOLUCIONES PARA UNA PARROQUIA EN DECLIVE

No existen soluciones mágicas para revertir la situación de una iglesia en declive. Cada parroquia tiene características únicas porque tiene diferentes personas. Hay diferentes razones que causan deterioro. 

Podría ser cualquier cosa, desde la falta de liderazgo, pasando por ser demasiado relativistas o simplemente por la composición demográfica del vecindario. Es complicado pretender copiar lo que otros hacen en otras parroquias, porque las causas son muy diversas.

Sería ser muy arrogante e incluso perjudicial pretender tener todas las respuestas para todas las parroquias. Aquí, sólo se exponen algunas sugerencias:

Confiar
Lo primero de todo es abandonarnos a la voluntad de Dios. Él tiene el control y nosotros, bajo su dirección, podemos actuar porque Dios nos ha dado dones y talentos para que seamos creativos y así, darle gloria.

Evaluar
¿Qué hacemos mal? ¿Cuál es la causa? ¿Viene gente nueva a la parroquia? ¿Estamos haciendo lo correcto? ¿Es un problema de gente o de pastoral? o simplemente, ¿nuestra parroquia crece? O mejor dicho, ¿está sana? 


Si nada ha cambiado en los programas que ofrece la parroquia en los últimos años, ya tenemos la respuesta. Pero, mejor
hagamos preguntas. A los de dentro y a los de afueraEs absolutamente necesario. 

No se puede hacer frente a los problemas si no los conocemos. Pidamos una perspectiva externa. Evaluemos nuestra parroquia, incluso si tememos las respuestas.
Asumir
Los problemas son reales. No pretendamos creer que no lo son. La causa o culpa no es importante. Dejemos de negarlos. Demasiadas iglesias evitan los problemas, ya que son difíciles o impopulares de solucionar. 

Alinear
¿Dónde puede la iglesia encontrar la unidad? ¿Qué vamos a hacer para emocionar a todos? Esto es, la visión: encontrar y centrar la atención en Jesucristo.  Él es el vínculo que nos une.

Dios no bendecirá una parroquia en desunión. Todas tienen problemas, causas o métodos en los que cada uno puede involucrarse y apoyar. Trabajando juntos se fomenta el entusiasmo, el servicio y la unidad.
Abordar 
Plantemos cara a las principales cuestiones obvias, a los problemas reales aunque sea duro, difícil o duela. 

Si la iglesia ha olvidado su identidad, su DNI, su esencia; si se aferra a la rigurosidad en la norma, a la complejidad en las homilías y del lenguaje elevado; si ha caído en la tentación del activismo,  del relativismo, del "todo vale por los números" si los problemas involucran a personas, si se trata de complacer a la gente, en lugar de corregir...debemos hacerles frente ya mismo aunque sea delicado.

Planificar
En algún momento, independientemente de los problemas que existan, hay que llegar a una estrategia sobre qué hacer. Tiene que ser por escrito. Se necesita una hoja de ruta de hacia dónde ir en los próximos años. Se necesita un plan

Podemos comenzar con una visión global y aportar ideas de cómo llevarla a cabo. Poner algunas metas mensurables que nos indiquen cómo progresamos, cosas que vamos a hacer la próxima semana, el mes próximo o durante el año. 

El control se establece a través de una estrategia orientada a la acción, que construirá el compromiso a medida que las personas tengan algo en lo que ilusionarse, en lo que aportar.
Reiniciar
Poner nuestras energías y recursos donde más importa. Esto a menudo implica resetear los fundamentos de lo que se necesita para alcanzar nuestra visión. 

Si nuestra parroquia alberga un corazón misionero, por ejemplo, amplificar nuestros esfuerzos en la misión. Si el discipulado es la base de la comunidad parroquial, impulsarlo. Si es una parroquia joven, hacer de las homilías un momento inspirador para ellos, etc.

O puede significar dejar de hacer las cosas que no están funcionando. Debemos dosificar las energías y los recursos. Analicemos lo que está funcionando y volquemos muchas de nuestras energías energía sobre ese servicio fructífero. Es necesario obtener victorias rápidas para sentir, de nuevo, una sensación de crecimiento.
Celebrar
Dios, con su gracia, producirá frutos y crecimiento. Puede que no sean inmediatos, pero cuando ocurran, celebrémoslo. A lo grande. 

Mostremos a la gente que Dios actúa y se mueve entre vosotros. 

Ahora bien, no se puede celebrar todo. Si todo es maravilloso o increíble, entonces lo maravilloso y sorprendente se vuelve rutinario. 

Debemos celebrar frutos legítimos, no avances mediocres. Recordemos: Dios es perfecto y busca la excelencia.
Esos son algunas sugerencias. Pero existen muchas otras. Ahí es donde se necesita la colaboración de todos para ser y reconstruir la Iglesia. 

Estemos dispuestos a pedir ayuda y levantemos la bandera blanca, no como una derrota sino como intención de dialogar honestamente. 

"La mies es mucha y pocos los obreros". Todos somos necesarios! Estamos perdiendo demasiadas cosechas por no sembrar y por no regenerar el terreno correctamente. El trabajo es duro. La recompensa, grande. 

Oremos continuamente, sin cesar y, confiemos en que nuestro trabajo no será en vano.

sábado, 27 de agosto de 2016

CONFESIONES DE UN ALEJADO

De acuerdo, no soy cristiano, al menos, no comprometido (no me gusta eso de "practicante") o lo que vosotros llamáis "alejado", pero he tomado la decisión de ir a misa este domingo. 

No esperéis mucho de mí. Si pasa algo (cosa que dudo) es posible que medite sobre ello. Algo me dice que tengo que ir, pero no estoy seguro de por qué. Pero antes, quiero deciros un par de cosas sobre mí:

1. Seguramente no voy a entender el lenguaje religioso o algunas frases que voy a escuchar, como "morir en la carne y vivir en el Espíritu", "Dios está en mí", "Tomad y comed, este es mi cuerpo", "vivir una vida plena", etc. 
Resultado de imagen de cristianos no practicantes en misa
Si la misa transcurre sobre una conversación llena de términos teológicos o de elevación religiosa, probablemente no entienda la mitad de las palabras… y tal vez pensaré que el cura está un poco loco o que esto no es para mí.

Seguramente no sea capaz de seguir el ritual, las oraciones, o cuándo hay que levantarse o arrodillarse. 

Probablemente, esto último no lo haré. Ni tampoco cantaré ni rezaré ni comulgaré. Y os pido que no me miréis como a un "bicho raro".
2. Cuando me preguntéis cómo estoy, que sepáis que no confío en vosotros. Probablemente mentiré, y diré que estoy bien y que la misa me ha gustado. No es que yo no quiera deciros la verdad, es que tengo algunas heridas y no quiero confiároslas, aún. ¿Qué tal si me contáis primero vuestra historia? Si me gustáis y tengo la impresión de que no estáis intentando convencerme de nada, os contaré la mía.

3. Tengo un lenguaje bastante duro, incluso amargo y rudo acerca de algunas de "vuestras cosas". Si tengo la sensación de que me habláis desde una mentalidad de superioridad, no os escucharé. Si percibo que estáis esperando vuestro turno para hablar "de lo vuestro", en lugar de escucharme e interesaros de verdad por mí, no me va a interesar. No esperéis que sea como vosotros. Al menos, no todavía.
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4. No os molestéis en hacer un gran esfuerzo por presentarme a toda la gente de la parroquia. Quizás, un par de personas, a lo sumo, pero por favor, no me hagáis un comité de bienvenida. Estoy aquí como observador. Necesito un poco de espacio y algo de tiempo. Aún no soy "uno de los vuestros".

5. No busco que mostréis un excesivo interés en mí. No quiero sentirme como parte de vuestro proyecto de salvación personal o ser "uno de los que tenéis que convertir". Si Jesús es quien dice que es, entonces estaré deseoso de verlo reflejado en cada uno de vosotros. Así es como funciona, ¿no?

6. Voy a tener muchas preguntas, pero necesito que me digáis la verdad, no vuestras preferencias o vuestros argumentos o lo que piensa personalmente el cura.  Lo cierto es que fui educado en un colegio de curas y mi experiencia es algo negativa. No me gustan los curas. Por favor, sólo me interesa lo que pueda ser de utilidad para mí.

7. Necesito sentirme como en casa. Sentirme bienvenido, acogido y escuchado, pero creo que al final, será "más de lo mismo" ¿Existe un límite de tiempo o algo en mi visita antes de que me vaya a sentir incómodo? Es decir, yo he estado en otras parroquias, y siempre he sentido que aquello no era para mí, que intentaban "lavarme el cerebro". ¿Cuánto tiempo se necesita en vuestra parroquia para que me sienta así?

Perdonar mi falta de tacto. Sé que sabréis comprender mi actitud.

Gracias.

Os veo este domingo en misa.

viernes, 26 de agosto de 2016

DIFICULTADES EN EL SERVICIO LAICO

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Estamos de acuerdo, como hemos dicho muchas veces, que nuestra Iglesia necesita una profunda renovación. 

El Espíritu Santo sopla en ese sentido y crea olas espirituales que debemos "surfear" y los laicos tenemos una función importante en ello.

No se trata de sustituir a los sacerdotes, ni cambiar el mensaje del evangelio ni amoldarlo a los nuevos tiempos. Se trata de trabajar junto a los sacerdotes, de ser iglesia, de ser estratégicos, de recuperar la identidad de la iglesia, tal y como Jesús la fundó. 

Y eso no va a ser nada fácil.

Será lo más difícil que hayamos hecho nunca
No, en serio, es muy, muy, muy duro! Si pensamos que esto va a ser algo divertido y agradable, estamos muy equivocados. Jesús nos lo advirtió.

La fidelidad y el amor a Cristo no siempre será suficiente; por supuesto, son los requisitos para comenzar, son cruciales y más importantes que cualquier cosa, pero debemos ser capaces de liderar y discipular a la gente. 

Es lo que nos toca hacer; con la ayuda y guía de Dios, por supuesto.

La gente intentará no comprometerse
La gente se comportará de una manera en la parroquia, y de otra, fuera. 

Otros evitarán involucrarse demasiado porque ello requiere tiempo y esfuerzo. Y en esta sociedad actual, son dos bienes escasos.

Nos tocará ser muy perseverantes y diligentes, y aún así, algunas veces no conseguiremos ver fruto. 

Paciencia, no depende de nosotros!!!

Tendremos que luchar contra el pesimismo y la decepción
Tendremos dudas, pesimismo con respecto a las personas de nuestra parroquia e incluso nos "quemaremos". Algunas personas dejarán de asistir a la parroquia, y esto producirá daños, heridas y decepciones.

No importa cuán eficientes o denodados seamos, algunas personas se irán. Es inevitable. Y seguramente pensemos que es algo personal. Pero es el libre albedrío. Dios nos hizo así.

Tendremos que evitar compararnos a otras iglesias
En el juego de las comparaciones, siempre se pierde. Si nos comparamos con una iglesia más pequeña, nos sentiremos orgullosos. Si nos comparamos con una iglesia más grande, sentiremos envidia. Nunca llueve a gusto de todos.

Sufriremos peores ataques desde el interior que desde el exterior
Siempre debemos estar vigilantes y esperar algún ataque del enemigo desde fuera de la iglesia. Éstos, los vemos en seguida. Pero los ataques del enemigo desde dentro, como la traición de Judas a Jesús, son los que más daño hacen y los que menos esperamos.

La Biblia nos advierte que somos enviados en medio de lobos. Debemos estar alerta!

El crecimiento siempre se mirará con ojos cuantitativos 
Una de las mayores tentaciones será medir el crecimiento de la parroquia en base a la gente que asista a las misas. Nos gustaría que esto no fuera cierto, pero lo es. 
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Si la parroquia crece, la gente nos felicitará. Si se contrae, nos culparán. Nos guste o no, así es como la gente piensa. 

Nuestro foco debe estar puesto en la calidad de nuestra parroquia no en la cantidad. Dios quiere la excelencia!

Nunca seremos lo suficientemente buenos
No importa lo que hagamos, habrá gente a la que no le gustaremos. Nunca seremos lo suficientemente buenos para satisfacer todos los gustos. También, sentiremos que hacemos algo mal o inadecuado. 

Debemos dejarlo todo en manos del Señor. Él es el que obra, es nuestro salvador y a quien todo el mundo necesita; nosotros sólo servimos.

Nuestras familias se verán afectadas
Nos guste o no, nuestra dedicación y servicio impactará profundamente en nuestras familias. Por el tiempo que dediquemos, por lo ocupados que estemos, nuestras familias lo notarán.

Nos considerarán menos cualificados porque no somos sacerdotes
La cultura clerical persistente en casi todas las parroquias hacen que la gente sólo siga al sacerdote, por lo que los laicos nunca serán suficientes para la gente.

Nuestra labor es intentar hacer las cosas a las que el sacerdote no puede llegar. Nunca sustituirle.

El dinero siempre será un problema
Tendremos que luchar financieramente, sobre todo al principio. Tenemos que estar preparados para lo que se avecina. 
Los recursos para el servicio nunca son suficientes y la iglesia, en contra del parecer común, no es rica. a lo que se une que en nuestro país tampoco hay cultura de aportar a la iglesia.

Cuando el sacerdote se vaya, muchos se irán con él
Ya sea que elija salir, o le re-ubiquen, perderemos a mucha gente; muchas personas siguen a los sacerdotes en lugar de seguir a Cristo. Es una realidad.

Nuestra tarea es servir a Dios y al prójimo, esté quien esté.

Estamos en guerra espiritual y el enemigo va a atacar 
Satanás siempre está al acecho, y atacará donde más daño hace. Intentará crear desánimo, división, duda, etc. 

No es una guerra humana sino espiritual, por eso debemos estar preparados con la armadura de la fe.

Nos desanimaremos y pensaremos en arrojar la toalla
"Son los lunes tras el domingo". La mayoría de gente tiene una actitud el domingo en misa y el lunes ya la ha olvidado.

Es por ello que es de suma importancia la voluntad. Cuando ésta se tuerce, el pecado entra.

Pero todo valdrá la pena!
No hay nada más grande que la recompensa de una vida plena en Cristo. Vamos a sufrir. No va a ser fácil, pero valdrá la pena. Aceptar el llamado de Dios al servicio es una de las mayores bendiciones y privilegios que Dios nos regala.

Tendremos asientos en primera fila para ver vidas cambiadas, matrimonios sanados, hijos pródigos que regresan. Muchas personas cambiarán por nuestra fidelidad y perseverancia.

Y si no vemos todo eso, tenemos al más grande con nosotros, tenemos a Dios, siempre.