¿QUIÉN ES JESÚS?

La vida de Jesús siempre ha suscitado preguntas a lo largo de los últimos dos mil años.

¿Cómo pudo un carpintero que fue ejecutado por los romanos convertirse en el hombre más famoso de la historia?
¿Fue Jesús alguien verdaderamente real?
¿Cómo puede Dios ser un hombre al mismo tiempo?
¿De qué manera podría esto tener algún sentido para mi vida?

Estas son algunas preguntas, pero aquí tienes un espacio para formular las tuyas.

sábado, 29 de agosto de 2015

SOLO QUIEN SABE OBEDECER HONRA AL PADRE

"Cada uno en esta vida debe someterse a las autoridades.
Pues no hay autoridad que no venga de Dios,
 y los cargos públicos existen por voluntad de Dios.
Por lo tanto, el que se opone a la autoridad
se rebela contra un decreto de Dios,
y tendrá que responder por esa rebeldía."
 (Rom 13, 1-2)

En nuestra sociedad individualista, donde la afirmación de uno mismo, el ego y el reconocimiento social priman sobre todas las cosas, se hace muy difícil entender la obediencia como una virtud. Se ve más como un sometimiento, una humillación e incluso una debilidad: es bueno mandar, es malo obedecer.

Pero para nosotros, los cristianos, el punto de referencia es Cristo. Es el modelo a imitar. Y Cristo nos mostró el verdadero espíritu de sumisión y obediencia, a su Padre celestial, a sus padres humanos, a las leyes religiosas de su tiempo y a las autoridades civiles . Y nos enseñó a sus discípulos que la obediencia es una virtud fundamental, clave en el servicio.

Para entender la obediencia, debemos entender la autoridad. Ante todo, es necesaria para que un grupo de personas pueda formar una unidad, funcionar al unísono, organizados y coordinados.

La autoridad no es arbitrariedad, no es privilegio, no un medio para satisfacer los propios deseos...es un servicio. 

La autoridad auténtica huye de los parabienes, de los aplausos, de las medallas, de las felicitaciones. El que manda debe ser quien más sirve y su mando está al servicio de los “mandados”; cada uno sirve desde su puesto.

La obediencia no suprime la libertad ni tampoco es sometimiento del más débil al más fuerte. No es una imposición del poder. Es el mejor camino de desarrollo personal: mientras me formo, obedezco y mientras obedezco, aprendo, me desarrollo y adquiero disciplina. 

También, me doy cuenta de que quien está a la cabeza tiene más datos, ve todo el conjunto, sabe a dónde dirige el todo, coordina distintos esfuerzos, etc.
La obediencia tiene como principales virtudes la humildad, la generosidad y la responsabilidad, que, al mismo tiempo, potencia.

Y entre sus principales obstáculos, la envidia, la soberbia, la pereza y el egoísmo.

Cuando obedecemos, cumplimos la voluntad de Dios, pero no de un modo absoluto o fundamentalista, sino por el origen divino de toda autoridad: al crear al hombre como un ser social, Dios quiso que hubiera una autoridad.

La obediencia debe ser inteligente y voluntaria, enriquecedora. Es un servicio al bien. Requiere madurar e involucrarse personalmente al hacer las cosas, sin huir de los problemas, sin humillarse ni someterse, pero tampoco, por supuesto, rebelarse.

P. Eduardo Volpacchio


viernes, 28 de agosto de 2015

ANTES SENCILLO QUE MUERTO

 
“Mira, lo que hallé fue sólo esto: 
Dios hizo sencillo al hombre, 
pero él se complicó con muchas razones.” 
(Ecls 7, 29)

A los seres humanos nos gusta complicar las cosas. En un mundo de consumo e inmediatez, vivir con sencillez es complicado. Y es que nos hemos vuelto muy sofisticados, lo queremos todo y lo queremos ya.

Nos complicamos la vida con un sinfín de artificios, afanes, compromisos, apariencias, modas y comportamientos y estamos más pendientes de la complicación y del bienestar, que de la entrega y el sacrificio. 

Compramos cosas que no necesitamos, con dinero que no tenemos, para impresionar a personas que no queremos.

Ser cristiano implica sencillez, naturalidad y humildad. Jesucristo vivió una vida sencilla, desde su nacimiento hasta su muerte, huyó de la pomposidad, del boato y de la apariencia. “porque el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado”(Lc 14, 11). 

Habló de forma natural y sencilla, mediante parábolas y palabras fáciles de entender. Se rodeó de los apóstoles, personas humildes y normales.

“Dios ha elegido lo que es común y despreciado en este mundo, lo que es nada, para reducir a la nada lo que es. Y así ningún mortal podrá alabarse a sí mismo ante Dios.” (1 Cor 1, 28-29)
La verdadera razón de todas estas complicaciones que inventamos y que nos esclavizan, no es otra que la búsqueda del propio reconocimiento. 

Nuestra tendencia y nuestro gran error es darnos importancia a nosotros, pensar que todo depende de nuestra capacidad y esfuerzo, de nuestros conocimientos y aptitudes, del “yo”.

Pero la sencillez es abrir el corazón y dejar entrar a Dios, desterrando el odio, el orgullo y el egoísmo. Es abnegación, humildad y misericordia.

La sencillez es abrir la mente y dejarse interpelar por Dios, desterrando el prejuicio, la rebeldía y la duda. Es entrega, mansedumbre y confianza.

La sencillez nos lleva a reconocer que lo que tenemos es un regalo de Dios, que su cuidado es asunto suyo, y que está al servicio de los demás.

“… pues he aprendido a contentarme con lo que tengo. Sé andar escaso y sobrado. Estoy avezado a todo y en todo: a la saciedad y al hambre; a la abundancia y a la privación. Todo lo puedo en Aquel que me conforta. 
(Flp 4, 11-13)

jueves, 27 de agosto de 2015

NUEVA EVANGELIZACIÓN

La nueva evangelización significa que hay que volver a evangelizar como en la Iglesia primitiva del siglo I, puesto que la secularización domina nuestro mundo del siglo XXI y produce una acelerada y generalizada descristianización.

Significa diagnosticar para, después, restaurar en los corazones los valores que ejemplificó con obras el propio Jesucristo, como el amor, la caridad, la fraternidad, la igualdad, la solidaridad… y que han sido sustituidos por el progreso, la productividad, la eficacia, el éxito o el consumo de "usar y tirar", que bien podrían definirse como propios del "Anticristo", que no es más que la sustitución de Cristo (Dios) por el Hombre, tal y como ocurrió en el Edén.

Significa también que hay que hacerlo de una manera nueva, con nuevos métodos y nuevas estrategias, para no incurrir en los errores del pasado y afrontar los nuevos retos, desafíos y circunstancias actuales.

Significa iglesias con puertas abiertas de entrad y salida, donde ponernos todos en "modo misión", en nuestras periferias (familiar, social, cultural, tecnológica, económica, etc.) ofreciendo dialogo sin presión, atención y ayuda con esperanza, valentía, alegría.
 
Significa entender a Jesús no como una opción de fe individual, guardada en un cajón y sacada a airear los domingos por la mañana, antes del "aperitivo", sino como una fuerza colectiva, impulsora del cambio y transformación de esta sociedad orientada exclusivamente al ego personal, al "yo" , y conducirla hacia el Reino de Dios.

Si "la mujer del César no sólo tiene que ser honrada, sino parecerlo”.... con mayor motivo, la esposa de Cristo debe "ser reflejo de Cristo" y "ser ejemplo" para el mundo.

La Iglesia, familia de Dios, está formada por todos y para todos, no debe ser el ámbito exclusivo de unos pocos.

miércoles, 26 de agosto de 2015

EL SENTIDO DE LA VIDA: SERVICIO Y AMOR, Y VICEVERSA

¿Quién no se ha preguntado alguna vez por qué o para qué vivimos? ¿Quiénes somos, de dónde venimos y adónde vamos? Nuestra naturaleza humana es lo único que nos impulsa a buscar el sentido último de nuestra vida. Los animales no tienen esa capacidad.

Plantearse y encontrar el sentido de la vida no es tarea fácil. De hecho, muchos nunca se han planteado siquiera esta cuestión y viven por inercia una vida vacía y sin sentido.

Sin embargo, el sentido último de nuestra vida es lo que nos motiva, lo que nos impulsa, lo que nos llena y lo que nos hace felices. Lo que nos ayuda a superar los obstáculos y nos permite ser más eficaces, enfrentar los problemas desde una perspectiva superior.

¿La vida es un vacío creado por el caos y la casualidad o se fundamenta en un propósito eterno diseñado por un creador supremo?

Optar por lo primero es vivir en base a los sentimientos, donde la prioridad soy yo mismo. Optar por lo segundo, es vivir en base a la fe, donde la prioridad es Dios.

El gran error de vivir en los sentimientos consiste en buscar las cosas materiales, las cosas que creemos que nos hacen felices o que nos agradan, pero nos anclamos en lo fácil, en lo egoísta, en lo banal, en el “YO”.
Vivir en la fe es tener la certeza de que hemos sido creados con un propósito, por una razón, para una misión. El secreto de la existencia está en saber para quién se vive y tiene que referirse necesariamente a alguien. Y ese alguien es Dios, que nos ama tal y como somos, sin limitaciones, para siempre, pase lo que pase, hagamos lo que hagamos. 

Vivir en la fe consiste en buscar a Dios y las cosas de Dios, aquello por lo que estamos dispuestos a sacrificarnos, por lo que estamos dispuestos a dejarlo todo y por lo que vale la pena luchar de verdad.

Dios sale al encuentro del hombre: “porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Juan 3,16). 

Y porque hemos sido creados a su imagen y semejanza, el sentido último de nuestra vida es servir a Dios y a los demás, o lo que es lo mismo, el AMOR.

Jesucristo nos muestra el camino: El SERVICIO. 

Él da sentido a su vida (y a la nuestra) sirviendo y muriendo por amor: “el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos” (Mt 20, 28).

He aquí el sentido de nuestra existencia: AMOR y SERVICIO, y viceversa.

UN AMOR QUE NO CONOCÍA

Alecksi no esperaba mi visita hoy. Ni siquiera sabía que yo existía.

Búlgaro de nacimiento y madrileño de padecimiento, pasa de los cincuenta y tantos. 

Está solo en este mundo pero sus ojos desprenden amor y alegría. 

Las arrugas de su rostro reflejan años de no poco trabajo y sacrificio. Pero él no se rinde, nunca lo ha hecho.

Me he presentado y le he preguntado si quería pasear. Con una sonrisa de oreja a oreja me ha dicho en un castellano del centro de Europa: Claro!!!

Hemos caminado durante más de media hora entre pinares. 

Lo de menos ha sido la conversación, ni tan siquiera el sol, ni los pájaros. 

Lo de más ha sido su alegría, que es la mía, su sufrimiento que es el mío, su coraje y fuerza de voluntad que me han cautivado.

Hace un mes estaba postrado en una cama.

Hoy sube y baja desde su habitación en la 5ª planta, diecisiete veces al día, y no por prescripción médica.

Tiene memorizados los escalones: 65, es decir más de mil al día, exactamente 1105.

Reconozco que hoy no he ido a la clínica movido por un empeño narcisista, ni una búsqueda ansiosa de recompensa egoísta, ni tan siquiera por mi deber cristiano. 

Lo he hecho, sin más. Bueno, sin más no: lo he rezado antes.
Hoy he aprendido una lección de vida porque Dios me ha regalado su amor a través de Alecksi.

Hoy no soy mejor que ayer pero el corazón se me sale del pecho.

No ha sido generosidad. Ha sido amor mutuo, de tú a tú, de corazón a corazón.

Hoy he vuelto a recordar que Dios nos ama tal y como somos, a todos y cada uno de nosotros, con nuestros nuestros talentos y nuestras penurias. 

Y nos ama no porque hagamos esto o lo otro.


NOS AMA Y PUNTO!!!

martes, 25 de agosto de 2015

IGLESIAS DE PUERTAS ABIERTAS

  “Pensad en una madre soltera que va a la Iglesia, a la parroquia
y le dice al secretario: 'Quiero bautizar a mi niño'.
Y el que la acoge le responde: 'No. 
Tú no puedes porque no estás casada'.
Esta chica que tuvo el coraje de continuar con su embarazo 
y no devolver a su hijo al remitente 
¿qué encuentra? Una puerta cerrada.
Pensad en dos novios que quieren casarse 
y se presentan en la secretaría de una parroquia 
y, en vez de apoyo o de felicitaciones, 
oyen enumerar los costes de la ceremonia
o les preguntan si sus documentos están bien.
En lugar de abrir las puertas, las cerramos.
en lugar de ser facilitadores de la fe, somos controladores.”
(Papa Francisco)

Quien se acerca a la Iglesia debe encontrar las puertas abiertas y no fiscales de la fe. Y así, si seguimos este camino y con esta actitud, no estamos haciendo bien a la gente, al Pueblo de Dios." Jesús creó los siete sacramentos y con este tipo de actitud creamos un octavo: ¡el sacramento de la aduana pastoral!”.
 
Se trata de una dura crítica para quienes pretenden ser más papistas que el papa y que posiblemente tendrían que entender que cerrar esa puerta es siempre un contrasentido y está muy lejos de la misericordia divina y del mensaje de Jesucristo.

En Mc 10, 13-16, Jesús reprocha a los discípulos la intención de alejar de él a los niños que la gente llevaba para pedir una caricia. 

Los discípulos proponían “una bendición general y después todos fuera”, pero ¿qué dice el Evangelio? Que Jesús se indignó diciendo “dejad que vengan a mí, no se lo impidáis. A quien es como ellos pertenece el Reino de Dios”.

Es “una tentación que tenemos; la de adueñarnos, apropiarnos del Señor”. Lo mismo le pasaba al hijo mayor de la parábola del hijo prodigo o a los mismos apóstoles cuando Jesús los reprende por impedir a la gente acercarse a él. 

No lo hacían por maldad: querían sólo ayudarle. Lo mismo hicieron aquellos que en Jericó, trataron de hacer callar al ciego que, advertido de la presencia de Jesús, gritaba para atraer su atención y hacerse salvar.

Dios es grande, perdona siempre,
ama al pecador pero aborrece el pecado y, en el peor de los casos, ¿qué culpa tienen los niños o los que buscan encarecidamente a Dios? Jesús quiere que todos se acerquen a Él. 
 
Nunca se pueden cerrar las puertas de la Iglesia a quien con un buen fin acude a ella. Las iglesias no son oficinas donde presentar documentos y papeles cuando se pide entrar en la gracia de Dios.  Fuera burocracia!!!

Hay mucho resentimiento entre los “justos” y los “rectos.” Hay mucho juicio, condena y prejuicio entre los “santos.” Hay mucha ira entre la gente que está tan preocupada por evitar el “pecado.”

¿Qué hace más daño, la lujuria del hijo menor o el resentimiento del mayor? ¿Quién está más perdido, el hijo que regresa o el que ha estado siempre en casar? ¿Qué alegra más al padre, el arrepentimiento del menor o la recriminación del mayor?

Todos estamos llamados a confiar en el amor misericordioso de Dios, que lo perdona todo y a convertirnos, ya seamos uno u otro hijo.

Jesús dice: En la casa de mi Padre hay sitio para todos (Jn 14,2). Cada hijo de Dios tiene su sitio, todos ellos son hijos de Dios. 

Tenemos que dejar de lado cualquier intento de comparación, cualquier rivalidad o competición, y rendirnos al amor del Padre entrando en casa y festejando el regreso de nuestro hermano. 

Mientras permanezcamos fuera, en la oscuridad, sólo podremos experimentar la queja y el resentimiento. Fuera de la luz, nuestro hermano menor parece más querido por el Padre que nosotros; más aún, fuera de la luz, ni siquiera lo reconocemos como nuestro hermano.

Jesús es enviado por el Padre para revelar el amor duradero de Dios hacia todos sus hijos (perdidos o resentidos) y para ofrecerse a sí mismo como el camino para llegar a casa. Jesús es el camino de Dios para hacer que lo imposible sea posible, para dejar que la luz conquiste la oscuridad, para dejar que todos se acerquen al Padre.

lunes, 24 de agosto de 2015

EL ANHELO DE INDEPENDENCIA

“Permaneced en mí, y yo en vosotros. 
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, 
si no permanece en la vid, 
así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
(Jn 15,4-5)

El anhelo de independencia es parte de nuestra naturaleza humana desde el inicio de la creación, con Adán. El primer hombre lo buscó aliándose con el mayor enemigo de Dios y así le fue…así nos fue…

El hombre actual vuelve por sus fueros y proclama a los cuatro vientos su deseo de autonomía e independencia de Dios. 

El hombre no tiene ni siente necesidad de Dios porque el hombre quiere ocupar el lugar de Dios. Es una vieja historia, renovada hoy por el hombre posmoderno. 

La exaltación del hombre es el culmen de la posmodernidad pero es también su crisis: el tiempo de la secularización, el tiempo del relativismo ético y de la desorientación moral en la cual el hombre no sabe decir más nada sobre sí mismo, de dónde viene, adónde va, y cuál es el sentido de su vida y de su caminar. 

Lo mismo le pasó al hijo pródigo en la parábola de Jesús: se creyó “su propio padre”, pidió su independencia y dilapidó su herencia.

El anhelo de independencia desune, hace que la familia y el matrimonio pierdan su sentido. Desde el principio, el Diablo ha intentando sembrar discordia en la pareja y en la familia, enfrentando a hombre contra mujer, a hermano contra hermano, padre contra hijo…

Con el aumento significativo de los divorcios, de las familias desintegradas, de las convivencias libres y sin compromiso y de las uniones homosexuales parece que los matrimonios y las familias están en peligro de extinción, tienden a desaparecer del todo.
Las crisis de la pareja, del matrimonio y de la familia son síntomas de una crisis todavía más profunda. Cuando se quiebran las columnas que sostienen la casa, significa que la misma casa está por colapsar. 

La crisis de la pareja, del matrimonio y de la familia, conducen a una crisis todavía más profunda, la de la sociedad. 

Una sociedad enferma incapaz de hacer un diagnostico real y que ha vuelto la espalda a Dios creyéndose capaz de auto-curarse por sí sola. Sólo Cristo salva; sin él no hay camino posible a la vida.

Para que el amor en la pareja reflorezca, para que el matrimonio sea nuevamente valorado y la familia resurja de sus cenizas es necesario volver a las raíces de la fe, es necesario rencontrarse con Jesús, salvador y redentor de la humanidad, quien no tuvo anhelo de independencia al entregarse por todos nosotros.

El anhelo de independencia impide al hombre comprometerse. Muchos chavales dejan de estudiar porque no quieren comprometerse a la disciplina de ir al colegio cada día y cumplir con sus deberes. 

Otros pierden su trabajo porque no quieren cumplir con la rigidez del horario o con las órdenes de un “jefe caprichoso”. Muchos no quieren comprometerse con la sociedad, con el gobierno, con las leyes...

El anhelo de independencia (de Dios) es la esencia del pecado. En el principio fue Satanás, que anhelaba el poder, ser como Dios. Luego, engañó y embaucó a Adán. 
Hoy enreda a muchos cristianos, que añoran una cierta autonomía y libertad, una cierta distancia de Dios, darle la espalda, y se preguntan ¿por qué no puedo gobernar mi vida yo solo?

No matan, no roban (Satanás no robó ni mató; ni tampoco Adán), creen ser buenas personas pero prefieren vivir la fe a su modo, individualmente, sin necesidad de Dios. 

Es la negación del derecho de nuestro Creador a guiar nuestra vida, es la esencia de la rebelión contra Dios, del pecado original.

El anhelo de independencia implica creerse la mentira de Satanás de “ser como Dios”. Si el Diablo consigue que pensemos así y actuemos independientemente de la voluntad divina, entonces controlará nuestra voluntad y nuestra vida. 

Creeremos que estamos actuando por nosotros mismos, que estaremos decidiendo con libertad, lo cual forma parte del engaño de Satanás, pero en realidad, estaremos actuando bajo sus órdenes, bajo su poder y bajo su voluntad.

El anhelo de independencia es excluyente, divide a los hombres, separa a las parejas, aleja a los hijos, aparta a los hermanos, distancia al ser humano Dios y le transforma en un monstruo insaciable de gloria, ansioso de éxito y ávido de poder. 
Lo excluyente es egoísta y el egoísmo es lo contrario del amor, lo opuesto a Dios. El amor y la misericordia divinas no excluyen a nadie; todo lo contrario, unen, sanan, dignifican y redimen.

Ser como Dios es cumplir su voluntad. Ser como Dios es haber sido creados a “Su imagen y semejanza”. Ser como dios es reconocerle nuestro Padre y Creador. Ser como Dios es amar como Él. Ser como Dios es ser “perfectos, así como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”.


JESÚS: LA GRAN PARADOJA DE UN SEÑOR QUE SIRVE

En nuestro siglo XXI, el individualismo y el frenético ritmo de vida es lo que prima, es lo que "toca", por lo que reunirse en torno a una mesa es, a veces, difícil y complicado pero vale la pena: compartir experiencias de nuestras vidas, nuestros problemas y nuestras dichas crea cálidos vínculos afectivos, de intimidad y cohesión, de complicidad y de bienestar emocional.

El evangelio de Lucas presenta en muchas ocasiones a Jesús comiendo con pecadores y publicanos, en casa de fariseos, y también con los discípulos… 

Jesús no hace discriminaciones, come con los "mal vistos", con los más nobles y respetables y también con sus amigos.

En estas cenas, Jesús pronuncia las enseñanzas fundamentales de su Padre, se expresa con palabras, con gestos y actitudes; de hecho, su comportamiento es totalmente polémico, insólito y radical: come con gente impura, algo que no tenía cabida en la tradición judía y mucho menos, en un profeta honorable, en un hombre religioso, en un israelita fiel...
  
En sus cenas con los fariseos, Jesús pone de manifiesto el valor de la generosidad, de la sencillez, de descubrir la necesidad de ver la realidad con los ojos de las víctimas. 

Nos muestra la misericordia de Dios, que busca a todos y de una manera preferente, a las personas socialmente estigmatizadas, a los llamados pecadores de la sociedad.

En la tradición del Israel del siglo I, para acercarse a Dios, era necesario separarse de lo profano y someterse a una serie de ritos purificadores.

Pero Jesús cambia el paradigma de la santidad por el de la misericordia: nos muestra que es Dios quien se acerca y busca a los hombres y por tanto, nosotros nos acercamos a Dios, no en la medida en que buscamos la santificación sino en la medida en que mostramos amor misericordioso a los demás, sobre todo, a los más excluidos y los más pobres.

Lo que nos separa de Dios no es un abismo metafísico, sino nuestra falta de misericordia. Para Jesús, la pureza consiste en dar a los demás, a los pobres, lo que se tiene, en compartir, en ser generosos...

Jesucristo recrimina a los fariseos que impongan una errónea y onerosa interpretación de las leyes, difícil de cumplir por todos, que agobia y que no resulta liberadora. 
Al contrario, Él da a los judíos (y a nosotros también) una interpretación liberadora de la Ley basada en la justicia y el amor: se trata de pasar de la reciprocidad interesada al amor gratuito, a la acogida y a la solidaridad con los demás, sobre todo, con los pobres y marginados.

Como en la parábola (cap. 14, 12-24), nos insta a ir a los extrarradios e invitar a los pobres y a los inválidos, a los ciegos y a los cojos, quienes jamás tienen ocasión de participar en un banquete así, en lugar de gente de mayor rango, que se niega a aceptar su invitación o si lo hace, es por compensación o reciprocidad.

En sus cenas con los discípulos, Jesús nos explica que seguirlo a Él pasa por el servicio a los hermanos. Dios quiere ser acogido por los hombres, no porque busque algo de ellos, sino porque quiere sentarlos a su mesa y servirles; es decir, comunicarles su vida y su amor.

En el banquete de Dios, cada uno da según sus posibilidades y recibe según sus necesidades, donde el Señor sirve y los invitados descubrimos con asombro lo que su amor nos tiene preparado.

domingo, 23 de agosto de 2015

IGLESIA EN MOVIMIENTO

Movimiento e Iglesia han ido siempre de la mano. Desde los comienzos del cristianismo, la Iglesia ha tenido que moverse para cumplir el mandato de Cristo de evangelizar. Hoy día, debería ocurrir lo mismo!

Los movimientos eclesiales son comunidades de laicos dentro de la Iglesia católica que tienen una determinada forma de llevar a cabo o vivir la fe católica y están dedicadas a la evangelización y actividad misionera. 

Pero hoy no hablamos de movimientos eclesiales sino de actitudes individuales y/o colectivas concretas, dirigidas a todos los cristianos...estén "en movimiento" o "en paro".

¡Renueva tu parroquia!

Muchos cristianos tienen a su parroquia tan sólo como una cita semanal. “Fichan” a la entrada y a la salida como si fuera su trabajo y luego se van a casa, quejándose de “lo muerta que está la iglesia” y no hacen nada! 

La Iglesia estará tan viva y vibrante en tanto en cuanto lo estén sus miembros, porque ¡ellos son la iglesia! El apóstol Pablo dijo: “Todos somos parte del cuerpo de Cristo”, y como tal, se nos pide que hagamos un trabajo específico en el cuerpo. 

Comprométete con tu parroquia; busca la forma en la que tus talentos, tus dones y los de toda la comunidad sirvan para que tu parroquia esté viva y en continuo crecimiento.
¡Sé un discípulo misionero!
Echa un vistazo a la naturaleza: una planta crece y se desarrolla hasta un determinado momento, en el que ya no puede crece más. Entonces, da fruto y se reproduce. 

La parroquia es como una planta: debe crecer, dar fruto abundante y reproducirse mediante el discipulado.

Sirve en tu parroquia, sé voluntario, dale a alguien tu regalo de más valor, tu tiempo. Da a conocer a Jesús a otras personas y serás un autentico discípulo misionero.

Dios no desea que nos pongamos muy cómodos en esta vida. Jesús nos enseñó el camino: dejó su casa, su familia, su zona de confort y salió a contarle al mundo el plan de Dios. No es un camino de rosas, pero nada que valga la pena jamás será fácil.

¡Comparte experiencias con otras parroquias!
Esto no quiere decir que tengas que cambiarte de parroquia ¡No, no necesariamente!, sino simplemente que aprendas como otros cristianos honran a Dios. 

El cristianismo ha sido siempre una fe comunitaria, grupal. La Iglesia no son reductos individuales y autónomos; todas las comunidades deben estar conectadas entre sí. 

Debemos de buscar a Dios juntos, compartiendo conocimientos y experiencias y así podemos ser de mucha utilidad los unos con los otros y ayudarnos durante las dificultades a las que tengamos que enfrentarnos.

Es muy edificante conocer a personas que tienen formas, costumbres y métodos diferentes y que también son nuestros hermanos, aunque sean de otra parroquia. Ver cómo otros trabajan, sirven, oran o adoran puede ayudarte a entenderlos mejor y quizás a valorar la propia manera de adorar de tu parroquia. 

¡Alaba a Jesús con música!
Nada toca nuestro espíritu ni alegra nuestro corazón tanto como la música. 

Esto explica por qué ha sido una parte tan importante en la historia del hombre. 

Jesús quiere gozo en su casa, quiere risas y quiere canciones. No tengamos vergüenza de alabar a Dios con la alegría de la música sea del tipo que sea, clásica o moderna, pop o hasta Hip Hop…
¡Perdona siempre!
Es una de las cosas más difíciles a lo cual somos llamados como cristianos. Cuando nos hieren es muy difícil soltar el dolor causado por las heridas. Queremos justicia, venganza, castigar a quienes nos han herido. 

Pero si no perdonamos, también nos hacemos daño a nosotros mismos. Llenamos nuestro corazón de resentimiento y odio. Cristo nos llama a despojarnos de todo rencor y a perdonar así como hemos sido perdonados. 

Cuando perdonamos lo hacemos también por nosotros mismos.

¡Escucha a Dios!
Dios puede hablarnos en medio de las tormentas y torbellinos de la vida, pero muy a menudo nos habla a través del leve susurro de su voz; el cual muchas veces queda apagado por el ruido del mundo moderno y sus afanes. 

Ora continuamente, escucha, toma tiempo todos los días para estar alerta, en silencio y quizás te sorprendas de lo que escuches.

sábado, 22 de agosto de 2015

ORGANIZANDO LÍO A GRAN ESCALA

“Hagan lío y organícenlo bien.
Un lío que nos dé un corazón libre,
un lío que nos dé solidaridad,
un lío que nos dé esperanza,
un lío que nazca de haber conocido a Jesús
y de saber que Dios a quien conocí es mi fortaleza.
Ese es, debe ser, el lío que hagan”.
(Papa Francisco)

El “hagan lío” de Francisco supone primero de todo,  abrir las puertas de las iglesias de par en par

Es una interpelación de doble sentido: para que la humanidad dolorida entre y encuentre refugio en la casa de Dios pero también para que desde adentro salgamos y llevemos al mundo, a todos, el tesoro que custodia.

Francisco pide que una vez abiertas las puertas,  la Iglesia ¨se implique y salga a la calle¨, es decir, que ¨salga de la mundanidad, la instalación, la comodidad y el clericalismo¨.

Nos llama a vivir el Evangelio “a fondo”. Se trata de un "problema de ejercicio". "Lo que nos está faltando es el ejercicio espiritual. La teoría la sabemos, pero el ejercicio hay que ponerlo en práctica".

La iglesia se ha acomodado, ha engordado, ha dejado de hacer ejercicio y eso no es sano. La Iglesia ha olvidado su identidad misionera y su DNI (desarrollo natural de la iglesia) se ha perdido. La Iglesia está “hecha un lío” pero no “hace lío”.

Explicar la esencia del cristiano es fácil, lo difícil es practicarlo, porque se trata de "vivir la caridad profundamente" y de ponerla en práctica “con signos evidentes”: caridad al prójimo, amor al prójimo como a uno mismo, y la pregunta es si este mundo que ya se ama demasiado así mismo… es capaz de amar también al prójimo.
  
El Papa quiere “liarnos” y que nosotros “liemos” al mundo para cambiar el “humanismo financiero” que suicida a la humanidad, el gran culto al dinero, que excluye al hombre (joven y anciano) y lo aleja de Dios.

“Liarse” es comprometerse, implicarse, responsabilizarse, movilizarse, obligarse, arriesgarse, atreverse, aventurarse, exponerse, animarse, lanzarse, encargarse, alistarse, concienciarse, moverse, exigirse, activarse…

“Liar” es hacer participar, intervenir, responder, asumir,  emprender, colaborar, cooperar, concurrir, ayudar, intervenir, contribuir, participar, terciar, mediar, influir, actuar, ejecutar, ejercer, elaborar, proceder, intervenir, trabajar…

¿Estás orgulloso de llevar en tu cuello una cruz, signo de tu pertenencia a Jesús? o 
¿lo escondes y prefieres exhibir una piedra, un signo del horóscopo o la letra de tu ego? 
¿Hablas de tu Salvador a los que te rodean? ¿o lo escondes para ti solito por miedo, pudor o simple egoísmo? 

¿Actúas como Cristo, escandalizando con amor a los demás? ¿o sigues la corriente y te dejas arrastrar como las medusas?

Necesitamos mostrar signos visibles de nuestra fe, y el signo que exhibimos manifiesta lo que es importante para nosotros, que no somos indiferentes a Dios, y nos  recuerda que somos cristianos, que somos de Cristo.


 “No tengamos miedo de hablar de Dios 
ni de mostrar los signos de la fe con la frente muy alta.”
(San Juan Pablo II)