¿QUIÉN ES JESÚS?

La vida de Jesús siempre ha suscitado preguntas a lo largo de los últimos dos mil años.

¿Cómo pudo un carpintero que fue ejecutado por los romanos convertirse en el hombre más famoso de la historia?
¿Fue Jesús alguien verdaderamente real?
¿Cómo puede Dios ser un hombre al mismo tiempo?
¿De qué manera podría esto tener algún sentido para mi vida?

Estas son algunas preguntas, pero aquí tienes un espacio para formular las tuyas.
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lunes, 5 de enero de 2026

EL NUEVO AMANECER DE LA FE

 
Según el Anuario Pontificio 2025 y el informe de la agencia Fides, se está produciendo un nuevo amanecer de la fe católica, una nueva primavera de la Iglesia, especialmente entre las nuevas generaciones impulsada, contra todo pronóstico, por las sobredosis de incertidumbre, desencanto, superficialidad, escepticismo, secularismo y relativismo de la sociedad actual, que dejan sin respuesta las preguntas más profundas sobre el sentido existencial.

En 2025, el número de fieles católicos bautizados superó los 1,406 millones (+15 millones respecto a 2024) y supone el 17,8% de la población mundial. El aumento más notable se registró en África (+8,3 millones) y América (+5,6 millones).

En Inglaterra y Gales, el porcentaje de jóvenes de 18 a 24 años que se identifican como cristianos practicantes creció del 4% en 2018 al 16% en 2024. Entre los varones jóvenes, ese número llega al 21%. 

En Francia, más de 7.000 adultos fueron bautizados durante la Pascua de 2024, un 32% más que el año anterior, y más de un tercio de ellos tenían entre 18 y 25 años. Lo que parecía una anomalía aislada comienza a perfilarse como una tendencia continental.

En Suecia, uno de los países más secularizados del mundo, el porcentaje de jóvenes que cree en Dios ha aumentado en un 28% respecto a sus abuelos en los últimos años.

Mientras Europa debate sobre identidad y África florece en vocaciones, América se convierte en el corazón palpitante del catolicismo global. De los más de 7.900 millones de habitantes del planeta, 671 millones son americanos que profesan la fe católica, lo que equivale al 64,2% de la población del continente. Es decir, casi dos de cada tres habitantes de América creen en Cristo.
En un mundo marcado por la volatilidad y el individualismo, muchos hijos pródigos, sintiéndose huérfanos por propia decisión, vuelven a la casa del Padre buscando seguridad y sentido, comunidad y pertenencia, tras haber visto de cerca el vacío. 

Una ola 'silenciosa' de conversión y renovación está ganando fuerza entre los jóvenes (Generación Z y Millennials) que vuelven su mirada hacia lo eterno frente a lo efímero que les ofrece el mundo posmoderno, que impulsa a cuestionarlo todo, haciéndolos caminar sobre terreno inestable y nada firme.

El mensaje cristiano, muchas veces mal interpretado y otras, mal enseñado, nos ofrece un compromiso real y auténtico con el mundo (el prójimo) y no tanto con los dogmas (los mandamientos).

Dice san Agustín, "Ama y haz lo que quieras", queriendo mostrar que el amor está por encima de todo y es lo que realmente mueve el corazón del hombre, mientras que el mundo tergiversa ese motor y lo convierte en egoísmo. 

Si amamos, los mandamientos de la Antigua Alianza se cumplen por sí solos y sin esfuerzo alguno. Es entonces cuando entramos en la Tierra Prometida de las Bienaventuranzas, porque el amor conduce a la verdadera felicidad.

En una sociedad individualista y egoísta, materialista y acomodada, los católicos debemos salir de nuestra comodidad y enforzarnos por recuperar el mensaje revolucionario de Jesús para hacerlo presente en el mundo. 

Hemos dejado de hablar de Dios y de amor, de valores y de verdad, de solidaridad y de justicia, de trascendencia y eternidad. Y por ello:

O le damos un sentido a la vida o la vida no tiene sentido. 
O buscamos la trascendencia o todo se vuelve intrascendente.

miércoles, 10 de diciembre de 2025

FE DE COMPROMISO O FE POR COMPROMISO

"¿Quién de vosotros, si tiene un criado labrando o pastoreando, 
le dice cuando vuelve del campo: “Enseguida, ven y ponte a la mesa”? 
¿No le diréis más bien: “Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, 
y después comerás y beberás tú”? 
¿Acaso tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? 
Lo mismo vosotros: cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, 
decid: “Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”
(Lc 17,7-10)

La vida del hombre es un camino de compromisos continuos, de exigencias naturales y necesarias (levantarse, trabajar, comer, descansar, etc.) pero hay otros, muchos, que no provienen de la necesidad, sino de la opción libre de cada uno (casarse, crear un familia, servir a Dios y al prójimo, etc.).

Por desgracia, la actitud predominante en nuestra sociedad es la de rechazar cualquier compromiso que suponga cierta dificultad, inconveniencia o que conlleve la merma de la propia libertad. Prueba de ello es el individualismo, el hedonismo y el relativismo que impera en este mundo.

Esta indiferencia también existe en la vida espiritual: no quiero problemas y evito complicaciones, soy creyente pero elijo vivir mi fe "libremente", prefiero ver "los toros desde la barrera" o, mejor dicho, cierro los ojos y los oídos ante lo que me compromete...

Una falta de compromiso que se manifiesta en una forma de ser "religiosamente correcto", en la tentación del "buenismo espiritual": decir lo que los demás quieren oír o en callar por temor a ofender o para no crear problemas...pasar de puntillas por las responsabilidades u obligaciones espirituales para "vivir tranquilo" una fe de mínimos. 

Algunos lo denominan "prudencia", pero en realidad se trata de tibieza, de desgana o desinterés, con el único propósito de no asumir la exigencia del Evangelio. Algunos quieren vivir todo en libertad (también la fe) y, sin darse cuenta, optan por el mal (aunque no sea por acción sino por omisión) porque la auténtica libertad implica no sólo evitar el mal, sino tomar partido por el bien, es decir, comprometerse.

Una fe sin compromiso es una fe enferma, débil, vacía, sin sentido...es una charca de agua estancada en lugar de un río de agua viva, es un edificio abandonado y a punto de colapsar en lugar de un faro en plena oscuridad...

Cada responsabilidad que adquiero con Dios es un ladrillo en la construcción de Su Reino, una luz que ilumina Su camino, pero si no construyo o no "ilumino", no cumplo la voluntad de Dios ni sigo el ejemplo de Cristo. 

Y entonces, más que un "obrero de la viña", soy como esos "jubilados", como esos "mirones profesionales" que contemplan las obras de construcción pero no mueven un dedo ni intervienen....sólo "miran".

El compromiso con Dios implica mucho más que asistir a misa o a actividades espirituales de forma esporádica. Se trata de crear una relación estrecha con Dios a través de la oración, el servicio a los demás, la participación en la comunidad cristiana y la búsqueda del bien de otros.
Hay una gran diferencia entre una fe de compromiso y una fe por compromiso, entre una fe exigente y una fe cómoda:
  • Sin compromiso, debilito mi capacidad para cumplir la misión de evangelizar, servir y transformar el mundo, de defender los valores cristianos y de crecer en la fe, la esperanza y la caridad.
  • Por compromiso, establezco una "fe sociológica", superficial, apática, no participativa sino "de expectativas" que me conduce a experiencias esporádicas y emotivas, como la semilla que cae al borde del camino de la parábola del sembrador (Mt 13,4; Mc 4,4; Lc 8,4-8).
  • Sin exigencia, mi fe se convierte en un "hobby" cómodo de fines de semana o de días concretos, en lugar de ser un testimonio de Cristo, que implica renuncia a mí mismo, transformación interior, aceptación y carga de cruces (Mt 16,24).
  • Por comodidad, establezco mis prioridades materiales frente a las espirituales, de forma que Dios no ocupa el primer lugar de mi vida sino que "rellena huecos" de mi existencia. Solo soy cristiano según disponibilidad y conveniencia, según mi "estado" o mi circunstancia.
Para revertir esta triste situación, se me ocurren algunas ideas como:
  • fomentar la formación espiritual, es decir, el discipulado, para que todos comprendamos la fe en profundidad y su exigencia
  • cultivar la vida comunitaria para que generar en mí un sentido de pertenencia, de servicio y de responsabilidad hacia la Iglesia y el hombre
  • desarrollar una visión clara de mi misión como cristiano y una pasión por servir a Dios y a la comunidad
  • impulsar hábitos espirituales que testimonien la relevancia evangélica al mundo y ofrezcan respuestas a las necesidades y desafíos del hombre.
En conclusión, ser cristiano significa: 
  • vivir y morir para Dios y para el prójimo, constantemente, a tiempo completo y no según mi prioridad, conveniencia o disponibilidad (Mt 14,26;)
  • vivir en la verdad, la coherencia y la autenticidad y no en la hipocresía del mundo (Mt 5,37 Stg 5,12)
  • estar crucificado con Cristo para responder libre e incondicionalmente a mi vocación de compromiso y servicio, y no fabricarme una según mis intereses o deseos (Gal 2,19-20);
  • transformarme en instrumento de la gracia y el amor de Dios para dar fruto, en lugar de semilla que cae junto al camino (Hch 9,15; Jn 15,16)
  • optar y comprometerme bajo juramento con Dios, y no un "prometo pero no cumplo" (Nm 30,3; Ecl 5,3-4; Sal 50,14; 76,12).

sábado, 29 de noviembre de 2025

GENERAR CRISTIANOS, LABOR DE CRISTIANOS

Todos los cristianos, es decir, todos los bautizados (sacerdotes y laicos) estamos llamados por Cristo a la misión de "generar" cristianos (Mt 28,19-20;Mc 16,15-18Lc 10,1-11Hch 1,8Rom 10,13-15) en tres puntos fundamentales: evangelización, sacramentos y formación.

Cuando hablamos de misión, nos referimos a lo que tenemos que hacer, es decir, el qué y el por qué. 

La visión de la Iglesia es la que Cristo expresó en numerosas ocasiones (Jn 8,31-3213,3515,7-8Mt 20,26-28Mc 8,34Rom 12,6-21; 1 Cor 3,9; etc.) se basa en tres puntos fundamentales: discipulado, testimonio y compromiso.

Cuando hablamos de visión, nos referimos a lo que tenemos que ser, es decir, el cómo y el para qué.

Hoy y ahora es el tiempo oportuno y favorable que el Espíritu Santo nos regala para abrir brechas de trascendencia, incluso las heridas de nuestro tiempo pueden convertirse en rendijas por las que Dios entre de forma inesperada y eficaz para re-generar al hombre.

Aunque en Europa vivimos una época de secularización generalizada y pareciera que el cristianismo estuviera muriendo, en el resto del mundo florece con fuerza y vitalidad. Quizás porque en el Viejo Continente nos falta impulso y motivación, quizás porque el modelo de cristianismo de adhesión por tradición y no por convicción, ya no es sostenible.

Relegado el cristianismo al ostracismo, expulsado Dios de la sociedad otrora cristiana e ignorada la trascendencia que anhela todo ser humano, se ha producido en Occidente un vacío que ha sido ocupado por el culto a otros dioses: al materialismo egoísta, al individualismo hedonista, al humanismo despreocupado, al propio cuerpo y al yo... 

Sin embargo, el cristianismo crece de derrota en derrota. La Iglesia es un ave fénix que siempre resurge de sus propias cenizas más viva que nunca: cuando la Iglesia parecía encontrarse abocada a su fin, Dios siempre ha suscitado un "resto" fiel (Ez 6,8Sof 3,12) para que su Iglesia permanezca (Mt 16,18), para volver a enviarla al mundo entero (Mc 16,15) a encontrar a esos "buscadores de sentido", a esos "vagabundos espirituales" y ofrecerles una propuesta de fe significativa y convincente en lugar de una religiosidad de rutina y cumplimiento.

De la crisis de hoy saldrá mañana una Iglesia que habrá perdido mucho, será más pequeña, tendrá menos adeptos y menos privilegios pero encontrará de nuevo y con toda energía su esencia, la fe en Jesucristo, y su identidad, la misión evangelizadora con la guía del Espíritu Santo.

Conocerá un nuevo florecimiento, saldrá de sí misma y de su autorreferencialidad, dejará su estado de mantenimiento para situarse en estado permanente de misión y suscitar nuevos cristianos.
El camino del cristiano
Sólo una Iglesia misionera y sinodal, es decir, el pueblo de Dios que peregrina y actúa unido, una comunidad de compañeros de camino que se dirige por el desierto de las pruebas hacia la patria prometida, podrá generar cristianos en el siglo XXI. 

El camino de nuestro "Éxodo" será duro y fatigoso pero la dirección es la correcta. Tenemos el mapa, que es la fe en Jesucristo, y tenemos los medios, que son la Iglesia y los sacramentos que instituyó:
  • Iniciación:
    • por el bautismo, cruzamos el "Mar Rojo" y nos libera de la esclavitud de "Egipto" y entramos a formar parte del "pueblo de Dios" caminando hacia la Tierra prometida
    • por la confirmación, seguimos a la "nube" del Espíritu Santo que nos guía y nos acompaña en el camino para ser testimonios vivos de Cristo
    • por la eucaristía, recibimos el "Maná", el "pan de cada día", el "alimento bajado del cielo": Jesucristo crucificado y resucitado, la "Roca" de la que brota el "agua" viva"
  • Sanación:
    • por la confesión, obtenemos la reconciliación con Dios, la "nueva alianza del Sinaí" que nos limpia nuestros pecados y destruye nuestros "becerros de oro"
    • por la unción de enfermos, sanamos nuestro cuerpo y nuestra alma, consolamos y fortalecemos nuestro espíritu de las "serpientes y escorpiones del desierto"
  • Servicio/misión:
    • por el matrimonio, conocemos la vocación al amor, entrega y fidelidad esponsal a las que Dios nos llama a cada uno de nosotros 
    • por el sacerdocio, recibimos la misión de guiar y ayudar a la comunidad en nombre de Cristo, como Moisés y Aarón con el pueblo de Israel
La iniciación del cristiano
La forma de generar nuevos cristianos es a través de la formación espiritual, es decir, del catecumenado o iniciación cristiana. 

La iniciación cristiana es un camino espiritual transformativo, un entrenamiento integral en todas las dimensiones de la vida cristiana para que el catecúmeno vaya adquiriendo una serie de hábitos que le vayan conformando a la "forma de Cristo":
  • encuentro: relación personal con Cristo
  • comunidad: relación con los hermanos de fe
  • compromiso: vivir al estilo de Jesús
  • celebración: vivir la fe a través de los sacramentos y la oración
El catecumenado de iniciación cristiana es la expresión de la maternidad de la Iglesia y de su identidad misionera, comunitaria, litúrgica y servicial. Es el "arte del acompañamiento" en el discernimiento del catecúmeno, una llamada a una conversión del corazón, a un "cambio de mentalidad", a una necesidad de renovación, a un "recomienzo".

La identidad del cristiano
La identidad de un cristiano es la de ser testigo de la resurrección de Cristo y signo del Dios vivo, iluminar un mundo en tinieblas, dar sabor (sentido) a la vida del hombre y ser cauce o instrumento de los dones espirituales que ha recibido.

En definitiva, un cristiano sabe lo que cree, vive lo que cree y celebra lo que cree.

miércoles, 26 de noviembre de 2025

CARTAS DEUTEROPAULINAS: "LA PRAXIS PAULINA"

 
Existe, además de las 7 cartas paulinas o protopaulinas, consideradas como auténticas del apóstol (Romanos, 1-2 Corintios, Gálatas, Filipenses, 1 Tesalonicenses y Filemón), una amplia colección de cartas escritas entre finales del s. I y mediados del s. IV d.C. (la mayoría entre los años 100-225 d.C.): las llamadas cartas deuteropaulinas o pseudopaulinas.

Se trata de escritos pseudoepigráficos cuyos autores, discípulos y/o escuelas paulinas (incluso enemigos y herejes), utilizan el nombre del apóstol para dotar de autoridad espiritual al texto, es decir, se invoca a Pablo para resolver un debate, respaldando sus ideas. 

Todas las cartas deuteropaulinas:
  • muestran al apóstol ausente, cautivo y sufriente, aunque presente a través de sus obras
  • ponen de manifiesto su autoridad en la Iglesia primitiva
  • denuncian falsos profetas o maestros rivales pero sin refutar sus ideas
  • piden la unidad y el apoyo para los líderes que sucederán al apóstol
  • ponen el énfasis en la escatología y el juicio final
  • denuncian la codicia e invitan a realizar buenas obras
  • exhortan a los cristianos a ser fieles a la tradición y la moral cristiana
Cartas deuteropaulinas
Utilizar cartas para sustituir o para preparar una futura visita del apóstol a una determinada comunidad fue una práctica muy habitual en la literatura cristiana primitiva con una finalidad: Pablo, presente en toda la Iglesia. 

Pablo está cautivo, a punto de morir o ya ha sido martirizado. Con la "praxis paulina", es decir, a través del uso de epístolas con "autoridad paulina", la ausencia permanente del apóstol reemplaza eficazmente su presencia personal: "Pablo es Pablo (incluso) después de Pablo".
Las seis primeras cartas forman parte del canon bíblico cristiano y dirigen la mirada hacia atrás, hacia las cartas auténticas de Pablo, haciendo uso de ellas: 
  • Efesios (80-100 d.C.): emplea Colosenses y Romanos
  • Colosenses (57-62 d.C.): emplea Filipenses y Filemón
  • 2 Tesalonicenses (80-115 d.C.): emplea 1 Tesalonicenses
  • 1-2 Timoteo y Tito (50-65 d.C.): cartas pastorales con "autoridad paulina" 
El resto son cartas no canónicas: 
  • 3 Corintios (175-200 d.C.): carta de cautividad incluida dentro del apócrifo Hechos de Pablo
  • Laodicenses (200-250 d.C.): carta asociada a Colosenses y una especie de edición abreviada de Filipenses
  • Alejandrinos (¿?): carta mencionada en el canon Muratori, cuyo origen es una homilía y cuyo contenido es una exhortación a observar los mandamientos
  • Correspondencia entre Pablo y Séneca (320-380 d.C.): colección de 14 cartas amistosas de gratitud, halago, admiración, consejo e incluso, crítica entre ambos:
    • 1,3,5,7,9,11-13, atribuidas a Séneca
    • 2,4,6,8,10 y 14, atribuidas a Pablo
Cartas Neotestamentarias
Las cartas son instrumentos de la metodología eclesial que cobraron un gran impulso en el cristianismo primitivo gracias a la "praxis paulina".

Prueba de ello es que, a excepción de los evangelios y el libro de los Hechos de los Apóstoles, se puede afirmar que todos los libros del Nuevo Testamento son cartas dirigidas a la Iglesia universal:
  • Hebreos (90-100 d.C.): un sermón/homilía en forma epistolar atribuida a Pablo más por su autoridad que por su composición
  • Santiago (100-110 d.C.): una carta escrita en Alejandría y dirigida a las 12 tribus de la diáspora, es decir, dotada de autoridad universal
  • 1 Pedro (100-110 d.C.): una especie de préstamo de Pablo a Pedro, quien conoce sus cartas, imita sus fórmulas (1-2 Cor, Ef, Col, 1-2 Tim o Tito), y se vincula con el círculo paulino
  • 2 Pedro (135 d.C.): una carta católica (universal) escrita en Asia Menor, como una nueva edición de Judas, que utiliza como fuente principal, además de los apócrifos Hechos de Pedro y Hechos de Juan, y alude a las cartas de Pablo, sabiendo que forman un corpus (2 Pe 3,15-16)
  • 1-3 Juan (85-100 d.C.): 
    • 1 Juandirigida a las iglesias de Asia Menor 
    • 2 Juan: dirigida a la "Señora Elegida" (la Iglesia) y asociada a Filipenses de Policarpo
    • 3 Juan: dirigida a Gayo, representante de una iglesia de Macedonia o de Derbe
  • Judas (70-100 d.C.): una carta asociada a 1 Pedro y a Colosenses 
  • Apocalipsis (80-100 d.C.): una profecía/revelación que comienza con 7 cartas
Cartas Patrísticas
La labor epistolar de los Padres Apostólicos tiene una gran influencia de esta "praxis paulina":
  • Didajé o Enseñanza de los Doce Apóstoles (70-80 d.C.): de autor desconocido, es un tratado catequético de carácter moral, litúrgico y disciplinar dirigido a los neófitos o catecúmenos.
  • Pastor de Hermas (145-155 d.C.): escrito por un judío de origen o de formación, llamado Hermas, vendido como esclavo y enviado a Roma, donde consiguió convertirse en liberto. Texto de carácter apocalíptico y eclesiológico, "revelado" por dos personajes misteriosos: una anciana y un pastor.
  • Dichos del Señor (130 d.C.): Papías, obispo de Hierápolis de Frigia (Asia Menor) discípulo de san Juan evangelista y amigo de Policarpo de Esmirna, escribió 5 cartas exegéticas de los "logia" de Jesús, presentes en los Evangelios.
  • Epístola de Bernabé (70-130 d.C.): carta de Bernabé, colaborador y compañero de Pablo, escrita en griego después de la destrucción del Templo en el año 70 d.C. y antes de la rebelión de Simón Bar Kojba en el año 136 d.C., tras la cual Judea fue completamente devastada y su población expulsada a la diáspora
  • 1 Carta de Clemente a los Corintios (90-100 d.C.), Clemente, papa de Roma, escribe una carta que atestigua el concepto de unidad y catolicidad, y en la que Pedro y Pablo aparecen por vez primera como un dúo de "héroes" cristianos
  • 7 Cartas a las Iglesias de Asia Menor (105-115 o 130-140 d.C.): Ignacio, obispo de Antioquía y discípulo de san Juan, mientras es conducido a Roma para ser ejecutado, escribe un corpus de 6 cartas pastorales a las iglesias de Asia Menor y 1 carta a Policarpo, discípulo suyo y obispo de Esmirna. 
    • Desde Esmirna escribe:
      • Efesios: carta sobre la unidad, la armonía, la vida sacramental, la fe sólida y la obediencia de la comunidad cristiana a Onésimo, obispo de Éfeso
      • Magnesianos: carta contra los judaizantes que amenazaban la identidad cristiana, distinguiendo la Antigua y la Nueva Alianza, basado en Gálatas 3,24-25
      • Tralianos: carta contra la herejía del docetismo que negaba la encarnación de Cristo y, por tanto, la salvación
      • Romanos: carta sobre aceptar el martirio a imitación de Cristo
    • Desde Tróade escribe:
      • Filadelfios: carta sobre la unidad y contra las divisiones internas acerca de la autoridad episcopal y la interpretación doctrinal del Evangelio 
      • Esmirniotascarta doctrinal y litúrgica acerca de los sacramentos y la vida de la "Iglesia católica" (1ª mención de la universalidad del cristianismo)
      • Carta a Policarpo: carta personal sobre el liderazgo pastoral
  • Carta a los Filipenses (135 d.C.): Policarpo, obispo de Esmirna, autor de una carta a la iglesia de Filipos y el protagonista de un Acta de Martirio (+156 d.C.), texto epistolar que describe su ejecución en 156 d.C.
  • 7 Cartas de Dionisio (150-178 d.C.): Dionisioobispo de Corinto y mártir en el año 178 d.C., escribió un corpus de 7 cartas "católicas" de carácter apologético y pastoral a las diócesis de Grecia y 1 carta personal a Sotero, papa de Roma, siguiendo el modelo del corpus paulino y el de san Ignacio de Antioquía: 
    • a los de Lacedonia: carta sobre la ortodoxia, la paz y la unión de los cristianos
    • a los de Atenas: carta apologética contra la apostasía
    • a los de Nicomedia: carta de clara influencia paulina y neoplatónica contra el marcionismo, herejía gnóstica que negaba al Dios del Antiguo Testamento
    • a los de Gortina y otros lugares de Creta: carta de alabanza al obispo Felipe
    • a los de Amastris y otras iglesias del Ponto: carta a favor del matrimonio y contra el encratismo, herejía ascética y gnóstica que defendía el celibato y se abstenía de carne y vino (dualidad carne/espíritu)
    • a Pinito obispo de Cnossos (Creta): carta sobre el celibato inspirada en 1 Corintios 7,1-9
    • a los de Roma: respuesta de agradecimiento a una carta del papa Sotero, en la que había enviado limosnas
  • Carta a Diogneto (158-178 d.C.): epístola anónima de carácter apologético, atribuida por algunos a Cuadrato, apologista cristiano ante el emperador Adriano. Desconocida por la patrística y descubierta en el s. XV
  • 2 Carta de Clemente (200-250d.C.): carta homilética anónima aunque atribuida al papa Clemente y muy similar a la carta a los Hebreos


Fuente: "Pablo después de Pablo", Richard I. Peevo, Ediciones Sígueme

sábado, 22 de noviembre de 2025

APÓCRIFOS: EVANGELIO DE MARÍA MAGDALENA

 
El evangelio de María (Magdalena) es un libro apócrifo gnóstico y esotérico, escrito entre los s. II-III d.C., del que se conservan solamente tres fragmentos: dos, muy breves, en griego, y otro, más extenso, en copto, que presenta una visión y un diálogo entre Jesús ("el Salvador") y María, lleno de términos y conceptos gnósticos.

El texto revela un testimonio vivo de confrontación entre el "mundo cristiano" y el "mundo gnóstico", es decir, las tensiones y controversias existentes en las primitivas comunidades cristianas entre los cristianos ortodoxos, representados por Pedro, y los gnósticos, simbolizados por María Magdalena.

El papel de María Magdalena como depositaria de revelaciones secretas de Jesús y su supuesto papel destacado en la comunidad cristiana postpascual son rechazados por Andrés y por Pedro, quienes dudan de que Jesús haya preferido a una mujer antes que a ellos para hacerle revelaciones secretas. Sin embargo, Mateo ejerce de "conciliador", aunque decantándose por María.

Posiblemente, María Magdalena no sea aquí más que un símbolo de la Sofía gnóstica, representación de la sabiduría divina y personificación femenina de Dios.
Contenido
El relato del Evangelio de María comienza después de la resurrección de Jesús, quien se ha aparecido a los discípulos, animándoles a dar testimonio de Él al mundo, pero temen acabar muertos como Él. 

Es María quien da un paso al frente en la confianza de que Jesús les prometió que estaría con ellos para protegerlos y les cuenta las enseñanzas secretas ("escondidas") que "el Salvador" le ha desvelado a ella.

El libro describe características distintivas de los discípulos: Pedro es violento e irascible, María Magdalena es fuerte y pacífica, Andrés recio y Leví (Mateo) es conciliador

El propósito del libro es presentar al cristianismono como un conjunto de preceptos morales, sino como un camino iniciático de conocimiento en el que la soteriología aparece como respuesta al mal (pecado), es decir, Jesús ("el Salvador") ofrece la salvación a través del conocimiento ("Gracia").

El Evangelio de María Magdalena es una especie de "catecismo gnóstico" presentado bajo la exégesis de los logia (dichos de Jesús) y una teoría ontológica del mal fundamentada en criterios filosóficos neoplatónicos más que teológicos (teosofía).

Estructura
El texto no sigue la estructura narrativa de los evangelios canónicos (vida, milagros, muerte y resurrección de Jesús), sino que se centra en diálogos post-resurrección y visiones místicas, lo que refleja su naturaleza gnóstica centrada en el conocimiento esotérico (gnosis).
  • 1-6: Sección inicial (fragmentos perdidos)
  • 7-9: Diálogo entre el Resucitado y los discípulos
  • 9-10: Reacción de los discípulos y consuelo de María
  • 10-18: Visión de María y controversia:
    • Relato de la visión
      • Naturaleza del pecado: corruptibilidad de la materia
      • Proceso del conocimiento/gnosis: espíritu/neuma, intelecto/nous, alma/psiqué
      • Liberación y ascensión del alma
    • Disputa con los apóstoles
    • Defensa de Leví (o Mateo)
  • 19: Conclusión (páginas finales perdidas)

viernes, 7 de noviembre de 2025

MIQUEAS: ANUNCIO DEL NACIMIENTO DEL MESÍAS EN BELÉN

 
El libro de Miqueas (Mikayahu, que significa "¿Quién cómo el Señor?") es el sexto de los 12 profetas menores del Antiguo Testamento, que describe la situación de finales del s. VIII a. C. durante los reinados de Jotán (740-734 a.C.), Acaz (734-727) y Ezequías (716-687 a.C)..

Miqueas, campesino de profesión y oriundo de Moreset, una aldea a 35 kms al suroeste de Jerusalén, en la provincia costera de Sefelá, fue, por tanto, contemporáneo de Isaías y de Oseas, con quienes compartió el contexto histórico marcado por la amenaza del imperio asirio sobre Israel, Judá y las regiones del Levante. 

Sus oráculos están dirigidos tanto al Reino del Norte (Samaria) como al Reino del Sur (Jerusalén), mostrando gran preocupación por las injusticias sociales (terratenientes y ricos), la corrupción política y religiosa (reyes, jueces y sacerdotes) y la idolatría (falsos profetas).

Contexto histórico
Miqueas vivió un tiempo de guerras: la guerra siro-efraimita en 735 a.C. entre el Reino del Norte, llamado Israel o Efraín, Damasco (Siria) y el Reino del Sur, llamado Judá (Is 7-12), con 120.000 muertos en el Reino del Sur (2 Cr 28,6) además de las víctimas del Reino del Norte.

La guerra con Asiria, una gran potencia militar de su época, que destruyó el Reino del Norte, asolando su capital, Samaria en el año 722 a.C., enviando a la población al destierro en Nínive (2 Re 17,1-41) y borrando a Israel de la historia. 

Solo una intervención angélica evitó que el imperio asirio, con Senaquerib a la cabeza, entrara en Jerusalén en el año 701 a.C. (2 Cr 32,1-33).

Miqueas interpretó estos acontecimientos como el castigo de Dios sobre el Reino del Norte por sus pecados de idolatría, adoración de Baal, sacrificios rituales de niños, magia y adivinación (cf. 2 Re 17,15-17). 

Pecados que también se fueron infiltrando en el sur, en Judá. Manasés sucede al rey Ezequías e instaura una política de terror y el culto pagano, de tal manera que Miqueas profetizó que el juicio condenatorio que cayó sobre el Reino del Norte caerá ahora sobre Judá por causa de su infidelidad y desobediencia a Dios.

Sin embargo, no todo en el libro de Miqueas es juicio y castigo. Miqueas ve una luz en las tinieblas, percibió un majestuoso Dios que gobierna sobre todo suceso, que castigó a su pueblo solo para purificarlo y restaurarlo. 

También formuló algunas de las más francas predicciones de destrucción que hay en la Biblia, e hizo algunas de las más claras predicciones sobre el futuro Mesías, el Libertador que vendría a salvar a Israel.
Autoría y Composición
Miqueas no es obra de uno solo profeta, sino de, al menos, dos profetas principales, uno de Judá y otro de Israel, ambos con el mismo nombre:
  • c. 1-3: en su mayoría, original de un Miqueas judío, con algunos añadidos posteriores: el libro se organizó y recopiló en el período postexílico posterior a la reconstrucción del Templo en el 515 a. C., por lo que parece que el libro se completó a principios del siglo V a. C. Describen la invasión asiria de Judá como un castigo de Yahvé a los gobernantes corruptos del reino, incluyendo una profecía sobre la destrucción del Templo que no se cumplirá hasta cien años más tarde, cuando Judá se enfrentaba a una crisis similar con el Imperio babilónico.
  • c. 4-5: también algunos textos son auténticos del Miqueas judío (Ej: el anuncio del nacimiento del Mesías en Belén), junto con interpolaciones sapienciales y actualizaciones de época posterior, exílica y postexílica, paralelas a pasajes de Isaías. 
  • c. 6-7: se atribuyen esencialmente a un Miqueas israelí, aunque recopilados posteriormente, probablemente tras la caída de Jerusalén, momento en el que el libro fue revisado y ampliado aún más para reflejar las circunstancias de la comunidad del final del exilio y posterior al exilio.
Estructura
El libro contiene 7 capítulos dividido en 3 secciones que comienzan siempre con la palabra "Escucha", con la que alterna anuncios de condenación o de salvación. 
  • Juicio contra Israel y Judá y sus líderes (1-3). Oráculos de condena con los que reprende a los dirigentes político-religiosos injustos (jefes, magistrados, sacerdotes y falsos profetas) y defiende los derechos de los pobres frente a los ricos y poderosos corruptos
  • Esperanza y restauración de Sión (4-5). Promesa de futuro esperanzador que anuncia un mundo en paz, con Sión como centro y bajo el liderazgo de un nuevo monarca davídico, el Mesías (Mi 5,1-4) que exterminará a los enemigos, que no son las naciones vecinas sino los propios ídolos: sus falsas seguridades, sus ejércitos, sus murallas, sus hechicerías y brujerías...
  • Demanda de Dios contra Israel y Esperanza de Sión (6-7). Reprueba la ingratitud del pueblo ante todos los beneficios que les ha dado Dios, el culto puramente externo, carente de justicia y misericordia, la religiosidad vacía, sin obras que reflejen la rectitud y la corrupción moral del pueblo. Los últimos versículos (8-20) anuncian el castigo de Israel como consecuencia de su infidelidad, pero al mismo tiempo anuncia su futura restauración. 
Dentro de esta estructura tripartita, Miqueas expone una serie de oráculos alternos de juicio de castigo/condenación (1.2–2.11; 3.1–12; 6.1–7.6) y promesas de liberación/restauración (2.12–13; 4.1–5.15; 7.7–20).

Clave de lectura
Miqueas expresa una honda preocupación por los pecados de Israel y Judá, causa del abandono y castigo temporal de Dios. Si Samaría cayó por su pecado, Judá está destinada al mismo destino si no se arrepiente, y Jerusalén será juzgada por sus múltiples culpas.

Con la fórmula "ira de Dios", el profeta expresa el modo en que la infidelidad del pueblo de la alianza afecta a Dios. Y esto se hace evidente en su enfrentamiento con los falsos profetas sobre el cuándo, el cómo y el de dónde vendrá la salvación de Dios:
  • no será inmediata, como anuncian los falsos profetas, sino que tardará en llegar después del castigo (destierro a Babilonia) "en los últimos días"
  • no procederá de Jerusalén, corrupta y orgullosa, sino de Belén, pequeña y humilde
  • no será sólo para Israel sino universal y pacífica
Su mensaje alterna denuncias de injusticia, llamadas a la conversión y promesas de salvación, reflejando la tensión entre juicio y esperanza. 
Denuncias
-la falsa confianza de Israel, convencidos de que Dios los protegerá pese a su corrupción
-el culto vacío sin justicia, sin humildad y sin misericordia 
-la opresión de los débiles por parte de príncipes y comerciantes
-la corrupción política por la que jueces y príncipes se venden al mejor postor
-la manipulación de los falsos profetas que engañan al pueblo
-la corrupción social con la hipocresía general y falta de caridad del pueblo. 

Promesas
-la glorificación del monte del Señor
-la peregrinación de las naciones a Sión
-el nacimiento del rey mesiánico en Belén
-la liberación del dominio asirio y la salvación del resto fiel de Jacob
-el mensaje de bienaventuranza y restauración

Miqueas guarda afinidad con Amós en la denuncia social de la injusticia, con Oseas en la exhortación a la misericordia y con Isaías en la visión del Mesías davídico.

Unidad de la Escritura
  • En el Antiguo Testamento: sus temas están presentes en Isaías, Jeremías, Ezequiel, Amós y Oseas
  • En el Nuevo Testamento:

lunes, 13 de octubre de 2025

UNIDAD EN LA DIVERSIDAD

"Os ruego, hermanos, 
en nombre de nuestro Señor Jesucristo,
que digáis todos lo mismo 
y que no haya divisiones entre vosotros.
Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir.
Pues, hermanos, me he enterado por los de Cloe
de que hay discordias entre vosotros.
Y os digo esto porque cada cual anda diciendo:
'Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo,
yo soy de Cefas, yo soy de Cristo'.
¿Está dividido Cristo?
¿Fue crucificado Pablo por vosotros?
¿Fuisteis bautizados en nombre de Pablo?"
(1 Cor 1,11-13)

En su primera carta a la Iglesia de Corinto, el apóstol Pablo nos muestra los conflictos y las divisiones que surgieron desde el principio en aquella comunidad cristiana para ayudarnos a evitar los conflictos que siguen ocurriendo también hoy en la Iglesia del siglo XXI:

  • "Los de Pablo". Son el grupo de los gentiles, no judíos incorporados a la Iglesia, los nuevos conversos que tienden a criticar a quienes han estado siempre en la Iglesia.
  • "Los de Apolo". Son el grupo de los intelectuales de la Iglesia que se sienten superiores al resto de los cristianos y, en particular, a menospreciar a los conversos.
  • "Los de Cefas". Son el grupo de los judeocristianos, los legalistas y rigoristas de la Iglesia que quieren someter el evangelio al cumplimiento de las normas y las tradiciones.
  • "Los de Cristo". Son el grupo de los carismáticos de la Iglesia, que se tienen por más "santos" que el resto porque dicen no tener tentaciones ni pecados.

Estos partidismos eran síntomas de una mala comprensión del liderazgo cristiano que Pablo resuelve redirigiendo el enfoque erróneo de los corintios recordándoles que es Dios quien hace crecer a la Iglesia, no los líderes, que son meros servidores: "Yo planté, Apolos regó, pero fue Dios quien hizo crecer, de modo que, ni el que planta es nada, ni tampoco el que riega; sino Dios, que hace crecer" (1 Corintios 3,6-7). 
En nuestra sociedad actual podemos observar la gran polarización existente a nivel político, económico, social, conyugal, deportivo, incluso eclesial...Hoy en la Iglesia existen muchos movimientos, carismas y realidades que caminan hacia el mismo sitio de formas diferentes, pero deben hacerlo en unidad con los demás cristianos.

Una unidad que estaba ya amenazada cuando, en presencia del mismo Jesús, sus apóstoles más cercanos discutían entre ellos sobre quién era el más importante (cf. Lc 9, 46). El Señor, sin embargo, insistió mucho en la unidad en torno al Padre, porque todos somos hijos suyos, haciéndonos entender que nuestro anuncio y nuestro testimonio serán tanto más creíbles cuanto más capaces seamos de vivir en comunión fraterna.
Los conflictos en la Iglesia suelen ser consecuencia de distintas interpretaciones teológicas, rituales, doctrinales, tradicionales, de disputas internas de poder o de ambiciones personales. Pero, ante todo esto, nosotros, como miembros de la Iglesia, que es el Cuerpo místico de Cristo ¿Qué podemos y debemos hacer para mantener la unidad, la paz y la armonía dentro de la diversidad?

Lo primero, rezar por la unidad de los cristianos, y junto a la oración, reconocer las diferencias, buscar puntos en común y priorizar el diálogo abierto, la escucha activa, la empatía y la búsqueda de soluciones pacíficas: 

"Ved qué dulzura, qué delicia, convivir los hermanos unidos" 
(Sal 133,1)

En segundo lugar, las divisiones denotan falta de madurez espiritual. Para superarlas debemos crecer en la fe, pero no solo en conocimiento sino también en comportamiento, dejándonos guiar por la exhortación al amor de san Pablo en 1 Cor 13:

"El amor es paciente, es benigno; 
el amor no tiene envidia, no presume, no se engríe; 
no es indecoroso ni egoísta; no se irrita; 
no lleva cuentas del mal; 
no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. 
Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 
El amor no pasa nunca" 
(1 Cor 13,4-8)

En tercer lugar, no debemos fijarnos en lo que nos divide, sino en lo que nos une: todos creemos en Cristo y todos somos miembros de su cuerpo místico, ninguno es más importante que otro y todos somos necesarios como dice Pablo en 1 Cor 12:

"El cuerpo no lo forma un solo miembro, sino muchos. 
Si dijera el pie: 'Puesto que no soy mano, no formo parte del cuerpo', 
¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? 
Y si el oído dijera: 'Puesto que no soy ojo, no formo parte del cuerpo', 
¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? 
Si el cuerpo entero fuera ojo, ¿Dónde estaría el oído?; 
si fuera todo oído, ¿Dónde estaría el olfato? 
Pues bien, Dios distribuyó cada uno de los miembros en el cuerpo como quiso. 
Si todos fueran un solo miembro, ¿Dónde estaría el cuerpo? 
Sin embargo, aunque es cierto que los miembros son muchos, 
el cuerpo es uno solo. 
El ojo no puede decir a la mano: 'No te necesito'; 
y la cabeza no puede decir a los pies: 'No os necesito'. 
Sino todo lo contrario, los miembros que parecen más débiles son necesarios. 
Y los miembros del cuerpo que nos parecen más despreciables 
los rodeamos de mayor respeto; 
y los menos decorosos los tratamos con más decoro; 
mientras que los más decorosos no lo necesitan. 
Pues bien, Dios organizó el cuerpo dando mayor honor a lo que carece de él, 
para que así no haya división en el cuerpo, 
sino que más bien todos los miembros se preocupen por igual unos de otros" 
(1 Cor 12,14-25)

domingo, 5 de octubre de 2025

¿QUEDARSE EN EMAÚS O VOLVER A JERUSALÉN?

 
"No es bueno que el hombre esté solo" 
(Gn 2,18)

El pasaje de Emaús del evangelio según san Lucas es una doble catequesis: eucarística, porque recorre todas las partes integrantes de la misa, y pastoral, porque muestra cómo debe ser el discípulo de Cristo y qué debe hacer.

Cuando caminamos hacia Emaús, nuestras vidas están llenas de decepciones y quejas, nuestra esperanza se desvanece y nuestra fe se debilita. El Señor nos explica las Escrituras y nuestro corazón arde. Es entonces cuando le invitamos a quedarse con nosotros.

Cuando estamos en Emaús, Cristo comparte la mesa eucarística con nosotros, parte el pan y nos lo da. Se nos abren los ojos y le reconocemos pero desaparece de nuestra vista. Es entonces cuando surge la duda de quedarse allí en los recuerdos y los sentimientos o volver a la comunidad a contarlo.

Cuando volvemos a Jerusalén en la oscuridad de la noche y por el camino de la prueba, lo hacemos con valentía y animados por el Espíritu para encontrarnos con el Resucitado, que nos ha asegura estar presente en la Iglesia: "Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos" (Mt 28,20).
Mientras que en la soledad de nuestra aldea de Emaús no existe más comunión que la de los dos discípulos, en  Jerusalén la comunidad está formada por toda la Iglesia (terrestre y celeste), con Cristo a la cabeza, quien se hace presente y nos da la paz. 

¿Quedarse en Emaús o volver a Jerusalén? Esa es la pregunta. O como diría Hamlet, "ser o no ser, esa es la cuestión". "Ser" comunidad o "ser" individualidad, esa es la cuestión.

Es en la comunidad donde nos hacemos verdaderos discípulos de Cristo, quien nos abre el entendimiento a través de los sacramentos y de la formación: "bautizándonos...y guardando todo lo que nos ha mandado" (cf. Mt 28,19-20).

Es en la Iglesia donde recibimos a Cristo y al Espíritu Santo; donde se hace presente el Señor para mandarnos de nuevo en misión, a Galilea, donde le volveremos a ver resucitado. 

Por eso,  no podemos permanecer en el recuerdo de haber reconocido al Señor y por ello, quedarnos confinados en "Emaús", es decir, en un grupo "encerrado" en sus recuerdos y en experiencias pasadas. 

En Emaús hay calor y refugio, comodidad y bienestar, recuerdos y sentimientos, pero no hay visión ni misión. Tampoco hay comunión por mucho que nos empeñemos en ello. 

Por eso, debemos ir a Jerusalén, a la comunidad, comprometernos con la parroquia donde nos formamos como discípulos, donde recibimos a Cristo sacramentado y desde donde salimos de nuevo a cumplir nuestra misión evangelizadora con el resto de nuestros hermanos. 
La comunidad cristiana no es simplemente un grupo de personas; es un entramado de relaciones, valores compartidos y objetivos comunes que generan un sentido de pertenencia, de comunión, unidad y apoyo mutuo, que ofrecen formación y desarrollo espiritual, emocional y social. 

Formar parte de la comunidad crea un entorno seguro donde poder expresarse libremente, construir relaciones significativas, crear vínculos de “unión”, “comunión”, “fraternidad" y "solidaridad” que fortalezcan la autoestima, el compromiso y la participación.

La comunidad cristiana es esencial para el crecimiento espiritual y el fortalecimiento de la fe. Nos ayuda a mantenernos en el seguimiento de Cristo junto a otros cristianos, fomentar la unidad entre los creyentes, compartir nuestra fe y animarnos unos a otros a experimentar la presencia de Dios en nuestras vidas.

Todo eso lo encontramos en Jerusalén, no en Emaús